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ACTO 3

 

ABRE DE NEGRO:

EXT. RÍO. DÍA. CONTINUACIÓN.

El agua las arrastra en pocos segundos, y tienen que aplicar toda su fuerza y habilidad  para mantener la canoa a flote.  Se elevan por encima de las olas, mientras Gabrielle observa horrorizada como la curva del río está cada vez más cerca.  Ve que la inundación no sigue el curso del río y las aguas se están estrellando en la selva.  Se da cuenta que si continúan en esa ruta, chocaran contra los árboles y las roca que se han apilado donde una vez estuvo la orilla.

Xena puede sentir la potencia de la ola disminuyendo apenas levemente.  En el último segundo, ella hunde su paleta en el agua, y con cada gramo de su fuerza, inclina la embarcación hacia la derecha.  Otra corriente las empuja, y las arrastra a lo largo de la curva, faltando lo justo para volcar.

Las rocas circulan por la ancha orilla a toda velocidad, después son lanzadas río abajo como un corcho que sale de una botella.

Las aguas espumosas continúan batiéndose bajo la canoa, que es azotada en ambas caras por los escombros, empujándolas hacia proa y popa.

XENA
(gritando)
¡Allí están los rápidos!
¡Cuidado con las rocas!

GABRIELLE
(gritando)
¡De acuerdo!

Después del rugido de las aguas, Gabrielle oye un sonido que se parece a un grito humano.  Cuando lo escucha otra vez, está segura de que es alguien que está gritando, pidiendo ayuda.

CORTE A:

EXT. ORILLA.  DÍA.

Una mujer y sus tres hijos están en la orilla del río desbordado. Su canoa se ha roto al chocarse contra una roca dentada, y sus pertenencias flotan por la orilla. La madre grita y se esta tirando de los pelos. Los tres niños tienen la mirada fija en la inundación, expresiones aterrorizadas.

Se vislumbra algo parecido a ropa en el río.  Desaparece debajo de las agitadas aguas, después reaparece, envolviendo el cuerpo del cuarto hijo de la mujer, arrastrado desamparadamente por las peligrosas corrientes de la inundación.

CORTE A:

EXT. RÍO.  DÍA.

Gabrielle ve de reojo al niño pequeño que lucha en el agua, y sin pensárselo, tira su remo y se zambulle en el río. Nada con todas sus fuerzas hacia el muchacho incluso mientras, lucha contra las fuertes corrientes que amenazan estrellarla contra la roca.

    

XENA
¡¡¡GABRIELLE!!!

Jurando bajo su respiración, Xena lucha para controlar la canoa repentinamente desequilibrada.  Apenas logra enderezarla cuando un tronco de los árboles arrancados le golpea, haciéndole girar perdiendo el control. Ella detiene el giro, pero otro tronco golpea la embarcación, empujándola inexorablemente hacia la orilla de rocas derrumbadas.

XENA
Ya... he... tenido... ¡SUFICIENTE!

Permitiendo que el río tome la canoa, se prepara, y salta del barco que justo después golpea contra las rocas, rompiéndose en el impacto.

Ella golpea el agua con gran fuerza, y rápidamente empieza a luchar en la superficie, los ojos abiertos de par en par barriendo el área para encontrar a su compañera.

XENA
¡¡¡GABRIELLE!!!

CORTE A:

EXT. RIÓ. DIA. PUNTO DE VISTA DE GABRIELLE

Gabrielle está siendo seriamente atacada por la corriente, pero la determinación por escapar le hace persistir en la lucha.  Consigue acercarse al niño, pero lo pierde de vista en los rápidos que van apareciendo.

GABRIELLE
Esta vez no.

El muchacho lucha en la superficie, ahogándose en las aguas que lo tragan, y agitando sus brazos en completo pánico.

Gabrielle ve su ocasión y lo empuja hacia una roca próxima, asiéndolo de su camisa colorida y abrazándolo firmemente contra su cuerpo.

GABRIELLE
(triunfante)
¡Te tengo!

El muchacho lanza un grito que le deja sin aliento, y en su pánico, golpea contra los brazos que de Gabrielle que lo sujetan.

GABRIELLE
Tranquilo.  Te tengo.  Tranquilo.

MUCHACHO
¡Mama! ¡Mama!!

Ella agarra el niño con su brazo derecho dejando el izquierdo libre, comienza a nadar hacia la orilla con un sólo brazo lo que hace que su fuerza rápidamente se agote.

Su pierna se golpea contra una roca sumergida, dentada, e inmediatamente se queda entumecida.  Esto retarda su ímpetu, y permite que una fuerte corriente de la inundación la lleve río abajo con una velocidad espantosa.

Sus ojos se abren cuando ve como es dirigida directamente hacia un par de cantos medio rodados de su talla, y tuerce su cuerpo de modo que este quede entre el muchacho y la roca, después mantiene sus ojos cerrados, esperando lo inevitable.

GABRIELLE
(voz baja)
Ohhh, esto me va a doler.

