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ACTO SEGUNDO

 

ABRE DE NEGRO:

 

EXT. CAMINO - PRIMERA HORA DE LA TARDE

 

El sol está próximo a ponerse y el día se ha hecho cada vez más frío. Aún vestida con el húmedo cuero, el frío rodea a Xena como una neblina. 

 

GABRIELLE

Tenemos que empezar a pensar en

un lugar donde dormir esta noche.

(pausa)

Y no al aire libre. Serías un

carámbano por la mañana. Ni siquiera me gusta

 la forma en que esta empezando a sonar tu voz.

 

XENA

(ronca)

Hay una ciudad en la costa,

pero está casi a un cuarto de día 

de camino desde aquí.

 

GABRIELLE

¿Tan lejos?

 

XENA

Sip.

 

GABRIELLE

¿Nada más cerca?

 

XENA

Nop.

 

GABRIELLE

Genial.

(pausa)

Bueno, por lo menos montar a Argo

mantuvo mis piernas bastante frescas.

 

XENA

Ambas deberíamos cabalgar.

Llegaríamos más rápido de esa forma.

 

Gabrielle considera esto por un momento, después asiente. Agarrándose con la mano, se balancea y se coloca cómodamente detrás de Xena, pasando sus brazos con fuerza en torno a la cintura de su compañera mientras Argo comienza a galopar.

 

 

CORTE A:

 

EXT. CAMINO CAMPESTRE - MEDIA TARDE

 

Xena y Gabrielle están cabalgando por un camino en una profunda oscuridad. Mientras cabalgan, el débil sonido de la música llega hasta sus oídos, un sonido que se hace más fuerte y más frenético según se acercan.

 

GABRIELLE

Creí que habías dicho que

no había ninguna ciudad 

hasta la costa

 

XENA

No la hay.

 

GABRIELLE

¿Entonces de dónde viene 

esa música?

 

XENA

Me parece que pronto

lo averiguaremos.

 

 

Argo llega a la cima de una pequeña elevación y en el diminuto valle ante ellas pueden ver una miríada de coloridas tiendas, cada una con un estandarte ondeando en la fría brisa. Esparcidos entre tienda y tienda hay diez o mas extraños vagones de seis ruedas, tirados por  caballos.

 

Un grupo considerable de hombres y mujeres están reunidos en torno a una llameante hoguera, riendo, bebiendo y gritándose unos a otros. Es una escena de apenas controlado caos.

 

Ligeramente alejados del fuego central, un grupo de músicos toca mientras un grupo de mujeres con  coloridos atuendos dan vueltas como peonzas de madera, alrededor y alrededor y alrededor. Mientras Xena y Gabrielle observan, el ritmo se acelera, y las bailarinas giran tan rápido que se convierten en un trazo de color. 

 

GABRIELLE

(maravillada)

¿Quiénes son?

 

XENA

Cíngaros.  Borias los 

llamaba gitanos.

 

GABRIELLE

¿Gitanos?

 

XENA

Si.  Borias admiraba sus habilidades como

mercaderes y como puedes ver, tampoco

son malos como artistas.

 

GABRIELLE

Te diré. Me estoy mareando

solo de mirarles.

 

De pronto, dos hombres saltan desde sus asientos en el suelo delante del fuego y comienzan a gritarse el uno al otro en un ininteligible lenguaje. Varios mas se levantan seguidos por otros, hasta que se ha formado un enjambre de hombres empujando, gritando y peleando.

 

Tras ellos, los músicos se detienen, pero las mujeres continúan su frenética danza, ajenas a todo lo demás a su alrededor.

 

Una mujer de pelo gris y cargada de años se pone de pie e intenta abrirse camino entre los combatientes. Llega hasta el centro justo cuando uno de los hombres saca una corta espada y la empuja hacia delante, clavándosela a la anciana sin querer en el hombro. Ella cae al suelo como una piedra.

 

Sin necesidad de ver mas, Xena apremia a Argo al galope.

 

CORTE A:

 

EXT. CAMPAMENTO CÍNGARO - MEDIA TARDE

 

Los cuerpos vuelan como sacos de trigo mientras Xena y Gabrielle se abren camino entre la melée hacia el centro. Gabrielle se agacha y examina a la anciana. Hace un gesto de asentimiento a Xena. La mujer está viva.

