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ACTO SEGUNDO

 

ABRE DE NEGRO:

 

EXT. PATIO DE LA POSADA- TARDE

 

Los comensales han cambiado, pero el ambiente sigue siendo el mismo. Armoniosos sonidos de la música de un arpa flotan dulcemente en el aire para mezclarse con los sonidos de la apagada conversación y  de los cubiertos sobre la vajilla de porcelana.

 

Xena y Gabrielle, recién lavadas y mirando mucho más relajadas, se sientan en una mesa en un tranquilo rincón, bajo un candelabro de pared, parpadeante, en donde la danzante luz baña sus rostros. Un hombre vestido impecablemente se acerca a su mesa y extiende la comida y bebida con  profesional aplomo. 

 

Tras terminar su tarea, el camarero sonríe, hace una pequeña reverencia y las deja en calma intimidad.

 

Gabrielle inmediatamente asume la situación, luego girar sus ojos de puro placer.

 

GABRIELLE

(gimiendo)

Oh Xena, esto es

los Campo Elíseos.

 

Xena prueba un poco de lo que hay en su plato.

 

XENA

Está bueno.

 

 

Gabrielle la mira.

 

Xena sonríe tontamente.

 

Ellas se adentran en un confortable silencio para disfrutan del banquete que acaba de ser servido.

 

FUNDE A:

 

EXT. PATIO POSADA – ENTRADA LA TARDE

 

Masticando el último bocado de un postre imponente, Gabrielle se empuja a sí misma ligeramente lejos de la mesa y se inclina hacia atrás, acariciando satisfecha su vientre. Xena la observa. 

 

XENA

¿Estás bien?

 

 

GABRIELLE

Si estuviera mejor

me recogerías del suelo

con una cuchara. Xena, ésta

ha sido la mejor comida que he 

comido. ¡Y he comido muchas!

 

 

XENA

(lacónicamente)

No me digas.

 

GABRIELLE

(sonriendo abiertamente)

Definitivamente, sí te digo.

 

Gabrielle permite que  sus ojos se cierren.  Soñolienta, saciada y complacida,  se encuentra yendo a la deriva entre el fluir de la música y la suave conversación que la rodea. En una vida a menudo frenética, sabe dar la bienvenida a los momentos de paz cuando los tiene.

 

Xena mira hacia ella a través de la mesa con una apacible y cariñosa sonrisa en su cara.

 

Después,  sus ojos captan un movimiento y se gira en esa dirección para ver a Andros,  en el lado oeste del  pórtico de la posada, mirando a la luna creciente, Tiene el rostro ojeroso y parece diez años más viejo que la primera vez que lo vio.

 

Con su cara pensativa, Xena se incorpora,  bordea la mesa situándose de pie cerca de Gabrielle. Los ojos de Gabrielle se abren. Ella sonríe. 

 

GABRIELLE

Hola.

 

XENA

Hola también. Voy a ir a 

comprobar algo. Quédate 

exactamente como estabas.

 

Los ojos de Gabrielle siguen la dirección de la mirada de Xena,  encuentra a Andros que  todavía mira  fijamente al cielo. Ella comienza el gesto de levantarse.

 

GABRIELLE

Voy a...

 

XENA

No. Quiero hablar con él. Tú sólo

quédate aquí y relájate. ¿De acuerdo?

 

Xena aprieta el hombro de Gabrielle. Gabrielle cubre la mano de Xena con la suya y sonríe. Cautivada por la sonrisa, Xena se inclina y le da un suave beso en la mejilla.

 

GABRIELLE

De acuerdo.

 

XENA

Ahora vuelvo.

 

CORTE A:

 

EXT. PÓRTICO –  NOCHE

 

Andros está en una oscura esquina, mirando como la luna se eleva sobre las bajas colinas.  De repente siente una presencia detrás de él y casi salta fuera de sus sandalias mientras se gira para quedar cara a cara con la mismísima Princesa Guerrera.

 

ANDROS

¡Oh...!

Me sorprendiste.

(pausa)

¿Va todo bien? ¿Algo

que no te agrade?

 

XENA

Ninguna queja.

 

ANDROS

Oh. Bueno, bien. Me alegra

escuchar eso. ¿Hay… algo en

que te pueda ayudar?

 

XENA

Podrías empezar

por decirme que es lo

que tratas de ocultarme.

