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ACTO TERCERO

 

ABRE DE NEGRO:

 

EXT. POSADA DE CYRENE – ENTRADA PRINCIPAL – MOMENTOS DESPUÉS

 

Gabrielle sale corriendo de la posada, con los sais en las botas, empuñando la espada de Xena en una mano y el chakram en la otra. Es una vista impresionante, los animales pequeños salen corriendo con terror por donde pasa.

 

Los escombros esconden la pelea que se escucha ruidosamente del otro lado.

 

GABRIELLE

¡Xena!

 

XENA

(voz en off)

¿¿¿Qué???

 

GABRIELLE

¡Ya vengo!

 

 

XENA

(V.O.)

¡Tómate tu tiempo!

 

Gabrielle frunce el seño, pero no desminuye su paso. Se mete entre los escombros y desaparece.

 

CORTE A:

 

EXT. POSADA DE CYRENE – TRAS LOS ESCOMBROS - CONTINÚA

 

Ocho bandidos rodean a Xena, cabalgan a su alrededor tratando de atacarla.

 

Xena se detiene en el centro con un montón de palos, y se defiende de cada hombre cuando intentan acercarse.

 

XENA

¡Vamos cobardes!

¿Le tenéis miedo a una mujer?

 

Xena toma la tabla más grande del montón y la mueve como un bate de béisbol que no será inventado hasta otros dos milenios después. Uno de los forajidos se dirige a ella, gritando a todo pulmón. Xena espera hasta el último momento y le da un golpe en la cabeza que lo tumba del caballo.

 

Él se mantiene colgado de la montura, tratando salvajemente de sacudiírsela mientras el caballo galopa camino de las colinas.

 

XENA

(continúa)

(riéndose)

¡¡¡¡Perdedores!!!!

 

 

Detrás de los setos, los aldeanos contemplan la acción, preocupados al ver que Xena va ganando a lo bandidos.

 

Gabrielle se detiene y trata de ver cómo darle a Xena sus armas, pero pronto se da cuenta de que se defiende muy bien con lo que tiene.

 

GABRIELLE

(susurrando)

Aún le gusta la variedad.

 

 

Por un momento no sabe qué hacer. No quiere dejar las armas de Xena para que los forajidos las roben, pero tampoco quiere usarlas.

 

Un bandido la ve, y le resuelve el dilema volviendo su caballo y atacándola. Gabrielle se agacha bajo su espada y balancea el arma de Xena hacia arriba cortándole así la mano que sujetaba el arma

 

BANDIDO

¡¡¡Ahhh!!!

 

El bandido salta de su caballo hacia Gabrielle. Instintivamente, ésta lleva la mano izquierda con el chakram alrededor del cuello y se lo corta. Él cae a tierra en un baño de sangre.

 

Gabrielle retrocede y mira el cuerpo.

 

GABRIELLE

No es tan sencillo

como antes.

 

Gabrielle sacude la cabeza y mira hacia Xena para comprobar que a pesar del  caos de hombres y caballos, Xena también la mira fijamente.

 

Sus ojos se encuentran momentáneamente cuando dos bandidos se mueven con rapidez hacia ellas y la pelea continúa.

 

Xena deja sus palos y salta hacia el bandido principal, agarrándolo del cuello al volar por encima de él y tirándolo de su caballo a la tierra. Alza su mano y en un instante atrapa su espada y la hace girar apuntándola a la garganta.

 

XENA

¡¡DETENEOS O LO DEGÜELLO

COMO EL PUERCO QUE ES!!

 

Los forajidos lentamente se detienen y la miran. Gabrielle se hace a un lado, sosteniendo el chakram.

 

XENA

(continúa)

No se a qué os habéis 

acostumbrado, escoria, pero 

no sois bienvenidos.

 

 

Xena presiona la espada contra la garganta del jefe de los bandidos.

 

JEFE DE LOS BANDIDOS

¿Crees que puedes detenernos?

 

Xena se aproxima, cortando la piel del hombre con la espada.