CORTE A:

EXT. RIÓ. DIA. PUNTO DE VISTA DE XENA

El orgullo que llena la cara de Xena cuando ve como su compañera logra salvar al muchacho que se estaba ahogando, da paso rápidamente al horror al ver a Gabrielle chocar contra la roca y quedarse inerte.

El sonido de su boca no es más que un rugido gutural, y empieza a avanzar, sin importarle el daño y las picaduras de los escombros que la golpean en todas partes.

Alzándose para tomar aire, divisa una gran parra, que cuelga cerca del agua, y corre a ella, asiéndola con una mano, y permitiendo que su fuerza la lance fuera de las violentas aguas.

Con la parra todavía en sus manos, salta a la orilla y se balancea hacia la roca donde están atrapados Gabrielle y el niño, sus caras de agradecimiento sobre la corriente en aumento.

En el ápice de la oscilación, alcanza al muchacho y lo aparta de los débiles brazos de su compañera y como un gancho pasa las piernas debajo de las axilas de Gabrielle y arrastra su cuerpo sacándolo de los rápidos del agua.

El muchacho está despierto desde el principio, y grita casi directamente en el sensible oído de Xena.  Él lanza sus brazos firmemente alrededor de su cuello, casi estrangulándola, sus ojos abiertos y brillantes titilan como monedas nuevas. Xena coloca al niño en su cadera, y sus piernas  la abrazan por instinto alrededor de la cintura, ella se libera de su apretón y acarrea a Gabrielle ahora más libremente a sus espaldas.

FUNDIR A:

EXT. ORILLA. DIA.

Mientras que la liana se balancea atrás, Xena se libera de su agarre y pisa tierra firme.  Se arrodilla y saca a Gabrielle fuera de la tierra mojada, sus ojos afilados evaluando las lesiones.

XENA
Ahora te tienes
que apartar, chico.

El sonido de su voz hace que el muchacho apriete su agarre, y Xena suavemente, pero a la vez firme, lo separa, fijándolo en el suelo a su lado.

XENA
Todo está bien, pero
es necesario que te quedes aquí.
Tu madre vendrá pronto.

(pausa)

Espero.

Echando al niño de sus pensamientos, Xena mira fijamente a su socia.  Largos dedos acarician el pelo rubio apartándolos de su frente mojada.

XENA
Gabrielle. Ey...Gabrielle,
¿puedes oírme?

No recibiendo ninguna respuesta, Xena la atrae hacia ella, y examina cuidadosamente las lesiones visibles de Gabrielle.

La pierna izquierda de Gabrielle tiene un corte desde la rodilla hasta la pantorrilla y sangra abundantemente.  La articulación esta hinchada y comienza a amoratarse.

Puntos carmesí marcan su lado izquierdo, causados por el impacto de su piel contra la piedra áspera, y sus costillas parecen estropeadas y magulladas. 

XENA
Gabrielle...cariño...
esto te va a doler un poco,
pero tengo que ---

Mientras Xena presiona ligeramente debajo de las costillas de su alma gemela, Gabrielle gime y gira su cabeza, pero no recupera el sentido.

XENA
Se que duele. Lo siento.
Necesito examinarte.

(pausa)

Esta hinchado, pero no esta
roto. Sé que no puedes
apreciar eso ahora, pero
créeme, lo harás.

Estirándose hacia fuera, coge algunas hojas grandes y las presiona contra el corte en la pierna de Gabrielle, internamente maldiciendo para dejar su dolor atrás.

Sonidos de pasos ligeros y de respiración entrecortada detrás de ella.  Un instante después, el muchacho joven corre hacia los brazos de su madre sollozante.

El ruido de la reunión se pierde de fondo mientras que Xena examina cuidadosamente con sus dedos el cráneo de Gabrielle y hace una mueca de dolor cuando sus dedos tropiezan con pequeño bulto, con forma ovalada, recién formado detrás de su oído izquierdo.

Una sombra cae sobre Gabrielle, y Xena alza la vista hasta ver a la madre del muchacho acunándolo en sus brazos.

MADRE
Gracias. Salvaste su vida.

XENA
No, Gabrielle lo hizo.

MADRE
¿esta ella..?

XENA
(forzadamente)
Se pondrá bien.

Aparece otra sombra, es el hijo mayor de la mujer, un adolescente alto y delgado. Se acerca y deja el equipaje de Xena y Gabrielle en el suelo al lado de Xena. La mayoría de las bolsas están secas, aunque las pieles están empapadas.

XENA
Gracias.

Un segundo chico que se acerca y deja varias pieles estampadas, brillantes y cuidadosamente dobladas, en el suelo al lado del equipaje, sonríe tímidamente a Xena, y corre a esconderse detrás de su madre.

MADRE
Para daros calor.

XENA
No. Gracias, pero---

MADRE
Las necesitarás. El sol se ocultará
pronto, y ella debe permanecer
caliente. Para poder curar.

(pausa)

Por favor. Mi hijo estaría muerto
si no fuese por vosotras. Por favor,
acepta esto. Es todo lo que puedo daros.

