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ACTO PRIMERO

 

ABRE DE NEGRO:

 

EXT. PLAZA CENTRAL DE LA CIUDAD – DÍA

 

El cálido y brillante sol es bienvenido después de salir Xena y Gabrielle del oscuro bosque y llegar a una próspera CIUDAD de tamaño medio. La gente de la ciudad saludan a la repentina aparición con sonrisas y asentimientos.

 

gabrielle

(complacida)

¡Vaya, esto está mejor!

 

 

Xena recorre la ciudad con mirada profesional, la encuentra aceptable y apoya una mano en el hombro de Gabrielle. Lleva a su amante en dirección a la HERRERÍA.

 

El herrero es un hombre grande, fornido de enormes brazos, pecho como un tonel y con una gran barriga colgante que le sobresale del delantal sucio de cuero. El yunque y las tenazas que lleva en las oscurecidas manos parecen minúsculos, pero su sonrisa es cálida y amistosa cuando nota que se le acercan las dos mujeres.

 

Deja de lado las herramientas y sale de la forja para recibirlas, limpiándose las manazas en el delantal.

 

 

HERRERO

¡Bienvenidas! ¡Bienvenidas! ¿En qué puedo ayudaros?

 

xena

Necesito herraduras para mi caballo.

 

HERRERO

Habéis venido al sitio adecuado, entonces.
Veamos qué tenemos aquí.

 

Se acerca a Argo, después da un paso hacia atrás cuando ésta relincha y se aleja de él.

 

HERRERO

(Continúa)
Es inquieta, ¿verdad?

 

xena

Es un caballo de guerra.

 

HERRERO

Eso lo explica, sí.

(pausa)

¿Puedo?

 

Xena atrae suavemente a Argo.

 

xena

Se buena.

 

 

La expresión de Argo es prácticamente humana al mostrar molestia y resignación, cabecea una vez y expulsa con fuerza por la nariz sobre el rostro de Xena.

 

Gabrielle oculta una sonrisa con la mano. Xena suspira.

 

xena

(al herrero)

Adelante.

 

El herrero se acerca y examina con cuidado las herraduras de Argo, después se separa limpiándose las manos de nuevo.

 

HERRERO

Son los clavos. Se están convirtiendo
en polvo, la mayoría de ellos.

(pausa)

Dos dinares y la dejo como nueva.
Con los mejores clavos a este lado de Tracia.

 

gabrielle

Sí, ¿pero que hay de las herraduras?

 

HERRERO

(sonriendo)

Las mejores del mundo entero.

 

Xena y Gabrielle intercambian una mirada.

 

xena

Toda tuya.

 

HERRERO

¡Estupendo!

 

Vuelve a la forja, después se da la vuelta, sonriendo.

 

HERRERO

(Continúa)

Voy a tardar un poco. Si aun no habéis
comido,
probad la Taberna de Spiros. Sirve un guiso de
cordero genial, y su cerveza es el néctar de los dioses.

 

Xena mira a Gabrielle, la cual sonríe.

 

gabrielle

¿Una comida que no he de cocinar?

Voy ya mismo.

 

CORTE A:

 

INT. TABERNA DE SPIROS – DÍA

 

La TABERNA está limpia, bien cuidada y prácticamente llena. Las animadas conversaciones de los parroquianos se detienen de golpe al abrirse la puerta y entrar Xena y Gabrielle. Se reinician de nuevo al momento, con un tono un poco más bajo que antes.

 

Xena observa una mesa vacía en la esquina más alejada y va hacia ella, Gabrielle siguiéndole los pasos.

 

Al sentarse, se abre la puerta de la cocina y aparece un hombre bajo y compacto. Es de mediana edad, con un rostro expresivo y azotado por el sol, uno de sus brazos en cabestrillo sobre el pecho. Es SPIROS, el dueño de la Taberna.

