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ACTO TERCERO

 

ABRE DE NEGRO:

 

EXT. CIUDAD EGIPCIA - DIA

 

Xena y Gabrielle caminan a través de las calles de una bulliciosa ciudad egipcia, vestidas con atuendos para pasar desapercibidas. Aún así, reciben cautelosas miradas de los nativos.

 

GABRIELLE

¿No tienes la sensación

de que nos están observando?

 

 

Xena esquiva a un camello que intenta morderla.

 

XENA

Si.

 

A lo lejos se divisa una gran pirámide. Hay mucha gente en la ciudad.  Es ruidoso y caótico y, ambas, Xena y Gabrielle, son zarandeadas a menudo.

 

GABRIELLE

¿No crees que destacamos demasiado?

 

Xena observa a dos nativas en sus modestos vestidos, con las caras ocultas, extrayendo agua de un pozo cubierto y vigilado. En contraste, sus ropas y las de Gabrielle, son casi llamativas, y ambas llevan sus armas a la vista.

 

XENA

No.

 

Gabrielle se detiene a mirar cómo un número de hombres magníficamente vestidos cruza ante ellas, dirigiéndose hacia un gran edificio en la cima  de una colina cercana.

 

GABRIELLE

Creo que se dirigen al templo,

Xena. Ahí es adonde tenemos que ir.

 

XENA

¿Estas segura de que es ahí donde está el ojo?

 

 

Gabrielle no parece completamente segura.

 

GABRIELLE

Las tablillas mostraban a una de sus diosas

con ello alrededor de la cintura, como si fuera un cinturón.

 

XENA

Si es que se trataba de la misma cosa.

 

Xena y Gabrielle se ven forzadas a detenerse, mientras una caravana de camellos cruza ante ellas, llevando a hombres vestidos con ropas del desierto, no muy diferentes de las suyas.

 

GABRIELLE

No puedo creer que existan

dos talismanes tan feos.

 

XENA

Mm. Buena observación.

 

Los camellos pasan, y Xena y Gabrielle atraviesan el espacio abierto, siguiendo la corriente constante de nativos hacia la imponente estructura sobre la colina.

 

GABRIELLE

¿Xena?

 

Gabrielle está mirando a las filas de guardias próximos al edificio, todos ellos llevando sables grandes y curvos. Xena parece más interesada en los estrechos y zigzagueantes callejones que ambas continúan pasando.

 

GABRIELLE

(Continua)

No vamos sencillamente a entrar paseando

y a pedir una entrevista con su diosa, ¿verdad?

 

 

Xena atrae a Gabrielle a un lado de la carretera, un poco apartada del gentío.

 

XENA

No.

 

Gabrielle parece aliviada.

 

XENA

(Continua)

No lo vamos a pedir. Vamos.

Creo que conozco un atajo.

 

Xena arrastra a Gabrielle callejón abajo, justo cuando algunos de los suspicaces nativos comienzan a moverse hacia ellas.

 

GABRIELLE

(V.0.)

Oh no. Un atajo no.

 

CORTE A:

 

INT. TEMPLO EGIPCIO – HORA INDETERMINADA

 

Anubis se arrodilla en frente de un altar sobre el cual descansa el chakram. Los ojos de Anubis están cerrados y ambas manos están alzadas, una a cada lado, en una  pose clásica. Él, aparentemente, está intensamente concentrado en algo.

 

Está solo en la habitación, y aún así se escuchan voces a su alrededor, susurrando palabras en un lenguaje desconocido.

 

El chakram comienza a resplandecer, y entonces, inexplicablemente, se para y vuelve a la normalidad.

 

Anubis deja caer sus manos hacia el altar. Abre los ojos y mira el chakram con una expresión casi atónita.

 

Ares entra, con Qetesh pegado a sus talones. Camina hacia el altar, mirando atentamente el chakram con el ceño fruncido.

 

ARES

No noto ninguna 

diferencia aquí *.

 

Anubis dobla sus manos unidas en un gesto de autocontrol.

 

ANUBIS

Como ya te dije, se trata

de un problema complejo.

 

ARES

No, no lo es.

