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ACTO SEGUNDO

 

ABRE DE NEGRO:

 

INT. APOSENTOS – TARDE

 

A Xena y a Gabrielle les han asignado una habitación de invitados en la espaciosa casa de Autolycus. Xena esta tumbada en la cama, cubierta con un albornoz de fina seda. Gabrielle lleva un albornoz idéntico pero de color azul y se está lavando la cara sobre un enorme recipiente de cobre calentado con una pequeña llama. Xena pasa las manos sobre las sábanas. Se inclina hacia la mesilla de noche y juguetea con una pequeña pieza decorativa de alfarería.

 

Mientras Xena está ocupada con la pieza de arte, Gabrielle busca entre sus bolsas y saca la botella de Xena de Aceite de Afrodita. Escondiéndola, abre la botella y la huele.

 

GABRIELLE

Mmm...  Por eso Xena huele tan bien.

 

XENA

(estudiando aun el adorno)

Gabrielle, ¿por qué estamos aquí descansando cuando
podríamos estar haciendo algo de provecho?

 

Asustándose al oír a Xena, Gabrielle decide que Xena reconocería el olor del aceite si se lo pusiera y que no tiene ganas de soportar la tomadura de pelo. Vuelve a meter la botella entre sus pertenencias.

 

GABRIELLE

Estaba cansado, Xena. Tiene pinta
de no haber dormido en días. Dijo que
había tiempo para hablar más del tema 
mañana. Hemos de ser pacientes.

 

 

XENA

¿Por qué no lo habías dicho? Sabes
que la paciencia no es mi fuerte.

 

GABRIELLE

(riendo suavemente)

Sobrevivirás.

 

Xena deja el adorno en la mesilla y mira a su alrededor, impresionada después de todo.

 

XENA

¿Pensaste alguna vez que
Autolycus terminaría así?

 

GABRIELLE

(secándose la cara y los brazos)

Mmm... Siempre supuse que terminaría
ahorcado en algún sitio.

 

Un poco aburrida, Xena mueve los dedos de los pies, observando los calcetines que les ha dado un sirviente.

 

XENA

(ausente)

O al otro lado de la espada de un esposo celoso.

 

GABRIELLE

Sería lo mismo.

(pausa)

Tenemos que hacerlo bien, Xena. Tenemos...

 

Gabrielle empieza a decir algo más pero se calla, arqueando las cejas. Xena se sienta, prestándole toda su atención a Gabrielle.

 

XENA

¿Qué?

 

 

GABRIELLE

(lentamente, llenándosele los ojos de lágrimas)

Ambas sabemos lo que se siente
al perder a la persona que amas.

 

Gabrielle puede escuchar tragar a Xena al otro lado de la habitación.

 

GABRIELLE

(Continúa)

(susurrando, entrecogida)

También sabemos lo que es perder un hijo.

(tragando)

No quiero que le pase eso a Autolycus.

 

Xena cierra los ojos al escuchar las palabras de Gabrielle a la vez que siente un escalofrío y se le hace un nudo en el pecho.

 

XENA

¿Gabrielle?

 

La voz de Xena es apremiante y Gabrielle sorbe por la nariz al mirar a su compañera, sus ojos brillantes a la luz de la vela.

 

Xena abre los ojos para revelar firme resolución.

 

XENA

(Continúa)

No fallaremos.

 

Gabrielle le dedica a Xena una ligera y llorosa sonrisa.

 

GABRIELLE

Lo sé. Pero es agradable que
te lo recuerden de vez en cuando.

 

 

Gabrielle deja la toalla sobre una silla y apaga la vela bajo el recipiente de cobre antes de ir a la cama. Se toma su tiempo en alejar los pensamientos del pasado de su mente y concentrarse en el aquí y ahora. Xena le sonríe satisfecha y la poca tensión que quedaba se esfuma de la habitación. Dejando caer su albornoz, Gabrielle separa las sábanas y se mete en la cama.

 

GABRIELLE

(gimiendo)

Oh, es genial. ¿Crees que Autolycus
querría un par extra de guardaespaldas?

