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ACTO SEGUNDO
ABRE DE NEGRO: INT. BARD ROCK
CAFÉ - MEDIODÍA
Gabrielle esta poniéndose
en pie al tiempo que Xena llega a su lado y
juntas tiran de Marcellas Flavias por los pies. La vieja mujer esta
toda empolvada pero parece que sin heridas, excepto por un pequeño chichón
sobre su frente que se hizo al chocar contra el suelo. XENA (a Gabrielle) ¿Estás bien? GABRIELLE Sí, pero esto de que el techo Se derrumbe sobre nosotras ya estuvo bueno, se está convirtiendo en Un hab... Su voz se torna en
silencio cuando ella vuelve hacia la entrada del café. Sus ojos se abren. GABRIELLE (continua) ¿Que por…? Esto no puede ser. ¿Nieve? ¿En el medio del verano? XENA
No es nieve...
Dándose la vuelta,
retrocede sobre sus pasos hacia la puerta, con Gabrielle pegada a sus
talones. Ambas miran hacia el Vesubio. GABRIELLE
(seriamente) Por los dioses... Una enorme columna
de humo blanco se eleva miles de pies en el cielo, ocultando el sol y el
cielo frente a ellas. Mientras miran, la columna se vuelve gris y desde el
interior, un destello luminoso ilumina el perfil dentado del volcán. Alrededor de ellas pequeños fragmentos de roca desprendida caen,
como si fueran granizo, cubriendo rápidamente la ciudad con una espesa capa
de color grisáceo. A la par que observan el escenario, la capa se hace más
gruesa hasta llegar a la altura del tobillo. GABRIELLE
(continúa) ¿Xena? ¿Cómo vamos a salir de esto? Xena se vuelve hacia Marcellas Flavias. XENA
Tú tenías almohadas por aquí, ¿no? MARCELLAS FLAVIAS
¿A... almohadas? Bueno,
sí, pero... XENA
Tráelas . Una para cada
uno y otra para Loos. Vamos. Con una
interrogante en los ojos, Marcellas Flavias sale corriendo para hacer lo que
Xena le pide y vuelve rápidamente con cuatro mullidas almohadas. MARCELLAS FLAVIAS
¿Servirán éstas? XENA
Sí. Gracias. Tomando dos almohadas, da una a Gabrielle, que le echa una mirada
interrogante. Xena sostiene la almohada sobre su cabeza como explicación.
Gabrielle sonríe. GABRIELLE
Una protección para la lluvia de piedras,
¿verdad?
XENA
Correcto. Vamos. CORTE A: EXT. DE POMPEYA - POR LA TARDE
La escena a la salida del café es caótica. Hombres, mujeres y niños
corren aterrorizados y sin rumbo por las calles. Otros salen en tropel de la
gran cantidad de edificios al borde de la calle, arrastrando enormes sacos
con sus más preciadas posesiones. En el centro de todo y aparentemente ajeno al tumulto a su
alrededor, se encuentra Loos riendo. La lluvia de piedras parece tener menos
efecto que el agua, sobre su fanática alegría. LOOS
¿Quién es loco ahora
Pompeya? ¡¡Te lo advertí!! ¡¡Te lo
advertí!! ¡¡No quisiste escuchar, y
ahora estás pagando el precio
con sangre y lágrimas!! ¡¡Te lo...
uuff!! De repente, se
encuentra mirando al cielo lleno de ceniza, derribado finalmente por la
avalancha de gente. Una mano aparece en su campo de visión y es levantado
bruscamente por la parte delantera de su toga. Alguien le coloca una almohada
bruscamente sobre su angosto pecho. XENA
Ponte esto en la cabeza
antes de que te lo coloque en la boca.
