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ACTO SEGUNDO

ABRE DE NEGRO

8

INT. CUARTO DE BAÑO. DÍA

Saliendo de la bañera, Gabrielle se estremece cuando sus pies contactan con el suelo helado. Agarra un trozo gastado de lino y comienza a secarse, mirando mientras a cualquier otro lugar, para no ver en lo que se ha convertido su cuerpo después de meses de maltratarlo.

Lo mas seca posible, extiende la mano para coger sus ropas y se las pone, planchando la tela arrugada con las palmas de sus manos, y tomando una profunda bocanada de aire antes de dejarla escapar en forma de cansado y entristecido suspiro.

Echando un último vistazo alrededor del diminuto cuarto, arroja la mochila sobre su hombro y sale al pasillo débilmente iluminado, mirando primero a la izquierda y luego a la derecha, intentando decidir una dirección. De la izquierda viene un olor de comida cocinada, y como su estómago expresa su descontento, se va en esa dirección, con la promesa de ayudar a aquella gente como aliciente.

9

INT. COCINA. DÍA

La cocina es pequeña y está llena de gente que la miran de forma inexpresiva, y a veces reprobada, mientras ella camina por allí. Aunque nadie es abiertamente descortés, es obvio que la ven sólo como una boca más para alimentar, y además una boca extranjera.

La fila se mueve hacia adelante, y ella coge un plato, sosteniéndolo mientras una mujer anciana y sucia vierte con un cucharón algo indefinible en él. Al final de la mesa hay jarras de madera llenas de agua fresca, y coge una, después se aleja de la hormigueante muchedumbre arrastrando los pies, decidida a encontrar un lugar tranquilo para comer, pero sin estar segura de encontrar tal sitio.

Se hace un silencio en la habitación cuando entra un hombre moreno, alto y delgado como una caña. Advierte inmediatamente a Gabrielle y cambia su dirección para ir hacia ella.

AMUN
Soy Amun, el consejero de su Majestad.
Se te ha preparado un lugar.
Si me sigues, te llevaré a él.

GABRIELLE
(asiente agradecida)
Gracias.

FUNDE A

10

INT. DORMITORIOS. DÍA

El lugar es sorprendentemente grande, e incluso más sorprendentemente, está vacío. Diez jergones yacen en filas ordenadas en el suelo. Gabrielle está sentada en el que está más lejos de la puerta, en un rincón semi-iluminado, con sus cosas esparcidas a su alrededor

Lejos de ojos curiosos, deja su plato casi lleno en el suelo, y se olvida de su presencia, después busca dentro de su bolsa de viaje y saca su pergamino y su pluma. Desenrollando el pergamino, lo observa, deseando que vengan las palabras, pero su mente se niega a dejarlas salir.

GABRIELLE
Estupendo. Incluso mi
musa me ha dejado.

Vuelve a enrollar lentamente el pergamino y lo pone cuidadosamente en la bolsa de nuevo. Su mano roza la urna que contiene las cenizas de Xena, y tras una pequeña pausa, saca la urna de su estrecho lugar y la pone en su regazo, con ambas manos rodeándola con cuidado.

Mira hacia abajo durante un largo instante, perdida en sus pensamientos, antes de levantar la cabeza y pestañear para evitar las lágrimas por el reciente dolor.

GABRIELLE
(susurro)
¿
Xena?

(pausa)

Sé que, donde quiera que estés,
puedes oír mis pensamientos.
Y quiero que sepas que
aunque ya no estemos
juntas, aun te quiero

(pausa)

con todo mi corazón. Y te echo de menos.
Más de lo que nunca sabrás.

Una lágrima cae sobre la urna, estropeando su antigua superficie negra, y la seca con su pulgar con cuidado.

GABRIELLE
Sé que puede que no entiendas
por qué te dije que te fueras. Yo misma
no lo entiendo, a veces.
Pero sé que necesito... esto.
Este tiempo para estar sola con mis
pensamientos. Y mis sentimientos.
Y duele... tanto.
Pero sé que es lo mejor.

(suspiro angustioso) 

                       Ha de ser así.                          

Rompe a llorar por un momento, después reúne fuerzas con un vigor innato, tan característico de ella. 

GABRIELLE
Recuerdo una vez, hace ya
tiempo, cuando intentaste
enseñarme a curar. Y me dijiste
que siempre tenía que recordar
en quitar un vendaje con suavidad,
porque si lo hacía con demasiada
aspereza, reabriría la herida, y
tardaría más en curarse.