 

Xena ríe y se quita el albornoz al unirse a Gabrielle bajo las sábanas. Atrae hacía sí a su compañera de forma que la cabeza de Gabrielle descanse sobre su hombro.

 

XENA

Estarías estupenda con los trajes
que llevan las mujeres en esta casa...

 

GABRIELLE

Al igual que tú. Sólo que no sería de mucha
ayuda como guardaespaldas de Autolycus.

 

Gabrielle ríe suavemente ante su broma, pasando la yema de un dedo sobre el estómago de Xena. Se detiene al llegar a la clavícula de Xena.

                                   

GABRIELLE

(Continúa)

Mis ojos estarían centrados en otras cosas.

 

Xena abraza con más fuerza a Gabrielle.

 

XENA

No pasa nada. De todas formas te cansarías de dormir en 
una cama blanda. Cuando llevas tanto tiempo durmiendo
en el suelo como nosotras, se te mete en la sangre.

 

GABRIELLE

Y los bichos se te meten en el pelo.
Y las serpientes se meten en... a...

 

Gabrielle grita con ganas al pellizcarle Xena el trasero.

 

GABRIELLE

(Continúa)

Bueno, quizás no exactamente AHÍ.

 

XENA

Je.

 

GABRIELLE

Xena, a ti no te gusta mucho la idea
de sentar ‘la cabeza’, ¿verdad?

 

XENA

(suspirando)

No es eso, Gabrielle. Podría tener una casa
en cualquier sitio siempre y cuando estuviera contigo.
Pero mira hoy por ejemplo. Tan sólo
vinimos a la ciudad para que pudieras comprar.

 

GABRIELLE

Para que TUVIÉRAMOS provisiones, querrás decir.

 

XENA

¿Y qué nos encontramos?
¿Qué nos encuentra SIEMPRE?

 

Gabrielle asiente y pone su mano en el pecho de Xena, disfrutando el sentimiento de la suave y cálida piel bajo su mano.

 

GABRIELLE

Alguien en busca de ayuda, lo sé.
Pero, Xena, Autolycus es nuestro amigo.

 

XENA

Y lo ayudaría sin cuestionar.

(bostezando)

Pero si nos quedamos en algún sitio fijo, TODOS
sabrían exactamente dónde encontrarnos. No
tendríamos ni un segundo de paz. Yendo de sitio
en sitio al menos tenemos la OPORTUNIDAD de
tener cierta calma de vez en cuando.

 

GABRIELLE

Mmm. Nunca lo había pensado desde ese punto de vista.

 

 

XENA

(preocupada)

No creo que tengamos nunca una vida normal.

 

GABRIELLE

Oh, Xena, no me importa.

 

XENA

¿No te importa?

 

GABRIELLE

(bostezando)

Lo que oyes. Nunca me ha importado un
"pelo en el culo de un centauro" el ser o no normal...

(bostezando de nuevo)

sólo ser feliz. La felicidad es estar
tú y yo juntas, Xena. Donde quiera que sea.

 

Xena se queda un rato en silencio, dejando que las palabras de Gabrielle le lleguen al alma. Sin soltar a Gabrielle, se inclina y apaga la VELA junto a la cama.

 

XENA

Mañana nos espera un largo día.
Descansemos un po....

 

Es interrumpida por el suave resoplar de los ronquidos de Gabrielle. Xena gruñe contenta ante el familiar sonido.

 

XENA

(Continúa)

(cerrando los ojos)

..co.

 

FUNDE A:

 

INT. COMEDOR – MAÑANA

 

Xena y Gabrielle están sentadas ante una gran mesa, comiendo el ostentoso desayuno que les han servido. Varias chicas esperan pacientes para atender todas sus necesidades. Xena sonríe agradecida cuando una de las chicas rápidamente rellena su vaso al momento de ser vaciado. Gabrielle mira a Xena, la cual tiene una mueca de satisfacción en el rostro.

 

GABRIELLE

Disfrútalo mientras dure.

 

XENA

(inclinándose para tomar su mano)

No te preocupes.

(pausa)

Lo haré.

 

Justo en ese momento la misma chica llena el vaso de Gabrielle y solícita le corta una rebanada de pan.

 

GABRIELLE

Mmmm....

