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ACTO CUARTO

 

ABRE DE NEGRO:

 

EXT. ACADEMIA - POR LA MAÑANA

 

Xena  y  Gabrielle salen de la villa de Twickenham sin ser vistas, emprendiendo su camino hacia el centro de la ciudad. En la distancia, pueden ver y oír como se monta el escenario, cerca de la fuente principal.

 

Gabrielle reconoce a Homero, quien sobresale de entre el grupo de amigos, muchos de los cuales reconoce de su tiempo en la Academia, incluyendo a Twickenham y algunos más, mientras su cara se ilumina con una sonrisa.

 

 

GABRIELLE

¡Ese es Eurípides! ¡Por los dioses!

¡No me he recordado de él en años!

¡Relataba las historias más horribles!

 

XENA

(susurrando)

No son mejores ahora

 

‘Gabrielle’ se gira hacia su compañera, con ojos de espanto.

 

GABRIELLE

Espera. ¿Tú lo conoces?

 

 

XENA

Mejor digamos que he tenido algunas palabras con él.

(pausa)

Su voz es más marcada, que lo 

que tu puedas recordar....

 

‘Gabrielle’ se detiene, colocando su mano sobre la muñeca de Xena, deteniéndola también.

 

GABRIELLE

Tú no....

 

XENA

Oh, pues claro que sí.

 

GABRIELLE

¿Cuándo? ¿¿Dónde?? ¿¿¿Por qué???

 

XENA

(brevemente)

Anoche. En la recepción. Porque dijo

palabras no muy halagadoras sobre ti.

 

Gabrielle  parece algo confundida.

 

GABRIELLE

¿Estás segura de que estamos hablando

del mismo Eurípides?

 

XENA

Si estamos hablando sobre el hombre

que está prácticamente encima de

Homero, entonces, si,

estamos hablando del mismo, Eurípides.

 

 

GABRIELLE

Pero eso es....  Pero, ¿por qué estaba

en la fiesta? Esto no tiene sentido.

 

Xena encoge sus hombros.

 

XENA

Quizá no pudo llegar a ser un bardo.

Y en su lugar decide que mejor congraciarse 

con los mercaderes adinerados.

 

GABRIELLE

No, Xena.  Él no es así.  Él es....

 

XENA

Han pasado 30 años, Gabrielle.

En ese tiempo las personas cambian,

incluso aquellas que creías conocer.

 

Sacudiendo la cabeza, ‘Gabrielle’ mira al hombre en cuestión, quien aparentaba estar pasando un buen rato con Homero y sus compañeros .

 

GABRIELLE

No. Eurípides no. No puedo creer eso.

Tiene que haber otra razón para que

estuviese anoche en la fiesta.

 

En su cara aparece una suave sonrisa.

 

GABRIELLE

(continua)

Apuesto a que está por la misma razón

que nosotras. Tratando de averiguar qué es lo que pasa

y viendo si le es posible detenerlo.

Probablemente se congració con esos hombres

par así poder espiarlos y ayudar a Homero.

 

La cara es de Gabrielle, pero el gesto de duda es de Xena. Al observarlo, a Gabrielle se le borra la sonrisa.

 

GABRIELLE

(continúa)

Al menos admite que es posible.

 

 

Xena suspira y asiente con la cabeza. Por lo que Gabrielle sonríe nuevamente.

 

XENA

Solamente nos quedan unas pocas horas para confirmarlo

o negarlo, así que te sugiero que prosigamos. 

 

GABRIELLE

De acuerdo. Vamos....  Uh oh.

 

Xena levanta su mirada a tiempo de ver a todo el grupo de Homero darse la vuelta hacia ellas, quienes, sonriendo abiertamente, les saludan con gestos idénticos. 

 

HOMERO

¡Gabrielle!

 

TWICKENHAM

¡Gabrielle! Nos dirigimos hacia la

villa Stallonus, donde nos preparemos 

para esta noche. ¡Ven con nosotros!

 

GABRIELLE

(susurrando)

¿Qué hacemos ahora?

 

Xena observa a los hombres. Es obvio que no pueden darles un "iros al Tártaro" como respuesta.

 

XENA

Vamos a seguir como lo planificamos.

Vete a la Academia e indaga un poco.

Yo los vigilaré y veré

si puedo descubrir algo. 

 

GABRIELLE

Vale. Me encontraré contigo detrás

del escenario, ¿te parece?

 

Xena asiente con la cabeza.

 

GABRIELLE

(continúa)

Xena, no es que no me preocupe que

mancillen mi reputación, pero... no creo que

Atenas esté lista para: "había una vez un

hombre de Arenis....”

 

 

Dedicando a su compañera la más devastadora de las miradas, Xena alarga el paso y pronto se encuentra al alcance de los viejos amigos de Gabrielle.

 

Mientras observa a su compañera evadir diestramente las inquietas manos y dedos de aquellos hombres llenos de admiración, Gabrielle eleva una plegaria silenciosa para que éstos sobrevivan y puedan asistir a la ceremonia, con todos sus miembros íntegros.