(pausa)

Eso es lo que soy yo ahora, Xena.
Una herida abierta.
Y contigo... apareciendo y
desapareciendo de mi vida como hacías,
no había manera de que esa herida
se curase. Así que tenía que separarme
de ti, para poder curarme. Sólo espero
que algún día lo entiendas.

Levantando la urna casi reverentemente, da un suave beso en la tapa y la aprieta contra su mejilla.

GABRIELLE

¿Recuerdas una vez que te hablé
de que había dos tipos de lágrimas, Xena?
¿Aquéllas por los que te dejan, y aquéllas
por los que nunca dejas ir?
Bien, pues ahora creo en esas palabras
más que nunca. Y no te diré adiós, Xena.
Porque estaremos juntas.
Algún día.

FUNDE A

11

EXT. LIMBO NEBLINOSO

Xena se gira y observa alternativamente ambas opciones. Da un paso hacia la oscuridad. Entonces se para, levanta una ceja y mira a la luz por encima de su hombro.

XENA
No puede ser tan fácil.
(contempla)
¿Elige sabiamente?

Mira de nuevo hacia la roca donde ella y el anciano han estado sentados.

XENA
(interrogativamente)
Intenta esconderse de la luz

Mira hacia la luz.

XENA
(continúa)
buscando la oscuridad.
Por supuesto, es una prueba.
Para encontrar lo que realmente quiero,
la verdadera respuesta está en la luz.

Diciendo eso se gira y camina hacia la luz. Mientras se va acercando, la luz se extiende, pareciendo envolverla, y ella desparece. Una vez se ha ido, la luz se apaga y se oscurece, mientras que la oscuridad se aclara.

El extraño reaparece y sacude la cabeza. Mira primero hacia la oscuridad que se ha tragado a Xena, y después vuelve la vista hacia la luz brillante que antes era la oscuridad.

EXTRAÑO
Era por tu bien, Xena.

(pausa)

Dentro de tu corazón, lo sabes.

  CORTE A

12

INT. PROFUNDIDADES DEL INFIERNO

En las mismas profundidades del Infierno, LUCIFER está de pie, encorvado sobre lo que parece ser una roca plana, cacareando con regocijo ante lo que quiera que esté observando. Tras él, una pesada puerta se abre con un fuerte chirrido, y en la caverna resuena el eco de unos pasos. Él hace caso omiso a la intrusión y continúa mirando hacia abajo.

DEMONIO 1
(fuera de cámara)
Mi señor, os hemos traído
a una mujer que estaba merodeando
fuera de las puertas.

LUCIFER
(aún sin darse la vuelta)
Tiradla a los fosos con los otros.
Estoy ocupado.

DEMONIO 2
(fuera de cámara)
Pero, señor...

LUCIFER
¡He dicho que estoy ocupado! ¡Ahora
salid de aquí antes de que os mande con ella!

XENA
(fuera de cámara)
Oh, vamos, Lucy.
¿Ésa es forma de tratar a una vieja... amiga?

Escuchando la voz, Lucifer se gira, enfurecido. Xena se halla entre dos demonios con pinta de bobos, en apariencia decaída y descarnada. Sus ojos no tienen espíritu, están muertos, desprovistos de cualquier emoción. Rugiendo su nombre, vuela a través de la habitación y la agarra por el cuello, apretándole la garganta con toda su fuerza.

Siendo un fantasma, la maniobra contra Xena no es muy efectiva; y dándose cuenta de eso, se para, pero no la suelta.  

LUCIFER
¿Sabes cuánto tiempo he esperado esto?
¿Cuántas veces he soñado con
tu tortura eterna?

XENA
(secamente)
Puedo hacerme una idea.

LUCIFER
Y ahora, por fin,
eres mía.
En cuerpo y alma.

XENA
(cómplice)
Si yo fuese tú, reclamaría mi dinero. Te han
engañado con este trato.

LUCIFER
(riendo)
La muerte no te ha cambiado, Xena.
Sigues siendo la misma zorra
de actitud despreciable.

(le acaricia la mejilla con una larga uña)

Serás una preciosa mascota en mi zoo.

Xena sonríe, aunque sin humor.

XENA
No sabía que te iba
el exhibicionismo.

LUCIFER
(riendo)
Oh, a mí me van muchas cosas, Xena.Muchas de ellas me las enseñaste tú.

(pausa)

Ahora...¿por qué estás aquí?

XENA
(se encoge de hombros)
Estaba por la vecindad.
Pensé en pasarme por aquí.
Quería ponerme al día con los viejos chismes.Ya sabes.

