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ACTO TRES

 

ABRE DE NEGRO:

 

EXT. ENTRADA - NOCHE

 

Los cuatro piratas restantes saltan dentro de su bote. Dos hombres agarran los  remos mientras los otros dos toman posiciones en la proa y en la popa. Gradualmente, el bote sale impulsado alejándose de la orilla hacia el casco oscuro y viejo del barco pirata que los está esperando. 

 

Habrán recorrido tal vez cinco largos de la embarcación cuando una mano emerge del agua y tira hacia atrás al pirata sentado sobre la proa. No se escucha el chapuzón entre el ruido de las olas, y su ausencia no se nota  inmediatamente.

 

Un segundo después, el pirata de la popa desaparece de la misma  manera.

 

En ese momento los remeros reaccionan, detienen su trabajo y se enderezan sobre el tablón que les sirve de asiento. Simultáneamente, les arrebatan los remos de las manos y los extremos les golpean la cabeza, tirándolos a los lados.

 

Silenciosamente, Xena y Gabrielle  suben dentro del bote y toman los remos para evitar que se alejen flotando con la marea. Se miran una a la otra sonriendo, y se ponen a remar.

 

CORTE A:

 

EXT. BARCO PIRATA - NOCHE

 

Xena agradece mentalmente el amparo de la oscuridad que reina mientras dos garfios  bajan desde el barco pirata. Las antorchas colocadas en las barandillas del barco están demasiado lejos para que se distinguan sus contornos. Xena y Gabrielle agarran a la vez los ganchos y los amarran en la proa y la popa del bote. Xena hace una señal  sobre su cabeza, y el bote se levanta lentamente desde el agua.

 

 

XENA

(suavemente)

¿Estás lista?

 

 

GABRIELLE

Como nunca lo estaré

 

Xena sonríe.

 

XENA

Vamos entonces.

 

Tan pronto como el bote alcanzó el nivel de la barandilla del barco, Xena se pone de pie y desenvaina su espada. El pirata que estaba esperando parpadea estúpidamente cuando descubre que el rostro revelado, a través del destello de la antorcha, no es el de quien estaba esperando. Cae como un saco de nabos cuando Xena dirige el mango de su espada hacia su mandíbula. Soltando su grito de batalla, salta sobre la barandilla, exhibiendo su espada.

 

Gabrielle entra más tranquilamente, simplemente dando unos pasos  sobre la cubierta antes de preparar sus sais. Se endereza a tiempo para ver dos enormes piratas cargando hacia ella peligrosamente, con sus curvas espadas, ojerosos y listos para la acción. Perfectamente inmóvil, ella les dedica su mejor sonrisa, no exenta de algo de coqueteo.

 

GABRIELLE

Hola, chicos.

 

Ambos hombres se detienen y le echan una mirada a su cuerpo medio cubierto. Sus miradas lascivas se extienden sobre los rostros barbudos, y comienzan a acercarse, pero ahora más lentamente.

 

PIRATA #1

Hey tú, ven con papá,

tia buena. Voy a... ¡Aajjg!

 

El primer hombre cae rápidamente tras recibir un golpe del sai en su abdomen. El segundo le sigue rápidamente después de una patada giratoria en la mandíbula.

 

GABRIELLE

Lo siento, muchachos. Hay una sola 

persona que puede llamarme

‘tia buena‘ y no sois vosotros.

 

Tras terminar el gesto negativo  del meneo de sus dedos,  Gabrielle se mueve rápidamente  en busca de más problemas.

 

CORTE A:

 

EXT. CUBIERTA DEL BARCO PIRATA – PDV  DE XENA - NOCHE

 

Xena sigue su camino sobre varios piratas caídos y ensangrentados hasta que detiene sus pasos  en  el castillo de proa. Un hombre grande, fornido, especialmente vestido, obviamente el capitán pirata, dirige el timón.

 

XENA

Este es mi barco ahora, capitán.

Gira el timón, o muere.