 

CORTE A:

 

INT. ACADEMIA - TARDE

 

Gabrielle se dirige hacia las oficinas de la administración. Observa a la muchedumbre que se ya congrega para la ceremonia y sabe que, en el momento en el que efectivamente ésta comience, habrá muy poco espacio para maniobrar en el tumulto. 

 

Deslizándose entre la sección principal de la Academia que contiene todas las oficinas de administración, así como la biblioteca, se siente aliviada por encontrarlas bastante desiertas. Hay algunos estudiantes vagando pero no parecen estar interesados en nada especial, incluyéndola a ella.

 

Se detiene un momento para leer un signo sobre la pared que la dirige al segundo piso y la oficina del Canciller.

  

GABRIELLE

Como robarlo el caramelo a un bebé.

 

Mirando alrededor para asegurarse de que nadie está en las inmediaciones, Gabrielle se dirige a las escaleras. Al final de estas, encuentra el vestíbulo cerrado por una gran puerta.

 

GABRIELLE

(continúa)

Un bebé irritado.

 

Mirando la puerta, que se alza del piso hasta el techo, reflexiona sobre su siguiente movimiento. Se inclina y examina la cerradura, frotándose la barbilla; una sonrisa asoma despacio. Extrae la daga de su corpiño, la introduce entre la cerradura y la puerta. Sus esfuerzos para fracturar la cerradura son claramente inútiles.

 

GABRIELLE

(continua)

Debería haber escuchado a Autolycus

cuando quiso darme lecciones.

Claro que las lecciones que él ofrecía... bien... 

 

Trata otra vez de forzar la cerradura y resulta más frustrante cuando no logra señales de movimiento alguno. 

 

GABRIELLE

(continúa)

Hijo de....

 

 

Retira el puñal y golpea la puerta con el puño de lado, llena de frustración. Entonces se sobresalta cuando la puerta se abre, ampliamente.

 

GABRIELLE

(continúa)

... el tío de un centauro. ¡Eh, atención,

Xena! Quizá me interesen

estas prominencias. 

 

Con sumo cuidado, para no lastimar nada precioso, guarda la daga y traspasa la puerta, asegurándose de cerrarla detrás de ella.

 

CORTE A:

 

INT. VILLA DE STALLONUS - TARDE

 

Un numeroso grupo de hombres ha formado una espesa muchedumbre, acalorada confusión, gritando y señalándose con dedos acusatorios unos a otros. Fuera de ese círculo, Xena permanece con los brazos cruzados sobre el pecho, los ojos estrechados en una fiera mirada, con la bota golpeando el suelo.  

 

HOMERO

¿Qué piensas, Gabrielle?

 

‘Gabrielle’ les dedica a todos una larga, demoledora mirada.

 

XENA

 

Lo que pienso es que si no empezáis a

actuar como hombres en lugar de comportaros

como una pandilla de adolescentes, voy a

comenzar a romper cabezas y poner fin a esto.

 

Un fuerte murmullo, seguido de un jadeo o dos, surca el concurrido espacio cuando los hombres reaccionan al comentario. 

 

JOVEN

(a un amigo)

Pensé que ella, como se suponía,

era la simpática.

 

XENA

Soy la simpática.

 

 

CORTE A:

 

INT. ACADEMIA - TARDE

 

Moviéndose con cuidado a través del largo pasillo, Gabrielle da una rápida ojeada alrededor para asegurarse de que su presencia todavía no ha sido descubierta. Pisando ligeramente, sigue el pasillo, comprobando admirada cuál fácil resulta moverse silenciosamente en el cuerpo de Xena.

 

En los años compartidos con Xena y en su convivencia con las amazonas, ha aprendido a moverse sin ser vista u oída, pero ella sospecha dentro del cuerpo que ahora ocupa, que todo en Xena es natural.

 

Se detiene de inmediato, casi como si el cuerpo actuara de "motu propio". Oye un movimiento al final del pasillo. Acoplándose contra la pared, con sigilo, mira detenidamente por el borde de la esquina, encontrando dos guardias que están al final del pasillo.

 

GABRIELLE

Perfecto. Sencillamente perfecto.

 

Suspirando y cerrando los ojos, medita su siguiente movimiento.

 

GABRIELLE

(continúa)

¿Cuáles con las posibilidades de que vigilen

una puerta por la que yo no quiera pasar?

 

Mira alrededor, pero no encuentra nada que crea que pueda usar para distraerles la atención de su posición.

 

Se dirige a la ventana, mira hacia fuera y encuentra que hay una fina repisa a lo largo del edificio del  edificio que podría acercarla al cuarto en cuestión.

 

GABRIELLE

(continúa)

Nunca es fácil nada.

 

 

Saliendo al exterior sobre la repisa, se mueve con precaución para asegurarse el equilibrio antes de intentar el primer paso. Deslizando sus pies, se desplaza a través de la repisa, acercándose poco a poco a donde espera esté situada la ventana que conduce a la oficina. Cuando coloca su pie precariamente en el siguiente paso, la repisa se derrumba y se cae.

 

Dotada de unos reflejos claramente más rápidos que los propios, se agarra a la repisa, parando su caída, y queda colgada, sobre el costado del edificio, por las yemas de los dedos. Mira abajo brevemente, y decide que caer a tierra no está entre los objetivos del día.