 

 

Los ojos de Andros se abren.

 

ANDROS
¿Esconder? Xena, Te lo aseguro,

no estoy escondiéndote nada.

 

Xena lentamente se cruza de brazos. Una ceja se levanta.

 

ANDROS

(continúa)

Te lo juro.

 

Él titubea ante Xena, mirándola fijamente.

 

ANDROS

(continúa)

Pe… pensamientos privados solamente, como

todos los tenemos. Por favor, sólo deseo

que disfrutes de tu estancia aquí.

 

XENA

Bueno mira, ahí es donde hay  un problema, 

ahí es donde tengo  el problema, Andros. Tú 

estás escondiendo algo, y eso me está 

retorciendo las entrañas.  Y cuando mis 

entrañas se retuercen, no me puedo 

relajar. Y si no me puedo relajar… 

 

Un silencio pesado cae entre ellos hasta que, finalmente, Andros se encorva de hombros.

 

ANDROS

Tú conoces Ikos.

 

XENA

Es una isla cerca de Creta.

Un puerto para guerreros,

piratas y otras escorias.

 

ANDROS

Mi familia esta ahí.

 

XENA

Unm.

 

ANDROS

Mi esposa y nuestras dos 

jóvenes Hijas. Fueron 

capturadas por piratas y 

transportadas contra de su voluntad.

 

XENA

¿Qué paso?

 

De repente, sin energías, Andros se apoya contra uno de los pilares corintios, tocando  con su cabeza la frialdad del mármol.

 

ANDROS

Dos meses atrás, empezamos a tener problemas 

con piratas en este pueblo. Especialmente 

con uno que dice llamarse Igor el 

Negro. Normalmente, hasta los peores

piratas se mueven limitadamente por las

afueras de la ciudad, pero éstos comenzaron a

moverse por el interior, amenazando a los 

ciudadanos y causando un montón de problemas.

(pausa)

Tenemos una milicia aquí, y son

muy buenos en su labor, pero

hasta ellos fueron vencidos…

 

XENA

Continúa.

 

 

ANDROS

Fue entonces cuando mi esposa recibió 

un mensaje sobre su madre que se

 encontraba enferma de gravedad. 

Pensé que lo mejor era enviarlas a ella 

y a nuestras hijas para que la vieran.

Pensé que la mantendría tranquila.

 

XENA

Y no lo hizo.

 

ANDROS

No. Envié a cinco de mis más fieles 

hombres para que las protegieran. 

Sólo uno regreso. Casi muerto. Lo 

habían golpeado, apuñalado, y le 

ordenaron que me entregara este mensaje.

 

Buscando dentro de los dobleces de su camisa, Andros saca un sucio, ensangrentado, y muy manoseado pergamino, que entrega a  Xena.

 

Desplegando el pergamino, Xena lee el desastroso mensaje que contiene. Sus ojos se abren ligeramente al ver el monto del rescate. Después de un momento, levanto la mirada, encontrándose con la mirada fija de Andros.

 

XENA

¿Tú no puedes pagar lo que

ellos te están pidiendo?

 

ANDROS

(muy serio)

Xena, mi familia es la cosa más preciada

en todo el mundo para mí. Yo les pagaría 

a esas escorias de piratas el mugroso 

dinero así tuviera que vender todo

lo que poseo y robar el resto. No

 hay nada que no hiciera para 

asegurarles su regreso. Nada.

 

XENA

¿Entonces cual es el problema?

 

ANDROS

Entregarlo. No hay ningún capitán

que se atreva siquiera a navegar

cerca de esa isla, no importa

cuánto dinero haya ofrecido. Y aquellos 

que lo aceptaron, bueno, no volvería 

a ver el dinero ni a mi familia otra vez.

 

XENA

Entiendo lo que ocurre.

 

ANDROS

Me han dado tres días para

darles lo que piden. Compré un

pequeño barco, que voy a usar para

ir a Ikos. Al menos de esa forma podré 

estar cerca de ellos, incluso si mi plan no 

funciona. Es lo único que se me ocurre. 

 

XENA

(pensativamente)

Tal vez no.

 

Andros la mira, confundido.

 

ANDROS

¿Acaso no he entendido algo?

 

Xena sonríe levemente, simplemente un movimiento rápido de sus labios. 

 

XENA

No. Tal vez Gabrielle y yo

podemos ayudarte...