 

El capitán ríe,  mueve hacia atrás su cabeza y desenvaina su espada de la faja brillante que rodea su cintura. Se aleja del timón mientras Xena acelera los pasos, ambos chocan en el medio. El capitán es fuerte, rápido, y un experto espadachín. Vuelan las chispas mientras las espadas chocan una contra la otra, una y otra vez. Sus ecos metálicos se escuchan por encima del  sonido  del fragor de las olas. 

 

Xena ríe, encantada de tener  un digno opositor, y gira alejándose mientras él intenta cortar su costado con un amplio corte al aire de su espada. Se vuelve hacia ella, pero es un paso tardío, porque el filo de la espada de Xena entra profundamente en la carne de su pierna.

 

PIRATE CAPTAIN

(gritando de dolor)

¡Ahora morirás, mujerzuela!

 

XENA

(riéndose)

Conjetura errónea, ‘Capitán’

 

Nuevamente, Xena  se mueve rápidamente fuera de su alcance. Riéndose de su desesperación, desvía una rabiosa embestida. Las espadas chocan otra vez, y se traban. El capitán usa su mayor peso para llevar hacia abajo a Xena. Ella le deja creer que está ganando, luego lo empuja quitándoselo de encima y dándole un golpe en la mandíbula con la empuñadura de su espada. Cae sobre sus rodillas, jadeando. Xena lo agarra por el cabello y estira su cabeza hacia atrás, mirando fijamente  sus ojos oscuros.

 

XENA

Has perdido. Júrame lealtad 

o nada con los peces

 

CAPITÁN PIRATA

¡Nunca!

 

Xena agarra su pesado bulto con un gruñido, y lo lanza por la borda. Éste grita hasta que se sumerge en el agua. Después no se oye nada excepto el sonido del agua agitándose.

 

Gabrielle corre hacia la cubierta de proa. Xena la agarra por la cintura apretándola fuertemente contra sí. Tiene una mirada brillante de maldad y una sonrisa tan salvaje como la de un depredador. Se gira y mira fijamente  hacia la cubierta donde los piratas heridos intentan levantarse sobre las duras tablas de madera, gimiendo y tocándose sus diversas lesiones.

 

XENA

Parece que hay un 

cambio en la "dirección", 

chicos. Sed buenos 

y todo irá bien.

 

Silencio. Entonces...

 

GRUMETE

¿Quién...? ¿Quién eres tú?

 

XENA

(sonriendo maliciosamente)

¿Yo? Soy Xena.

 

 

CORTE A:

 

INT. BARCO PIRATA - CUBIERTA PRINCIPAL -  NOCHE

 

Las antorchas arden mientras Xena pasa revista a una hilera de treinta piratas en posición firme. Su mirada es fría como el océano y mira fijamente a todos los hombres mientras arregla una faja aquí, comprueba el filo de una espada allá...

 

Algunos de los hombres la miran al pasar con el ceño fruncido, pero ninguno de ellos tiene la oportunidad de hacer más; son  confirmados en su puesto por una risueña rubia con gran cariño por los sais y una evidente habilidad para usarlos.

 

Habiendo terminado la inspección, Xena se sitúa frente a los hombres con Gabrielle a su lado. Ella sonríe.

 

XENA

En vez de maldecidme,

debierais agradecérmelo.

Pronto voy a convertiros a 

todos en hombre muy ricos.

 

Hay un largo momento de silencio, roto tan sólo por el sonido de pies arrastrándose en cubierta. Finalmente, un pirata gigantesco, con una barba rubia, larga y suelta, encuentra el coraje suficiente para hablar.

 

BARBARRUBIA

¿Cómo vas a hacerlo?

 

La sonrisa de Xena se torna en una mueca que ninguno de los hombres alcanza a comprender.

 

XENA

Partimos hacia Ikos.

 

 

Los hombre gritan su descontento e incredulidad en su pintoresco lenguaje, tan fuerte y vehementemente que parece que al final van a amotinarse.