 

XENA

Yo creo que sí.

(cortando más hondo)

Y tú también.

 

El bandido hace muecas de dolor.

 

Xena se acerca más.

 

XENA

(continúa)

Éste es mi hogar.

 

JEFE DE LOS BANDIDOS

¡No es lo que piensan los demás!

 

XENA

Me importan un bledo los demás.

(silbando)

¡Fuera de aquí!

 

Xena súbitamente se pone en pie, llevándose al asaltante junto con ella. Lo levanta y lanza hacia el resto de los hombres, al mismo tiempo que suelta un grito salvaje.

 

XENA

(continúa)

¡¡¡¡Yeaaahhhhh!!!!

 

Los señala con su espada.

 

XENA

(continúa)

Si regresáis, juro

que os mataré a todos.

 

 

El asaltante se limpia la sangre de su cuello y va arrastrándose hasta su caballo.   Mira con odio a Xena, mientras les indica a sus hombres que se retiren.

 

JEFE DE LOS BANDIDOS

Xena, no creas que esto termina así.

 

Xena pone los ojos en blanco como diciendo “ He estado ahí y he hecho lo mismo” tantas veces que si hubiera obtenido una camisa por ello, tendría  ya una colcha.  Los forajidos se alejan a galope.  El caballo del hombre muerto los sigue, con las bridas meciéndose libremente.

 

Los aldeanos se escabullen rápidamente.

 

Dejan a Xena y Gabrielle solas, juntas, erguidas cerca de un montón de escombros. Después de un rato, Gabrielle sujeta el borde de su falda, limpia  la sangre del chakram  y se lo da a Xena.

 

GABRIELLE

No lo has necesitado.

 

Xena lo agarra pasándolo a la mano donde tiene su espada, sin decir ni una palabra coloca su brazo alrededor de Gabrielle, la acerca hacia ella y con una expresión melancólica coloca su mejilla sobre la cabeza de Gabrielle.

 

GABRIELLE

(continúa)

¿Estás bien?¿A qué se debe esto?

 

La mirada de Xena se entristece.

 

XENA

Sentí el deseo de hacerlo. ¿Podrías llevar

esto dentro mientras limpio fuera?

 

Gabrielle mira al asaltante muerto, después a Xena. Recoge la espada  y el chakram.

 

GABRIELLE

(asiente)

De acuerdo, te veo dentro.

 

 

Gabrielle gira y se dirige a la posada.  Xena la observa, mientras se sienta sobre el montón de escombros, apoyando los codos en las rodillas.

 

El atardecer dibuja a Xena, la destrucción, y al asaltante muerto como si fuesen salpicados por una luz rojiza y dorada.

 

FUNDE A:

 

INT.  POSADA DE CYRENE – COCINA - ATARDECER

 

Gabrielle permanece cerca de la ventana, a la cual destrozaron las contraventanas, dejando sólo un espacio vacio que da al exterior.

 

Ha limpiado el interior de la cocina de la mayor parte de los muebles destruídos y  los escombros. Aun así, está en malas condiciones, hay boquetes en la pared y en el techo, y se puede ver el cielo sobre la cabeza de Gabrielle.

 

La bolsa de viaje de Gabrielle está en el suelo cerca de sus pies. Usa una tabla rota colocada sobre dos pedazos de madera que sobresalen de la pared como si fuera una mesa, y preparaa algo de comida que saca de su bolsa.

 

Aparece una figura en la puerta de la cocina y la observa en silencio.

 

Después de un corto tiempo, Gabrielle siente que la están observando y se gira, pero la figura desaparece antes de que pueda enfocarlo. Suelta el pequeño cuchillo, deja lo que está haciendo, va a la puerta y obseva fuera.

 

GABRIELLE

Sabes que tendrás que salir

en algún momento.

 

(pausa)

No te dañaremos.

(esperando)

¿Tienes hambre?

 

Nadie contesta. Gabrielle mueve la cabeza mientras regresa a su tarea. Recoge el cuchillo y los restos de comida, colocándolos en una cacerola de hierro.