 

 

ANDROS

¿Qué? No, Xena. No. Yo nunca

podría pedirles…

 

XENA

No me lo estás pidiendo.

Me estoy ofreciendo.

 

ANDROS

No. No. Gracias, pero no. 

No hay manera de que yo…

 

XENA

Como ya te dije, me estoy ofreciendo.

 

Xena sonríe. Es la sonrisa de un depredador; dientes extremadamente blancos y ojos brillantes. Al ver esto, Andros trata de detener un escalofrío que amenaza con subirle por toda su espina.

 

XENA

(continúa)

Déjeme hablar con Gabrielle.

Te dejaremos saber 

más en al mañana.

 

ANDROS

Pero…

 

XENA

Buenas noches, Andros.

 

Y con esto se marcha, dejando a Andros mirándola  como  se retira, en una mezcla de confusión y, por primera vez, de esperanza.

 

CORTE A:

 

EXT. PATIO - NOCHE

 

Gabrielle observa cómo Xena se dirige a ella, sabiendo, al ver la expresión de su rostro, que algo relevante ha pasado. Gabrielle le sonríe a Xena cuando se acerca a la mesa y se detiene detrás de ella.

 

GABRIELLE

Tardaste más de lo que pensé.

 

 

XENA

(distraída)

¿Estás lista para subir?

 

GABRIELLE

¿Me vas a decir

de qué hablasteis?

 

XENA

Sí.

 

GABRIELLE

Pues estoy lista.

 

XENA

Entonces vamos.

 

CORTE A:

 

INT.  DORMITORIO-NOCHE

 

Vestida con una bata de seda que le proveyó el establecimiento, Gabrielle se sienta en la cama que es muy cómoda.  Tiene el cubrecama sobre su falda mientras observa cómo Xena se quita sus armas y su armadura. 

 

Cuando Xena ya se ha quitado todo y está vestida sólo con su ropa de cuero, Gabrielle le indica la cama y Xena acepta la invitación instantáneamente. Se acuesta sobre la amplia cama, y se acomoda al lado de Gabrielle. Sus cuerpos se tocan en complicidad desde los pies a la cabeza.

 

GABRIELLE

Pues, decidme. ¿De 

qué estabais hablando

vosotros dos?

 

 

Sonriendo levemente, Xena recuesta su cabeza contra la pared.

 

XENA

La familia de Andros fue secuestrada

por una banda de piratas.

 

Sorprendida, Gabrielle se sienta, girándose para mirar a Xena directamente.

 

GABRIELLE

¡ Xena, eso es horrible!

Todavía... ¿todavía están vivos?

 

XENA

No lo sé. Están cautivas en 

Ikos. Los piratas piden una 

recompensa a cambio de ellas.

 

GABRIELLE

Por los dioses. iEse lugar es horrible!

Mi padre solía decirnos a Lila y a mí

que nos enviaría allí si nos portábamos mal.

 

Ahora Xena es la sorprendida.

 

XENA

iQué buen padre!

 

GABRIELLE

Pues sí, bien…

 

 

Ella encoge los hombros.

 

GABRIELLE

(continúa)

¿Acaso  no puede pagar lo que le piden? 

Parece ser lo suficientemente rico.

 

XENA

Puede permitírselo, pero 

ése no es el problema.

 

GABRIELLE

¿Cuál es entonces?

 

XENA

Que nadie de aquí se ha

ofrecido a hacerlo. Nadie

 en quien se pueda

 confiar, en realidad.

Piensa ir mañana, solo.

 

GABRIELLE

¡Xena, no podemos dejar que lo haga!

¡Es un mercader, no un guerrero!

Lo matarán, llevándose el rescate,

y su familia morirá igualmente.

 

XENA

Lo sé.

 

GABRIELLE

Bien, supongo que le dijiste

que nosotras le ayudaremos, ¿no? 

 

XENA
Sí, lo hice.

 

Gabrielle sonríe ampliamente.

 

GABRIELLE

¿Y el plan es…?

 

XENA

(sonrisa fingida)

¿Qué te hace pensar 

que te lo diré?

 

 

Gabrielle gira sus ojos,  y pica a Xena en el pecho con  la punta de un firme dedo.

 

GABRIELLE

Más te vale decírmelo.

 

XENA

¿O…?

 

GABRIELLE

Xena....