 

UNA JOVEN se arrodilla junto a Gabrielle y aplica un paño limpio sobre la herida sangrante de la anciana.

 

Xena mira fijamente al hombre que empezó la pelea.

 

XENA

¿Qué está pasando aquí?

 

HOMBRE

No es asunto tuyo.

 

Xena le agarra por la parte delantera de su traje y tira de él hacia si.

 

XENA

En el momento en que apuñalaste a

esa anciana, se convirtió en mi asunto.

 

 

El hombre la mira durante bastante rato, después asiente. Xena le suelta. El señala a un SEGUNDO HOMBRE enfrente de él.

 

HOMBRE

¡¡Puso un hechizo en nuestras mujeres!!

 

HOMBRE #2

¡¡No lo hice!!

 

HOMBRE

¡¡Lo hiciste!!

 

HOMBRE #2

¡Pruébalo!

 

XENA

¡¡Basta!!

 

Los dos enemistados hacen silencio.

 

XENA

(continua al primer hombre)

¿Qué quieres decir?

¿Qué tipo de hechizo?

 

El hombre se gira y señala con su brazo en dirección de las bailarinas que danzan salvajemente.

 

HOMBRE

¡Míralas!  ¡Están así desde

que el sol estaba en lo alto

del cielo!  El dice que es normal, pero yo

digo que han sido hechizadas.  ¡¡Por él!!

 

Xena mira a las mujeres. Sus ojos se entrecierran.

 

XENA

Esperad aquí.

 

Con pasos confiados, Xena se aproxima a las bailarinas, acercándose con cuidado mientras las observa de cerca. Lo que ve la preocupa gravemente. Lo que podrían haber sido tomados como risas y gritos de alegría son en realidad gritos de agonía y súplicas de ayuda. Los rostros de cada mujer están congelados en una máscara de horror y puro dolor, las bocas contorsionadas con crueldad, y los ojos abiertos y suplicantes.

 

Una vez segura que la anciana no está en peligro, Gabrielle la deja al cuidado de la joven y suavemente se aproxima al círculo de baile, observando como Xena mira a las bailarinas.

 

Después de un momento, Xena se acerca al lado de Gabrielle, con una expresión sombría.

 

GABRIELLE

¿Sabes que ocurre?

 

 

XENA

Tarantismo.

 

GABRIELLE

¿Perdón?

 

XENA

Tarantismo. Es como lo llaman

algunos a este… estado.  Irrefrenables

deseos de bailar. Literalmente

bailan hasta morir.

 

GABRIELLE

Por los dioses….

¿Qué lo causa?

 

XENA

Algunos creen que es un hechizo de un chamán.

Otros dicen que está causado por

la mordedura de una araña.

 

GABRIELLE

¿Una araña?

 

Xena asiente.

 

XENA

En cualquier caso, estoy bastante segura

que el culpable está justo allí.

 

Gabrielle mira adonde Xena está señalando. Los ojos abiertos de par en par.

 

GABRIELLE

Xena, eso es cicuta.

 

XENA

(sobriamente)

Lo sé.

 

 

CORTE A:

 

EXT. CAMPAMENTO CÍNGARO - PRIMERA HORA DE LA TARDE

 

Todo el campamento, excepto las mujeres que siguen bailando, se reúne en torno al fuego, donde Xena cuidadosamente está vertiendo un caldero lleno de agua hirviendo y hierbas en otro profundo cacharro cubierto por un diminuto trapo. Gabrielle está arrodillada junto al segundo cacharro, alejando su rostro de los nocivos gases que emite el líquido.

 

HOMBRE

(belicosamente)

¿Cómo sabemos que no vas a

intentar terminar el trabajo que él empezó?

 

XENA

No lo sabes.

 

HOMBRE

Entonces....

 

Harta de los constantes comentarios del hombre, Gabrielle se levanta, saca sus sais, y se encara con él.

 

GABRIELLE

Mira, ya he oído todo lo que quería oír

de ti por hoy. Xena es la mejor

oportunidad que estas mujeres tienen, así que

siéntate y estate callado, o te echaré

un ‘hechizo’ que no olvidarás.