¡Ahora muévete! El pequeño grupo se une a la multitud de pompeyanos que corren hacia
el puerto. La luz del día parece el crepúsculo debido a la ceniza expelida
por el volcán que tiñe el cielo de un denso gris. A su lado, una niña es desviada de su camino y constantemente
apartada por la avalancha de gente. Sus oscuros ojos, llenos de lágrimas muy
abiertos, buscan a alguien conocido. Antes de que Xena la alcance, una mujer joven sale de la multitud y
recoge a la niña, abrazándola con fuerza contra su pecho. Cerca, un hombre tropieza y cae sobre sus rodillas. Entonces, cae de
bruces mientras otro hombre corre hacia él sin verle. Agarrándolo, Xena lo
pone en pie sin parar de correr. De repente, el suelo vuelve a temblar violentamente, lanzando a
hombres y mujeres al suelo. Con un estruendoso rugido, lava y cenizas salen
del Vesubio, elevándose muy alto en el cielo. Ceniza caliente llueve sobre
ellos en una ventisca que lo oscurece todo a la vista. Una anciana cae al suelo y grita con angustia, con la pierna
evidentemente rota, y el hueso clavándose en ella. Al ver esto, Gabrielle sujeta a Xena por el brazo y tira de ella. GABRIELLE
Xena, tenemos que
ayudarla. XENA
¡Muévete! GABRIELLE
¡Xena! ¡Está herida! ¡Necesita ayuda! XENA
¡Continúa moviéndote! ¡No tenemos tiempo! Observando
rápidamente sobre su hombro, Xena entrecierra los ojos y a través del
remolino de cenizas, puede ver el humo y fuego que señalan como se incendian
las viviendas cercanas al Vesubio. GABRIELLE
¡Haremos tiempo! ¡No podemos dejarla aquí! XENA
Bien.
Adelantándose,
agarra a los dos hombres que corren, deteniéndolos abruptamente. XENA
(continúa) Ustedes dos. Levántenla y llévenla hacia el puerto. HOMBRE #1
¿¡¿Está loca?!? XENA
Sip. Y si no quieren ver cuan loca estoy, harán lo que les digo. ¡Ahora!
Algo en sus
ojos les dice que obdecer es la salida más segura. Apenas logran levantar a
la mujer entre los dos, reanudan su carrera buscando ponerse a salvo. Xena y su pequeño grupo
están a punto de reanudar su carrera cuando otra anciana sale del pasaje del
arco de una fina casa alineada al camino. MUJER
Por favor, deben ayudarme. Mi esposo, está confinado a la cama, y no tengo la suficiente fuerza para moverlo. No tengo más familiares. Yo… por favor. Por favor, ayúdenme. Suprimiendo un suspiro,
Xena asiente. XENA
Gabrielle, llévatela junto a Marcellas Flavias y continúen hacia la bahía. Me reuniré con ustedes en un minuto. Loos, vienes conmigo. LOOS
¡¿Yo?! ¿Por qué...? GABRIELLE
(simultáneamente) Xena... XENA
(a la mujer) Tenga, póngaselo sobre su cabeza para protegerla de las piedras que caen. Entregando
la almohada, Xena mira suplicante a Gabrielle. Gabrielle se muerde el labio
inferior, luego asiente. Xena sonríe agradecida, agarra a Loos de la toga,
empujándolo hacia la casa. CORTE A: INT. VILLA - TARDE
Un frágil
anciano yace en una cama con dosel. Sus piernas marchitas, su rostro
amarillento, su tosca respiración en el pecho. Sin embargo, lleva su toga
impecable y diáfana, y está recién afeitado. Es obvio que se le atiende bien
y es amado. HOMBRE
¿Quiénes... quiénes son ustedes? ¿Qué hacen aquí? XENA
Hemos venido a ayudarlo. HOMBRE
¿Mi... mi esposa...? XENA
... está a salvo. Se dirige a la bahía. Pronto volverán a estar juntos. HOMBRE
Gracias. Oh, gracias. XENA
(a Loos) Ayúdame a levantarlo, y se cuidadoso. Loos la observa, su boca
expresando desprecio. LOOS
¿Por qué? Ha sido juzgado y encontrado deficiente, Xena. Dejémoslo aquí para que muera en su porquería. Enderezándose lentamente,
Xena le echa su mirada más fría. Él palidece, pero no cede. XENA
¿Es esto lo que Eva te enseñó acerca del Camino del Amor? LOOS
Actúo como si mi Dios me lo ordenara. Xena sonríe
sarcásticamente. XENA
No puedes responder la pregunta, ¿verdad?