 

Con un gruñido y una gran concentración, se alza hasta encontrar apoyo de nuevo. 

 

GABRIELLE

(continúa)

Ahora entiendo porque le gusta

un buen masaje por la noche. El dominio

de todo esto, es algo básico. 

 

Ahora trata de seguir su camino sin resbalar otra vez, puede sentir los músculos en su cuerpo tensándose y destensándose cuando se mueve. Finalmente alcanza la última ventana sobre el lado del edificio, empuja las contraventanas de madera, esperando que el roce de éstas no despierte la atención de los guardias del otro lado de la puerta.

 

CORTE A:

 

INT. VILLA DE STALLONUS- TARDE

 

Finalmente, los hombres se han disgregado en pequeños grupos, compitiendo por el honor de ser los primeros en declamar su cuento para lo que promete ser una audiencia masiva. Homero ya lo ha decidido para si, llama a  ‘Gabrielle’ a su lado junto a Twickenham.

 

HOMERO

Cuando Merikus comience a hablar, haremos

nuestra entrada.  Twickenham y yo nos adelantaremos

desde la columna de la izquierda, y quisiera que

tú te adelantaras por la columna de la derecha. 

 

XENA

Bien.

 

Homero coloca una mano sobre el brazo de ‘Gabrielle.

 

HOMERO

También quisiera que contarás 

el primer cuento, Gabrielle.

 

Xena dirige unos engrandecidos ojos hacia Homero, su mente calcula algo adecuado que decir y que se asemeje a lo que Gabrielle respondería.

 

XENA

Esto... Yo... Gracias, Homero

por tanto honor, pero...

 

 

HOMERO

Insisto, Gabrielle. tu eres la mejor

de todos nosotros, y es tan sólo de justicia

que tengas el honor de presentar

nuestro caso, en virtud de tu maestría.  

 

Xena clava su mirada en Homero. Sabe muy bien que Gabrielle merece el honor que le ha sido otorgado. Pero también sabe que ella no es Gabrielle, y aceptando corre el riesgo de convertir el homenaje en una farsa. Aún así, el orgullo en las habilidades de su compañera y sus logros la llevan a contestar de la única forma posible. 

 

XENA

Acepto. Gracias.

 

Homero y Twickenham resplandecen.

 

CORTE A:

 

INT. SALA DEL CANCILLER - ÚLTIMA HORA DE LA TARDE

 

El sonido de unos pasos llega a través de la puerta, acercándose a la sala del cancilelr.

 

Dentro, Gabrielle inmediatamente se acuclilla, ojos y oídos alertas ante cualquier amenaza o peligro. Sus ojos caen en las sombras al otro lado de la puerta. 

 

GABRIELLE

Quedaos ahí, chicos. No

querréis que pruebe

esto ahí fuera, ¿verdad? 

 

Las sombras permanecen junto a la puerta mientras Gabrielle espera, después lentamente se alejan.

 

GABRIELLE

(continúa)

Buena decisión.

 

Levantándose, se mueve por la habitación. Una oscilante vela se acerca peligrosamente a su cabeza, pero en el último minuto, los reflejos de Xena evitan el choque. 

 

GABRIELLE

(continúa)

Uf.

 

Se agacha bajo la lámpara y se dirige a un enorme y decorado escritorio en el centro de la habitación.

 

Mirando la superficie, lo encuentra cubierto de papeles a los que echa una mirada.

 

GABRIELLE

(continúa)

Bueno, bueno. ¿Qué

tenemos aquí?

 

Gabrielle sostiene otro pergamino, casi idéntico.

 

GABRIELLE

(continúa)

Mil dinares, ¿eh?

Una bonita donación.

 

Gabrielle sostiene otro pergamino, casi idéntico.

 

GABRIELLE

(continúa)

Dos mil. No sabía que esto

de la narrativa fuera tan lucrativo.

Quizá debería... Bah.

 

Sacudiendo la cabeza con disgusto, toma asiento en una enorme silla y continúa examinando el escritorio. En la parte de atrás encuentra un pequeño panel. Presionándolo, una pequeña puerta se abre y saca varios pergaminos. Desenrollándolos uno a uno, los lee cuidadosamente hasta que encuentra lo que cree que está buscando. Mientras sus ojos recorren el tercer pergamino, sacude la cabeza, sin poder creer lo que está viendo mientras las líneas del texto van formando las palabras que la sobrecogen hasta lo más profundo. 

 

GABRIELLE

(continúa)

(suspiro angustiado)

No. Euripides. ¿Por qué?

 

 

Dejando de lado el resto de los pergaminos, toma el último que ha leído y lo guarda en su muñequera.

 

Levantándose, de mala gana mira por la ventana. Camina hacia allí y echa una mirada fuera, después con un decisivo gruñido vuelve atrás y se dirige a la puerta. 

 

GABRIELLE

(continúa)

Vamos a intentar el otro camino. 

 

Gabrielle se detiene y mira el escritorio. Sacude la cabeza con tristeza.

 

GABRIELLE

(continúa)

Supongo que tenías razón después de todo,

Maldición. De acuerdo, Eurípides. Tú

y yo vamos a tener una pequeña charla

justo después de que consulte esto con Xena. 