 

 

El hombre y también la mitad del campamento mira a Gabrielle, pasmados.  El hombre suavemente comienza a acercase a su espada, solo para detenerse ante la mirada de Xena.

 

XENA

Yo no lo haría.

 

Sus cejas se elevan a la vez interrogantes.

 

Xena suavemente sacude la cabeza.

 

El hombre relaja su brazo.

 

Xena sonríe satisfecha, después sonríe ampliamente a Gabrielle, que le devuelve la sonrisa. Deliberadamente vuelve a enfundar sus sais y vuelve a ponerse de rodillas junto al cacharro, levantando la tirante cubierta.

 

GABRIELLE

Creo que está listo.

 

XENA

Bien.

 

HOMBRE #2

¿Cómo vas a

dárselo?

 

XENA

Ya lo verás.

(pausa)

¿Gabrielle?

 

GABRIELLE

Justo detrás de ti.

 

CORTE A:

 

EXT. CÍRCULO DE BAILE - PRIMERA HORA DE LA TARDE

 

 

Gabrielle permanece fuera del círculo, la cazuela y un burdo vaso de madera en la mano. Xena da un paso adelante hacia las bailarinas. Agachándose y esquivando las piernas y brazos que giran, espera pacientemente su oportunidad. Cuando llega, da un paso adelante, lanza sus brazos, pinzando con sus dedos la garganta de una de las mujeres. La mujer se cae de rodillas, jadeando sin aire.

 

Gabrielle avanza hacia delante y levanta la copa de la cocción de Xena a los labios de la esforzada mujer mientras Xena estabiliza su cabeza.

 

GABRIELLE

Está bien. Traga.

(pausa, sonriendo)

Eso es. Buen trabajo.

 

Gabrielle se retira y asiente a Xena, que suelta el pinzamiento y deja a la mujer tendida en el suelo, sus miembros aún con ligeros espasmos. Un momento después, vomita  la bebida en un violento arrebato, junto con los últimos vestigios de veneno en el sistema de la mujer. Se desploma de nuevo en el suelo con un  agradecido sollozo, sus músculos relajados al fin.

 

Dos mujeres jóvenes llegan con túnicas y ropas para ayudar a la  impresionada mujer.

 

GABRIELLE

(continua)

Gracias a los dioses.

 

XENA

¿Lista para la siguiente?

 

 

Gabrielle asiente.

 

GABRIELLE

Lista.

 

CORTE A:

 

EXT. CAMPAMENTO CÍNGARO - NOCHE

 

Las recuperadas bailarinas están agrupadas en un pequeño grupo, observadas y cuidadas por hombres y mujeres del clan. Xena y Gabrielle, bien alimentadas y secas finalmente, permanecen cerca, recibiendo el sincero agradecimiento del grupo. 

 

La anciana, su brazo en cabestrillo, aprieta un paquete de comida en las manos de Gabrielle.

 

ANCIANA

Gracias a ambas por salvar a nuestras

mujeres. Siempre seréis unas

amigas para los cíngaros.

 

GABRIELLE

Gracias.

 

Gabrielle mira alrededor mientras varios hombres y mujeres se apresuran en el campamento, empaquetando rápidamente sus provisiones en extraños carros que rodean el perímetro del campamento..

 

La anciana se da cuenta del interés de Gabrielle y sonríe.

 

ANCIANA

Creen que la tierra aquí está

maldita. Viajaremos a la

costa y buscaremos nuestra fortuna allí.

 

GABRIELLE

Allí es donde vamos nosotras

también. Quizá nos encontremos de nuevo.

 

ANCIANA

Si es lo dispuesto, lo haremos. Adiós

y gracias a ambas.

 

Xena vuelve del chequeo final a las mujeres, caminando al lado de Gabrielle y asintiendo a la anciana mientras se va y vuelve con su familia. Xena olfatea con interés el cálido paquete en las manos de Gabrielle.

 

XENA

¿Qué tenemos aquí?

 

GABRIELLE

Postre. Y si eres muy buena,

te dejaré tomar un poco después.

 

 

Xena sonríe burlona.

 

XENA

Yo siempre soy buena.

 

Gabrielle ríe y las dos dejan el campamento, llevando a Argo por las riendas.

