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ACTO UNO
ABRE DE NEGRO:
EXT. PUEBLO EN LA COSTA - ATARDECER
Como tantas ciudades costeras, ésta es una típica muestra de las de su especie. Los olores mezclados del agua salada con el pescado ligeramente en descomposición, impregnan el lugar. Las construcciones de madera están desgastadas, se han combado e hinchado por los continuos vientos y las salpicaduras de sal. Pero parecen en buen estado a pesar de todas estas inclemencias sufridas.
Por el camino principal de la costa vienen Xena y Gabrielle. Caminan entre el numeroso grupo de marineros que cargan sus voluminosas capturas sobre los muelles. Pasean delante de una extensa línea de barcos mercantes que descargan mercancías nuevas en los muelles. El ambiente es ruidoso y más o menos simpático. Pero por ser mujeres reciben la consiguiente muestra de requiebros y silbidos de esos marineros sexualmente hambrientos. Ellas los ignoran completamente mientras pasan entre la marea de plebeya humanidad, en busca de una posada.
La primera que encuentran es un sórdido antro no muy grande, con el encantador nombre de “La Tercera Pierna”. Mientras se acercan, las puertas se abren de golpe y un marinero visiblemente borracho sale lanzado hacia el fango.
Desde su posición en el suelo, observa dos pares de botas justo delante suyo, y deja que una mirada fija recorra hacia arriba hasta dos pares de piernas esculturales, uno de los juegos un poco más largo que el otro, luego arriba encuentra dos cuerpos fabulosos. Completamente ignorante del par de miradas dirigidas hacía él, salta sobre sus pies y frota las manos sobre sus mugrientos pantalones grises, poniendo su mejor sonrisa. El hecho de que los dos dientes que quedan en su boca son dos reducidos muñones ennegrecidos hacen la escena poco atractiva.
MARINERO ¡Hola!, da... –hip- da… -hip- ¡damas! ¡Parecéis una pareja divertida…! –hip- ¡galones! ¿Qué tal sobre una bebida?
Xena y Gabrielle se giran sobre su cintura, soplando el aire delante de sus rostros, huyendo de los vapores tóxicos de su aliento.
GABRIELLE Gracias, pero... pasaremos de esa oferta. Aunque suene tan tentadora.
MARINERO ¡Ah, vamos! ¿Sólo una?
Extendiéndose, el marinero sujeta con la mano alrededor de los brazaletes de Xena. Xena se queda helada. Mira abajo a su mano. Lo mira a él.
La sonrisa del marinero se ensancha.
Xena descubre sus dientes. Ella no sonríe.
La sonrisa del marinero se apaga, libera el brazo de Xena y tambaleándose da un cuidadoso paso atrás.
Entonces divisa a Gabrielle otra vez, y su risa reaparece.
MARINERO (continúa) ¿Qué hay sobre ti, gua… –hip- guapa? Nosotros podríamos echar un Buen… -hip- rato, tú y yo.
GABRIELLE Ni por todos los dinares de Grecia.
MARINERO ¡Ah, vamos nena! Sólo una vez. Luego tú y yo podríamos conseguir más in… -hip- in… -hip- intimidad.
Gabrielle da un paso hasta alcanzar el hombre, lo agarra por la delantera de su sucia camiseta y le da un empujón.
GABRIELLE No soy tu chica, ni tu preciosidad, y rotundamente no soy tu nena. Ahora, cómprate una granja* en el mercado y lárgate de aquí.
Él intenta agarrarse de nuevo, pero Gabrielle lo esquiva con habilidad y perdiendo el equilibrio, da con su cara en el pecho de la Princesa Guerrera.
Xena lo arranca lejos de su armadura asiéndolo por la espalda de su camisa. Mira aquellos pequeños y brillantes ojos marrones.
XENA Lárgate. (pausa) Ahora.
Ella acentúa su orden con un leve empujón, y el marinero se marcha a tropezones.