 

Yendo a la puerta se detiene un momento para escuchar a los hombres hablando al otro lado. Una extraña expresión cubre su rostro, y levanta sus manos, cerrando y abriendo los puños. 

 

GABRIELLE

(continúa)

Extraño....

 

Su mano derecha se cierra ligeramente como si sus dedos fueran a agarrar el pomo de una espada.

 

Gabrielle comprueba el pulso en su muñeca, después lentamente deja que su mano caiga. Mira a la puerta, y sus ojos se estrechan, una ligera sonrisa aparece en su rostro.

 

Abriendo la puerta se encuentra con dos guardias muy sorprendidos.  

 

 

GUARDIA 1

(completamente sorprendido)

¡Hey!

 

GABRIELLE

Hola colegas. Bonito día

para echarse una siesta, ¿verdad?

 

 

Antes de que cualquiera de los dos pueda reaccionar, los agarra por el cuello y golpea sus cabezas. Caen limpiamente al suelo y los arrastra hacia la habitación. Deja caer sus cuerpos y da un paso atrás, mirándolos intensamente.

 

GABRIELLE

(continúa)

Uau. Eso fue diferente.

 

Gabrielle flexiona sus manos de nuevo, después se la frota y comienza a atar a los dos guardias.

 

Cerrando la puerta baja al vestíbulo, deja el edificio rápidamente y en silencio, como entró.

 

CORTE A:

 

INT. VILLA DE STALLONIUS - ÚLTIMA HORA DE LA TARDE

 

Permaneciendo en una esquina poco iluminada, Xena observa como Eurípides, que ha estado todo el día demasiado callado y evasivo, comienza a  avanzar hacia la puerta. Después de una última y furtiva mirada alrededor, Eurípides sale sigilosamente de la villa por una puerta lateral.

 

Tomando aire profundamente, Xena se empuja del muro donde está apoyada y comienza a seguirle.

 

CERAS

¡Gabrielle!  ¡Aquí estás! ¡Por favor,

debes ayudarme con mi entrega!

 

Xena levanta la mirada a un tipo enorme vestido con una túnica de colores y, dando gracias a su nueva y diminuta estatura, se escabulle fácilmente de debajo del macizo brazo que colgaba sobre sus hombros. 

 

XENA

Lo siento Ceras, pero tengo que

ver a un hombre con un burro.

Luego te pillo.  

 

Dándose la vuelta, casi choca con varios bardos más que la rodean, suplicándole ayuda con una cosa u otra.

 

La estatura que antes bendijo ahora la maldice mientras los hombres bloquean su visión del exterior, permitiendo que Eurípides se deslice más y más lejos de su agarre. Resistiendo la urgencia de romper alguna cabeza y acabar con esto, decide un ensayado y verdadero método Gabrielle, uno que siempre ha funcionado con ella.

 

Sonríe y arruga la nariz para aumentar el efecto.

 

 

 

Los hombres le devuelven la sonrisa.

 

Uno o dos incluso se sonrojan.

 

XENA

(continúa)

(secretamente impresionada)

Lo siento, chicos, pero tengo que ocuparme

de un asunto. volveré con vosotros

tan pronto como pueda, ¿de acuerdo?

 

Los hombres asienten vigorosamente y, por arte de magia, el camino hacia la puerta se abre para ella.

 

XENA

(continúa)

Hm. Eso fue diferente.

 

Sale rápidamente y casi llega al exterior cuando una mano en su hombro la detiene. Se da la vuelta, deteniéndose cuando Homero da un paso atrás al ver la mirada en su cara. Controlando cuidadosamente el aspecto de su rostro, le mira expectante.

 

HOMERO

El sol casi se ha puesto.

Es el momento de ir.

 

Xena le mira indecisa por un momento. 

 

XENA

He estado pensando acerca de esto,

Homero y...

 

HOMERO

Gabrielle, lo prometiste.

Por favor. Necesitamos tu ayuda.

 

Suspirando, Xena finalmente asiente. 

 

XENA

Bien, entonces. Vamos.

 

CORTE A:

 

EXT. JARDINES DE LA ACADEMIA -  CASI AL ATARCEDER

 

Gabrielle sale del edificio principal, observando a su alrededor la enorme muchedumbre amontonándose en el vestíbulo no lejos de ahí. Se ven mujeres y hombres de todas las clases y edades cerca del escenario como ante un precipicio. Se respira un aire tenso lleno de expectación y ansiedad.

 

GABRIELLE

Uua, la última vez que vi semejante

multitud fue en el coliseo romano. 

 

 

Se mueve entre la gente, entre el escenario, buscando a Xena.

 

Entonces, descubre una figura vagamente familiar entre la multitud, como un salmón remontando la corriente. Sus ojos estudian al hombre cuando éste levanta la cara y lo reconoce.

 

GABRIELLE

(continúa, susurrando)

Eurípides.

 

Va a su encuentro al tiempo que se detiene entre los árboles a la izquierda del escenario. Donde de repente él desaparece de su vista. Después de un largo escudriñamiento, hace un mohín y empieza a moverse de nuevo entre la multitud hacia los árboles y Eurípides.