 

Hace un fuerte sonido con la boca mientras ignora la mano de Xena a favor de la rebanada de pan.

 

GABRIELLE

(Continúa)

Y yo.

 

Se sonríen la una a la otra cuando una ENFERMERA lleva a Autolycus a la sala. Está en una especie de SILLA DE RUEDAS, con una MANTA cubriéndole las piernas. Xena se levanta para recibirle, guiándole el resto del camino hacia la mesa.

 

AUTOLYCUS

(cansado)

Buenos días, señoras. ¿Habéis dormido bien?

 

GABRIELLE

Sí. Gracias. Pero no
te molestaré haciendo la misma pregunta.

 

 

AUTOLYCUS

Bien. Entonces no me molestaré en mentir.

 

Mientras Xena le acomoda en la mesa, Gabrielle le sirve una copa de sidra caliente. Xena mira alrededor del gran comedor.

 

XENA

Autolycus, ¿cómo soportas
vivir en este vertedero?

 

 

AUTOLYCUS

Un hombre debe estar dispuesto
a sufrir por su gente, Xena.

 

Xena retoma su asiente, apoyando la mano en su brazo.

 

XENA

¿Nos vas a contar por fin por qué estás en esa silla
y no robando a los buenos ciudadanos de Grecia?

 

AUTOLYCUS

¿Robando?

(estirándose las mangas)

No lo creo. Robar implica violencia.
Prefiero finura a la violencia, Xena.
Ya lo sabes.

 

XENA

(mirando a la silla de ruedas)

¿Y?  

 

Autolycus comienza a revolverse.

 

AUTOLYCUS

Y, me... herí en un pequeño accidente.

 

Gabrielle retira su plato, mirando de arriba abajo a su amigo.

 

GABRIELLE

Ayer dijiste que estabas enfermo.

 

AUTOLYCUS

(sonrojándose de forma inesperada)

Enfermo, herido, ¿qué más da?
No puedo andar de momento.
¿No basta con eso?

 

Autolycus agarra tan fuerte la silla que se le ponen blancos los nudillos.

 

GABRIELLE

Ey, no tienes porque enfadarte.
Solo queremos comprender...

 

 

Autolycus se distrae con la pelirroja que las dejó entrar a la residencia el día anterior. Ahora le está cortando con cuidado una naranja a Autolycus. Él mira con adoración a la mujer, haciendo que Gabrielle oculte una sonrisa.

 

AUTOLYCUS

(travieso)

Gracias, Azel.

 

AZEL

(vergonzosa)

Por supuesto. Lo que sea por ti, Autolycus.

 

Xena gira los ojos.

 

XENA

Dioses, creo que voy a vomitar.

 

 

Gabrielle regaña a Xena con la mirada y decide que no pueden retrasar más el asunto.

 

GABRIELLE

Autolycus, ¿podemos ver la nota del rescate?

 

AUTOLYCUS

Sabía que una de las dos preguntaría eso.

 

Metiendo la mano en el bolsillo de su bata, saca un pergamino doblado y lo mira casi como si temiera entregárselo. Despacio, Xena se inclina y lo toma, observando a su amigo hasta que él le devuelve la mirada y se lo entrega con una triste sonrisa.

 

Xena desdobla el pergamino y lo lee con cuidado mientras Gabrielle la observa y Autolycus da un sorbo a la sidra.

 

XENA

Muy directa.

 

Le pasa la nota a Gabrielle, la cual comienza a leerla.

 

AUTOLYCUS

Sí.

(derrumbándose)

Diez mil dinares al atardecer

de pasado mañana o mi hijo...  

 

Se le quiebra la voz en la última palabra y vuelve la cabeza.

 

AUTOLYCUS

(Continúa)

... muere.

 

GABRIELLE

Todo va a salir bien, Autolycus.

 

 

Gabrielle está tentada de prometérselo pero sabe que no puede.

 

GABRIELLE

(Continúa)

Ya lo verás.

 

AUTOLYCUS

Con vosotras ayudándome,

no puede ser de otra manera.

 

Un hombre bajo y gordo, el BANQUERO DE AUTOLYCUS, entra de golpe en la sala en dirección a Autolycus.  Está respirando entrecortadamente, sudando y frotándose con nerviosismo las manos.