 

Recoge la cacerola, dirigiéndose a la chimenea destruíida donde ha limpiado una esquina, y prepara un pequeño fuego. Coloca la cacerola sobre él, sentándose sobre un pequeño tocón de madera. Mira a su alrededor, a los huecos en el techo, y al madero donde descansa, sacudiendo nuevamente su cabeza.

 

Xena se detiene en la entrada, la observa de igual manera que la figura había hecho momentos antes. Gabrielle lo siente también, pero no se sorprende cuando levanta la cabeza y ve a Xena parada allí.

 

XENA

¿Qué pasa?

 

Xena entra y se arrodilla cerca de Gabrielle, quien empuja un madero hacia ella,  mientras le da una palmadita indicando así que se siente sobre él.

 

GABRIELLE

Solamente cocino una sopa.

 

Xena se sienta sobre el tocón.

 

XENA

No tenías que hacerlo.

 

(mirando a su alrededor)

Aún con todo lo que me odian,

hubiese podido comprar la

panadería que está en el camino.

 

Gabrielle empuja un tercer tronco, algo mas bajito, colocándolo entre ellas. Hace un gesto hacia Xena.

 

GABRIELLE

Vamos, Xena. ¿Cuántas veces tengo que

servirte la cena en la mesa de tu cocina?

 

XENA

(sonriendo ligeramente)

Es verdad.

 

Mira a su alrededor.

 

XENA

(continúa)

Cuando éramos pequeños, acostumbrábamos

a comer aquí, todo el tiempo,

 

Gabrielle saca un trozo de vela y lo coloca sobre la madera.

 

XENA

(continúa)

Mañana iré a ver si pesco algo.

Debemos de tener pocas provisiones.

 

GABRIELLE

¿Teniendo en cuenta que he cortado algo de piel de

tu armadura y la he puesto en la sopa? Sí.

 

Xena reacciona, mirando a Gabrielle con preocupación.

 

GABRIELLE

(continúa)

Sólo bromeaba. Trae.

 

Gabrielle sirve sopa para Xena y le da la mitad del panecillo que tiene a su izquierda. Enciende la vela y se sientan juntas silenciosamente durante un momento.

 

XENA

No creo que esos bastardos se queden

lejos por mucho tiempo.

 

GABRIELLE

Yo tampoco. Así que ¿qué vamos a hacer? ¿quedarnos

y mantenerlos a distancia sólo golpeándolos?

 

 

Xena mira a Gabrielle. Gabrielle sigue comiendo.

 

GABRIELLE

(continúa)

Hace mucho tiempo que estamos aquí, al menos la gente

de los alrededores puede tener una oportunidad.

 

Xena rompe despacio un pedazo de pan y juega con él.

 

XENA

Sí. Pueden. Por un tiempo. Oye, has hecho

 un buen trabajo consiguiendo limpiar este sitio.

 

Gabrielle mira alrededor. Sonríe.

 

GABRIELLE

Bien, he vivido con mi familia... luego he vivido

contigo. Realmente nunca he tenido un lugar propio.

(pensando)

Estar aquí es una sensación interesante.

 

XENA

(pensativamente)

Sí, lo es.

 

 

Xena mastica despacio su pan. Gabrielle bebe su sopa. Detrás de ellas, una figura aparece en la entrada externa, echando una ojeada alrededor y hacia ellas.

 

CORTE A:

 

EXT. POSADA DE CYRENE - ENTRADA PRINCIPAL - POR LA MAÑANA – CINCO DÍAS MÁS TARDE

 

Xena camina a lo largo del frente de la posada, hacia Argo II. El caballo está tirando de una carga de troncos recién cortados y no parece importarle.

 

Xena lleva su traje de cuero y botas, sin la armadura, y es evidente que ha estado haciendo algún trabajo muy duro con ellos. Hay cortes y rozaduras en el cuero, y manchas de brea sobre las piernas y el cuero de Xena.