 

CORTE A:

 

EXT.  GRANJA - ÚLTIMA HORA DE LA TARDE

 

Habiendo viajado otra hora, Xena y Gabrielle han llegado a una solitaria granja, asentada junto a vastos campos que puntean el camino al mar. Ante la sugerencia de Gabrielle, se han detenido para preguntar por alojamiento para esa noche. La congestión de pecho de Xena ha empeorado, y Gabrielle está preocupada.

 

Gabrielle permanece ante la recia puerta de madera, una mano en alto para llamar, cuando la puerta se abre y una manada de risueñas jovencitas pasa ante ellas como si no hubiera nadie allí. Las mujeres se encaminan hacia el enorme establo y desaparecen rápidamente en su interior.

 

Xena y Gabrielle se miran la una a la otra, al establo, y de nuevo entre sí.

 

Gabrielle se encoge de hombros.

 

GABRIELLE

Podría haber sido peor.

(pausa)

Podrían haber sido ovejas.

 

XENA

No empieces.

 

Sonriendo, Gabrielle vuelve su atención a la entrada, que ahora está llena con la forma de un voluminoso granjero de mediana edad que las mira con el ceño fruncido.

 

Gabrielle le ofrece su mejor sonrisa.

 

GABRIELLE

Bonitas hijas tienes.

 

 

El ceño del granjero se hace más evidente.

 

La sonrisa de Gabrielle se desvanece un poco.

 

GABRIELLE

(continua)

Nosotras....

 

GRANJERO

No tengo nada para ningún  mendigo.

(pausa)

Volved mañana con dinero

honrado y trataré con vosotras.

 

GABRIELLE

No. No. Nosotras no

pedimos nada.

(pausa)

Bueno, en cierto modo, pero no realmente.

(pausa)

Lo que quiero decir es...

 

GRANJERO

¿Estas sorda, entonces? ¿No me has oído

decirte que te pierdas?

 

Xena sale de las sombras. El granjero se queda rígido. Gabrielle rápidamente pone una mano tranquilizadora en la muñeca de Xena.

 

GABRIELLE

Por favor, señor, No somos mendigos

y no queremos tu comida.

(pausa)

Estamos heladas y cansadas, y buscando

refugio para la noche, eso es todo.

 

GRANJERO

Tengo la casa llena. Tendrás que 

buscar en otro sitio.

 

GABRIELLE

¿Tu establo, entonces? Te pagaremos 

gustosamente por usar tu pajar.

 

Gabrielle saca su monedero y lo agita ligeramente. Los ojos del granjero se iluminan con avaricia. Una sonrisa se forma en los límites de su boca.

 

GRANJERO

Cinco dinares.

 

GABRIELLE

(gritando)

¿¡¿Cinco dinares?!?

 

El ceño del granjero reaparece.

 

GABRIELLE

Un precio muy justo,

¿verdad, Xena?

 

El ceño de Xena sobrepasa al del granjero, Gabrielle aprieta su muñeca. Después saca los dinares de su monedero y se los tiende al granjero. El los hace desaparecer.

 

GABRIELLE

(continua)

Eres un hombre increíblemente generoso.

Gracias. Que el Solsticio te bendiga.

 

GRANJERO

Ni toquéis a mis hijas,

o desearíais no haber visto nunca este lugar.

 

GABRIELLE

No te preocupes, nosotras....

 

 

Se encuentra a sí misma hablando a una puerta cerrada.

 

GABRIELLE

(continua en voz baja)

Bueno, no eres precisamente el Sr. Alegría de la Huerta

 

Mientras se giran hacia el establo, Xena sonríe.

 

XENA

Sabes, esto me recuerda

un chiste de mercaderes que

Salmoneus me contó una vez.

 

GABRIELLE

(falsamente)

Suena como que debe

ser muy gracioso.

 

Xena abre la boca para responder.

 

GABRIELLE

(continua)

Pero no quiero oírlo.

 

Xena cierra la boca.

 

CORTE A:

 

INT. PAJAR - NOCHE

 

Xena y Gabrielle cómodamente acurrucadas en el cálido heno, sus cuerpos exhaustos suspirando con alivio. Las jóvenes siguen aún debajo de ellas, riendo, cantando y atendiendo a los animales en el establo de una forma casi atolondrada.