 

Observa con sus oscuros ojos el interior de la taberna, entonces los abre de par en par al ver a sus dos nuevas clientes. Se le desencaja la mandíbula.

 

 

spiros

(suavemente)

Por todos los dioses del Monte Olimpo.

 

Xena le oye y alza la vista. Sus ojos se encuentran, y una sonrisa bobalicona asoma al rostro de Spiros.

 

spiros

(Continúa)
¿Xena?

 

Xena asiente y sonríe levemente.

 

 

xena

Spiros.

 

Spiros cruza la sala para ponerse a la altura de la mesa, agitando la cabeza con asombro.

 

spiros

Eres tú. No puedo creerlo.
Ellos… ¡dijeron que estabas muerta!

 

Xena se levanta y ofrece su mano al brazo extendido de Spiros.

 

xena

Es una larga historia.

 

spiros

Y excitante, estoy seguro.

 

Liberando la mano de Xena, da un paso atrás y la mira de pies a cabeza, después de la cabeza a los pies, ensanchando aun más la sonrisa.

 

spiros

(Continúa)

¡Por todos los dioses, mírate! ¡Estas incluso más
guapa que la última vez que te vi!

 

Sintiendo la incomodidad de Xena por la adoración de su tono, mira hacia otro lado y ve a Gabrielle esperando pacientemente, con expresión ligeramente desconcertada. Vuelve a sonreír.

 

spiros

(Continúa)

Y tú…tú debes ser Gabrielle.

 

Gabrielle le devuelve la sonrisa y se levanta, tomando su mano.

 

gabrielle

Lo soy. Un placer conocerte.

 

 

spiros

Es un honor conocerte. Tus historias
me han hecho compañía más de una noche.

 

Gabrielle se sonroja levemente.

 

gabrielle

Gracias.

 

spiros

De nada.

Sed bienvenidas.

 

Se calla al volverse hacia Xena.

 

SPIROS

(Continúa)

¿Qué os trae por aquí?

 

xena

Le están poniendo herraduras nuevas a mi caballo.

 

spiros

Ah.  Entonces pasareis un tiempo por aquí.
Nuestro herrero es un maestro de su especialidad, pero
más lento que un río helado en el Solsticio.

(pausa)

Mírame, charloteando como si no tuviera
nada mejor que hacer con mi tiempo. Por favor,
sentaos y poneros cómodas. Hice guiso de cordero
para hoy, y si no recuerdo mal,
era una de tus comidas favoritas.

 

xena

(sonriendo)

Lo sigue siendo.

 

spiros

¡Perfecto! Vuelvo enseguida con la comida pues,
y algo de cerveza para digerirla.

 

Xena y Gabrielle le ven alejarse. Gabrielle se vuelve hacia Xena.

 

gabrielle

¿Es un viejo amigo?

 

 

xena

Era un cocinero en mi ejército. Hace mucho tiempo.
El único en el que confié y que no iba a envenenarme.

 

Su mirada se vuelve distante al recordar.

 

xena

(Continúa)

Era sólo un niño cuando vino a mí.
Se había escapado de casa.
"Buscando aventuras", me dijo.

 

gabrielle

Parece que los vayas recolectando.

 

xena

(sonriendo sin ganas)

Parece que no me puedo librar de ellos tampoco.

 

 

Gabrielle ríe.

 

La conversación se detiene al volver Spiros, balanceando una bandeja repleta de comida y bebida en su brazo sano. Deja la bandeja en la mesa y sirve diestramente a cada mujer, después hace una reverencia sonriendo y se marcha.

 

La comida y la bebida, ambos tan buenos como les prometió, son consumidas sin mucha conversación por parte de las dos.

 

Terminado el último trago de su cerveza, Xena se levanta con la jarra y arquea una ceja en dirección a Gabrielle.

 

Gabrielle sonríe y alza su jarra.

 

gabrielle

Por favor.

