Guía Episodios

Introducción

Acto 1

Acto 2

Acto 3

Acto 4




ACTO PRIMERO


ABRE DE NEGRO:

 

EXT. - AFUERAS DE LA CIUDAD - DIA

 

Xena y Gabrielle están de pie, justo en el sendero principal que conduce hacia la ciudad de Janus Hepta. 

 

GABRIELLE

(con ironía)

Creo que tú y yo debemos

tener una conversación sobre

tu definición

de “bastante agradable”, Xena.

 

Xena mira a Gabrielle, luego detrás de ella puede ver la ciudad, mientras frunce el ceño. Aunque Janus Hepta pudo ser hace tiempo evidentemente bastante agradable, ya no había esperanzas de que ello aún fuera así. El polvo y los pequeños pedazos de basuras son soplados por el viento con apatía, arrastrándose a través de la tierra estéril. Los edificios que una vez pudieron haber sido magníficos en su día, ahora son un poco más que chozas destartalada que están de pie contra el viento siempre presente por la sola inercia. El edificio parece ser la posada, se doblega considerablemente a un lado y su letrero, “El Cerdo en un Barril”, se mueve lentamente de un lado a otro, sujeto a una sola bisagra. 

 

GABRIELLE

(continúa)

¿De todos modos, quién te

hablo de este lugar?

 

 

XENA

(distraída)

Creo que Autolycus.

 

Gabrielle mira a Xena sorprendida.

 

GABRIELLE

¿Autolycus?

 

Ella vuelve a mirar fijamente la ciudad.

 

GABRIELLE

(continúa, suavemente)

No me parece que aquí exista

algo que un mendigo querría y

mucho menos el Rey de los

Ladrones.

 

Como si fuera una señal, el viento acelera su recorrido y una pequeña choza de madera que esta en pie de la posada se rinde y cae al suelo patéticamente. Las pocas personas que caminan por los alrededores, vestidas un poco mejor que con harapos ni parecen darse cuenta.

 

GABRIELLE

(continúa)

Supongo que algo

sucedió entre

antes y ahora, ¿no?

 

Xena se endereza y mueve su cabeza ligeramente.

 

XENA

Supongo. Hay un claro justo

al norte de aquí. Nada de jacuzzis

o servicio de habitación, pero es

privado…

 

 

Gabrielle piensa por un momento.

 

GABRIELLE

¿Sabes? Pienso que deberíamos

darle a este lugar una oportunidad.

 

Xena la mira como si estuviera algo loca.

 

GABRIELLE

(continúa)

Hablo en serio, Xena. Puede que haya

Una historia en él.

 

Ella agita sus manos graciosamente.

 

GABRIELLE

(continúa)

“Riquezas de Harapos:

¿Quien mato a Janus Hepta?”

 (pausa)

¿Muy florido?

 

XENA

Muy algo. Esta segura que

tú quieres….

 

GABRIELLE

Si, estoy segura. ¿Además, qué

es lo peor que podría pasar?

 

Xena la mira a los ojos.

 

GABRIELLE

(continúa)

Está bien, está bien, olvida lo que dije. Mira, sólo

iremos hacia allá y veremos si la posada esta abierta

para el público. Quizás, podamos conseguir algo para

comer que tú no tengas que cazar y yo no

tenga que cocinar, y dormir aunque sea por una noche en un techo

que cubra nuestras cabezas. Tú dijiste

que estaría bien para lo que me aflige, ¿cierto?

 

Xena suspira al ser enarbolada por su propia lógica.

 

Gabrielle sonríe.

 

XENA

Está bien, pero si la comida está envenenada

o la cama está rota y tú

terminas con astillas en tu….

 

GABRIELLE

Ya se, ya se.  No iré arrastrándome

lentamente hacia ti. ¿Cierto?

 

 

XENA

Cierto.

 

GABRIELLE

Hecho. Ahora, vámonos antes de

 que el resto de la ciudad se destruya.

 

Con esto, Gabrielle comienza a bajar la pequeña cuesta hacia la ciudad felizmente, dejando a Xena y a Argo quienes la miran fijamente de forma perpleja.