 

Ares muestra sus puños, el uno cerca del otro. Levanta uno.

 

ARES

(Continua)

Bien.

 

Levanta el otro.

 

ARES

(Continua)

Mal.

 

Separa las manos y las abre con una exagerada expresión de indiferencia.

 

ARES

(Continua)

¿Donde está el problema?

 

 

Los ojos de Anubis se entornan, sus labios caninos ascienden, conformando una ligera mueca de disgusto. Se levanta y camina con el propósito de alejarse de Ares, yendo hacia una fuente adosada al muro desde la cual el agua, a través de la boca de una esfinge, chorrea dentro de un recipiente de piedra.

 

Anubis estudia el agua, torciendo la cabeza a un lado, como escuchando su voz.

 

QETESH

¿Qué es eso?

 

Ares señala hacia el chakram.

 

ARES

¿Eso? Un enorme grano en mi culo.

(pausa)

Al igual que su propietaria habitual.

 

Anubis se inclina guardando las manos en su túnica y con delicadeza sorbe el agua.

 

QETESH

¿De quien es? Creía que era tuyo.

 

Anubis se incorpora y se vuelve.

 

ANUBIS

No, no es suyo. Existe un poder

aquí, una fuerza en esto, que está

más allá de su débil decadencia.

 

ARES

¡Hey!

(señalando)

No soy yo quien en este momento

está bebiendo del recipiente de un perro.

 

Anubis regresa al altar y se arrodilla.

 

ANUBIS

Qetesh entendería su

poder. El amor lo unió.

 

Anubis cierra sus ojos y reanuda su concentración. Ares mira exasperado hacia arriba y se apoya sobre el altar.

 

ARES

Amor. Venga ya.

 

 

Qetesh lo mira con actitud mezcla de asombro y espanto.

 

QETESH

¡Te burlas de mí!

 

Qetesh sale apresuradamente. Ares se vuelve para observar a Anubis, quien se encuentra arrodillado y en absoluto silencio. Después de un momento, Ares agita su mano frente al hocico de Anubis. No hay reacción. Con disgusto, sacude la cabeza y se va.

 

Un instante después, el chakram comienza a resplandecer una vez más. En esta ocasión, no se apaga.

 

CORTE A:

 

EXT. TEMPLO EGIPCIO – CALLEJÓN TRASERO - DIA

 

Es un lugar sucio, con montones de basura del templo y desechos. Un hueco de escalera lleva hacia abajo, desde el nivel de la calle, hasta lo que parece ser unas catacumbas debajo.

 

Xena asoma la cabeza a la vuelta de la esquina, entonces se mueve hacia las escaleras mientras Gabrielle, con cuidado, elige su camino a través de la basura.

 

GABRIELLE

Xena,¿donde estamos?

 

Xena mira la sucia área a su alrededor. Sonríe ante el recuerdo de la última vez que vio este lugar.

 

XENA

Podemos acceder al interior del templo

sin ser vistas por esta ruta.

Vamos. Lo único malo....

 

GABRIELLE

¿Además del olor?

 

XENA

Espero que te gusten las ratas.

 

 

Gabrielle asegura con firmeza sus ropas mientras desciende siguiendo a Xena por los escalones de piedra.

 

GABRIELLE

Eres tú quien tiene un problema con las ratas.

 

XENA

No es un problema. Sencillamente las odio.

 

Xena y Gabrielle desaparecen escalera abajo. En ese preciso momento, varios hombres se apresuran dentro del callejón mirando para todos lados. Instantes después corren más allá de las escaleras y desaparecen.

 

CORTE A:

 

INT. TEMPLO EGIPCIO – HORA INDETERMINADA

 

Anubis alza sus manos y el chakram asciende lentamente y empieza a girar.

 

Anubis comienza a canturrear y el chakram gira más rápidamente.

 

CORTE A:

 

INT. CATACUMBAS EGIPCIAS - DIA

 

Xena y Gabrielle se abren paso a través de un corredor oscuro en su mayor parte. Xena lleva una antorcha cuya luz descubre salas plagadas de cuerpos yaciendo tranquilamente en ellas. Hay una gran cantidad de polvo que se levanta a su paso. Gabrielle ha colocado un pliegue de sus ropas alrededor para cubrirse la boca.