 

Levantando las manos, Xena se rinde fácilmente. 

 

XENA

Hay una ensenada al norte de aquí. Los

 barcos piratas la usan continuamente para

 descargar su botín. Detrás, existe un sistema 

de cuevas que  suelen utilizar para almacenar

sus cosas hasta que la costa quede  libre.

 

GABRIELLE

¿Y tú sabes eso porque...?

 

Una ceja se enarca.

 

XENA

Fui pirata alguna vez, ¿Recuerdas?

 

 

GABRIELLE

(burlonamente)

Oh, sí. ¿Cómo pude

olvidarlo? ¿Y el plan?

 

XENA

(despreocupadamente)

Bueno, pensé en ir allí, mañana

 por la mañana, inspeccionar la 

zona y, cuando sea el momento

adecuado, secuestramos un barco pirata

con su tripulación para zarpar hacia Ikos.

 

Gabrielle se le queda mirando como si hubiera recibido algunos, muchos golpes con la espada en la cabeza.

 

GABRIELLE

Vamos a secuestrar…

un barco pirata.

 

XENA

Um, um.

 

GABRIELLE

Piratas, ¿con garfios en lugar de brazos, estacas

de madera como piernas, parches negros donde

 se supone van los ojos, esos que usan los piratas?

 

XENA

Pues sí.

 

GABRIELLE

¿Cuchillos entre los dientes, espadas

 desenvainadas, caminatas sobre 

la tabla. ¿Esas cosas de piratas?

 

XENA

Mm. Hm.

 

GABRIELLE

Tu y yo. Contra un barco

 lleno de piratas.

 

 

XENA

Sip.

 

Gabrielle termina con una amplia sonrisa.

 

GABRIELLE

¡Buen plan! 

 

Xena no puede contener más la risa que estaba aguantando y envuelve a Gabrielle en sus brazos. 

 

XENA

¿Te he dicho últimamente

cuánto te amo?

 

Gabrielle finge pensarlo por un momento.

 

GABRIELLE

No lo sé, quizá necesite

que me refresques la memoria.

 

Moviendo ligeramente la cabeza de Gabrielle, Xena baja la suya hasta encontrarse con sus labios, en un beso que rápidamente se torna intenso y apasionado. Cuando por fin se separan, ambas están respirando entrecortadamente.

 

GABRIELLE

(continúa)

¡Uuaau!, tanto así ¿eh?

 

Xena sonríe maliciosa.

 

XENA

Oh, no. Más, mucho más.

 

 

Se sonríen la una a la otra embobadas por un largo rato. Luego...

 

GABRIELLE

¿Xena?

 

XENA

¿Sí?

 

GABRIELLE

Si esta va a ser nuestra última noche

 en tierra firme durante un tiempo...

 

XENA

¿Sí?

 

GABRIELLE

Hagamos que valga la pena

 

Sonriendo aún más ampliamente, Xena atrae a Gabrielle contra ella. 

 

XENA

(muy bajito)

Yo. Jo, jo.

 

CORTE A:

 

INT.  HABITACIÓN - MAÑANA

 

Gabrielle entra en la habitación, en los brazos carga una pila de ropa amontonada. Se detiene con los ojos abiertos como platos, de asombro y franca admiración.

 

Frente a ella se encuentra Xena, enfundada en una vaporosa camisa blanca que se ajusta a sus brazos y pecho,  una banda de un rojo brillante anudada a su cintura,  y un ajustado pantalón de piel negra. Es una visión para Gabrielle. Una elegante empuñadura de sable cuelga del cinturón que rodea su cintura, un par de cuchillos afianzados en lo alto de sus botas negras de lustrosa piel, su cabello flotando salvaje y libre sobre sus hombros. 

 

 

GABRIELLE

¡Caray!

 

Sonriendo complacida, Xena muestra sus manos.

 

XENA

¿Te gusta?

 

 

GABRIELLE

Creo que deberías  conservarlo

después de que esto termine.

 

XENA

Eso piensas ¿eh?

 

GABRIELLE

Oh, sí

 

Riendo ligeramente, Xena avanza hacia Gabrielle.

 

XENA

Bien. ¿Qué traes ahí?

 

GABRIELLE

Tratando de hacer

mi disfraz de pirata. Creo.

 

XENA

Déjame echar un vistazo.