 

Gabrielle toma el chakram de la cadera de Xena y lo lanza. Éste vuela sobre las cabezas de los hombres, hace unas carambolas en el palo mayor, resuena en los soportes de las antorchas uno por uno, golpea de nuevo el palo mayor y vuela de regreso a las manos de Gabrielle. Ella sonríe y devuelve el arma a su lugar mientras en el barco se hace un silencio sepulcral.

 

Xena guiña a Gabrielle y se vuelve hacia los piratas.

 

XENA

(continúa)

Como decía: partimos hacia Ikos.

Pienso que ha llegado la hora 

de que Igor el Negro pruebe su 

propia medicina... Y creo que sois

  la tripulación perfecta para hacerlo.

 

Los piratas vuelven a arrastrar sus pies sin atreverse a hablar. Algunos de ellos lanzan miradas furtivas en dirección a Gabrielle.  Ella les sonríe agitando sus dedos.

 

BARBARRUBIA

¿Qué sacamos nosotros de todo esto?

 

XENA

Una vez que Igor esté fuera de

nuestro camino, todo el botín 

que podáis llevar es vuestro.

 

Los hombres la miran fijamente boquiabiertos. Lo que les acaba de proponer es algo totalmente inaudito entre piratas: el capitán siempre se lleva una parte del botín.

 

GABRIELLE

(amablemente)

Hasta el último dinar.

 

 

Un pirata con una horrible cara llena de cicatrices y algunos dedos menos en la mano izquierda da un paso al frente.

 

CARACORTADA

Todos los dinares del mundo 

serán insuficientes si morimos.

Nadie entra en esa isla sin el

 permiso de "El Negro". Todo aquel 

que lo ha intentado está muerto.

 

Xena sonríe con satisfacción.

 

XENA

Siempre hay una primera

vez para todo.

 

CARACORTADA

No para mí.

Estás loca.

 

Él se vuelve hacia sus compañeros.

 

CARACORTADA

(continúa)

¡Venga, nenitas!

¡Somos treinta contra dos!

¡Démosles lo que se merecen!

 

Xena levanta una mano y los hombres se quedan paralizados.

 

XENA

Nunca permitiré que se diga que Xena 

de Amphipolis es una mujer injusta. 

Todos tenéis una oportunidad.

Podeis venir conmigo y haceros

mucho más ricos que en vuestros

 sueños más audaces... o... volver

 con vuestro antiguo capitán, y

 servir de alimento a los tiburones.

 

Con un gruñido, Caracortada se vuelve hacia ella y blande su espada. Riéndose, Xena toma la suya y en dos rápidos movimientos, la espada del pirata cae por la borda y la de Xena está en su garganta.

 

Xena mira con indiferencia a los ojos brillantes y llenos de odio de Caracortada, y lo muestra al resto de la tripulación.

 

XENA

(continúa)

Y bien, chicos.

¿Sí...

 

Ella empuja la punta de su espada sobre el cuello de Caracortada con la intensidad necesaria para hacerlo sangrar sólo un poco.

 

XENA

(continúa)

...o no?

 

Los hombres se miran unos a otros encogiéndose de hombros.

 

BARBARRUBIA

¡XE-NA!

 

TRIPULACIÓN

¡XE-NA! ¡XE-NA! ¡XE-NA!

 

CORTE A:

 

INT. BARCO PIRATA - CUBIERTA PRINCIPAL - DE DÍA 

 

En la cubierta principal del barco se ven dispersos varios grupos de hombres que diligentemente hacen sus tareas asignadas. Un hombre, en lo alto de la atalaya, vigila la posible aparición de otros barcos. Algunos marinos atienden velas, girando los tornos donde enrollan las gruesas cuerdas en los carretes. Otros remiendan las velas, construyen cuerdas o reparan redes.

 

Barbarubia, el primer oficial, camina entre los hombres, gritando órdenes a  izquierda y derecha.

 

BARBARUBIA

¡Moveros lombrices! Dejad 

de pasear el plomo o

por los Dioses,  os

echaré al mar yo mismo.

 

Un grupo de seis hombres ignoran la advertencia, parados cerca de la popa y hablando entre ellos mientras pretenden que están reparando unas redes. Tan absorbidos en su conversación que ellos no ven una sombra delgada y rubia que cautelosamente se acerca junto a ellos.