 

Sin embargo, Xena está silbando bajito y aparenta buen humor.

 

XENA

Vamos chica. La última carga

por hoy. Te lo prometo.

 

ARGO II

(relincho irónico)

 

Xena ríe. Libera los troncos cercanos a la posada y da una palmada a Argo II en el lomo.

 

XENA

Continúa. Yo cumplo mis promesas.

 

Argo II sale al trote, no necesita que se lo digan dos veces. Xena recoge un tronco y lo pone sobre un improvisado caballete, recogiendo su hacha y girándola en su mano.

 

Se detiene, y da la vuelta para mirar la posada.

 

Comienza a parecer una posada otra vez. Los soportes de madera recién cortados están ahora en su lugar, y las paredes frontales ya no tienen agujeros en ellas. En las ventanas aún hay sólo huecos, pero una nueva capa de paja cubre la mayor parte del tejado. Un sitio está abierto, faltan soportes.

 

Xena oye a alguien acercándose por detrás y se gira, encontrándose  a seis o siete aldeanos. Deja su hacha a un lado, y pone su otra mano en la cadera.

 

XENA

(continúa)

Otra vez no.

 

Los aldeanos se acercan. Uno se aproxima más que los demás. Es el mismo hombre que ha hablado la mayor parte del tiempo.

 

XENA

(continúa)

¿Qué ocurre ahora, Jares?

 

 

JARES

Un comerciante pasó.

(haciendo una mueca)

No quiso quedarse, naturalmente.

 

Xena se encoge de hombros.

 

JARES

(continúa)

Contó que un hombre en el camino le dijo que el señor

 de la guerra Xerxes es el que está detrás de los asaltantes.

Está realmente loco después de lo que pasó aquí.

 

Xena se encoge de hombros de nuevo.

 

JARES

(continúa)

Va a venir y destruir la villa

si tú no vas a por él.

 

Xena gira el hacha de nuevo.

 

XENA

Puede intentarlo si quiere.

Yo no voy a ningún sitio.

 

Los aldeanos se miraron unos a otros.

 

JARES

Es lo que pensamos que dirías. Así que

 aquí estamos. Nos marchamos todos. Hoy.

 

Jares se gira y camina siguiendo al resto de los lugareños. Detrás de Xena,  Gabrielle aparece en la entrada de la posada, escuchando lo que sucede.

 

XENA

¿Por qué te molestas en contármelo?

 

Los aldeanos se detienen, y Jares la mira por encima del hombro.

 

JARES

Una vez tu madre fue nuestra amiga. Quiero seguir

pensando que no se equivocaba contigo

 

Jares sacude la cabeza y continúa a través de los árboles. Gabrielle camina hacia Xena. Gabrielle viste una camisa mediocre sujeta con un cinturón,  y botas. La camisa está generosamente manchada con casi todo, su color es imposible de determinar.

 

XENA

(con sarcasmo)

Me pregunto que significará eso.

 

GABRIELLE

Teniendo en cuenta las variadas opiniones

de tu madre desde que te conozco,

puede significar casi cualquier cosa.

 

Xena se rasca el mentón y se encoge de hombros, dándole la razón. Parece algo desilusionada, sin embargo.

 

XENA

Creía que se estaban

acostumbrando a nosotras.

 

Gabrielle limpia sus manos en una toalla que cuelga de su cinturón.

 

GABRIELLE

Bueno, tal vez sea lo mejor, Xena.

Se van, nos encargamos del señor 

de la guerra... y tal vez regresen.

 

XENA

Tal vez. Pero ahora necesitamos

encargarnos del señor de la guerra.

(suspirando)

Maldición, se multiplican como conejos.

 

GABRIELLE

Hum. ¿Crees que deberíamos empezar a

castrarlos en lugar de matarlos?

 

 

Xena reacciona mirándola impresionada. Pero Gabrielle sonríe y le hace un guiño.

 

GABRIELLE

(continúa)

Sólo bromeaba. 