LUCIFER
Sí, desde luego.

(mira alrededor)

¿Y dónde está tu pequeña y sabrosa novia?
Me encantaría hincar también mis garras en ella.

XENA
(indiferente)
Yo morí. Ella no. C'est la vie.

LUCIFER
(sonríe)
¿Así es, verdad?
Pobre, pobre Xena, condenada
a pasar la eternidad sola mientras que
su dulce almita gemela
sigue adelante con una nueva
vida, un nuevo amor. Pronto,
ni siquiera serás un recuerdo.

Lucifer suelta a Xena y se cubre el lugar en el pecho donde estaría su corazón, si tuviera uno.

LUCIFER
¿Como que te duele justo aquí,
verdad?

XENA
(indiferente)

Piensa lo que quieras.



LUCIFER
Oh, lo haré, lo haré.
Una eternidad viéndote sufrir.
Casi pensaría que es un regalo de

(señala hacia arriba)

Al final, no fuiste exactamente una de sus
favoritas,¿verdad?

(pausa)
(off del silencio de Xena)


¿Por qué estás realmente aquí, Xena?

XENA
(sonríe)
Quizás sólo quería ir a alguna parte
donde una chica muerta como yo pueda
todavía patear algunos culos.

La risa de Lucifer llena la caverna. Pasa un brazo sobre los hombros de Xena, contento cuando ella no se resiste.

LUCIFER
Sabes, estoy tentado de hacerte un
tour por mis lugares tórridos preferidos

(sonríe por su propia broma)

pero probablemente a ti te gustaría eso
demasiado, siendo la repugnante
putilla que sé que eres.

XENA
(se encoge de hombros)
¿Qué puedo decir?
Tengo muchas habilidades.

  LUCIFER
Desde luego.
Habilidades de las que estoy seguro que
puedo dar un buen uso. ¿Pero no es
precisamente que pueda confiar en ti, verdad?

XENA
Me has pillado.

(pausa)

Tengo que admitirlo, la última vez
que nos vimos fui un poco...

LUCIFER
(cortándola)
¿Conspiradora?¿Traicionera? ¿Engañosa?

XENA
Justo el tipo de persona
que necesitas aquí abajo.
Vamos, Lucy,
dame otra oportunidad.

LUCIFER
¡¿Una oportunidad?! ¿¿A ti?? ¿Como la oportunidad
que tú me diste antes de traicionarme y
lanzarme en este apestoso agujero?

XENA
(apasionadamente)
Oh, vamos, Lucifer. Dime
que no te lo estás pasando de muerte,
jugando a ser el Rey aquí abajo. Gobernando
sobre todo el mundo, practicando tus
jueguecitos sádicos con sus almas.

(pausa)

¿O realmente creías que alguna vez ibas
a volverte algo más que un ángel
de segunda categoría, obedeciendo
al perro jefe en la perrera y besándole
el culo cuando te lo pidiera?

(pausa)
En todo caso, deberías estarme agradecido
por hacerte el favor más
grande de tu vida.

Lucifer se aparta de Xena y cruza los brazos sobre su vientre, literalmente doblado de risa. Xena mira, su cara inexpresiva, mientras que las carcajadas de él se van desvaneciendo lentamente y logra enderezarse de nuevo.

LUCIFER
Xena, te odio.
Odio todo de ti.
Pero aun con todo lo impío,
eres la zorra más desvergonzada
que he conocido nunca.

(pausa)

Me gusta eso en una mujer.

  XENA
Me alegro de que lo apruebes.

LUCIFER
Oh, lo hago. No lo suficiente
para caer en la tontería que
intentas venderme, pero
lo apruebo igual.

XENA
¿Qué me llevaría convencerte
de mi... sinceridad?

LUCIFER
Déjame meditarlo.


CORTE A:

13

INT. DORMITORIO. MAÑANA

Con un grito ahogado, Gabrielle se incorpora sobre sus pieles, jadeando, su cuerpo y su pelo mojados por el sudor. Sus ojos, grandes y asustados, recorren la oscura habitación hasta que se posan en la urna que descansa a su derecha, cerca de su cabeza. Su estómago se revuelve mientras los restos de su pesadilla, la misma que ha tenido cada noche desde la muerte de Xena, se alejan flotando de su mente despierta y se unen con la realidad presente, que revela la certeza de su sueño.