Inclinándose,
levanta al anciano por sus brazos tan cuidadosamente como puede. A través de su dolor, él le sonríe
agradecido XENA
(a Loos) Mantente fuera de mi camino. CORTE A: EXT. POMPEYA – TARDE
Xena alcanza
rápidamente a Gabrielle y los demás. La esposa del hombre, también enferma,
ha tenido dificultad para caminar por
el terreno inestable, constantemente esquivando la masa de roca volcánica que
está siendo arrojada hacia ellos desde arriba. Gabrielle sonríe aliviada cuando Xena aparece, y
rápidamente le entrega su cobertor para la cabeza, protegiendo al frágil
hombre que está en los fuertes brazos de su compañera. HOMBRE
Gracias, amable señora. GABRIELLE
De nada. (pausa, a Xena) No podemos ir muy rápido. XENA
Lo sé. Vamos a hacerlo tan veloces como podamos.
Con esto, se
pone en camino de nuevo hacia la
playa y a la seguridad. CORTE A: EXT. POMPEYA -
TARDE
El grupo sólo debe estar al pasar por la última fila de tiendas y casas cuando Xena siente
que los pelos de su nuca se erizan. Con una helada sensación de terror, mira
por encima de su hombro al tiempo que ve sus peores temores confirmados. El cono del volcán se ha derrumbado y mientras ella
mira, una enorme oleada de ceniza es expulsada hacia la tierra, hacia fuera,
dirigiéndose directamente hacia ellos a una velocidad increíble. Mirando
rápidamente a su izquierda, observa una bóveda anunciando un callejón
profundo y ella se dirige en aquella dirección corriendo. XENA
(gritando) ¡Todo el mundo! ¡Síganme! ¡¡¡Deprisa!!! Sin pensarlo,
Gabrielle levanta a la frágil anciana en sus brazos escapando después de
Xena, sabiendo por el tono de su voz que algo horrible está a punto de pasar. LOOS
¡No! ¡No quiero! Comienza a girarse. XENA
¡Loos! ¡Deprisa! ¡No mires atrás! ¡Deprisa! CORTE A: INT. CAMINO DEL CALLEJÓN - TARDE
Apartándose,
Xena da un leve empujón a Marcellas Flavias primeramente, y los agrupa muy
atrás del callejón, contra la pared de piedra que marca su final.
Rápidamente, aunque con todo el cuidado que puede, descarga al anciano en su
regazo. XENA
¡Sosténganlo! Regresando,
se dirige a toda velocidad al fondo del callejón, poniendo a la anciana en
los brazos de Gabrielle y pone en su espalda a Marcellas Flavias. Volviendo otra vez, agarra del brazo a Gabrielle, le da
un tirón dirigiéndola al interior el callejón, sosteniendo su brazo
fuertemente. Gabrielle lucha contra el apretón de Xena. GABRIELLE
¡Xena! ¡Tenemos que ir a por
Loos! ¡No podemos dejarlo!
XENA
¡¡No hay tiempo!! Gabrielle casi logra soltarse del apretón. Xena la
agarra por ambos brazos y la lleva a sus rodillas, abrazando a Gabrielle
fuerte contra su cuerpo, protegiéndola tan bien como puede. La voz de Gabrielle es
ahogada contra el pecho de Xena GABRIELLE
¡¡LOOS!! CORTE A: EXT. POMPEYA – TARDE
Loos permanece mirando la oleada del cataclismo, con
la cara extasiada. LOOS
¡La Mano de Dios! Esto es precios.... CORTE A: INT. CALLEJÓN - TARDE
La voz de Loos es bruscamente cortada por un aire tóxico, más rápida y más fuerte
que el poderoso huracán y lo bastante caliente como para hervir agua,
llamaradas atraviesan la ciudad, arrasando todo lo que está a su paso. El grupo en
el callejón se agrupa, esperando su destino. FUNDE A NEGRO. |
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FIN DEL SEGUNDO ACTO |
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