 

AUTOLYCUS

Ahh… éste es mi banquero...

 

BANQUERO

(agitando la cabeza con desespero)

No hay tiempo de introducciones. ¡No está!

 

Autolycus se queda pálido y su desconcierto se muestra en la voz.

 

AUTOLYCUS

¿No está?

 

Antes de tan siquiera responder el banquero, la preocupación de Autolycus se torna en ira. Agarra al banquero por la túnica y lo sacude con violencia, exponiendo la enorme barriga del banquero.

 

AUTOLYCUS

(Continúa)

¿Qué quieres decir con que... no está?

 

Gabrielle parpadea ante la escena que se desarrolla frente a ella.

 

GABRIELLE

¿Qué está pasando?

 

 

AUTOLYCUS

¡Lo que va mal es que este estúpido debía
estar escoltando mi dinero procedente de Atenas!

 

Autolycus coge el cuchillo para el pan de Gabrielle y Xena le agarra la muñeca, deteniéndole.

 

XENA

Eee, Autolycus.

 

Autolycus se detiene de mala gana.

 

XENA

(Continúa)

(girándose, resoplando ante el Banquero)

Siempre podemos matarle en un minuto.
Escuchemos primero que le ha pasado al dinero.

 

BANQUERO

(los ojos de par en par)

¡L-l-lo robaron!

 

Resuenan en el aire aun las palabras del banquero cuando una FORMA CON ANTIFAZ, sosteniendo una pesada bolsa de dinares, aparece en la puerta ocultando su identidad.

 

La figura alza la bolsa de dinares y la sacude con suavidad.

 

 

FIGURA ENMASCARADA

¿Alguien ha perdido algo?

 

Xena y Gabrielle se ponen rápidamente de pie y sacan sus armas. Autolycus sacude con alivio la cabeza y suelta al banquero, el cual se tambalea hacia atrás con miedo al reconocer la bolsa de dinero.

 

BANQUERO

¡Oh, dioses, es el... el ladrón!

 

El banquero pone los ojos en blanco justo antes de desmayarse, cayendo al suelo de forma estrepitosa.

 

AUTOLYCUS

(a la figura enmascarada)

¿Intentas matarme, Talía?
Porque he de decirte... que no
es así como imaginaba morir.

 

TALÍA

Por favor, no me digas como siempre has imaginado que
morirás. Estoy segura que no quiero saberlo.

 

Talía se quita la máscara tirando de ella hacia abajo y aparece una mujer en la primera veintena. Camina por la habitación y deja caer la bolsa de dinares en la mesa. Gabrielle guarda los SAIS pero la observa con cautela incluso cuando ayuda a levantar al banquero del suelo, entregándoselo a un par de sirvientes.

 

TALÍA

No intento matarte.

 

Se inclina y le besa tiernamente la mejilla.

 

TALÍA

(Continúa)

Pero una chica tiene que divertirse en la vida.

(seriamente)

Vine tan pronto recibí tu mensaje.

 

Talía alza la vista a su alrededor para después centrarse en Gabrielle apreciándola con honestidad, causando que Xena arrugue la frente.  Gabrielle no se da cuenta de la atención que le prestan.

 

AUTOLYCUS

(pareciendo aliviado)

Sabía que lo harías.  Siempre puedo contar
contigo. Cualquiera que diga que no hay honor
entre ladrones no conoce a mi familia.

(pausa)

Xena, Gabrielle, permitidme que
 os presente a mi hija, Talía.

 

Talía golpea con suavidad a Autolycus, indicándole que continúe. Él se aclara la garganta.

 

AUTOLYCUS

La Princesa de los Ladrones.

(sonriendo, orgulloso)

Salvaguardad las joyas familiares, señoras.
Es de la vieja usanza.

 

CORTE A:

 

INT. CASA DE AUTOLYCUS – DÍA

 

Xena y Gabrielle están recogiendo sus pertenencias, preparándose para devolverle a Autolycus su hijo Darius.  Están casi en la puerta cuando Gabrielle ve a Azel observándolas desde el pasillo. Gabrielle le pasa su saco de dormir a Xena.