 

El gentío, sin embargo, tiene otras ideas, ni siquiera esa mujer, totalmente armada y de mirada fiera, les impida tratar de encontrar los mejores asientos dentro de la casa. Con fuerza se mueve contra ellos y con la misma fuerza, sino es más, ellos lo hacen contra ella, forzándola a retroceder dos pasos, por cada uno que ellos ganan.

 

El tiempo corre, y finalmente piensa que no tiene otra opción más que usar una de las técnicas de Xena.

 

Sacando la espada, la blande frente a sí.

 

GABRIELLE

(continúa)

¡A un lado!

 

 

La oleada de gente se detiene, con los ojos abiertos de par en par.

 

GABRIELLE

(continúa)

¡Ahora!

 

Se abre el camino a los árboles, Gabrielle sonríe, impresionada.

 

Envaina la espada, a la par que se mueve por el camino ahora despejado, como si le perteneciera. 

 

GABRIELLE

(continúa, murmurando para sí)

Me puedo acostumbrar a esto.

 

CORTE A:

 

EXT. ESCENARIO – ATARDECER

 

Xena permanece a un lado del escenario, seriamente preocupada. Gabrielle no está por ningún lado, al igual que Eurípides, que también sigue sin aparecer.

 

Tomando su preocupación por simple ansiedad, Homero se acerca sonriendo.

 

HOMERO

Lo harás bien, Gabrielle. Tengo fe en que

todo salga esta noche como lo planeamos.   

 

Xena le sonríe distraída al tiempo que asiente. 

 

XENA

Oh si, seguro.

 

 

Twickenham está detrás de Homero y les sonríe a ambos.

 

TWICKENHAM

Merikus se sitúa sobre el escenario.

Está empezando.

 

CORTE A:

 

EXT. ÁRBOLES - ATARDECER

 

Atisbando entre el follaje, Eurípides empuña su pequeño arco, al tiempo que los estudiantes y alumnos de la academia encabezados por Homero y  ‘Gabrielle’ entran al escenario por detrás de Merikus, quien continúa su discurso en alto y aspecto tono. 

 

Una mano le toca el cuello, a la par que una afilada espada. 

 

GABRIELLE

(suavemente)

Suéltalo.

 

El se congela.

 

GABRIELLE

(continúa)

Suéltalo, Eurípides. No estoy bromeando.

 

lentamente, para no cortarse, vuelve la cabeza, enfrentándose a los fieros ojos azules de la princesa guerrera.

 

EURIPIDES

Yo....

 

GABRIELLE

No me interesan tus excusas,

Eurípides, suéltalo, ¡ahora!

 

CORTE A:

 

EXT. ESCENARIO - OSCURECIENDO

 

Recibiendo de Homero su entrada, Xena respira profundo, y avanza directamente hacia donde está el monótono y aburrido Merikus. Ella recorre la multitud en busca de Gabrielle, pero después de un segundo, levanta una mano y frota sus ojos, sacudiendo la cabeza ligeramente.

 

XENA

(murmurando para sí)

Quizá ese sea su secreto.

Ella simplemente no ve

a toda esa condenada gente mirándola. 

 

 

 

Merikus la mira de reojo, tose pero continúa su discurso.

 

MERIKUS

Y todos por supuesto conocemos a la grandiosa,

magnífica bardo de Potadeia,

quien nos ha honrado con su presencia.

 

Xena mira por encima de la multitud. Mira hacia abajo y ve sus manos temblando. Se pasa la lengua por los labios, dándose cuenta que está más embrollada de lo que pensó. Un millar de ojos la observan.

 

Xena inhala profundamente. Sus ojos se desorbitan poco a poco al tiempo que Merikus va terminando su discurso de presentación. No tiene la más mínima idea de lo que dirá cuando acabe.

 

CORTE A:

 

EXT. ÁRBOLES - OSCURECIENDO

 

Gabrielle mira a Xena, dándose cuenta por la expresión de su rostro, del apuro en el que se encuentran.

 

GABRIELLE

Oh dioses.

 

EURÍPIDES

Es casi el momento.

¡Tienes que escucharme!

 

Parpadeando, Gabrielle regresa su atención donde el traidor. Sus ojos lo estudian.

 

GABRIELLE

¿Escucharte? Por qué querrías tú acallar su voz,

y la de otros como ella,

es algo que va más allá de mi comprensión.

 

EURIPIDES

¿Acallarla?  Xena, yo no quiero eso.

Quiero darles a ellos la

misma oportunidad que yo tuve.

 

GABRIELLE

¿Asesinando a Homero?

 

EURIPIDES

¿¿Homero??Me temo que estás equivocada,

Xena.  No estoy tratando matarlo.

Trato de salvarlo.

 

Gabrielle pasa con su mirada de su cara a la ballesta que tiene en las manos y a su cara de nuevo. 

 

GABRIELLE

Me perdonarás si

tengo mis dudas. 

 

EURIPIDES

Esto no es para Homero.

 

Indica el escenario.

 

EURIPIDES

(continúa)

¡Es... ahhh!