 

Ratas se escabullen por todas partes.  Xena evita cuidadosamente tropezar con ellas mientras aparta trozos de piedra y madera caídos. Cruzan cajas de sarcófagos elegantemente labradas y Gabrielle se detiene a tocar una.

 

GABRIELLE

Es hermoso.

 

Xena contempla el tallado. Se encoge de hombros y continua, encontrando su camino gracias a su único recuerdo de este lugar.

 

XENA

Vaya desperdicio de buenas tallas.

Nadie puede verlas aquí abajo.

 

Gabrielle posa su mano sobre el sarcófago, se vuelve y sigue a Xena.

 

GABRIELLE

Si, en realidad nunca me ha gustado el arte fúnebre.

(en voz baja)

Especialmente el tuyo.

 

 

Xena al oírla, echa un vistazo atrás. Se detiene y espera a que Gabrielle la alcance.

 

XENA

¿Estas bien?

 

Gabrielle recorre el cabello con sus dedos.

 

GABRIELLE

Sí. Tú detestas las ratas.

Yo odio las piras funerarias. Vamos.

 

Xena se detiene y pone su brazo alrededor de Gabrielle,  atrayéndola y dándole un simple beso encima de la cabeza. Gabrielle se queda quieta un momento, entonces devuelve el abrazo.

 

XENA

Casi estamos fuera.

 

Gabrielle sonríe.

 

XENA

(Continua)

¡HUY!

 

Gabrielle brinca. Xena aparta una rata de una patada y reanudan la marcha de nuevo.

 

Xena y Gabrielle pasan a través del arco de un portal y encuentran un gran bloque de piedra llenando el corredor, bloqueando su ruta. No hay otra salida de la habitación, aparte de aquella por la cual vinieron.

 

Xena se vuelve para mirar el camino por el que vinieron. En la oscuridad, todo un campo de resplandecientes ojos rojos le devuelven la mirada.

 

XENA

(Continua)

Esto contesta a la pregunta.

 

 

Xena cede a Gabrielle la antorcha y comienza a buscar una forma de mover la roca.

 

FUNDIDO A:

 

INT. TEMPLO EGIPCIO – CÁMARA INTERIOR - DIA

 

Ares se pasea. Está solo en la cámara e ignora la mesa, la cual, llena de vino y comida, se alinea a un lado de la habitación.

 

De repente se oye el sonido de un timbre. Ares para y tuerce la cabeza, escuchando.

 

Ares sonríe.

 

ARES

Ahh... Eso sí que es música para mis oídos.

 

Ares se apresura hacia la puerta interior y la abre, echando una ojeada adentro. Por encima de su hombro se divisa la figura de Anubis, ojos cerrados y manos tendidas.

 

Sobre el altar, el chakram está girando rápidamente, a todas luces constituyéndose en algo.

 

Ares mueve su puño en el aire.

 

ARES

(Continua)

¡Si!

 

CORTE A:

 

INT. TEMPLO EGIPCIO - CATACUMBAS – CÁMARA DEL PORTAL

 

Hay una cámara octogonal. Hacia un lado está la entrada a las catacumbas inferiores, ahora llenas de escombros de piedra. Xena está emergiendo de los cascotes, desempolvándose las manos a la vez que aparta, golpeándolos con el pié, fragmentos del bloque de piedra.

 

Gabrielle aparece detrás de ella. Ambas cruzan la cámara interior y llegan a una amplia puerta profusamente adornada. Está cerrada – pero desde el interior.

 

Xena pone su mano sobre el cerrojo y comienza a levantarlo, entonces se detiene y se apoya contra la puerta.

 

GABRIELLE

¿Xena?

 

Xena permanece quieta un momento.

 

XENA

Ares está aquí.

 

 

GABRIELLE

Oh. Genial.

(haciendo una pausa)

Esto simplifica las cosas.

 

Xena la mira.

 

XENA

¿Lo hace?