 

GABRIELLE

Adelántate, Xena.
Salgo en un minuto.

 

 

XENA

(asintiendo)

Te estaremos esperando.

 

Xena recoge en silencio el macuto y pasa al lado de Azel al salir de la habitación.

 

AZEL

(frotándose las manos)

Tienes que traerle de vuelta, Gabrielle.

 

GABRIELLE

Haremos todo lo que podamos.
Te lo prometo.

 

Azel va hacia la ventana abierta.  Su cabello es impulsado suavemente hacia atrás mientras ve como Xena se encuentra con Talía frente a la casa y las dos mujeres se encaminan hacia los establos.

 

AZEL

He estado aquí desde que Darius era un bebé.

(pausa)

Puede ser problemático pero en el fondo

es un buen chico. Al igual que Autolycus.
Le mataría perder a Darius.

 

GABRIELLE

No vamos a dejar que eso pase.

(sonriendo)

Estás enamorada de él, ¿verdad?

 

AZEL

(girándose, sorprendida)

¿De Darius?

 

GABRIELLE

¡No!  De Autolycus.

 

AZEL

(sonrojándose)

¿Es tan obvio?

 

GABRIELLE

Lo es si sabes como es el amor.

 

AZEL

¿Y tú lo sabes?

 

GABRIELLE

Sin duda.

(mirando por la ventana)

He de irme.

 

Gabrielle se acerca y aprieta suavemente el antebrazo de Azel antes de ir hacia la puerta.

 

GABRIELLE

(Continúa)

Sé que cuidarás de
Autolycus hasta que volvamos.

 

AZEL

(en voz baja)

Tan sólo no vengáis con las manos vacías.

 

CORTE A:

 

EXT. CAMINO – DÍA

 

Xena, Gabrielle y Talía van al trote por el camino. Xena se gira hacia Talía, haciendo que Argo se acerque al caballo negro castrado.

 

XENA

No es demasiado tarde para volver, Talía.
Puede ser peligroso.

 

 

La cara de Talía está esculpida en granito.

 

TALÍA

Estamos hablando de mi hermano.
No importa lo peligroso que
pueda ser. He de ir.

 

Xena asiente, comprendiendo.

 

GABRIELLE

(curiosa)

Talía, ¿cómo se hirió tu padre?

 

TALÍA

(sorprendida)

¿No os lo dijo?

 

Talía esquiva una rama baja.

 

XENA

Si lo hubiera hecho, ¿te lo
estaríamos preguntando?

 

TALÍA

(de mala gana)

No lo sé...

 

GABRIELLE

Por favor, Talía. Estamos preocupadas.

 

TALÍA

(guiando su caballo un poco más
cerca del de Gabrielle)

¿De verdad?  Eres tan dulce, Gabrielle.

 

A Xena no le gusta como Talía parece ignorarla, sin embargo está más que dispuesta a hablar con Gabrielle.

 

XENA

Sí, de verdad.

 

TALÍA

(ignorando a Xena)

Mi padre tiene suerte de tener una
buena amiga como tú, Gabrielle.

 

XENA

(metiéndose en la conversación)

Yo también soy su amiga, sabes.

 

Talía sacude la mano apartándola.

 

TALÍA

Cierto.

 

Xena se enfurruña con ambas mujeres... un poco perturbada al ver que Gabrielle parece no darse cuenta del interés de Talía.

 

GABRIELLE

Bueno, ¿qué le ha pasado a tu padre?

 

 

TALÍA

Oh, eso.

 

Empieza a desconcentrarse al mirarle a Gabrielle su dorado cabello.

 

TALÍA

(Continúa)

Sabes... Creo que tu pelo se vería estupendo
 largo. Apuesto que tengo una orquilla enjoyada
en algún sitio que te quedaría perfecta.

 

GABRIELLE

No gracias.  Solía llevar el pelo
largo, pero me gusta más corto. Y...

 

Mira intencionadamente a Xena y le dedica una radiante sonrisa.

 

GABRIELLE

(Continúa)

Me han dicho que me queda bien así.