¿Necesitas ayuda?

 

Xena se relaja. Levanta el tronco de nuevo y Gabrielle levanta el otro extremo. Empujan el tronco en el refuerzo y Xena comienza a talarlo con su hacha mientras Gabrielle lo sujeta.

 

Hacen una pausa al oir pisadas y ruedas de vagón aproximándose. En el camino que pasa por la taberna, los aldeanos se retiran, llevando sus posesiones consigo. Ninguno las mira a su paso.

 

GABRIELLE

(continúa)

(en voz alta)

Buena suerte.

 

Los aldeanos siguen, sin girarse a mirar. Después de un corto silencio, Xena continúa talando.

 

CORTE A:

 

INT. POSADA DE CYRENE - COCINA – NOCHE

 

Prácticamente han reconstruído la chimenea con piedras del río, y han reparado las patas de las mesas de trabajo contra las paredes. Todo el interior está ordenado y pulcro, y hay una nueva mesa en el centro del cuarto. En su centro hay un jarrón de barro con un puñado de flores silvestres.

 

Gabrielle entra y enciende algunas velas, creando un cálido y dorado brillo en el cuarto. Ahora lleva puesta una camiseta blanca limpia, y tararea en voz baja mientras pone platos de madera y utensilios para comer.

 

Xena aparece en el corredor, también aseada y arreglada. Se apoya en el borde recién arreglado de la puerta y observa a Gabrielle por un momento antes de entrar. Xena sonríe, y camina hacia la chimenea.

 

XENA

Podría acostumbrarme a esto.

 

 

Xena se arrodilla y calienta sus manos en el fuego.

 

A su espalda, Gabrielle se detiene y se gira, intrigada. Estudia a Xena, luego sonríe también y regresa a lo que estaba haciendo.

 

GABRIELLE

Nunca me dijiste que

 podías construir cosas.

 

Xena camina hacia la mesa y se sienta. Descorcha la botella y sirve vino en su copa, y en la de Gabrielle.

 

XENA

Siempre he sido mejor

destruyéndolas.

 

Gabrielle lleva dos platos a la mesa. Se sienta cerca de Xena.

 

GABRIELLE

Bueno, no en este caso. Todo

el lugar comienza a tener buen aspecto.

 

Xena estudia la cocina. Las paredes han sido lavadas, y las ventanas revestidas con azulejos estilo terracota, con diseños antiguos y difusos.

 

XENA

Tú tampoco eres mala en esto.

¿Dónde conseguiste los azulejos?

 

Gabrielle está complacida de que Xena haya notado su trabajo.

 

GABRIELLE

De una de las cajas que sacamos del

cuarto en que estamos. El mismo

lugar donde encontré el jarrón.

 

Xena observa el jarrón.

 

XENA

Pero no las flores.

 

GABRIELLE

(riendo entre dientes)

No. Corté esas en el campo de

atrás. El que tiene el poste de la cerca

con tu nombre grabado en él.

 

XENA

(sorprendida)

¿Todavía está allí? Debe de

estar petrificado ahora.

 

 

Las dos ríen. Gabrielle levanta su taza y la choca con la de Xena.

 

GABRIELLE

Hey, ¿que tal si terminas con la cama

después de terminemos aquí? Mi espalda

está suplicándome de rodillas.

 

XENA

Está bien, de acuerdo.

 

Prueba la comida del plato.

 

XENA

(continúa)

¡Esto es diferente... nuevo... uau!

 

GABRIELLE

(secamente)

Gracias. Se hornea por horas. No es

algo que puedo hacer por el camino.

 

Tras ellas, la figura amorfa aparece en la puerta. Gabrielle la ve por el rabillo del ojo. No la mira directamente, pero apoya su taza y se acerca a Xena para tocarle el hombro.

 

Xena, casualmente, levanta una botella de vino y la gira, aparentemente estudiando la etiqueta. La puerta se refleja en el vidrio, mostrando la figura.

 

Desaparece.