 

Xena asiente y va hacia la extensa barra del fondo, sorteando el barullo de sedientos clientes.

 

Spiros vuelve de la cocina y se acerca a Gabrielle, con la intención de recoger la mesa. Sonríe al ver como Gabrielle mira a Xena, viendo con facilidad la adoración reflejada en sus ojos.

 

spiros

Me salvó la vida, sabes.

 

Cogida por sorpresa, Gabrielle da un respingo y se vuelve para mirar a Spiros.

 

gabrielle

¿Perdona?

 

spiros

Xena. Me salvó la vida.
Fue hace mucho, pero
nunca lo he olvidado.

 

gabrielle

(interesada)

¿Cómo te la salvó?

 

 

spiros

¿Supongo que ya te ha dicho
que era cocinero en su ejército?

 

gabrielle

Sí, y que eras muy joven e
ibas en busca de aventuras.

 

Spiros ríe.

 

spiros

Muy joven y muy tonto.

Lleno de grandes ideas y mayores sueños.

Dioses… no puedo creer que fuera tan ingenuo.

 

gabrielle

(apenada)

Únete al club.

 

spiros

Así es. Tu seguiste a
la Princesa Guerrera también, ¿verdad?

 

gabrielle

Lo mejor que he hecho nunca.

 

 

spiros

Eso pensé yo también, por aquel entonces. Mi padre era tabernero,

como yo ahora, en un pequeño pueblo. Estaba aburrido, así que me fui.

Aparecí de repente en el campamento de invierno de Xena y casi consigo

que me maten. Por suerte para mí, sin embargo, Xena acababa de 

despachar a su último cocinero. Lo pilló intentando poner cicuta en su cerveza.

 

gabrielle

(dando un respingo)

Ooh.

 

spiros

Exacto. Bueno, he cocinado desde que tenía edad suficiente

para andar, así que le ofrecí mis servicios y ella accedió.

(sonríe mientras recuerda)

Era un trabajo duro, cocinar para ese ejército, pero también
era divertido de alguna manera. Xena era tan...

 

Spiros se sonroja y se aclara la garganta.

 

Spiros

(Continúa)

Pasado un tiempo llegó la primavera, y
ahí fue cuando me salvó la vida.

 

gabrielle

¿Qué fue lo que hizo?

 

Spiros

Me mandó a casa.

 

Gabrielle y Spiros alzan la vista para ver como se acerca Xena, con cierto gesto ceñudo en el rostro. Gabrielle reconoce la expresión como de fastidio y sonríe traviesa al saber que ha sido descubierta.

 

Spiros se aclara de nuevo la garganta, recoge rápidamente los platos y regresa a la cocina para no estar en el punto de mira del mal humor de Xena.

 

Xena se sienta y desliza la jarra de Gabrielle por la mesa.

 

xena

Hablando otra vez de mi, ¿verdad?

 

 

gabrielle

Mi tema favorito.

 

xena

Mm.

 

Beben en agradable silencio después Xena nota como Gabrielle la está mirando. Vuelve a fruncir la frente.

 

xena

(Continúa)
¿Qué?

 

 

gabrielle

(sonriendo)

Spiros me estaba contando como
le salvaste la vida al mandarle a casa.

(pausa)

No importa lo mala que creas haber
sido entonces Xena, siempre tuviste
buen corazón en el fondo.

 

xena

(muy suavemente, advirtiéndole)

Gabrielle….

 

gabrielle

Es verdad, Xena.
Ya viste la mirada de Spiros.
Te adora... a la Xena que conoció entonces.

 

 

Xena frunce aun más el ceño y su mirada se vuelve más fría.

 

xena

Era bastante peor de lo que jamás podrías imaginar, Gabrielle.
No confundas mis acciones con amabilidad.

 

gabrielle

Pero....

 

Xena deja su jarra y apoya ambas manos en la mesa.