XENA
No necesitamos---

MADRE
Si, las necesitáis.

Un momento después, Xena asiente en agradecimiento, y la mujer sonríe, triunfante. Su sonrisa desaparece cuando uno de los niños tira de su vestido.

MADRE
(continúa)
Debemos irnos. Aún nos queda mucho camino
y mi marido nos espera.

XENA
Gracias por su amabilidad.

MADRE
Gracias a *vosotras*... por mi hijo.

CORTE A:

EXT. CLARO DE LA JUNGLA. NOCHE.

Gabrielle está tumbada sobre un suave nido de pieles cerca del fuego. Su heridas han sido lavadas y curadas. Su pierna está entablillada, y sus costillas dañadas están rodeadas por tiras de ropa limpia.

Aunque el calor del fuego se expande por todo el claro, y está cubierta por gruesas pieles, Gabrielle tiembla, tiene un poco de fiebre.

Alimentando el fuego para que dure toda la noche, Xena se desnuda, levanta las pieles y se desliza dentro, abrazándose a Gabrielle para trasmitirle su calor.

Aunque sus ojos se cierran, permanece despierta y a la espera de cualquier cambio en el estado de Gabrielle.

FUNDIR A:

EXT: CLARO DE LA JUNGLA. ANTES DEL AMANECER.

Gabrielle se mueve repentinamente inmersa en una pesadilla febril.

Sintiendo el malestar de Gabrielle,  Xena se levanta apoyándose en su codo y descansa su otra mano sobre la frente de su compañera, mostrándose preocupada al notar el calor que irradia de su piel.

Gabrielle gime suavemente, y Xena se echa hacia atrás, mirando atentamente la cara de su amada. Los ojos de Gabrielle se abren y pestañea, tratando de enfocar.

XENA
(suavemente, sonríe)
Ey.

GABRIELLE
¿Xena?

XENA
Si, soy yo.

(pausa)

¿Cómo te sientes?

GABRIELLE
(frunciendo el ceño)
Como si Argo hubiese pasado sobre mi.

Xena ríe suavemente.

XENA
Qué bueno, ¿huh?

GABRIELLE
¿Qué pasó?

XENA
¿Qué es lo último
que recuerdas?

Los ojos de Gabrielle se vuelven más distantes al intentar concentrarse.

GABRIELLE
Estábamos en... el río.
Una inundación.

(pausa)

¡El niño! ¿está... ?

Trata de erguirse, Xena la para, y cae de nuevo sobre las pieles, sin aliento debido al dolor y al vértigo que siente.

XENA
Relájate. Está bien. Él está bien.

GABRIELLE
(sonríe aliviada)
Lo salvaste.

XENA
No. Tú lo hiciste. Yo sólo
ayude a limpiar un poco.

GABRIELLE
¿lo hice? Pero yo...

XENA
Te hiciste daño, si. Pero aún
así salvaste su vida.

GABRIELLE
Y tú salvaste la mía.

Xena sonríe, y acaricia la mejilla de Gabrielle.

XENA
Ese es mi trabajo,¿recuerdas?

Gabrielle se ríe, luego hace una mueca de dolor y coloca las manos sobre sus costillas.

GABRIELLE
¡Dioses!

Echándose hacia un lado, Xena toma una copa con hierbas y agua. Gentilmente levanta la cabeza de Gabrielle, y acerca la copa a los labios de su alma gemela.

XENA
Bebe. Debería ayudarte
con el dolor.

Gabrielle bebe la amarga mezcla, sin poder evitar una mueca.

GABRIELLE
Gracias.

Xena asiente, y vuelve a colocar la copa en el suelo a su lado.

GABRIELLE
¿Xena?

XENA
¿si?

GABRIELLE
¿Conseguiste ya las hierbas? las
que vinimos a buscar.

XENA
No, aún no.

GABRIELLE
Pero...

XENA
Las hierbas pueden esperar.

GABRIELLE
(un poco acaloradamente)
La gente que las
necesita no puede.

XENA
Tendrán que esperar. No te
voy a dejar, Gabrielle.
No aquí. No ahora.
Nunca.

GABRIELLE
Xena, esto es importante.

XENA
*TU* eres importante.

GABRIELLE
¿y las amazonas?

XENA
¿Qué pasa con ellas?

GABRIELLE
Xena, le prometiste a Ephiny
que no dejarías a las
Amazonas morir.

XENA
Y haré todo lo que pueda para
mantener esa promesa, Gabrielle.

(pausa)

Pero no al precio que me
pides que pague.

La expresión de Xena es severa, y Gabrielle sabe que cualquier argumento sería inútil, pero al tratar de continuar, un gran bostezo interrumpe sus planes. Sus párpado comienzan a pesar, finalmente cerrándose, mientras, el implacable efecto de la droga la empuja a un profundo y curativo sueño.

XENA
(susurra)
Lo siento.

FUNDIDO A NEGRO:

FIN DEL TERCER ACTO
 

ACTO 4