Guía Episodios

Introducción

Acto 1

Acto 2

Acto 3

Acto 4



ACTO DOS

 

ABRE DE NEGRO:

 

INT. HABITACION – TEMPRANO EN LA MAÑANA

 

Con cuidado, Xena se desliza suavemente debajo del cuerpo de Gabrielle, quien duerme con un sueño ligero y tranquilo, rellenando el espacio dejado por su cuerpo con cojines. Se dirige al otro lado de la habitación en donde hay una taza con hierbas. Vierte en ella agua caliente, la mueve y espera a que las hierbas disuelvan en el agua todo a su gusto y aroma. Una vez disueltas, vuelve a la cama llevando consigo la taza y se desliza suavemente en un pequeño lugar vació de la cama, junto al cuerpo extendido de Gabrielle.

 

Poco después, los diminutos ojos verdes se abren como en un estallido. Gabrielle sonríe, luego se estremece y después frunce el ceño.

 

XENA

¿Cómo esta la cabeza?

 

 

GABRIELLE

Uff

 

XENA

Eso pensé.

 Aquí tienes, tomate esto

 

GABRIELLE

Por favor… no uses

esa palabra

 

XENA

¿Qué palabra? ¿Bebida?

 

GABRIELLE

Xena…

 

Con el ceño fruncido, Gabrielle agarra la taza y toma un pequeño sorbo. Ella se ahoga al probar.

 

GABRIELLE

(continua)

Dioses. ¿Esta segura que

supuestamente esto ayudara?

 

 

Xena sonríe en silencio y toma la taza. Luego toma a Gabrielle entre sus brazos, haciendo que su cabeza descanse sobre su pecho.

 

XENA

Te lo prometo.

 

Gabrielle se acurruca junto a ella, esperando que las hierbas hagan su efecto mágico.

 

GABRIELLE

¿Qué fue lo que

bebí anoche?

 

XENA

Posiblemente la pregunta

se oiría mejor

si dijeras que fue

lo que no bebiste.

 

Gabrielle suspira.

 

GABRIELLE

¿Qué mal, eh?

 

XENA

Nah. Además tienes

derecho de soltarte el pelo un rato

como todo el mundo.

 

Lentamente Gabrielle levanta su cabeza y mira a los ojos a Xena.

 

GABRIELLE

¿Por qué no me gusta

como suena esto?

¿Qué ha pasado?

 

XENA

¿Cuánto recuerdas?

 

Gabrielle se recuesta nuevamente sobre el pecho de Xena y cierra sus ojos para pensar.

 

GABRIELLE

Bueno… Nos sentamos

en el café

 

XENA

Bien…

 

GABRIELLE

Acabábamos de terminar

una fantástica cena.

 

Xena sonríe con algo de malicia.

 

XENA

Deberías recordar esto.

 

Al querer bromear con ella le da una ligera palmadita en el vientre.

 

XENA

(continua advirtiéndole)

Podría dejarte adivinando

todo el día.

 

 

El inexistente dolor en el costado de Xena es tiernamente sobado por encima de sus ropas.

 

XENA

(continua)

Eso está mejor. ¿Qué

más,  recuerdas?

 

GABRIELLE

Veamos… Un grupo de personas

realmente agradable

que vinieron.

 

Su rostro brilla notablemente.

 

GABRIELLE

(continua)

Era como… sí¡ todos ellos

me conocieran de siempre!

Ellos saben de mis poemas y

nuestras hazañas. Realmente

eso era…es  lo que me gustó.

Me sentí…

 
XENA

¿Famosa?

 

GABRIELLE

Bien. Me sentí bien.

 

 

Gabrielle se endereza y da la vuelta para mirar a su pareja.

 

GABRIELLE

(continua)

Xena, amo nuestra vida juntas.

Tú sabes que es así. Pero

algunas veces, se siente tan bien

ser reconocida por las cosas que hago

 que no impliquen el dar una paliza a

los tipos malos. ¿Tú sabes?

  

Xena le regala una sonrisa amorosa a Gabrielle.

  

XENA

Tú te mereces ese reconocimiento,

Gabrielle. Eso y mucho más. Eres

una destacada bardo y una

persona maravillosa. Eres mi luz.

Y si la gente es incapaz de ver

más allá de tus sais, entonces...

no merecen conocerte.

 

GABRIELLE

Oh, Xena...

