|
|
|||||
|
EXT. -
AFUERAS DE LA CIUDAD - DIA Xena y Gabrielle están de pie,
justo en el sendero principal que conduce hacia la ciudad de Janus
Hepta. GABRIELLE (con ironía) Creo que tú y yo debemos tener una conversación sobre tu definición de “bastante agradable”, Xena. Xena mira a Gabrielle, luego
detrás de ella puede ver la ciudad, mientras frunce el ceño. Aunque Janus
Hepta pudo ser hace tiempo evidentemente bastante agradable, ya no había
esperanzas de que ello aún fuera así. El polvo y los pequeños pedazos de
basuras son soplados por el viento con apatía, arrastrándose a través de la
tierra estéril. Los edificios que una vez pudieron haber sido magníficos en
su día, ahora son un poco más que chozas destartalada que están de pie contra
el viento siempre presente por la sola inercia. El edificio parece ser la
posada, se doblega considerablemente a un lado y su letrero, “El Cerdo en un
Barril”, se mueve lentamente de un lado a otro, sujeto a una sola
bisagra. GABRIELLE (continúa) ¿De todos modos, quién te hablo de este lugar?
XENA (distraída) Creo que Autolycus. Gabrielle mira a Xena
sorprendida. GABRIELLE ¿Autolycus? Ella vuelve a mirar
fijamente la ciudad. GABRIELLE (continúa, suavemente) No me parece que aquí exista algo que un mendigo querría y mucho menos el Rey de los Ladrones. Como si fuera una señal,
el viento acelera su recorrido y una pequeña choza de madera que esta en pie
de la posada se rinde y cae al suelo patéticamente. Las pocas personas que
caminan por los alrededores, vestidas un poco mejor que con harapos ni
parecen darse cuenta. GABRIELLE (continúa) Supongo que algo sucedió entre antes y ahora, ¿no? Xena se endereza y mueve
su cabeza ligeramente. XENA Supongo. Hay un claro justo al norte de aquí. Nada de jacuzzis o servicio de habitación, pero es privado…
Gabrielle piensa por un
momento. GABRIELLE ¿Sabes? Pienso que deberíamos darle a este lugar una oportunidad. Xena la mira como si
estuviera algo loca. GABRIELLE (continúa) Hablo en serio, Xena. Puede que haya Una historia en él. Ella agita sus manos
graciosamente. GABRIELLE (continúa) “Riquezas de Harapos: ¿Quien mato a Janus Hepta?” (pausa) ¿Muy florido? XENA Muy algo. Esta segura que tú quieres…. GABRIELLE Si, estoy segura. ¿Además, qué es lo peor que podría pasar? Xena la mira a los ojos. GABRIELLE (continúa) Está bien, está bien, olvida lo que dije. Mira,
sólo iremos hacia allá y veremos si la posada esta
abierta para el público. Quizás, podamos conseguir algo
para comer que tú no tengas que cazar y yo no tenga que cocinar, y dormir aunque sea por una noche
en un techo que cubra nuestras cabezas. Tú dijiste que estaría bien para lo que me aflige, ¿cierto? Xena suspira al ser
enarbolada por su propia lógica. Gabrielle sonríe. XENA Está bien, pero si la comida está envenenada o la cama está rota y tú terminas con astillas en tu…. GABRIELLE Ya se, ya se. No iré arrastrándome lentamente hacia ti. ¿Cierto?
XENA Cierto. GABRIELLE Hecho. Ahora, vámonos antes de que el resto de la ciudad se destruya. Con esto, Gabrielle
comienza a bajar la pequeña cuesta hacia la ciudad felizmente, dejando a Xena
y a Argo quienes la miran fijamente de forma perpleja. XENA (en voz bajita para Argo) A veces me pregunto sobre de ella, amiga mía. Realmente lo hago. Argo relincha diciendo que
está de acuerdo. CORTE A: INT.
POSADA - DÍA El interior del
establecimiento está aún peor que el exterior. Los pedazos de mesas rotas y
sillas son lanzados a la esquina de la habitación oscura y húmeda. El suelo
está pegajoso con sustancias que Gabrielle realmente no identificaría, y los
olores de la cocina hacen que reconsidere seriamente la oferta anterior de
Xena. De todos modos ella no
puede evitar advertir que para toda su tacañería, el cuarto en cierta época
debió tener una vista bastante magnífica. La barra, aunque rasguñada,
manchada y picada, es el trabajo de un maestro artesano, y los pocos muebles
restantes están igualmente maravillosamente hechos. La enorme chimenea que sube
por la pared lleva lejos los restos de lo que, en cierta época, debió haber
sido un mosaico realmente espectacular hecho en el azulejo coloreado. Los pocos patrones de la
posada parecen recelosos y asustados por las dos nuevas visitantes, y sobre
todo por las armas que llevan tan a la vista. Mientras el dúo se acerca a la
barra, el guarda da un paso adelante con el ceño fruncido en su cara. MALUM Si vienen de parte del rey, pueden darse la vuelta y salir de aquí. No tenemos nada que ofrecerle. Como siempre. Aunque un poco sorprendida
por su hostilidad, Gabrielle sonríe al hombre. GABRIELLE Soy Gabrielle. Una bardo. Buscando una habitación. ¿Tienes alguna para alquilar? Malum sigue fulminándola
con la mirada receloso, hasta que se encuentra con otro tipo de mirada. Ésta
es la de la alta guerrera que está de pie detrás de Gabrielle, que hace que
él palidezca y ladee la cabeza.