 

Gabrielle da una sacudida y se vuelve a tiempo de encontrarse con un enmascarado con capa saltando hacia ella, con una espada extendida hacia Eurípides.

 

GABRIELLE

¡Hey!

 

Gabrielle empuja al asaltante hacia atrás y lo enfrenta. Este da la espalda a Eurípides y la ataca usando su espada con habilidad y agresión. 

 

EURIPIDES

¡Espera!

 

El hombre le da un puñetazo a Eurípides y se cae sin hacer ruido. Gabrielle trata de que sus instintos asuman el control. Da un paso hacia delante y gira su espada, pero no logra dar en el lugar correcto y el hombre lo desvía fácilmente, conduciéndola un paso para atrás. 

 

GABRIELLE

¿Por qué no es esto tan fácil

como aparenta ser con ella?

 

 

 

CORTE A:

 

EXT. ESCENARIO - ANOCHECER

 

Xena ve algún desorden al fondo de los espectadores, pero no puede discernir lo que sucede.

 

MERIKUS

¡Y ahora, les dejo con

la magnífica  Gabrielle!

 

Los espectadores rompen en aclamaciones y aplausos. Xena sólo los  mira. Después de un segundo, los aplausos se desvanecen y se impone el silencio. 

 

Xena respira profundamente para hablar, entonces, cuando el último aplauso desaparece, oye el sonido de espadas golpeándose y repentinamente pone su mano sobre el estómago.

 

 

XENA

(susurrando)

Gabrielle.

 

Los espectadores murmuran y se encogen de hombros. 

 

MERIKUS

¿Gabrielle? Estamos esperando

tus deslumbrantes palabras. 

 

Xena busca entre los espectadores de nuevo, pero no encuentra a Gabrielle por ningún lado.

 

XENA

Bueno... Yo tengo... algo

que decirles.

 

Xena se queda en silencio y cierra los ojos.

 

 

CORTE A:

 

EXT. ÁRBOLES - ANOCHECER

 

Gabrielle se tropieza, no puede controlar el cuerpo de Xena usando sus propios instintos.

 

HOMBRE ENCUBIERTO

¡Ja! ¡La gran Xena no es

tan grande como pensábamos!

 

GABRIELLE

Maldita sea. No puedo usar esta cosa. 

 

El hombre viene tras ella. Gabrielle se echa hacia atrás, agachándose bajo la espada del hombre, pero casi dándose en la cabeza contra una rama del árbol bajo el que están peleando.

 

Euripides se levanta un poco tembloroso a sus pies y trata de agarrar al hombre.  El hombre se vuelve y le pega, y cuando empieza a caer, alza su espada para acabar con él. 

 

Gabrielle se lanza hacia adelante y agarra a Eurípides a media caída, lanzándose con él fuera del alcance del hombre. Golpean la tierra y Gabrielle se revuelca para tratar de pararse, pero encuentra que su espada está atrapada bajo el cuerpo de Eurípides y mira hacia arriba para encontrar la espada del asaltante dirigida hacia ella.

 

Cierra los ojos.

 

GABRIELLE

(continúa, susurrando)

Xena, te necesito.

 

 

CORTE A:

 

EXT. ESCENARIO - ANOCHECER

 

Xena permanece inmóvil, con los ojos cerrados, los espectadores olvidados.

 

CORTE A:

 

INT. OJO MENTAL DE XENA

 

Un trueno se oye. Dos pares de bombardeos. 

 

GABRIELLE

(voz en off)

¡Xena!

 

Xena está de caza, siguiendo el sonido. Una luz deslumbrante aparece y corre hacia ella.  Los bombardeos se fortalecen, haciéndose casi insoportables.  Mientras Xena corre, los truenos cambian de tono, volviéndose uno solo, cambiando a un tono reconocible como el latido de corazón.

 

De dos latidos volviéndose uno.

 

 

CORTE A:

 

EXT. ÁRBOLES - ANOCHECER

 

El asaltante da un grito de triunfo y alza su espada, bajándola hacia el cuerpo arrodillado de Xena.

 

HOMBRE ENCUBIERTO

¡Te tengo!

 

Mientras que la espada se acerca como un susurro hacia su cuello, la figura inmóvil se mueve y la evade en un abrir y cerrar de ojos.

 

El hombre se gira, pero mientras recupera el equilibrio, Xena se levanta y le confronta, con la espada en la mano y una sonrisa fiera en su cara.

 

XENA

Oh sí. Me tienes.

 

 

Xena gira su espada.  Ataca al hombre con gusto, cortándole su capa en tiritas.

 

El hombre se tropieza para atrás. Xena se le echa encima, rompiéndole la capucha como triunfo. No es nadie que hayamos visto antes. 

 

XENA

(continúa)

Qué mal plan.

 

Extrañamente, el hombre sólo le sonríe.

 

CORTE A:

 

EXT. ESCENARIO - ANOCHECER

 

Merikus avanza a zancadas hacia Gabrielle.  Homero corre tras él.

 

MERIKUS

¡Como siempre sospeché! 

¡Eres una impostora! ¡Una farsante!

¡Guardias!

 

HOMERO

¡No, espera!