 

Xena descorre el cerrojo y abre la puerta. Adentro, un pretencioso y recargado corredor, bien iluminado e impecablemente conservado, puede ser visto a medio camino de unas escaleras.

 

Gabrielle comienza a moverse a lo largo y Xena la coge del brazo.

 

GABRIELLE

¿Qué pasa?

 

XENA

Ve y encuentra el Ojo. Yo voy a

localizar a Ares, y veré si puedo....

 

GABRIELLE

De acuerdo.

 

Gabrielle se vuelve y camina escaleras arriba sin decir nada más. Xena observa su marcha, sabiendo que algo no va del todo bien.

 

XENA

Ahora mismo no hay tiempo que perder.

 

Xena ataca los escalones de dos en dos y, siguiendo su instinto, sale en dirección opuesta.

 

CORTE A:

 

INT. TEMPLO EGIPCIO – CORREDOR – INSTANTES DESPUÉS

 

Gabrielle camina corredor abajo deteniéndose por precaución en cada encrucijada, el oído atento a posibles peligros.

 

GABRIELLE

(murmurando)

Ve y encuentra el Ojo. Como si yo tuviese que,

en este maldito mausoleo, saber donde está.

 

Gabrielle escucha voces aproximándose. Se oculta con rapidez a la entrada de una alcoba y aplasta su cuerpo contra la piedra.

 

 

Dos hombres pasan a lo largo conversando en voz baja. No ven a Gabrielle.

 

HOMBRE

El faraón ve sombras en cada

rincón. Ahora nos pide que encontremos

mujeres forasteras. ¿No acabará nunca?

 

HOMBRE VIEJO

Es la profecía, Ekmet. Silencio.

 

Los hombres cruzan fuera del alcance del oído. Gabrielle sale de nuevo al corredor.

 

GABRIELLE

Genial. Casualidades. Nosotras venimos,

Ellos nos quieren. La historia de mi vida.

 

Gabrielle prosigue corredor abajo. Más voces se aproximan.  En esta ocasión son muchos. Gabrielle mira alrededor en busca de un lugar donde ocultarse, pero solo ve una puerta, grande y recargada, carente de hueco.

 

Prueba con la puerta y esta se abre. Aliviada, pasa adentro y cierra en el preciso momento que una docena de hombres armados pasan en grupo por delante.

 

CORTE A:

 

INT. TEMPLO EGIPCIO – SALA DEL ALTAR DE QETESH.

 

Gabrielle se detiene a corta distancia. Mira entorno a la habitación donde se haya con gran sorpresa. Está lujosamente amueblada. Hay un altar en un extremo, pero de los muros cuelgan ricas telas de brillantes colores. Por todas partes hay grandes jarras de aceites aromáticos , y el olor a incienso es casi agobiante.

 

Gabrielle camina hacia el altar. Sobre él se hayan muchas ofrendas... hermosas tallas, doradas baratijas y flores.

 

En la habitación se respira una paz que Gabrielle no ha sentido en ningún otro lugar del templo.

 

GABRIELLE

Esto si que es hermoso.

 

 

Gabrielle estudia los muros, en los cuales hay jeroglíficos e imágenes cuidadosamente esculpidas.

 

GABRIELLE

(Continua)

Me pregunto, ¿qué clase

de dios vive aquí?

 

Qetesh aparece detrás de Gabrielle, aunque esta no la ve. Qetesh camina lentamente alrededor de Gabrielle y la estudia con gran curiosidad.

 

Gabrielle gana el muro y sigue una de las imágenes, la cual parece mostrar a una hermosa mujer, con muchas personas inclinándose ante ella y ofreciéndole regalos.

 

GABRIELLE

(Continua)

Uno querido, creo.

 

Qetesh parece complacida ante esto. Da una vuelta hasta ponerse frente a Gabrielle y agita sus dedos, convirtiéndose en visible.

 

QETESH

¿Quien eres?

 

Gabrielle parpadea sorprendida, pero habiendo estado en compañía de dioses bastantes veces en su vida, no se alarma.

 

GABRIELLE

Me llamo Gabrielle.

 

Qetesh se apoya contra el altar.