Ella aprieta los dientes, intentando contener la rabia que se forja dentro. Una rabia que la impulsa a golpear esa complaciente y silenciosa urna. Golpearla y esparcir su contenido a los cuatro vientos, de forma que nunca tenga que volver a verla y acordarse de que su realidad es mucho peor de lo que podrían ser jamás sus sueños.

En su lugar, coge la urna y la aprieta casi en un desesperado abrazo mientras se calma su respiración y sus pensamientos se tranquilizan.

GABRIELLE
Es hora de reconsiderar esto, Gabrielle.
No puedes seguir viviendo
de esta manera. Necesitas curarte y
seguir adelante con tu vida.

(pausa)

Te curarás.

(pausa)

Toda esa gente cuenta contigo
para que les ayudes. Y no puedes
hacerlo si estás todo el tiempo
a un paso de derrumbarte.

Hace una inspiración profunda, después exhala lentamente. Su expresión es severa y deja paso a un firme propósito, inclinando su cabeza.

Sus manos están firmes mientras levanta la urna hacia la luz de la antorcha, y una pequeña sonrisa se curva en sus labios mientras cepilla una mota de polvo del gastado acabado.

GABRIELLE
Siempre te gustó ensuciarte.

Secando sus ultimas lágrimas, cuidadosamente regresa la urna a su mochila, después se levanta de su cama y se ata la bolsa a su hombro, decidida a que este día termine mejor de lo que empezó.

CORTE A:

14

EXT. CIUDAD CAPITAL . DIA

GABRIELLE y ZENOBIA, junto a un puñado de guardias, pasean por la ciudad. GABRIELLE se muestra claramente impresionada por la destrucción que la rodea. Hay fuegos que aún arden en varios sitios, y el hedor a muerte y descomposición bajo el cálido sol es casi insoportable. Enjambres de moscas invaden la ciudad, y su zumbido molesto se suma a la ya lúgubre atmósfera.

GABRIELLE
Qué lástima. Tuvo que haber sido
muy bonita en su momento

ZENOBIA
 Muy bonita. Era la joya
de mi imperio. Una entre muchas,
quizás, pero no menos preciada
 por ello.

GABRIELLE
¿Cómo pudo pasar
algo así?

ZENOBIA
 Un señor de la guerra. Se hace llamar
 Brakus. Vino del oeste.
 De tu tierra.

GABRIELLE
(sorprendida)
¿de Grecia?

ZENOBIA
 Si.
Al parecer había oido
las leyendas del oro en
 nuestros templos, y los tesoros
 enterrados con nuestros 
Faraones difuntos, y decidió
llevarse algo para él.

GABRIELLE
¿Pero cómo puede un simple señor de la guerra
hacerle frente a toda la fuerza
del ejército egipcio?

ZENOBIA
(dudando)
Eso no lo sé. Él nos ha aventajado
en casi todas las batallas, invadiendo a placer. Toma
lo que quiere, y mata a todo el que se cruce
 en su camino. Hombres, armados y desarmados,
 mujeres, niños.
No hace distinciones.

Extendiendo la mano, Gabrielle coge un trozo andrajoso de paño vulgar de entre los radios destrozados de una rueda de carro. Frota el paño entre sus dedos, perdida en sus pensamientos. Entonces mira por encima de la derrumbada muralla de la ciudad, donde permanecen instalado el ejercito del señor de la guerra. Sus brillantes y bien montadas tiendas se contraponen con la enorme destrucción dentro de la ciudad.

GABRIELLE
(reflexionando)
¿Por qué esta aun aquí? Es bastante
 obvio que no queda mucho
 que ganar aquí.

ZENOBIA
 Mis consejeros, los que quedan,
 creen que solo estará satisfecho
 cuando nos haya destruido por completo.

GABRIELLE
¿Tu crees eso?

ZENOBIA
(suspira)
Yo… no se que otra cosa creer.
 Es como si tuviera algo personal contra
 de esta ciudad, y quizas también 
contra Egipto.

GABRIELLE
(asiente)
¿Y tienes alguna idea de que
 podría ser?

ZENOBIA
No.

Gabrielle arruga en su puño el paño que sostenía. Endereza los hombros, levanta la barbilla, y mira a Zenobia directamente a los ojos.

GABRIELLE
Bueno, no sé vosotros,
pero yo no estoy dispuesta a dejar

 que un señor de la guerra de tres al cuarto 
 con un problema de actitud destruya
esta ciudad y su gente.

(pausa)

Vamos a pensar como mandar
 ese idiota de vuelta a casa.