 

Otros sí se dan cuenta, y sucumben a la tentación. Un pirata, tan cautivado por la manera en que la vaporosa tela de la blusa de Gabrielle se pega  a su cuerpo, camina hacia la barandilla y  casi se cae al agua. Es salvado en el último momento por una mano áspera que lo pesca de su chaleco, ante la risa general de sus compañeros.

 

Otro pirata, disfrutando de la misma vista, se gana una  conmoción cerebral al estrellarse directamente contra el mástil principal. Se escuchan más risas rudas. 

 

CARACORTADA

(a sus compañeros)

Ratas de cloaca, todos vosotros, 

que os derretís por una mujer. 

Dejadme el mando que yo os 

espabilaría a todos y a ella la

ataría al mástil y la desollaría viva.

 

Los hombres alrededor de él se quejan, aunque la mayoría está de acuerdo.

 

CARACORTADA

(continúa)

Yo no me rendiré sin una pelea, eso

os lo aseguro. Todo el oro del mundo

no vale más que mi piel. Somos piratas.

Podemos conseguir todo el botín que

deseemos en cualquier parte. Yo digo que 

deberíamos recuperar nuestro barco y

 darles su merecido a estos cobardes.

 

PIRATA

¿Pero cómo? ¡Ella ya nos

venció una vez!

 

Caracortada sonríe, mostrando los tres dientes que le quedan.

 

CARACORTADA

Yo os diré cómo.

 

Las cabezas de los hombres se acercan.  La sombra rubia escucha un momento, una sonrisa aparece sobre su rostro antes de que silenciosamente se aleje, sin que los hombres lo noten siquiera.

 

 

CORTE A:

 

INT. BARCO DE PIRATAS – CUBIERTA - ATARDECER

 

El viento de la tarde ha aumentado, y el barco salta y se balancea sobre las olas que  se agitan.  Los piratas, acostumbrados al mar embravecido, se encargan de sus tareas con un ojo mientras con el otro miran el drama que se desarrolla junto al timón.

 

Xena está al timón con expresión estoica, mirando hacia delante.  Gabrielle está frente a ella, con una cara pálida como la leche y con un cierto tono  verde.  Sus manos subrayan algún asunto que ella trata de explicar, pero la expresión de Xena no cambia.

 

El barco se balancea y salta al compás de las olas gigantes.  Gabrielle cae sobre Xena y se agarra firmemente de ella mientas el barco finalmente retrocede muy despacio a su posición derecha.  Los ojos de Xena se ablandan un poco al mirar a Gabrielle, luego se endurecen de nuevo cuando se deshace de los brazos de su amiga del alma.

 

Gabrielle retrocede y el barco vuelva a balancearse bajo la fuerza de otra ola, pone una mano sobre su boca repentinamente y corre hacia la barandilla.

 

Escondido en las sombras, Caracortada gruñe desagradablemente y asiente a sus compañeros.

 

CORTE A:

 

INT. JUNTO El CAMAROTE DEL BARCO - NOCHE

 

Caracortada y dos de sus acompañantes están tras la puerta del camarote de Xena.  Todos van armados y uno de ellos lleva una antorcha que cruje en el diminuto espacio, húmedo y cerrado.

 

CARACORTADA

(susurrando)

Quédate aquí y vigila

la puerta. Yo te llamaré

cuando termine.

 

Los hombres miran a su alrededor nerviosamente.

 

PIRATA #1

(susurrando)

¿Y que ocurre con el capitán?

 

Caracortada sonríe sarcástico.

 

CARACORTADA

Ella no es capitán y sería

mejor que dejaras de llamarle así

o yo mismo te tiraré por la borda.

 

PIRATA #1

Bien. Xena, entonces,

si ella viene a…

 

CARACORTADA

¡Ella no bajará, rata de

cloaca! Ella está ocupada

con el timón.  Aparte, no

parece que le importe el

estado de la chica ¿o sí?

 

Los hombres piensan por un momento, y sacuden la cabeza: ‘no’.