 

Agarrando las sedosas telas del montón que porta Gabrielle,  sonríe maliciosa.

 

XENA

(continúa)

Oh sí,  Creo que esto

 servirá perfectamente bien.

 

CORTE A:

 

INT. HABITACIÓN - UNA MARCA DE VELA DESPUÉS

 

Gabrielle se encuentra parada, boquiabierta, frente al espejo que cuelga en una esquina de la inmensa habitación. Su torso está cubierto por varias capas de colorida seda que parecieran mantenerse apenas sujetas, milagrosamente, por voluntad divina.  Muy al contrario, están firmemente unidas y, además, le permiten libertad de movimiento para pelear sin preocuparse por quedar desvestida. Pero el efecto es  algo diferente a sus ojos. Sus extremidades están bien cubiertas, y sus armas a mano, pero aún así...

 

 

Después de varios intentos, logra encontrar su voz.

 

GABRIELLE

¿Xena?

 

XENA

¿Um?

 

GABRIELLE

¿Tú eres una pirata, correcto?

 

XENA

(divertida)

Sí...

 

GABRIELLE

Y yo se supone que soy…

¿Qué exactamente?

 

 

Acercándose por detrás, Xena rodea con el brazo su cintura y la atrae hacia sí. 

 

XENA

Tú eres el tesoro 

pirata más preciado. 

 

GABRIELLE

Es decir, que soy el botín.

 

Xena la estrecha un poco más,  lo suficiente para poder examinar todo el cuerpo enfundado en seda con detenimiento.

 

XENA

Se puede decir que sí. 

 

GABRIELLE

Es la revancha por lo sucedido

en Roma, ¿no es así?

 

Xena parece contrita y bastante sorprendida.

 

XENA

¿Te haría yo una cosa así?

 

La expresión en los ojos de Gabrielle responden mejor que si lo hicieran sus labios.

 

Sonriendo, Xena abraza a Gabrielle, la suelta y  su rostro se torna serio.

 

XENA

(continúa)

La verdad es que el mar aún

te afecta. Y si te indispones,

tu ausencia de mi lado, podría 

ser difícil de explicar, si eres 

una experimentada pirata. 

 

Sopesando las palabras de Xena, Gabrielle asiente. 

 

GABRIELLE

Tienes razón. No es que me agrade,

pero estás en lo cierto.

 

XENA

(seriamente)

Bueno ¿existe otra manera

para salir airosas de esto?

 

 

Gabrielle medita un momento, antes de sacudir su cabeza.

 

GABRIELLE

No, tienes razón. Una pirata que sufre

de mareos no es exactamente la

imagen  que buscamos dar.

 

XENA

No realmente.

 

GABRIELLE

Bueno,  al menos, ¿podré 

pelear, si es necesario?

 

Xena ríe burlonamente y gentilmente golpea con su dedo un pedazo de piel descubierta.

 

XENA

¿Acaso parezco la clase de persona

que le gusta tener esclavas débiles

 e inútiles a su alrededor?

 

GABRIELLE

Uum. Espero, después de todo,  que haya 

alguna  otra recompensa en este trabajo.

 

XENA

Creí que quizás lo verías

desde mi punto de vista. 

 

GABRIELLE

(cálidamente)

Sólo recuerda... 

 

XENA

Lo sé. Lo sé.  Recompensa.

 

GABRIELLE

Eh.

 

CORTE A:

 

INT.  RECEPCIÓN DE LA POSADA - MAÑANA 

 

La recepción esta vacía, salvo por el conserje que sonríe cortésmente a  Xena y Gabrielle mientras entran.

 

Andros entra por  una puerta lateral,  medio cargando y arrastrando un pesado baúl dorado tras él.  El hombre les dedica  a ambas una amplia sonrisa.

 

ANDROS

¡Xena! ¡Gabrielle!  Ambas 

os veis… Um.

 

Gabrielle ríe.

 

GABRIELLE

Está bien, Andros.  Estamos bastante

acostumbradas a esa reacción sin

 importar lo que llevemos puesto.

 

Volviendo a reír, Andros deja caer el cofre con un gruñido de alivio.

 

XENA

No necesitaremos eso.

 

ANDROS

¿Perdón?

 

Xena apunta al cofre.

 

XENA

Asumo que eso es el rescate.

 

 

ANDROS

Sí, lo es, pero... 