 

QETESH

Es un nombre extraño. ¿Por qué

has venido aquí? Te acercas

a mi altar con las manos vacías.

 

Gabrielle camina en círculo hasta el otro lado del altar y examina las ofrendas.

 

GABRIELLE

¿Qué es lo que solicitan

aquellos que vienen aquí?

 

QETESH

Amor.

 

Gabrielle sonríe.

 

GABRIELLE

Lo sabía. Pero me gustaría charlar

contigo sobre algo que estoy buscando.

 

 

Qetesh parece sorprendida. Se levanta y toca el muro próximo al altar. El muro se abre ante sus dedos, revelando un gran acopio de regalos.

 

QETESH

Si ya tienes amor, entonces ¿por qué

venir aquí? Mira, esos son los

objetos donados a cambio de mi

atención. ¿No son hermosos?

 

Los ojos de Gabrielle se ven atraídos hacia una cesta situada en el centro del tesoro. Desde la cesta cuelga holgadamente una cadena, unida al Ojo de  Efesto.

 

GABRIELLE

Sin duda lo son.

 

Qetesh está muy complacida con la respuesta.

 

QETESH

Para cada uno, concedo un amor de corazón,

siempre que ese corazón sea auténtico.

 

GABRIELLE

¿Y qué si no lo fuese?

 

Qetesh ríe.

 

QETESH

Entonces consigo un bonito regalo.

 

Gabrielle se acerca despacio. Señala una baratija dorada.

 

GABRIELLE

¿Quien te dio esa?

Es muy bonita.

 

La diosa la coge.

 

QETESH

Un gran hombre perteneciente a la

corte durante la segunda dinastía. Deseaba

una esposa que le diera a luz un hijo.

 

GABRIELLE

¿Consiguió su deseo?

 

 

QETESH

Lo consiguió.

 

GABRIELLE

Debes de ser muy poderosa

entonces. ¿Que hay sobre este?

 

Gabrielle toca el Ojo. Qetesh se aleja, repentinamente evasiva. Gira haciendo un ademán y la cámara se cierra atrapando casi las manos de Gabrielle.

 

QETESH

Cuéntame más sobre ti, Gabrielle

del extraño nombre. ¿Por qué estás

aquí, si no es amor lo que buscas?

 

Gabrielle se encuentra con un pequeño dilema.

 

GABRIELLE

Bien, pongámoslo así. Estoy aquí

buscando un regalo para una amiga mía.

 

QETESH

¿Un regalo?

 

Gabrielle va hacia el altar y elige una de las ofrendas, colocándola sobre su mano y mostrándola. Se trata de una pequeña estatua de un camello, hecha de oro.

 

GABRIELLE

Es algo así. Le gente te ofrece un

obsequio, y tú les das otro a cambio.

 

QETESH

Si se lo merecen.

 

Gabrielle coloca la ofrenda en su lugar.

 

GABRIELLE

Bueno, Tengo una amiga que

me dio un gran regalo, y quiero

darle algo a cambio. Por ejemplo,

esa cosa que hay ahí.

 

QETESH

¿Ahí?

 

GABRIELLE

En tu fantástica colección. Mi

amiga estaría encantada. ¿Podría

canjeártelo por algo?

 

 

Qetesh está perpleja. No está acostumbrada a que los mortales hagan tratos con ella. Se dirige a la cámara y la abre, sacando el Ojo.

 

QETESH

No se trata de algo que yo cambiaria. Me

lo dio un hombre muy importante,

importantísimo. Un dios. Dijo que me

protegería. ¿Por qué debería cederlo?

 

GABRIELLE

Pero....

 

QETESH

Además, ¿Que tienes tú para

darme? Tus manos están vacías.

 

Gabrielle duda. No tiene nada, aparte de sus armas y de las ropas que lleva puestas. Su expresión cambia repentinamente a una de alivio y sonríe.

 

GABRIELLE

Pero mi corazón está lleno. Creo que

tengo algo que te podría interesar.

 

 

QETESH

¿Es poderoso? Esto....

 

Ella sostiene el Ojo.