 

Xena se aclara la garganta satisfecha antes de atravesar a Talía con una seria mirada.

 

XENA

¿Tu padre? ¿Su enfermedad?
Intentemos centrarnos un poco.

 

TALÍA

Cierto…

(suspirando)

Él um… se rompió la cadera...

 

XENA

(gimiendo)

Ummm… que dolor.

(entrecerrando los ojos)

Pero, ¿por qué no nos lo dijo?

 

 

TALÍA

(dando un pequeño brinco)

Se rompió la cadera… con Azel.

 

Gabrielle parece confundida.

 

TALÍA

(Continúa)

CON Azel, si sabes a lo que me refiero.
Ella era una bailarina en Atenas antes
de venir a trabajar para Padre y ella es...

bueno... sorprendentemente flexible. Y atlética.

(rápidamente)

Ella no quería hacerle daño.

 

GABRIELLE

(cubriéndose los ojos con una mano)

Oh, Dioses.

 

Puede escuchar a Xena riendo a su espalda y le cuesta no reírse a sí misma.

 

GABRIELLE

(Continúa)

Xena, no tiene gracia.

 

XENA

(riéndose aun)

Lo siento, Gabrielle, ¡Por Hades que no la tiene!

 

 

GABRIELLE

¿Y si te hubiera pasado lo mismo a ti?
 Digamos, en el campamento Amazona y
¿todas las demás guerreras lo supieran?

 

Se borra la sonrisa del rostro de Xena y arruga la frente ante semejante imagen.

 

XENA

Ni siquiera bromees con eso, Gabrielle.

 

GABRIELLE

(a Talía)

Ha tenido que ser un fuerte
golpe en el ego de tu padre.

 

TALÍA

(le dedica a Xena una mirada cargada de maldad)

Exacto.  Por eso no le cuenta a la gente lo que le pasó.

Desafortunadamente, algunos del pueblo escucharon 
que estaba en cama sin motivo aparente y los
rumores empezaron a expandirse.  He oído desde que
escapó de ser crucificado hasta que ha tenido la plaga.

 

Xena y Gabrielle comparten sendos escalofríos.

 

TALÍA

¿Qué?

 

GABRIELLE

No preguntes.

(pausa)

Autolycus nunca mencionó a tu madre...

 

 

TALÍA

Murió dando a luz a Darius. Hemos
 sido mi Padre y nosotros desde entonces.

 

De repente sonríe de forma airosa muy similar a la de su padre.

 

TALÍA

(Continúa)

Y todas las chicas del servicio, por supuesto.

 

Gabrielle arquea ambas cejas.

 

TALÍA

(Continúa)

Incluso sin una madre, ni a Darius ni a mi nunca
nos ha faltado nada, incluyendo la educación.

 

Xena abre la boca para hablar, pero Talía la corta antes.

 

TALÍA

(Continúa)

No ese tipo de educación. Me auto enseñe a ser ladrona.
Darius, por otro lado, nunca ha mostrado
interés en la vocación familiar.  Prefiere morir
antes que ser ladrón. Estaba lejos en el colegio
cuando alguien le secuestró.

(furiosa, llena de frustración)

¡Tenía que estar a salvo!

 

Xena mira la calzada pensando.

 

ENTRECORTE:

 

Ve a Gabrielle siendo clavada a una nevada cruz.

 

 

ENTRECORTE:

 

Xena y Gabrielle caminando a través de una quemada aldea que había sido destrozada por Livia.

 

 

ENTRECORTE:

 

Un anciano Joxer tirado en el suelo, herido mortalmente.

 

 

ENTRECORTE:

 

Xena entregando a Solan de bebé a Kaliepus.

 

 

ENTRECORTE:

 

Xena se sacude para eliminar sus recuerdos y se sienta un poco más erguida en Argo.

 

XENA

Hay veces que no importa cuanto lo queramos, no
podemos mantener a salvo a la gente que queremos.

(pausa)

Pero Talía....

 

Gabrielle y Talía miran fijamente a Xena.

 

XENA

(Continúa)

Ésta no será una de esas veces.

 

 

FUNDIDO A NEGRO.

 

FIN DEL SEGUNDO ACTO

ACTO 3