 

GABRIELLE

(continúa)

¿La viste esta vez?

 

XENA

Sí.

 

Gabrielle se vuelve para ver la puerta ahora vacía.

 

GABRIELLE

No ha tratado de lastimarnos, pero

me hiela la sangre, Xena.

 

Xena parece muy pensativa.

 

XENA

Lo sé.

(pausada)

Pero hay algo familiar...

ah, tal vez sólo imagino cosas.

 

GABRIELLE

Bueno, al menos la viste esta vez,

así no crees que estoy loca.

 

Xena apoya la botella y toma su taza, girándola en sus dedos mientras medita en silencio.

 

CORTE A:

 

INT. POSADA DE CYRENE – CUARTO DE ATRÁS – NOCHE

 

Xena y Gabrielle han convertido la vieja despensa en un pequeño pero acogedor dormitorio para ellas. Sus pertenencias descansan apiladas prolijamente en un rincón, pero algunas de sus cosas están fuera y colgando en el cuarto.

 

El marco de la cama domina el centro del espacio, el exterior de madera está unido por ataduras y un entramado de tiras de cuero casi unidas, conforman la superficie para dormir. 

 

Xena está arrodillada a un lado del marco, ajustando una tira de cuero en su lugar mientras Gabrielle enhebra una segunda tira agitándola.

 

XENA

Listo.

 

GABRIELLE

Estoy contando las gotas de la vela.

 

 

Gabrielle pasa la última tira, y Xena la ajusta en su lugar. Presiona contra el cuero, que cede un poco elásticamente.

 

Gabrielle abre la puerta y sale, arrastrando tras ella algo grande y voluminoso por la puerta. Es un gran saco, lleno de algo.

 

Xena se levanta para ayudarla, y ambas colocan el saco sobre los cueros. Xena palmea el saco.

 

XENA

Aquí tienes. Sabía que ese viejo

gallinero era bueno para algo.

 

Gabrielle medio salta, medio cae sobre la cama, desparramando sus brazos con una placentera sonrisa. Xena se sienta más calmada y se estira en su lado.

 

Gabrielle gira la cabeza, entonces se acerca para hacerle cosquillas a Xena. Xena salta, y hace cosquillas a Gabrielle. Se miran enojadas, entonces se enzarzan juntas en el centro de la cama simulando una pelea, quedando enredadas y riéndose.

 

GABRIELLE

¡Fiuu! Oh, ah.... basta...

me duele la barriga.

 

Xena gira sobre su espalda y se relaja. Su rostro se vuelve melancólico.

 

XENA

Esto tampoco lo hacemos 

mucho fuera de aquí.

 

GABRIELLE

¿¿¿Qué??? ¿¿¿Hacernos cosquillas???

 

XENA

Divertirnos.

 

Hace una pausa y mira a Gabrielle.

 

XENA

(continúa)

Al menos no últimamente.

 

GABRIELLE

(quieta)

No. No nos divertimos

últimamente, ¿verdad?

A veces siento que estamos en

 el camino oscuro que no conduce

más que a peleas y dolor y.... .

 

XENA

¿Y qué es lo que sucede?

 

GABRIELLE

A veces me lo pregunto.

 

Xena mira fijamente el cielo raso, con expresión sombría.

 

XENA

Yo también. Especialmente ahora.

 

 

Gabrielle se extiende y toma la mano de Xena. Comienza a hablar, unos gritos que rasgan la noche la interrumpen, atravesando con facilidad las paredes.

 

Ambas suspiran simultáneamente. Comienzan a saltar de la cama cuando la voz cambia de ruidos a palabras.

 

VOZ

(V.O.)

¡Ayuda!¡ayuda!¡ Se los

 llevaron a todos! ¡¡¡Ayuda!!!

(gritos)

¡Que los dioses te maldigan,

Xena! ¡Es culpa tuya!

 

Ambas corren hacia la puerta.

 

FUNDIDO A NEGRO.

 

FIN DEL ACTO TRES

ACTO CUATRO