XENA (continúa) ¿Supongo que podemos tachar esta posada de nuestra lista, no?
Gabrielle apenas le dirige una mirada.
CORTE A:
EXT. CIUDAD COSTERA - TARDE
Xena y Gabrielle se adentran en la ciudad. Las opciones son bastante escasas. Las posadas que no están mugrientas están llenas, y las que no están llenas son poco menos que ratoneras llenas de borrachos, a veces marineros violentos recién llegados del mar.
Xena puede comprobar por la caída de los hombros de Gabrielle que está cada vez más desanimada. Cuando está a punto de sugerir marchar para intentar la búsqueda en otra población, lejos de la costa, entran en una parte de la ciudad que está limpia y obviamente poblada por gentes acaudaladas.
GABRIELLE Xena, ¡mira!
Xena mira. Delante de ella hay una posada bien construida, grande y limpia que lleva el nombre de “la Posada del Jefe”. Se parece a un templo erigido para los dioses del Olimpo, construido casi completamente de mármol. Grandes columnas corintias se alzan desde el suelo hasta el techo. Amplios balcones extienden el frontispicio por todos sus lados.
Su puerta principal es grande, de color azul, y a la derecha un hombre bastante corpulento permanece de pie vestido con un extraño traje a los ojos de Xena. Lleva pantalones oscuros, marinos, cubiertos por alguna especie de casaca combinada con unas costuras de hilos dorados que hacen juego con unas borlas que cuelgan de sus hombros. En su cabeza hay colocada una gorra azul de una clase que Xena nunca había visto.
Él le sonríe y toca con su enguantada mano blanca el brillante pico de su gorra, luego se gira para hablar a una pareja joven y bien vestida que se le acerca.
Cambiando su atención del hombre vestido de aquella extraña manera, Xena mira a la derecha de otra gran estructura, donde encuentra un patio pavimentado de piedras lisas y de distinto matiz, sobre las que hay una docena aproximadamente de pequeñas mesas, cada una cubierta de fino lino. Cada mesa está ocupada por hombres y mujeres ataviados elegantemente que comen y beben unos alimentos que, por su gran aroma, debe ser poco menos que ambrosía en sabor y calidad.
Al otro lado del patio, una joven mujer rubia, ataviada con un vestido blanco y suelto toca el arpa con maestría y gracilidad.
Mientras Xena la mira, sabe que jamás una noche en este elegante establecimiento estará al alcance de sus recursos. Gabrielle no bromeaba con aquel bandido cuando le dijo que había escogido el campamento equivocado para saquear. Viviendo la mayor parte de su existencia vagabundeando, no tenían muchos fondos para sus necesidades, y menos para el lujo que esta posada representaba.
Suspirando ligeramente, dirige su mirada a las alforjas sobre Argo, donde apenas sobresale, y es visible, el hermoso mango de hueso tallado a mano de una daga. Le llevó meses tallar los intrincados detalles de la sirena sobre la empuñadura hasta quedar satisfecha. Confiaba en cambiar la daga por nuevos aparejos para Argo e incluso un par de botas para ambas. Algo absolutamente práctico.
Una mirada a la radiante expresión de Gabrielle y todo su sentido común ha volado por la ventana. Tan sólo por ver esa expresión en el rostro de Gabrielle, Xena vendería todo lo que posee, sin dudarlo. Hurga en la alforja, hasta sacar la daga que esconde en un paño negro. Pone su mano sobre el hombro de Gabrielle ligeramente, para llamar su atención.
Gabrielle se vuelve sonriendo.
GABRIELLE ¿Eh?
XENA ¿Lista para entrar? ¿Y pedir una habitación para esta noche?
La brillante sonrisa se desvanece.
GABRIELLE (triste) podamos pagar el albergue en un lugar así. Aunque, sí que se ve hermoso.
XENA Nunca se sabe. ¿Vamos a intentarlo, vale?