 

Las dos se unen en un largo abrazo. Cuando Gabrielle al fin se separa, sus ojos brillan y lágrimas de felicidad, resbalan por sus mejillas.

 

GABRIELLE

Así que... ¿Qué tenemos

para hoy en la agenda?

 

XENA

¿Seguro que no quieres

saber el resto de lo

que pasó anoche?

 

Gabrielle se rie.

 

GABRIELLE

Estoy empezando a recordarlo.

Además, si me hubiese quitado la ropa

y hubiese bailado desnuda bajo

una lámpara de araña

seguro que me lo hubieses

dicho al instante.

 

XENA

(con sequedad)

Tienes razón. De todos modos

pensé que quizás daríamos un paseo

para ver los monumentos. A ver si hay algo

que estimule nuestra imaginación.

 

 

GABRIELLE

Eso suena perfecto.

 

Con el dolor de cabeza ya olvidado, Gabrielle salta de la cama y observa a su compañera que está tumbada cómodamente.

 

GABRIELLE

¿Y bien? El día no va a ser

siempre joven, lo sabes.

¡En marcha!

 

Xena sólo puede sonreír en silencio y se levanta de la cama preparándose para afrontar el día.

 

CORTE A:

 

EXT. DE LA MURALLA DE POMPEYA - POR LA MAÑANA

 

La muralla que rodea la ciudad es famosa por sus inscripciones, por su notoriedad como lugar de reunión, y por sus pinturas, muchas de ellas bastante subidas de tono. Xena y Gabrielle caminan a lo largo de la muralla mostrándose una a la otra, diversos fragmentos de grandilocuente prosa.

 

GABRIELLE

"¡Felicidad a la gente de

Pozzuoli! ¡Prosperidad a todos

los de Nuceria! ¡Alivio para los pompeyanos

y los habitantes de Pithecusa!"

 

XENA

"Aquí, Harpocras hizo un

buen %&@# con Drauca

por un dinar."

 

GABRIELLE

Eso es grosero.

 

XENA

Yo creo que es bastante divertido.

 

GABRIELLE

Deberías. ¡Oh, mira ese!

"El dinero no apesta".

 

XENA

(con sequedad)

Qué profundo. "Celadus

el tracio hace a las chicas

gemir".

 

GABRIELLE

¡Xena!

 

XENA

Ya sabes lo que se dice

sobre los tracios...

 

GABRIELLE

Mm. Muy interesante.

 

Xena sonríe.

 

GABRIELLE

(continúa)

Está bien, ya basta. ¿Y sí nos

acercamos a la plaza mayor?

He oído que muchos de los

grandes oradores comenzaron

aquí en la plaza de Pompeya.

 

XENA

Oh, genial.

 

GABRIELLE

¿Perdona?

 

XENA

He dicho que vamos.

 

GABRIELLE

Vaaale.

 

 

CORTE A:

 

EXT. DE LA PLAZA MAYOR - DE DÍA

 

La plaza esta alborotada con pompeyanos de todas las condiciones y clases reunidos en grupos en distintos emplazamientos a lo largo de ese gran espacio abierto. La muchedumbre es estridente y bulliciosa. El aire se llena de risas, insultos y discursos sobre tópicos por todos conocidos y otros asuntos nunca oídos antes.

 

Xena y Gabrielle continúan caminando oyendo retazos de una conversación cada vez más extraña, hasta que se topan con un grupo de gente que se insulta, muchos de los cuales están armados con verduras y frutas podridas. De repente, en un momento, un proyectil es lanzado enérgicamente hacia el frente, es de suponer que al orador, ante las risas y aplausos del resto.

 

GABRIELLE

Guau. Lo siento por quien sea

que esté recibiendo este trato.

¿Puedes oír lo que dice?

 

Mientras las dos se acercan, el ruido de la multitud disminuye lo suficiente como para permitir que se oiga con claridad, la leve y aguda voz del orador.

 

ORADOR

¡Yo os digo, hermanos y hermanas,

que la ira de mi Dios está en camino!

¡Pero podéis salvaros! ¡Arrepentios

de vuestras vidas pecaminosas!

¡Arrepentios de vuestras maldades!

¡Arrepentios y todos serán salvados!

 

HOMBRE

¡¡Arrepiéntete de esto!!

 

Una fruta excesivamente madura, vuela por el aire y aterriza con un ruido sordo sobre el pecho del orador. La multitud se ríe a carcajadas.