MALUM Do-dos ha-habitaciones, arriba de la escalera y a vuestra izquierda. GABRIELLE Gracias, pero sólo necesitamos una. ¿Cuánto es? MALUM ¿Dos denarios? GABRIELLE ¿Me estás preguntando? MALUM No. Le pregunto a ella. Gabrielle se gira para mirar
Xena, cuya expresión suavemente ha cambiado en una de completa inocencia... o
tan inocente como Xena puede ponerse, de todos modos. Gabrielle, desde luego,
no comprende el acto durante un minuto. Ella se vuelve al guarda.
Dos denarios pues. ¿Podrías conseguirnos algo para cenar? MALUM ¿Sí? Haciendo girar sus ojos,
Gabrielle se inclina sobre la barra. GABRIELLE (susurrando) Ella no va a hacerte daño. Él mira sumamente dudoso. GABRIELLE (continúa) De verdad. ¿Ok?
Después de un momento,
Malum suspira y asiente. GABRIELLE (continúa) Bien. Aquí están sus dos denarios. Si pudieras darme la llave de la habitación, iríamos a refrescarnos un poco y volveríamos abajo para la cena. Él empuja la llave maestra
oxidada a través de la barra, sólo recupera la respiración cuando Gabrielle
le da una sonrisa final y da la vuelta para marcharse, seguida de Xena. Mientras la pareja sube,
uno de los pocos clientes de la posada se acerca a la barra. HOMBRE ¿Estás seguro que lo que estás haciendo es lo correcto, Malum? Podrían estar mintiendo, lo sabes. MALUM ¿Piensas que alguna podría doblegarse a algún rey? El hombre sigue con la
mirada fija en Malum mientras Xena y Gabrielle desaparecen bajo el oscuro
vestíbulo arriba de las escaleras. HOMBRE MALUM Las vigilaremos, de todas formas. Por si acaso. (en voz alta) ¡Sally, tendremos dos más para cenar! CORTE A: INT.
DORMITORIO - DÍA La habitación es una
sorpresa agradable. Aunque pequeña y un poco desigual, está aseada y limpia.
La cama, igualmente, es pequeña, pero limpia. Una chimenea de mármol tiznada
domina una pared, una ventana la otra. Entre la cama y la chimenea hay una
vieja mesa de patas trenzadas con un baño resquebrajado y una jarra del agua
encima de ella. Gabrielle se dirige hacia
la mesa, deteniéndose cuando ve algo que está al lado del baño. A primera
vista, parece ser un pedazo de cristal oscuro, una pirámide vagamente
formada, y parecida a un prisma. Ella lo eleva y cuando la luz da
en él, mil colores de repente cobran vida.
GABRIELLE (suavemente) Por los dioses.... Xena, mira esto. ¿Alguna vez ha visto algo así? Xena echa un vistazo al
objeto en la mano de Gabrielle, en sus ojos se dibujan los colores que se
arremolinan y que parece como si vinieran desde la profundidad. XENA He visto
algo parecido un par de veces. No se cómo se llama, sin embargo.
Tal vez sea algún tipo
de gema. GABRIELLE Es preciosa.
¿Crees que alguien la haya
dejado aquí por accidente? ¿El último
dueño, tal vez? XENA Lo dudo.
GABRIELLE Bueno, si
pertenece aquí, ahora entiendo
porqué Autolycus recomendó tanto este
lugar. Xena
sonríe brevemente mientras deja sus paquetes en una esquina y regresa a la
mesa, sirviendo agua del pichel al tazón para lavarse las manos. XENA ¿Lista para
enfrentar la cena? El
estómago de Gabrielle gruñe la respuesta. CORTE A: INT. COMEDOR DE LA TABERNA - TARDE Sentadas
en una mesa de esquina, Xena y Gabrielle degustan una comida que sabe asombrosamente mejor
que lo que parece o huele. Gabrielle casi ha terminado y mira anhelante lo
que Xena ha dejado en su plato. Xena observa alrededor del comedor. Una
arruga cruza su rostro al fruncir levemente el ceño. GABRIELLE
¿Qué? ¿Qué pasa? XENA (calladamente) ¿Dónde están
los hombres? De espaldas al comedor, Gabrielle mira
sobre su hombro. El comedor se ha llenado apreciablemente desde que se
sentaron a cenar. En muchas de las mesas se sientan mujeres con sus hijos.
Dos ancianos se sientan en la barra, platicando entre ellos. Aparte de Malum,
atendiendo la barra, no se pueden ver otros hombres. GABRIELLE Malum
mencionó un rey. ¿Tal vez los
reclutó en su
ejército? XENA (dudando) Tal vez...
VOZ
DE MUJER (fuera de escena, en la cocina) ¡No!
¡No te irás! ¡Lo prohíbo! Las
puertas de la cocina se abren abruptamente y un joven sale por ellas.
Cubierto de harapos, lleva una pala rudimentaria y un pico-hacha en sus
manos. La madre corre tras él, tomándolo de un brazo deteniéndolo. MUJER Por favor,
Vanus. No te vayas. VANUS Tengo que
hacerlo, madre. No tengo
alternativa. MUJER ¡Tienes una
opción! ¡La tienes! ¡Puedes quedarte conmigo! Estarás a salvo. ¡Lo prometo! VANUS No puedo,
madre. Por favor,
tengo que irme.
MUJER ¡No, por
favor! ¡Sólo terminarás muerto como el resto! VANUS Entonces
moriré. No puedo quedarme aquí sentado sin hacer nada, madre. Lo siento. Soltándose,
sale de la taberna con grandes zancadas. MUJER (sollozando) ¡¡¡¡VANUS!!!! FUNDIDO A NEGRO. |
|||||
|
FIN
DEL PRIMER ACTO |
|||||