 

xena

Spiros no me servía de nada excepto en sus habilidades 
cocinando. Era un chico con un brazo inútil. Créeme,
si hubiera pensado que podría serme útil en
la batalla, le hubiera mantenido a mi lado y sería uno
de los muchos huesos enmohecidos de algún campo de batalla.

 

Se levanta, lentamente, las manos aun aferradas a la mesa.

 

 

xena

(Continúa)

No había nada bueno en mí entonces, Gabrielle.
Ni siquiera pretendas lo contrario.
No engañarías a nadie.

 

Sin más palabras, se da la vuelta y sale de la taberna dejando atrás a una desconcertada Gabrielle aun sentada en la mesa, jarra de cerveza en mano.

 

FUNDE A:

 

EXT. PLAZA CENTRAL – MEDIA TARDE

 

Xena atraviesa veloz el centro de la ciudad, con expresión tempestuosa y premonitoria. Tiene las manos cerradas en puños pegadas a los costados, la mandíbula tensa y apretada. La gente la mira, para luego desviar rápidamente la mirada. El herrero la saluda con la mano desde la forja, golpeando las herraduras de Argo con mano experta.

 

Se abre la puerta de la taberna y sale Gabrielle. Ve de inmediato a Xena y camina rápido para alcanzarla.

 

gabrielle

¡Xena!

 

 

Xena no da muestras de haber escuchado la llamada de Gabrielle y continúa caminando hacia las afueras de la ciudad.

 

Maldiciendo para sí, Gabrielle acelera el paso alcanzando a Xena tras pasar los PUESTOS DE MERCADERES.

 

gabrielle

(Continúa)
Xena, por favor.

 

Xena se detiene pero no se gira, obviamente intentando mantener bajo control su ira.

 

 

gabrielle

(Continúa)

Siento haberte enfadado... No quería...

 

Xena suaviza la expresión de su rostro y gira la cabeza para mirar a Gabrielle.

 

xena

No pasa nada.

No debí ponerme así contigo.

 

gabrielle

Y yo debería saber que no debo

bromear sobre tu pasado.

(pausa)

Demos un paseo.

He de bajar esa deliciosa comida.

 

Xena mira la próspera zona de mercado.

 

xena

Puedes bajarla persiguiendo buenas compras.

 

 

Gabrielle sonríe.

 

gabrielle

Podría, pero prefiero estar contigo.

(pausa)

¿Qué te parece si exploramos
el viejo templo que vimos?

 

Xena parece sorprendida.

 

gabrielle

(Continúa)
Lo sé. Lo sé. Pero nunca podemos
resistirnos a un buen misterio. Venga.

 

 

CORTE A:

 

EXT. TEMPLO ABANDONADO – TARDE

 

Xena y Gabrielle exploran la desnuda área alrededor del templo abandonado. Encuentran muy poco con excepción de lo obvio, y Xena se dirige a explorar el interior mientras Gabrielle se encamina a la parte trasera de la derruida estructura.

 

gabrielle

Ten cuidado.

 

xena

(preocupada)

Sí, amor.

 

 

Gabrielle sacude la cabeza y continúa hacia la parte trasera del templo.

 

Le sobreviene un sentimiento que no puede identificar, erizándole los pelillos de la nuca. Levanta la cabeza al tiempo que, un rayo brillante color rojo, ilumina el interior del templo. Un fuerte sonido como de trueno acompaña la aparición de la luz, y el suelo alrededor del templo comienza a sacudirse tan fuerte que Gabrielle cae de rodillas. Las sacudidas parecen no terminar nunca, pero de repente desaparecen junto con la luz a la misma velocidad que aparecieron, y se hace un silencio absoluto.

 

Gabrielle lucha por ponerse de pie, pálida por la impresión.

 

gabrielle

¿Xena?
(reina el silencio)

¡¡¡XENA!!!

 

FUNDIDO A NEGRO.

 

FIN DEL PRIMER ACTO

 

ACTO DOS