 

Xena pone los ojos en blanco y comienza a alejarse, pero una mano en su brazo la detiene.

 

GABRIELLE

Xena, espera. ¿No te resulta

algo familiar esa voz?

 

 

XENA

La voz de mi justa

indignación por lo general,

Gabrielle.

 

GABRIELLE

¡No, estoy en serio!

Conozco esa voz.

 

ORADOR

¡Golpéame si quieres! ¡Ridiculízame!

¡No  cambiará el hecho

de que el Dios de Eli os ame a todos!

 

Xena y Gabrielle intercambian miradas. Gabrielle se gira y comienza a abrirse paso a través de la turba. Suspirando, Xena la sigue. Los miembros de la muchedumbre las reconocen y ceden el paso amablemente.

 

HOMBRE

¡Golpéalo con tu chakram, Xena!

 

El grupo ríe.

 

HOMBRE #2

¡Eso lo callará!

 

HOMBRE #3

¡Para bien!

 

Los aplausos abundan.

 

Gabrielle finalmente se hace al frente de la muchedumbre, seguida muy de cerca por Xena, se detiene mirando fijamente la comida salpicada en el joven que permanece encima de una pequeña caja.

 

XENA

(susurrando)

Loos.

 

El hombre las mira y sonríe, su expresión se transforma en un resplandor, que lamentablemente no va bien con la salsa de tomate que lentamente gotea de su pelo.

 

LOOS

¡Por fin!. ¡Mis suplicas han sido

escuchadas!. ¡El Dios del Amor ha enviado

su Espada de Justicia para castigar

al enemigo! ¡Contemplad! ¡La Madre de la

Mensajera! ¡Castígalos, Xena!

 

MUCHEDUMBRE

¡¿Xena?!

 

Xena se vuelve hacia ellos y encoge los hombros.

 

XENA

Lo siento, gente, supongo que no estoy

de humor para castigar hoy.

Quizás mañana.

 

Girándose atraviesa rápidamente el pequeño espacio que los separa agarrando el brazo de Loos y lo arrastra de la caja sobre la que él está de pie.

 

XENA

(continúa siseando)

¿¡¿Qué Tártaro piensas

que estás haciendo?!?

 

 

LOOS

(fervientemente)

¡Gracias Eli, finalmente

has venido, Xena! ¡Estaba empezando

a perder la esperanza!

 

XENA

Escucha, Loos, Sé que la

razón por la que piensas que

he venido, pero si es ésa, estás

equivocado. Ahora, vete fuera de aquí

antes de que nuestros amigos de Pompeya decidan

castigarte ellos mismos.

 

Con Gabrielle alejándose del camino, el trío fuerza su salida de la plaza atestada a  un callejón relativamente vacío. 

 

CORTE A:

 

EXT. CALLEJÓN – DE DÍA

 

Una vez a salvo de la muchedumbre, Xena se detiene, girando y empuja a Loos hacia atrás contra la pared de estuco al fondo del callejón.

 

XENA

¡¿Qué estás haciendo aquí?I

Pensaba que habías vuelto a Grecia

con el resto de los seguidores de Eli.

 

LOOS

¡Bien, fui! Pero luego cuando Eve

murió…Xena, yo sentí mucho su

pérdida. El mundo entero lloró

cuando Eve fue llevada de nosotros.

 

Él hace a abrazar a Xena, pero es contenido por las manos poderosas que todavía aprietan sus hombros y fuerzan su espalda contra la pared.

 

XENA

(sinceramente)

Gracias, Loos. Pero eso

aún no explica porqué

estás aquí y no allí.

 

La cara de Loos se enciende.

 

LOOS

¡El sacrificio de Eve fue tan noble, Xena!

Sentí que la única

manera de honrarlo, de hacer lo justo,

era hacer mi propio sacrificio!

 

XENA

No pienso que morir bajo él

el peso de la fruta podrida sea lo bastante

que Eve hubiera querido.

 

 

LOOS

¡No! ¿No ves? ¡Mira a tu alrededor, Xena!

¡Esto es una guarida de iniquidad!

 ¡Un antro lleno de suciedad y

depravación! ¡Esto hiede completamente a mal!

 

Xena y Gabrielle intercambian otra mirada.

 

XENA

Loos….