Tras un momento, una rara y alegre sonrisa se extiende por los hermosos rasgos de Zenobia, y sus ojos oscuros brillan con una luz de esperanza que había estado ausente de ellos durante meses. Ella, también, se estira suntuosamente, y después, despacio y con deliberación, inclina la cabeza en deferencia a Gabrielle.

Gabrielle la observa, atónita ante el honor que se le ha concedido, y después se gira hacia la muralla, dejando que el trozo de paño caiga de sus dedos.

Se pone las manos en las caderas, inspeccionando las afueras del pueblo e intentando decidir cuál sería la mejor forma de montar una defensa. De pronto su mano sale disparada y coge al vuelo una FLECHA que hubiera acabado justo en el pecho de ZENOBIA. La mira, como si estuviera sorprendida de haberla cogido, puesto que fue la primera; entonces la deja caer rápidamente, los ojos explorando el terreno.

GABRIELLE
¡AL SUELO!

Gabrielle empuja a Zenobia hacia una pared, donde es protegida por dos de los soldados que iban con ellas. Gabrielle y los otros tres soldados toman posiciones defensivas. Sacan ESPADAS y SAIS mientras buscan a sus atacantes.

Mirando por encima de un muro, Gabrielle ve movimiento. Hace señas a los soldados para que permanezcan quietos y ella se echa hacia la derecha, moviéndose con rapidez. Pone sus SAIS contra sus antebrazos y echa a correr, saltando a la base de un pozo, después a la parte de arriba del muro.

Tras recuperar el equilibrio, se mueve a lo largo de la pared para acercarse a los atacantes. Al aproximarse, puede ver que hay tres expedicionarios, uno armado con una ESPADA y los otros dos con ARCOS. Logrando un apoyo sólido, sonríe.

GABRIELLE
 Hola chicos.
 Bonito día para una pelea.

Los tres hombres están asustados por su aparición, pero se recuperan rápidamente. Uno saca su ESPADA y carga contra ella, mientras los otros dos disparan FLECHAS. GABRIELLE es rápida en bloquear con su SAI el primer golpe del hombre que carga. Consigue tirarle la espada al patio de abajo.

GABRIELLE
Eso no ha sido muy amable
.

Agarra al hombre y lo arroja desde la parte de arriba del muro. Él aterriza fuera de la muralla de la ciudad y queda sin moverse. GABRIELLE se vuelve hacia los otros dos, quienes disparan sus FLECHAS a la vez. Las esquiva echándose a un lado y a otro, dejando que ambas FLECHAS sigan su trayectoria y se hundan sin daños en una pared de madera detrás de ella. Arroja el SAI que lleva en la mano derecha, que aterriza en el pecho de uno de ellos, y él cae dentro de las murallas de la ciudad. Cuando ella levanta la mano, tiene en ella el CHAKRAM, y la sonrisa ha vuelto a su cara.

El último arquero la mira mientras carga otra FLECHA. Se pone pálido cuando ve el CHAKRAM en la mano de ella.

GABRIELLE
Ah, ah, ah.
 No quieres hacer eso.

Él mira nerviosamente hacia la línea de los árboles, llamando inmediatamente la atención de GABRIELLE. Ella ve aproximadamente media docena de hombres más, escondidos en la línea de los árboles.

GABRIELLE
(sacudiendo la cabeza)
 Por supuesto.
 Nunca aprenden.

Cansada ya de jugar con ellos, va hacia el último hombre en la pared y le da una patada envolvente, tirándolo del muro. Después se vuelve y lanza el CHAKRAM.

Éste choca primero contra una roca, después contacta con la cabeza del primer hombre. Desde él, vuela hacia el segundo, y después hacia un árbol para tirar de allí a dos hombres más. Rebota entonces contra otro árbol y vuelve a su mano. Ella observa mientras los dos últimos hombres echan a correr, internándose en el bosque. Después mira hacia abajo, para ver al último hombre que tiró de la pared intentando levantarse. Ella salta desde el muro y aterriza sobre él. Le echa hacia atrás y pone la punta del SAI que le queda en su garganta.

GABRIELLE
Dile a Brakus que deje
esta tierra y a esta gente
en paz.

(empujando el SAI contra su garganta)

Es su única advertencia.

El hombre asiente, temblando claramente.

MAN
¿quien eres tú?

GABRIELLE
 La mejor alumna de Xena.

Ella se aleja de él, permitiéndole levantarse a trompicones y correr detrás de sus compatriotas.

FUNDIDO A NEGRO

FIN ACTO SEGUNDO

ACTO 3