 

QETESH

(Continua)

Me da un gran poder.

¿Tu regalo hace lo mismo?

 

Gabrielle se pone derecha y comienza a desatar el cinturón que mantiene sus ropas puestas.

 

GABRIELLE

Creo que puede.

¿Por qué no lo averiguamos?

 

CORTE A:

 

INT. TEMPLO EGIPCIO – CÁMARA INTERIOR – POCO TIEMPO DESPUÉS

 

Ares está de pié en la entrada, observando lo que está sucediendo en la habitación del altar.

 

La puerta detrás de él se abre, y él se vuelve, aparentemente no del todo sorprendido de ver a Xena allí.

 

ARES

Bien, Bien. Te tomaste tu tiempo.

(riendo)

Te estas volviendo lenta, Xena.

Haciéndote vieja.

 

Xena lo ignora. Camina hacia la puerta y mira adentro, sus ojos dilatados al ver al dios y al chakram rotando.

 

XENA

¿Qué es lo que está haciendo?

 

Ares se pone enfrente de ella y cierra la puerta.

 

ARES

Muy pronto lo descubrirás.

 

Xena se vuelve para mirar a Ares.

 

XENA

¿Qué estas tramando ahora?

¿Rebajándote a robar, Ares?

 

Ares ríe. Camina hacia ella y pone su brazo rodeándole el hombro.

 

ARES

Estoy solucionando tu problema, Xena.

 

XENA

¿Mi problema? Ares, en este momento

mi problema eres tú. ¿Puedes solucionar eso?

 

 

ARES

Xena, Xena, Xena.

(riendo entre dientes)

Las cosas comenzaron a ir de capa caída

para ti cuando pusiste toda esa agradable...

Materia... dentro de mi bonito regalo.

 

Ares llega hacia ella y le agarra la mandíbula.

 

ARES

(Continua)

Estoy quitándoselo.

(riendo entre dientes)

Eso creará un mundo de discordia.

Te lo prometo.

 

Xena se suelta y empuja a Ares.

 

XENA

Estas loco.

 

Ares mira abajo.

 

ARES

¿Se me nota?

(mirando a Xena)

Tal vez estaba equivocado, aunque es tan

difícil de creer. Piérdete, Xena.

No necesito tus sermones.

 

XENA

El mundo no necesita

de tus injerencias.

 

Suena un ruidoso crujido, resonando a través de los muros. Ares se vuelve a mirar a la puerta cerrada y ríe.

 

ARES

Supongo que lo descubriremos, ¿no?

 

Ares hace un chasquido con sus dedos y desaparece. Xena se abalanza tras su sombra, pero lo único que permanece es el eco de su risa resonando en la habitación.

 

XENA

¡Bastardo!

 

Xena se dirige a la puerta e intenta abrirla, pero la han cerrado con rapidez, los bordes revestidos de metal y tan firmemente sujetos que ni siquiera se mueve cuando ella tira con toda su fuerza.

 

XENA

(Continua)

¡¡¡¡¡ARES!!!!!!

 

La risa de Ares todavía retumba.

 

ARES

(V.O.)

Es mío, Xena. Lo he recuperado.

(riendo)

Una vez te sentiste así... vendrás

arrastrándote de vuelta otra vez. Ya lo veras.

 

Los ecos se desvanecen. Xena aporrea la puerta con sus puños. Se apoya contra ella y ladea la cabeza en actitud de escuchar, como si pudiese sentir algo a través de la puerta.

 

XENA

No.

 

 

Los ojos de Xena se cierran, a la vez que siente como el chakram se separa.

 

XENA

(Continua)

(murmurando)

No.

 

FUNDIDO A NEGRO.

 

* La frase original es "I'm not sensing anything un-goodie two shoes here.". Un "goody two shoes" es alguien que de tan bueno puede llegar a ser tonto. Por tanto, "un-goody two shoes" seria lo contrario. Seria algo así como si Ares no notara nada que no es bueno. Al no saber como traducirlo exactamente lo hemos dejado como si no hubiera habido ningún cambio.

 

FIN DEL ACTO TERCERO

 

ACTO CUATRO