 

LOOS

¡Piensa en ello, Xena! Si yo pudiera influenciar

sólo en setenta de los pecadores de esta ciudad

en su nombre, Eve sería

honrada a través de toda la historia!

 

GABRIELLE

(dudando)

¿Setenta?

 

LOOS

¿Sesenta?

 

Ambas lo miran fijamente.

 

LOOS

(continúa)

Diez, entonces. ¡Seguramente hay diez

personas honradas que encontrar en

este agujero del Infierno! El tiempo pasa

despacio, Xena. La ira del Dios de Eli

pronto caerá

sobre estas malas, malas

personas. Puedo sentirlo.

 

XENA

La única ira que vas a

sentir es la de los Pompeyanos

si continúas llamándoles

malos y depravados. 

 

LOOS

¡Digo sólo la verdad! ¡Dios

dirige mi lengua!

 

XENA

¡Bien, yo te ordeno que el resto de ti

se mueva ahora!

 

El grupo corre por el callejón hacia un área más tranquila llena de villas magníficas. A pesar de las circunstancias, Gabrielle mira alrededor, con los ojos  abiertos de par en par, asombrada por la belleza arquitectónica que la rodea. Distraída, casi se estrella contra la inmóvil espalda de Xena.

 

GABRIELLE

¿Por qué nos detenemos?

 

 

XENA

(tensa)

Pregúntale al

predicador ahí.

 

LOOS

Esto no tomará

más que un momento.

 

Loos busca algo dentro de su toga, da un paso atrás, permitiendo  a Xena y Gabrielle  observar con más atención el interesante mural que cubre la pared de la inmensa villa.

 

Los ojos de Gabrielle se abren considerablemente.

 

GABRIELLE

Oh, oh. Es...

 

XENA

¿Optimista?

 

 

GABRIELLE

A menos que su padre

fuera un centauro.

 

Loos se acerca al mural, bote de pintura y pincel en mano. Rápidamente, delinea lo que parece ser una hoja de higuera sobre la anatomía impresionante del hombre en la pintura.

 

De repente, la puerta de la villa se abre violentamente y aparece un gran y obeso hombre con la cara roja de la ira.

 

HOMBRE OBESO

¡Veamos aquí! ¿¡¿Qué

están haciendo?!?

 

Loos pinta más rápidamente.

 

LOOS

¡Preservando la modestia de una

inocente alma que casualmente pasaba

frente a esta repugnante pintura!

¡Es la voluntad del Dios del Amor!

 

HOMBRE OBESO

¡No me importa de quién es la voluntad!

¡Es mi pared y sí no dejas de

desfigurar mi propiedad,

haré que te den una paliza!

 

LOOS

¡Mi Dios me protegerá

de su maldad!

 

HOMBRE OBESO

¡¿Te protegerá de

mi puño?!

 

Xena logra detener el inmenso puño del hombre antes de que haga contacto con la frágil mandíbula de Loos.

 

XENA

(apaciguadoramente)

Lo siento mucho. Olvidó

tomarse sus medicinas

hoy por la mañana.

 

GABRIELLE

Si. Nosotras… eh… nos

lo llevaremos de regreso

a casa ahora, ¿de acuerdo?

 

El hombre parece muy enfadado.

 

HOMBRE OBESO

¿Quién arreglará este deterioro?

 

Viendo a un jovencito encorvado en la esquina, Gabrielle busca en su bolsa y saca un par de monedas de plata.

 

GABRIELLE

¿Lavarías la pared de

este buen hombre?

 

Viendo las monedas, los ojos del muchacho se iluminan. Trota hacia ella, con la mano levantada.

 

JOVENCITO

¡Puedes apostarlo!

 

GABRIELLE

Has un buen trabajo y podría

haber más para ti.

 

JOVENCITO

¡Haré el mejor trabajo

de toda Pompeya!

 

GABRIELLE

¡Grandioso!

 

XENA

Nos vemos.

 

Agarrando la mano de Loos y causando la caída de su pintura y pincel, Xena arrastra al hombre. Gabrielle sonríe dulcemente al dueño y la sigue rápidamente.

 

GABRIELLE

Que vacaciones, ¿verdad?

 

 

XENA

Recuérdame agradecer a tu

agente de viajes cuando

regresemos a Grecia.

 

Gabrielle sólo se ríe.

 

FUNDIDO A NEGRO.
 

FIN DEL SEGUNDO ACTO

ACTO TRES