 

Gabrielle abre sus ojos y lo mira.  Extiende los brazos y respira profundamente.

 

GABRIELLE

Canto de una reina amazona, quien

en su pena, peleó valientemente

contra la traición y alcanzó un lugar

más allá de la muerte para rescatar

a una guerrera caída del sepulcro.

 

La voz de Gabrielle sube sobre los espectadores, quienes se callan para poder escuchar.

 

GABRIELLE

(continúa)

Canto hoy sobre la pena y pasión

y un amor tan inmenso que tiene el 

poder de hacer de dos vidas...

(sonríe)

una.

 

Merikus se detiene sorprendido.  Homero le da un empujón.

 

HOMERO

¡Te lo dije!

 

Merikus se da la vuelta y mira a Homero con odio. Twikenham se sitúa detrás de ellos, instando a Gabrielle a continuar.

 

TWICKENHAM

Ch-ch...chicos. Es... estamos i...

in... interrumpiendo... a nuestra i-i-i-invitada.

 

Merikus y Homero se aplacan y se inclinan hacia Gabrielle. Twickenham y Merikus intercambian miradas.

 

Gabrielle se gira y mira a los espectadores, y de repente se tira al piso mientras Xena salta al escenario, lanzándose directamente sobre la cabeza de Gabrielle y hacia los tres hombres.

 

Las figuras se mueven varias veces antes de parar. Una cuchilla se resbala por el piso hasta pegar contra la bota de Gabrielle. Ella se inclina a recogerla y se mueve hacia donde está Xena, quien se aparta del aspirante a asesino. 

 

XENA

Aquí está tu traidor, Homero.

 

Homero y sus compatriotas gritan con asombro cuando la cara del asesino se enrojece al revelarse.

 

HOMERO

¿¡¿¡¿Twickenham?!?!?

 

Merikus se pone de pie con la cara enrojecida de ira. Varios guardias aturdidos se amontonan alrededor de ellos.

 

MERIKUS

Ahora mirad aquí....

 

GABRIELLE

¡Guardias!  Arrestad a este hombre por

conspiración en el asesinato del

legítimo rector de la Academia.  

 

GUARDIA

¿Twickenham?

 

Gabrielle apunta.

 

GABRIELLE

No, Merikus.

 

 

MERIKUS

¡Esperad un momento! Yo...

 

GABRIELLE

(con ira)

¿¿Cuánto te pago,

  Twickenham??

 

TWICKENHAM

Yo...Yo...Yo...

 

GABRIELLE

¿¡¿Cuánto?!?

 

Xena lo agarra de su túnica y le da una buena sacudida.

 

XENA

Yo te sugiero que le respondas.

 

 

TWICKENHAM

D-d-diez m-m-mil dinares.

Y el puesto de as-as-asistente rector. 

 

MERIKUS

¡Mentira!  ¡Son todo mentiras!

¡Me están tratando de involucrar!

¿¿No lo veis??  Están todos compinchados.

Intentan desacreditarme.

¡Están mintiendo! ¡¡¡Todos!!!

 

Eurípides da un salto sobre el escenario y camina hacia el grupo, sacando un pergamino de su túnica.

 

EURIPIDES

No mienten. Mirad esto.

 

Un guardia toma el pergamino y lo abre para revelar un contrato entre Twickenham y Merikus;  un contrato escrito por la misma mano que redactó los documentos condenando a Eurípides, encontrados por Gabrielle anteriormente.

 

GUARDIA

Está es tu mano, Merikus.

La reconozco del contrato

que escribiste para mi esposa

y para mi durante la última cosecha. 

 

MERIKUS

¡Mentiras! ¡¡Están todos mintiendo!!

¡Todos! ¡Todos!

 

GUARDIA

Llevadle a la cárcel.

A ese también.

 

Xena les pasa a los guardias a Twickenham.  Mira a sus amigos reunidos, con lágrimas en sus ojos tristes.

 

TWICKENHAM

¡Y-y-y-yo estoy a-a-apenado!

 

Nadie le responde mientras se lo llevan.

 

Mientras los hombres salen de vista, Homero se vuelve hacia Xena. 

 

HOMERO

Gracias Xena. Me salvaste la vida.

 

XENA

(mirando a Gabrielle)

Tuve mucha ayuda.

 

Gabrielle sonríe y se frota la nariz.

 

HOMERO

Claro. Formáis un equipo formidable.

 

GABRIELLE

(sarcástica)

Tenemos muchas, muchas habilidades.

 

 

Homero se ríe silenciosamente, mirando de una a otra.

 

HOMERO

Eso sí que lo creo. Gracias

a las dos. Le habéis hecho a la Academia

de Atenas un gran servicio.

 

Xena y Gabrielle asienten simultáneamente.

 

GABRIELLE

Cuando quieran. ¿Verdad Xena?

 

XENA

Claro.

 

Gabrielle indica a los espectadores, que están empujándose para tratar de ver qué sucede.

 

GABRIELLE

Creo que deberías tratar de distraerlos.

¿Conoces alguna buena historia?

 

Homer sonríe y avanza hacia los espectadores seguido por sus amigos.

 

HOMERO

Solo déjamelos a mí.