 

A pesar del ruido, los ojos de la pareja se hacen cada vez más pesados, y finalmente están a punto de dormirse cuando Xena se endereza. Gabrielle se da cuenta y levanta la mirada a su compañera cuestionadora.

 

XENA

¿Hueles algo?

 

Gabrielle olfatea experimentalmente.

 

GABRIELLE

Quieres decir además

de la mierda de vac....

 

Su última palabra es cortada por los dedos de Xena sobre sus labios. Gabrielle sonríe y olfatea de nuevo.

 

GABRIELLE

(continua)

De ovej....

 

XENA

(interrumpiendo)

No sigas, Gabrielle.

 

GABRIELLE

¡FUEGO!

 

Xena agarra a Gabrielle, se pone de pie y salta desde el pajar. Soltando a Gabrielle, Xena atrapa a la primera jovencita sentada en el taburete de ordeñar y la levanta.

 

XENA

(calmadamente)

El establo está ardiendo. 

Hora de irse.

 

 

La mujer emite una insípida risita mientras Xena la empuja hacia la puerta abierta del establo.

 

El humo comienza a llenar el establo y los animales empiezan a asustarse.

 

XENA

(continua)

¡Gabrielle!  ¡Sal y trae algunos

cubos de agua del pozo! ¡Intenta 

apagar el fuego! ¡Ahora vuelvo!

 

Asintiendo, Gabrielle sale corriendo con una segunda mujer  a remolque. Varios animales la siguen al exterior y por poco es atrapada por las berreantes vacas.

 

Xena se apresura en el establo, apartando  a las jóvenes de sus tontas tareas y empujándolas en dirección a la puerta.  Al mismo tiempo se mueve hábilmente para evitar ser atrapada ella misma. El humo se está haciendo más espeso, y se pone un brazo delante de su boca y nariz, intentando filtrarlo.

 

CORTE A:

 

EXT. CORRAL - NOCHE

 

Un intenso fuego en el reseco establo, el techo cubierto de paja ilumina la noche. Con la ayuda del granjero, Gabrielle ha intentando formar una brigada de cubos desde el pozo al establo.

 

Las jóvenes y los animales se apresuran fuera del establo, tosiendo y cubiertas de hollín.

 

Mientras el grupo observa, parte del techo se derrumba, mandando pavesas hacia el cielo.

 

Gabrielle deja caer el cubo lleno que llevaba y corre hacia la puerta, casi anonada por el espeso humo que sale fuera.

 

GABRIELLE

¡¡¡XENA!!!

 

Un segundo después, Xena aparece de entre el fuego, el hollín endurecido y negro mientras lleva en brazos una joven igualmente cubierta de hollín.

 

Gabrielle la mira con profundo alivio.  Después baja la mirada. Sus ojos se abren de par en par, después se cierran ante las manchas de sangre, y las ya oscurecidas magulladuras en el muslo de Xena justo debajo de su armadura de cuero.

 

GABRIELLE

¿¡¿Qué ha sucedido?!?

 

La respuesta, una pequeña, blanca y alocada cabra que trota hacia el exterior balando. Mueve malvadamente su cornuda cabeza y mira a Xena, viendo a su ser humano favorito aún en brazos de la guerrera. Bala de nuevo y araña el suelo. Descubriendo los dientes, Xena gruñe.

 

La cabra mete el rabo y corre.

 

Xena suspira.

 

Gabrielle esconde una risa tras una mano.

 

 

CORTE A:

 

EXT. CAMINO FORESTAL - NOCHE

 

La luna llena se derrama con una luz fantasmal sobre la fría noche. Un helado viento gime a través de los desnudos árboles en el bosque. Hacia el norte, una pequeña montaña brilla con la blancura del granito. Cuevas en la base de la montaña como vacíos ojos, oscurecidos frente a  la sombría blancura de la piedra iluminada por la luna.

 

Xena y Gabrielle cabalgan a través del bosque en su camino hacia la costa. Gabrielle lleva las riendas, mientras Xena está sentada detrás en una leve meditación intentando recuperar la energía agotada por un largo día y  el principio de resfriado que no admitirá tener.

 

Gabrielle oye un sonido que parece fuera de lugar y espera que Xena reaccione. Cuando no lo hace, Gabrielle se relaja, después vuelve a quedarse rígida cuando el sonido se repite.