 

XENA

(en voz bajita para Argo)

A veces me pregunto sobre

de ella, amiga mía. Realmente

lo hago.

 

Argo relincha diciendo que está de acuerdo.

CORTE A:

 

INT. POSADA - DÍA

 

El interior del establecimiento está aún peor que el exterior. Los pedazos de mesas rotas y sillas son lanzados a la esquina de la habitación oscura y húmeda. El suelo está pegajoso con sustancias que Gabrielle realmente no identificaría, y los olores de la cocina hacen que reconsidere seriamente la oferta anterior de Xena.

 

De todos modos ella no puede evitar advertir que para toda su tacañería, el cuarto en cierta época debió tener una vista bastante magnífica. La barra, aunque rasguñada, manchada y picada, es el trabajo de un maestro artesano, y los pocos muebles restantes están igualmente maravillosamente hechos. La enorme chimenea que sube por la pared lleva lejos los restos de lo que, en cierta época, debió haber sido un mosaico realmente espectacular hecho en el azulejo coloreado.

 

Los pocos patrones de la posada parecen recelosos y asustados por las dos nuevas visitantes, y sobre todo por las armas que llevan tan a la vista. Mientras el dúo se acerca a la barra, el guarda da un paso adelante con el ceño fruncido en su cara.

 

MALUM

Si vienen de parte del rey, pueden darse

la vuelta y salir de aquí.  No tenemos

nada que ofrecerle. Como siempre.

 

Aunque un poco sorprendida por su hostilidad, Gabrielle sonríe al hombre.

 

GABRIELLE

Soy Gabrielle. Una bardo. Buscando una

habitación. ¿Tienes alguna para alquilar?

 

Malum sigue fulminándola con la mirada receloso, hasta que se encuentra con otro tipo de mirada. Ésta es la de la alta guerrera que está de pie detrás de Gabrielle, que hace que él palidezca y ladee la cabeza.

 

 

MALUM

Do-dos ha-habitaciones, arriba de la

escalera y a vuestra izquierda.

 

GABRIELLE

Gracias, pero sólo

necesitamos una. ¿Cuánto es?

 

MALUM

¿Dos denarios?

 

GABRIELLE

¿Me estás preguntando?

 

MALUM

No. Le pregunto a ella.

 

Gabrielle se gira para mirar Xena, cuya expresión suavemente ha cambiado en una de completa inocencia... o tan inocente como Xena puede ponerse, de todos modos. Gabrielle, desde luego, no comprende el acto durante un minuto. Ella se vuelve al guarda.


GABRIELLE

Dos denarios pues. ¿Podrías

conseguirnos algo para cenar?

 

MALUM

¿Sí?

 

Haciendo girar sus ojos, Gabrielle se inclina sobre la barra.

 

GABRIELLE

(susurrando)

Ella no va a hacerte daño.

 

Él mira sumamente dudoso.

 

GABRIELLE

(continúa)

De verdad. ¿Ok?

 

 

Después de un momento, Malum suspira y asiente.

 

GABRIELLE

(continúa)

Bien. Aquí están sus dos denarios.

Si pudieras darme la llave de la habitación,

iríamos a refrescarnos un poco y

volveríamos abajo para la cena.

 

Él empuja la llave maestra oxidada a través de la barra, sólo recupera la respiración cuando Gabrielle le da una sonrisa final y da la vuelta para marcharse, seguida de Xena.

 

Mientras la pareja sube, uno de los pocos clientes de la posada se acerca a la barra.

 

HOMBRE

¿Estás seguro que lo que estás haciendo

es lo correcto, Malum?

Podrían estar mintiendo, lo sabes.

 

 MALUM

¿Piensas que alguna podría

doblegarse a algún rey?

 

El hombre sigue con la mirada fija en Malum mientras Xena y Gabrielle desaparecen bajo el oscuro vestíbulo arriba de las escaleras.

 

HOMBRE
Supongo que no.

 

MALUM

Las vigilaremos,

de todas formas. Por si acaso.

(en voz alta)

¡Sally, tendremos dos

más para cenar!