Después de un momento de duda, Gabrielle asiente y las dos comienzan a andar hacia la puerta. el hombre extravagantemente vestido les sonríe a la par que les hace una ligera reverencia y toca la punta de su gorro antes de abrirles el pestillo de bronce de la pesada puerta de la entrada.
GABRIELLE Gracias.
PORTERO Un placer mi señora. Que tengan una maravillosa estancia.
CORTE A:
INT. POSADA “EL JEFE” - TARDE
El interior de la posada es una clara muestra de la más pura elegancia. Tapetes exquisitos cubriendo las paredes. Los pisos de mármol adornados con exóticas alfombras provenientes del Este. Flores y hojas de árboles asomando para dar una sensación de naturaleza.
Detrás de un inmenso escritorio de madera oscura un hombre pulcramente vestido las observa entrar y sonríe.
RECEPCIONISTA Buenas noches señoritas, ¿En qué puedo ayudarles?
XENA Queremos un cuarto.
RECEPCIONISTA (animadamente) Bien, les aseguro que han venido al lugar adecuado para eso. Tenemos muchos cuartos disponibles. Cada uno viene con una enorme cama, balcón, baño romano completo con todas sus comodidades. Desayunos y cenas están, por supuesto, incluidos.
XENA ¿Cuánto?
La sonrisa del hombre se ensancha.
RECEPCIONISTA Únicamente por 30 denarios.
GABRIELLE ¡Treinta¡
XENA Está bien Gabrielle.
Va a sacar la daga, cuando una voz a su espalda la detiene.
VOZ (Fuera de escena) Cortesía de la casa Milentus, estas mujeres son nuestras invitadas.
Xena se vuelve lentamente, estudiando minuciosamente al dueño de la voz. Es guapo, de mediana edad, vestido con el mismo estilo sobrecargado de la posada. Él sonríe. Una calida sonrisa se apresura a ocultar algo en el fondo de sus ojos, algo turbios y tristes. Permanece donde está, pero les saluda.
HOMBRE Bienvenidas a la posada de “El Jefe” Xena, Gabrielle.
Xena entorna fieramente los ojos.
XENA No aceptamos caridad de ningún extraño.
El hombre abre sus manos en ademán conciliador
HOMBRE Nada de caridad Xena, este mundo en el que vivimos tiene muy pocos héroes verdaderos. Y ellos deben ser honrados.
Xena continua observandole, sin creer en su sospechoso plan.
XENA ¿Quién eres? ¿Qué quieres?
El hombre mantiene su sonrisa mientras camina hacia ellas. No se observa otra cosa que genuina calidez emanando de él.
HOMBRE Me llamo Andros, soy el propietario de El Jefe de este pueblo. Y ésta es mi posada, un nombre acertando aunque no muy imaginativo. Y desearía que ambas os quedáseis aquí como mis huéspedes. (pausa) Por favor, quedaros al menos esta noche.
Xena no parece muy convencida, pero Gabrielle decide aceptar las palabra del hombre y su oferta del hombre. Da un paso adelante y estrecha la mano de éste.
GABRIELLE Gracias, Andros. Creo que aceptaremos tu generosa oferta.
Andros estrecha calurosamente su mano, sonriendo ampliamente.
ANDROS Gracias, Gabrielle, por honrarnos con tu presencia aquí. Si me permitís, os acompañaré a vuestras habitaciones.
Gabrielle mira a Xena quien, finalmente, asiente de mala gana.
ANDROS (continúa) ¡Bien! ¿Si me siguen?
CORTE A:
INT. CUARTO DE LA POSADA - TARDE
La puerta se cierra suavemente tras la salida de Andros, dejando a Xena y Gabrielle solas en el vasto y bien amueblado cuarto. Gabrielle se gira muy despacio, su rostro se ilumina con admiración y satisfacción.