 

GABRIELLE

¿Xena?

 

XENA

¿Mm?

 

GABRIELLE

¿Recuerdas cuando me enseñaste

a escuchar los sonidos 

detrás de los sonidos?

 

XENA

Si.

 

GABRIELLE

Bueno, creo que esa cueva que estamos

pasando nos está hablando.

 

Los ojos de Xena se abren de par en par y mira a la parte trasera de la cabeza de Gabrielle como si hubiera perdido una tuerca o dos.

 

RUIDO

¡ALOOOOOO!

 

GABRIELLE

¿Oyes eso?

 

XENA

Es solo el viento.

 

RUIDO

¡ALOOOOOOOOOOO!

 

GABRIELLE

Conozco el viento, Xena,

y eso no es el viento.

 

 

XENA

Un coyote, entonces.

Es luna llena.

 

Gabrielle mira a la cueva en cuestión durante un largo momento, después se encoge de hombros.

 

GABRIELLE

Supongo que tienes razón.

 

XENA

Por supuesto que la tengo.

 

GABRIELLE

Ja. Ja.

 

RUIDO

¡ALOOOOOOOOOOOOOOOOO!

(pausa)

¿¿¿HAAAYALGUIEEENAHIIIIII???

 

Gabrielle vuelve la cabeza para mirar sobre su hombro.

 

GABRIELLE

A menos que ese coyote tuyo

esté realmente solo y 

buscando algún amigo, creo

que quizá sería mejor que investigásemos.

 

XENA

(a través de los dientes apretados)

Genial.

 

CORTE A:

 

INT. CUEVA - NOCHE

 

Guiadas por sus antorchas, Xena y Gabrielle hacen el camino hacia el centro de la pequeña cueva, donde son saludadas por la visión más extraña.

 

Lo que parece ser la mitad de un hombre, visible solo desde su protuberante barriga, está sentado sobre el suelo de la cueva. Lleva unas ropas que ninguna de ellas ha visto antes, un objeto redondo de cristal se sostiene contra uno de sus ojos, y un extraño sombrero que lleva una vela aún ardiendo atada al ala del sombrero.

 

El hombre sonríe y sus dientes son apenas visibles debajo de su amplio y poblado mostacho.

 

HOMBRE

¡Bueno, que alegría verlas señoritas!

(pausa)

Son señoritas, ¿verdad?

Es tan difícil de decir en estos días,

sabéis. Porque, con todo ese

arsenal y la armadura....

 

Les sonríe.

 

HOMBRE

(continua)

Por supuesto que lo sois.

Demoledor. ¡Simplemente demoledor!

 

Xena y Gabrielle se miran la una a la otra, después de nuevo al hombre.

 

HOMBRE

¡Oh, que descortés soy!

Randolph Nigel Smytheson Carruthers,

espeleólogo, a vuestro servicio, señoritas.

 

Silencio.

 

CARRUTHERS

Oh dios mío. ¿No habláis griego,

entonces?  Veo un ligero titubeo.

 

XENA

Hablamos griego perfectamente.

 

GABRIELLE

No estamos seguras

de lo que usted está hablando.

 

CARRUTHERS

¡De acuerdo! Bueno, debéis pensar

que estoy un poco chiflado, pero no

voy a discutir el tiro.

(pausa)

Necesito un punto de ayuda, veis.

Un trocito de pegajoso postigo, ¿si?

 

Comenzando a lamentar su decisión de desviarse, Gabrielle con cuidado se acerca al extraño hombre, mirándole con cautela.

 

GABRIELLE

¿Dónde está el resto de ti?

 

 

CARRUTHERS

¡Ah! Bueno, ese es el

problema, ves. Está….

 

El hombre señala abajo.

 

GABRIELLE

¿En el Tártaro?

 

Carruthers se ríe alegremente.

 

CARRUTHERS

Oh, eres una bromista, ¿verdad?

Si, supongo que podría decirse que

el resto de mi está en el Tártaro.

Al menos así es como me siento.

 

XENA

¿Atravesaste el suelo?

 

CARRUTHERS

¡Premio!  ¡Eres más lista que

los bigotes del gato, verdad! ¡Es cierto!

 

XENA

Mm.

 

GABRIELLE

¿¿Le entiendes realmente??