 

 CORTE A:

 

INT. DORMITORIO - DÍA

 

La habitación es una sorpresa agradable. Aunque pequeña y un poco desigual, está aseada y limpia. La cama, igualmente, es pequeña, pero limpia. Una chimenea de mármol tiznada domina una pared, una ventana la otra. Entre la cama y la chimenea hay una vieja mesa de patas trenzadas con un baño resquebrajado y una jarra del agua encima de ella.

 

Gabrielle se dirige hacia la mesa, deteniéndose cuando ve algo que está al lado del baño. A primera vista, parece ser un pedazo de cristal oscuro, una pirámide vagamente formada, y  parecida a  un prisma. Ella lo eleva y cuando la luz da en él, mil colores de repente cobran vida.

 

 

GABRIELLE

(suavemente)

Por los dioses.... Xena, mira esto.

¿Alguna vez ha visto algo así?

 

Xena echa un vistazo al objeto en la mano de Gabrielle, en sus ojos se dibujan los colores que se arremolinan y que parece como si vinieran desde la profundidad.

 

XENA

He visto algo parecido un par de

veces. No se cómo se llama,

sin embargo. Tal vez sea

algún tipo de gema.

 

GABRIELLE

Es preciosa. ¿Crees que alguien

la haya dejado aquí por accidente?

¿El último dueño, tal vez?

 

XENA

Lo dudo.

 

 

GABRIELLE

Bueno, si pertenece aquí, ahora

entiendo porqué Autolycus recomendó

tanto este lugar.

 

Xena sonríe brevemente mientras deja sus paquetes en una esquina y regresa a la mesa, sirviendo agua del pichel al tazón para lavarse las manos.

 

XENA

¿Lista para enfrentar la cena?

 

El estómago de Gabrielle gruñe la respuesta.

 

CORTE A:

 

INT.  COMEDOR DE LA TABERNA - TARDE

 

Sentadas en una mesa de esquina, Xena y Gabrielle degustan  una comida que sabe asombrosamente mejor que lo que parece o huele. Gabrielle casi ha terminado y mira anhelante lo que Xena ha dejado en su plato. Xena observa alrededor del comedor. Una arruga cruza su rostro al fruncir levemente el ceño.

 

GABRIELLE

¿Qué?  ¿Qué pasa?

 

XENA

(calladamente)

¿Dónde están los hombres?

 

De espaldas al comedor, Gabrielle mira sobre su hombro. El comedor se ha llenado apreciablemente desde que se sentaron a cenar. En muchas de las mesas se sientan mujeres con sus hijos. Dos ancianos se sientan en la barra, platicando entre ellos. Aparte de Malum, atendiendo la barra, no se pueden ver otros hombres.

 

GABRIELLE

Malum mencionó un rey.

¿Tal vez los reclutó

en su ejército?

 

XENA

(dudando)

Tal vez...

 

 

VOZ DE MUJER

(fuera de escena, en la cocina)

¡No!  ¡No te irás! 

¡Lo prohíbo!

 

Las puertas de la cocina se abren abruptamente y un joven sale por ellas. Cubierto de harapos, lleva una pala rudimentaria y un pico-hacha en sus manos. La madre corre tras él, tomándolo de un brazo deteniéndolo.

 

MUJER

Por favor, Vanus.

No te vayas.

 

VANUS

Tengo que hacerlo, madre.

No tengo alternativa.

 

MUJER

¡Tienes una opción! ¡La tienes!

¡Puedes quedarte conmigo!

Estarás a salvo. ¡Lo prometo!

 

VANUS

No puedo, madre.

Por favor, tengo que irme.
 

 

MUJER

¡No, por favor!  ¡Sólo terminarás

muerto como el resto!

 

VANUS

Entonces moriré. No puedo quedarme aquí

sentado sin hacer nada, madre. Lo siento.

 

Soltándose, sale de la taberna con grandes zancadas.

 

MUJER

(sollozando)

¡¡¡¡VANUS!!!!

 

FUNDIDO A NEGRO.

 

FIN DEL PRIMER ACTO

ACTO DOS