 

Xena y Gabrielle se mueven a un lado entre las sombras donde se paran a mirar, con las manos agarradas.  Después de un momento, intercambian miradas.

 

GABRIELLE

¿Estás bien?

 

Xena asiente.

 

XENA

¿Y tú qué tal? Eso era...

 

La voz de Xena disminuye. Gabrielle asiente. 

 

GABRIELLE

Si, definitivamente era.

 

XENA

Pudo haber sido peor.

 

Gabrielle piensa por un momento.

 

GABRIELLE

Yo creo que necesito tiempo para reflexionar...

reflexionar sobre todo.

Pero estoy contenta de estar en casa de nuevo. 

 

Xena sonríe y aprieta la mano de Gabrielle afectuosamente.

 

XENA

Si, yo también. Se me estaba torciendo 

el cuello por ser tan baja. 

 

Gabrielle pone una mano sobre su cadera y le lanza a Xena una mirada.

 

GABRIELLE

No empieces.

 

 

Xena sonríe.

 

XENA

Pensé que te gustaba mi cuerpo. 

 

GABRIELLE

Mm... Digamos que necesitamos

hablar sobre algunos de tus impulsos. 

 

Las cejas de Xena se enarcan y se quedan allí.  Es el turno de Gabrielle para sonreír.

 

FUNDIDO A NEGRO.

 

FIN DEL CUARTO ACTO

 

APÉNDICE

 

ABRE DE NEGRO:

 

EXT. VILLA DE HOMERO - DÍA

 

Sus cosas están empaquetadas, Xena y Gabrielle, contentas de estar en sus propios cuerpos, se preparan para el camino. Homero y Eurípides las alcanzan antes de que salgan.

 

HOMERO
¿Estáis seguras de que no os quedáis?

 

EURIPIDES

Si, estamos planeando una

gran celebración esta noche.

 

GABRIELLE

Gracias chicos, pero

tenemos que seguir moviéndonos. 

 

EURIPIDES

(dubitativamente)

Bueno, si estáis seguras.

 

XENA

Si, lo estamos.

 

 

HOMERO

Quisiera volver a daros las gracias.

Si no fuera por vosotras, podría estar

muerto, y la Academia, una vez

más, en manos de comerciantes.

Si algún día hay algo

que pueda hacer para ayudaros,

por favor, no tenéis más que decírmelo. 

 

Gabrielle sonríe.

 

GABRIELLE

No es necesario. Es lo que hacemos.

Sólo dar la misma oportunidad a todos

de estudiar y aprender allí.

Eso es lo único que pedimos.

 

HOMERO

Tenéis mi palabra.

 

Gabrielle se pone seria.

 

GABRIELLE

Todavía no lo puedo creer.

De toda la gente, tenía que ser Twickenham.

 

EURIPIDES

Yo tampoco lo quería creer.

Hasta cuando las pruebas estaban allí..

(pausa)

Era mi mejor amigo.

 

GABRIELLE

Cómo quisiera entender por qué lo hizo.

 

 

EURIPIDES

Era por su tartamudeo. Que no le dejaba

que fuera el bardo que deseaba ser.

Creo que después de un tiempo... se

dio por vencido. Era más fácil unirse a los

ricos que estaban dispuestos a ofrecerle

lo que fuera, que continuar luchando

haciendo algo en lo que él sabía que jamás

sería lo suficientemente bueno. El

siempre quería respeto y sentía que

nunca lo tendría con su tartamudeo.

 

XENA

Pero, ¿por qué involucrarnos a nosotras?

Es lo que no entiendo.

 

HOMERO

(moviendo la cabeza)

¿Pensaría que así serviríais de distracción?

 

EURIPIDES

(seriamente)

Probablemente pensó que tendría

a alguien a quien culpar de la muerte.  

(disculpa)

Perdona, Xena.

(pausa, a Gabrielle)

Merikus siempre tuvo la idea

de que tú no estabas... hum...

 

GABRIELLE

¿Diciendo toda la verdad en los pergaminos?

 

HOMERO

Si, algo así.

 

EURIPIDES

(suspirando)

Y supongo que Twickenham

sólo quería ser alguien

importante por un tiempo.

 

Xena y Gabrielle intercambian una mirada significativa.

 

GABRIELLE

Tal vez sea una buena fantasía,

pero la realidad no es como

aparenta ser, créeme.

 

Homero y Eurípides la miran extrañados.

 

GABRIELLE

(continúa)

Sólo... toma mi palabra.

 

Xena inclina la cabeza hacia los dos.

 

XENA

Homero.  Eurípides.

 

HOMERO

Que tengáis buen viaje, Xena. Por favor vuelve a

traernos a Gabrielle de visita muy pronto.

Me encantaría oír el final de la historia

que estaba contando.

 

Gabrielle sonríe.

 

GABRIELLE

Sí, también a mí.

 

Xena y Gabrielle se van, dos hombres desconcertados mirando tras ellas.

 

FUNDIDO A NEGRO.

 

DESCARGO

El sentido de sí mismas de Xena y de Gabrielle, no fue dañado durante la fabricación de esta película. Argo, sin embargo, está solicitando varias semanas de terapia intensiva.