GABRIELLE ¿Qué te parece este lugar, Xena? ¡Tiene de todo!
Caminando hacia la cama, acariciando con su mano las sábanas de seda, riendo como una loca.
GABRIELLE (continúa) Oh sí. Voy a disfrutaaaaar esto.
XENA (preocupada) Uuum.
Gabrielle se endereza.
GABRIELLE Estamos en un cuarto que muchos reyes matarían por tener, y lo mejor que puedes decir es ¿’Unnm’?
Xena le lanza una mirada, que ella devuelve, intensificada.
GABRIELLE (continúa) Bien. Puedes andar malhumorada todo lo que quieras. Hay una tina romana con mi nombre en ella.
Caminando hacia la bañera, se arrodilla y coloca el tapón de mármol en el desagüe. Después, moviendo la palanca que cubre el surtidor, se hace a un lado al caer el agua humeante sobre la bañera profunda y revestida de azulejos. En el borde, hay varios tarros de sales, y abre cada uno de ellos, aspirando con admiración, hasta encontrar uno de su agrado que echa al agua. El vapor se vuelve fragante con el aroma de jazmín, ella inhala profundamente, luego suspira con placer.
GABRIELLE (continúa) Esto es vida.
Levantándose, se desviste rápidamente, y luego entra lentamente en la bañera, gruñendo con gratitud cuando el agua templada relaja sus cansados músculos. Toma asiento en un banco situado en una esquina de la bañera, mira por sobre el agua a su compañera, que está mirando por la puerta del balcón, con la espalda tiesa, sus músculos tensos. Suspira.
GABRIELLE (continúa) Xena, ¿puedes dejar de preocuparte por el motivo que sea por unos minutos y disfrutar del baño conmigo? No creo que estemos en peligro inmediato, ¿verdad?
Xena se gira para mirarla, se encoge de hombros y camina al baño. Mientras Gabrielle la observa con gratitud, se quita su armadura y vestimenta, y entra al agua.
GABRIELLE (continúa) Ven para acá.
Cuando Xena se acerca, Gabrielle pone sus manos en las caderas de su compañera, la gira, y luego la obliga a sentarse entre sus piernas. Entonces, alzando las manos, comienza a masajear los músculos tensos de los hombros de Xena.
GABRIELLE (continúa) Ahora, ¿quieres decirme por qué estás echa un nudo?
En silencio por un momento y realmente disfrutando del masaje, Xena habla finalmente.
XENA Es Andros.
GABRIELLE (sorprendida) ¿Andros? Xena, él es una de las personas más buenas que hemos encontrado en mucho tiempo.
XENA Eso es lo que molesta.
Gabrielle ríe.
GABRIELLE Xena, eso no tiene sentido, ni siquiera para ti.
Xena la observa sobre su hombro, luego se da la vuelta.
XENA No confío en él. Hay algo que no nos dice. Puedo verlo en sus ojos.
GABRIELLE Bueno, eso se arregla fácilmente. Cuando bajemos para cenar, sólo tienes que usar un poco de persuasión a lo “Princesa Guerrera”, y ¡bam! No más secretos.
Eso provoca una risa sofocada de la Princesa Guerrera.
GABRIELLE (continúa) Eso está mejor. Ahora vamos. Relájate.
XENA No puedo.
Sonriendo, Gabrielle mueve su cabeza hacia sus labios, que después van hacia la oreja de Xena. Sus manos desaparecen bajo el agua.
GABRIELLE (ronroneando) ¿Estás segura?
XENA Bien……
Gabrielle ríe suavemente.
GABRIELLE Eso es lo que pensé.
FUNDIDO A NEGRO.
* en el
original inglés decía: “Now buy a clue” “Ahora cómprate una pista “ esta frase
se refiere a un juego muy popular en USA llamado “Wheel of Fortune” (La ruleta
de la fortuna) | |||||
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FIN DEL PRIMER
ACTO | |||||