 

CARACORTADA

(continúa)

Bien, entonces limitaros a seguir 

mis órdenes y vigilad la puerta.  Y si 

alguno piensa irse de su puesto...

 

PIRATA #2

Acuérdate que nos prometiste

un pedazo cuando termines.

 

Caracortada saca una daga de su faja y la presiona contra el cuello del Pirata #2.

 

CARACORTADA

No eres nadie para  recordarme

de cumplir mi palabra, Talbat.

 

TALBAT

N…no señor. Quiero decir

sí, señor. Digo…

 

CARACORTADA

Cállate.  Limitaros a hacer lo 

que os dije, y probablemente

os dejaré algo.

 

Los hombres ríen lujuriosamente.

 

Caracortada cabecea hacia ellos, silenciosamente abre la puerta, y entra.  Los hombres tratan de mirar dentro del cuarto, pero retroceden cuando la puerta se cierra en sus caras.

 

CORTE A:

 

INT. CAMAROTE  DEL BARCO - NOCHE

 

El interior del diminuto  camarote  tiene una pequeña antorcha, que emite una luz vaga sobre las cajas y las posesiones dispersas de las dos mujeres que comparten el cuarto. Una hamaca grande  domina el espacio que divide  la cabina por el medio; una hamaca que actualmente es ocupada por Gabrielle que duerme profundamente. La cima de su cabeza es la única cosa visible bajo la piel gruesa que cubre el resto de su cuerpo.

 

Caracortada casi  puede oler la enfermedad en el cuarto a pesar de la pequeña portilla que está  abierta y permite entrar  la brisa fresca y el aroma del océano. Él ríe. Es una expresión sumamente repugnante.

 

Levantando su daga, se inclina adelante aflojando el lazo que mantiene su pantalón ajustado en su sitio.

 

Cuando está a punto de alcanzar la hamaca,  oye una viva y  casi amistosa voz directamente detrás de él que hace que se le ericen los pelillos de la nuca.

 

XENA

¿Nadie te enseñó que es de mala

educación  entrar a la habitación

de una dama sin ser invitado?

 

 

Gruñendo,  Caracortada se vuelve con la daga lista. Al hacerlo,  sus pantalones se deslizan hasta sus tobillos.

 

Desarmada, Xena permanece con los brazos cruzados sobre su pecho.  Enarca las cejas mientras recorre de arriba abajo la figura frente a ella. Sonríe complacida.

 

XENA

(continúa)

Parece ser que tenemos un...

ligero... problemita ¿verdad?

 

Caracortada gruñe salvajemente   y se tira a atacar blandiendo la daga. Pero es detenido  una vez más. Ahora por un  filoso y muy  puntiagudo Sai,  presionado contra su hombro.

 

GABRIELLE

Yo no movería un músculo.

 

Se gira,  mirando  la hamaca,  frunciendo el ceño al encontrarse con una muy sana,  animosa y bastante despierta Gabrielle, sonriéndole divertida.

 

CARACORTADA

¡Tú!

 

GABRIELLE

¿Acaso esperabas 

a alguien más?

 

CARACORTADA

¡GRRRRRRRR!

 

Se lanza a atacar con un poderoso envite. Gabrielle fácilmente detiene el ataque con su brazo, chocando la muñeca de Caracortada,  sin embargo por la fuerza del inesperado contraataque, él tropieza con sus pantalones caídos y yéndose de bruces, cae sobre Gabrielle.

 

La hamaca se mece  violentamente,  golpeándolos a ambos, enviándolos al suelo. Gabrielle cae de espaldas, quedándose sin aire. Caracortada intenta aprovechar el momento de desconcierto y le asesta un puñetazo en la quijada, preparándose para hundirle la daga.

 

Ni siquiera inicia el golpe puesto que es levantado con fuerza por la espalda, y estrellado contra la pared del fondo del camarote. Sin darle tiempo a parpadear, Xena ya está sobre él con sus  ojos brillando de un fuego asesino.

 

Gabrielle se pone de pie, acariciándose la mandíbula, toca ligeramente a Xena en su espalda, para hacerle saber que está bien.