 

XENA

No será necesario.

 

ANDROS

¿Pero cómo...?

 

Gabrielle se acerca a Andros  y pone una mano en su cintura.  Ella sonríe.

 

GABRIELLE

Andros, estos hombre secuestraron

 tu familia.  ¿realmente crees que 

merecen una recompensa por ello?

 

ANDROS

No, pero....

 

GABRIELLE

Conserva el dinero.  Dáselo a 

alguien que lo merezca.

 

ANDROS

Vosotras lo merecéis.  Por todo lo que

estáis haciendo por mi familia. 

 

XENA

No.

 

ANDROS

Pero....

 

GABRIELLE

Andros, dáselo a alguien que 

lo necesite. Seguramente hay  

pobres en este pueblo que podrían

  aprovechar este dinero. Los hemos

  visto mientras veníamos.

 

ANDROS

Bueno, supongo que podría....

 

GABRIELLE

Bien.

 

 

Dándole una ultima palmada en la muñeca, ella se aleja.

 

GABRIELLE

(continuando)

Te veremos pronto, ¿de acuerdo?

Pasa el tiempo preparándote para

darle a tu familia la mejor bienvenida

que este pueblo ha visto.

 

Con una ultima sonrisa socarrona, Gabrielle se reúne con Xena, y ambas abandonan la posada. 

 

Andros queda parado.  Mirando fijamente.

 

CORTE A:

 

EXT. CUEVA – TARDE

 

La discreta entrada conecta directamente con el mar contiguo. Las altas paredes del acantilado se elevan empinadas sobre el oleaje marino, y las profundas cuevas salpican de manchas los acantilados.  El lugar es completamente inaccesible para quienes no sean  vigorosos hombres de mar  o una decidida princesa guerrera.

 

Aseguradas tras una prominente formación rocosa, Xena y Gabrielle miran  un pequeño grupo de piratas descargar cofres de madera llenos de tesoros de un bote de remos que habían acercado a la costa.  Un gran barco pirata espera fuera en el mar, oscilando con el fuerte oleaje, choca empujándose una y otra vez  en contra de  los empinados acantilados, levantando espuma blanca como requesón.

 

Los piratas acarrean pesados cofres con tesoros a una cueva cercana a la rocosa playa. 

 

XENA

Parece que

eso es lo último.

 

Gabrielle ve a los hombres, cinco en total, emerger de la cueva y sacudirse la arena.  El pirata más grande es un hombre grueso vestido con sedas coloridas y un parche en el ojo.  Toma algo de su cinturón y lo sostiene en su puño.  Los otros se reúnen nerviosos alrededor.

 

GABRIELLE

¿Qué están haciendo?

 

XENA

Echando suertes.

 

GABRIELLE

¿Para qué?

 

XENA

(torvamente)

Ya verás.

 

 

En un instante, todos  los hombres abren sus manos. Uno de ellos, alto y flaco se vuelve pálido abjo su voluminosa barba. Inicia una desesperada corrida hacia el bote que está esperando, pero es arrastrado de regreso por sus compañeros. El del parche en el ojo desenvaina su espada y con los otros sujetando de los brazos al desafortunado pirata, la clava en su abdomen.

 

GABRIELLE

(voz baja)

Por los dioses... ¿Por qué?

 

XENA

Los piratas de por aquí son muy 

supersticiosos.  Saben que cualquier bandido

 lo suficientemente  valiente con un barco que

 pueda resistir la marea  puede venir a la larga,

 y robar su tesoro. Entonces matan a uno

 de sus compañeros y dejan  su fantasma

para resguardar el botín. Nadie 

vendrá mientras vean el cuerpo.

 

Gabrielle se ve pálida, se da la vuelta mientras el hombre es arrastrado  de regreso a las cuevas.

 

GABRIELLE

Eso es... Dioses.

 

Xena frota la espalda de Gabrielle cariñosamente mientras la joven mujer  respira profundo el aire  brumoso y salado.  Después de un momento, Gabrielle se gira, recobrando el color de su rostro. 

 

GABRIELLE

(continúa)

¿Y ahora qué?

 

 

XENA

Se retirarán hacia el barco 

con la marea. Y cuando lo hagan

 los estaremos esperando. 

 

FUNDIDO A NEGRO.
 

FIN DEL ACTO DOS

ACTO TRES