 

Xena sonríe ampliamente.

 

CARRUTHERS

Vaya cantidad de pelotas, que fue.  Mis compañeros

y yo estábamos explorando esas maravillosas

cavernas cuando el suelo nos tragó.

 

GABRIELLE

¿Dónde están los otros?

 

Carruthers señala abajo de nuevo.

 

CARRUTHERS

Fui el último en caer, ves.

Me quedé atrapado, como un corcho. 

Intentaron tirar de mi, pero….

 

Se encoge de hombros.

 

CARRUTHERS

(continua)

¿Una ayudita, entonces?

Os estaría tan en deuda.

 

Xena mira a Gabrielle, que se encoge de hombros y asiente. Xena enrolla sus ojos.

 

XENA

Bien.

 

Mientras Xena se acerca al hombre, Gabrielle le quita su sombrero. Arrodillándose, Xena pasa sus brazos en torno a la considerable masa, después gradualmente se pone de pie, tirando del atrapado fuera del agujero.

 

CARRUTHERS

¡Dioses! Eres muy

fuerte, ¿verdad?  ¿Amazona?

 

XENA

Amphipolitana.

 

Carruthers vacila antes de contestar

 

CARRUTHERS

Si. Bastante.

 

Colocando a Carruthers a un lado, Xena mira al agujero. Varias caras sucias y cansadas le devuelven la mirada.

 

XENA

¿Estáis todos bien?

 

 

HOMBRES

¡Si!

 

Momentos después, Xena los ha sacado a todos del agujero, y ellos la rodean, ofreciéndole su devota gratitud. Encogiéndose de hombros ante las alabanzas, Xena vuelve al lado de Gabrielle. Gabrielle pasa un brazo en torno a su cintura y le da un apretón, después roba un beso de su mejilla.

 

GABRIELLE

El trabajo de un héroe

nunca termina, ¿huh?

 

XENA

Si. Vale.

 

Gabrielle ríe.

 

GABRIELLE

Venga, héroe. 

Vamos a buscar una posada.

 

CORTE A:

 

INT. DORMITORIO TABERNA - NOCHE

 

Después de otra hora de viaje, Xena y Gabrielle han encontrado finalmente alojamiento para la noche. Recién bañada, Xena se tiende sobre la enorme cama y observa a Gabrielle, que está sentada en la única silla de la habitación. Sujeta un pergamino en su regazo, y mira hacia fuera por la ventana apenas abierta.

 

XENA

¿No estás cansada?

 

GABRIELLE

Exhausta.

 

 

Xena levanta su brazo y olfatea exageradamente.

 

XENA

Creo que soy lo suficientemente

inofensiva para dormir conmigo.

 

Gabrielle sonríe.

 

XENA

(continua)

¿Bien?

 

GABRIELLE

Xena… creo que soy la razón

del día que hemos tenido hoy.

 

Empujándose a si misma, Xena se sienta en el borde la cama, mirando interrogante  a su compañera.

 

GABRIELLE

(continua)

¿Recuerdas la noche pasado, cuando

tuvimos nuestra pequeña discusión?

 

XENA

(suavemente)

¿Si?

 

Gabrielle se sonroja ligeramente.

 

GABRIELLE

Bien, después de que te fueras a dormir,

yo… bueno… pedí un deseo a una estrella.

(rápidamente)

No era un mal deseo….

Es solo que ocurrió de otra forma.

 

XENA

¿Qué pediste?

 

Gabrielle suspira.

 

GABRIELLE

(suavemente)

Alguna forma de probarte

que no te estabas haciendo vieja.

 

 

Sonriendo, Xena se pone de pie y se acerca a su compañera, envolviéndola en un cálido abrazo.

 

XENA

Fue solo una coincidencia, Gabrielle.

No hiciste nada malo.

 

Xena acaricia con la nariz el cuello de Gabrielle.

 

XENA

(continua)

De hecho, creo que es un deseo

muy bonito para mí.

 

GABRIELLE

¿Si?

 

XENA

Si… así que, ¿estás

lista para ir a la cama?

 

GABRIELLE

(sonrojada)

Oh si.

 

FUNDIDO A NEGRO.

 

FIN DEL ACTO SEGUNDO

 

ACTO TERCERO