 

XENA

Creo que alguien necesita aprender 

una lección, sobre los peligros que 

conlleva tocar la propiedad de 

otros, sin permiso. ¿No te parece?

 

Caracortada  deja escapar un grito estrangulado mientras  vuelve a ser levantado y sacado del camarote.  Mira al suelo, sólo para ver que sus cómplices yacen sin sentido a cada lado de la puerta, cortesía de los puños de Xena.

 

CORTE A:

 

INTERIOR - CUBIERTA PRINCIPAL- EN LA NOCHE

 

Las antorchas se encienden al tiempo que el último  latigazo cae sobre la espalda desnuda de Caracortada. Gimiendo débilmente, se derrumba contra sus ataduras, sus piernas apenas sí pueden sostenerle en pie.

 

Xena le entrega el látigo a Barbarrubia y señala a uno de los cómplices de Caracortada quienes volvieron en sí justo a tiempo para ver a su jefe recibiendo su castigo. Sacudiendo la cabeza nerviosamente, él intenta retirarse, pero es retenido por varios piratas detrás de él.

 

XENA

Hazlo, o te le unirás

en el palo.

 

Deseando estar en cualquier lado menos ahí,  el pirata camina inseguro y agarra la cuerda que sostiene la cubeta, llena de agua de mar, alzándola con una mano. Es tal su nerviosismo que derrama un poco de agua por los bordes, ganándose una fiera mirada de Xena.

 

XENA

(continúa)

¡Hazlo!

 

 

El pirata inhala profundamente, levanta el balde, lo balancea  y  tira el agua helada sobre la espalda ensangrentada de Caracortada, quien deja escapar un alarido lastimoso, antes de desplomarse sobre sus ataduras y  quedar sin sentido.

 

Con una cabezadita de satisfacción, Xena se aleja del hombre castigado,  para volverse hacia lo que queda de su tripulación, sus ojos taladran a cada uno de ellos sobre la cubierta.

 

XENA

(continúa)

Todos habéis aprendido una

 lección muy necesaria con respecto

a la propiedad de otros. Ella...

 

Xena, extiende una mano en ademán imperioso. Gabrielle velozmente se acerca a ella, deslizando su mano sobre el brazo de Xena, que la atrae hacia sí con firmeza.

 

XENA

(continúa)

Es mía. Esto…

 

Con su mano abierta recorre el barco.

 

XENA

(continúa)

Es mío.

 

Señala a cada uno de los hombres frente a ella con una penetrante mirada.

 

XENA

(continúa)

Vosotros... sois míos. Vivís porque 

yo lo permito. Respiráis sólo porque

a mí me place que lo hagáis. Y si

me place que dejéis de respirar...

 

Xena sonríe.

 

XENA

(continúa)

… simplemente lo haréis. ¿He 

hablado perfectamente claro?

 

 

TODOS LOS PIRATAS

¡SÍ, CAPITÁN!

 

XENA

(continúa)

Bien. Ahora, os sugiero a todos aquellos 

que no estén de guardia, regresad a

 vuestros camastros,  y descansad tanto 

como podáis. Estamos muy cerca de 

nuestro destino,  y tenemos muchas 

cosas que preparar para nuestra visita.

 

PIRATAS

¡SÍ, CAPITÁN!

 

BARBARUBIA

¡Capitán! ¿Qué hacemos con el prisionero?

 

XENA

Déjalo ahí. Servirá como recordatorio 

para el resto, de lo que les pasará, 

si intentan  traicionarme.

 

BARBARUBIA

Sí, capitán.

 

XENA

Te quedas al timón. Despiértame

al alba. Nos espera  un día

muy ocupado mañana.

 

BARBARUBIA

Sí, capitán.

 

Xena se separa ligeramente de Gabrielle tomándola de la mano. Los demás,  las ignoran premeditadamente, mientras la pareja emprende el camino de regreso a su camarote.

 

FUNDIDO A NEGRO.
 

FIN DEL TERCER ACTO

ACTO CUATRO