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ACTO TERCERO
ABRE EN NEGRO: INT. CALLEJÓN - TARDE
Casi tan rápido como al principio, la oleada pasa,
dejando a aquellos en el callejón ahogándose
con los gases tóxicos que lograron penetrar en la profunda y estrecha
hendidura. El anciano en particular, lo pasa mal. Su cara se torna color
ciruela por como se ahoga y jadea. Oyendo esto, Gabrielle se desprende de Xena,
concentrándose en conseguir mantener su respiración bajo control. GABRIELLE
Yo… estoy bien... ayúdalo…a él... Su propia respiración es áspera, Xena examina a Gabrielle
cuidadosamente, antes de asentir y ponerse finalmente de pie. Atraviesa el
callejón con rápidos pasos, se inclina hasta su cadera, levantando suavemente
al hombre que se encarama en sus hombros hasta quedar sentado. XENA
(suave) Despacio, despacio. Respira profundo, lento.
HOMBRE
¡No puedo… no puedo… respirar! Xena lo sostiene, lo alivia levantándolo hasta sentarlo en posición
inclinada. XENA
Ahora escúchame. Quiero que frunzas los labios como sí estuvieras tratando de silbar y expires. Inténtalo. Te ayudara. Pujando, el hombre hace su mejor esfuerzo, y para su gran alivio, su
respiración se vuelve repentinamente más fácil. HOMBRE
Te… agradezco... Xena sonríe y estruja levemente su endeble hombro. XENA
Me alegra ser de ayuda. Xena mira a los demás. XENA
(continua) ¿Cómo están ustedes dos? MARCELLAS FLAVIAS
M... mejor. La esposa del anciano simplemente asiente. Con una rápida sonrisa, Xena se eleva en toda su estatura y gira,
regresando a Gabrielle. Ella también esta de pie y respirando libremente.
Xena aprieta la mano de Gabrielle al pasar, y se detiene en la entrada del
callejón. GABRIELLE
(preocupada) ¿Qué estas haciendo? XENA
Solo voy a fijarme si ya podemos salir. GABRIELLE
Pero... Xena voltea hacia ella. XENA
Gabrielle, no podemos quedarnos
aquí para siempre. Debemos estar a cubierto antes de la próxima erupción, o... GABRIELLE
Entiendo. Solo… ¿Ten cuidado? La sonrisa de Xena es dulce, sus ojos muy tiernos. XENA
(suave) Siempre.
Deteniéndose frente al portal, mira hacia afuera. El aire estaba
cubierto de cenizas, pero una brisa de ultramar lo limpia ante sus ojos. Posa
sus dedos en los ladrillos calientes justo en el interior de la arcada,
sintiendo como van enfriándose lentamente. Unos momentos mas tarde, inhala
una bocanada de aire refrescante y sale. CORTE A: EXT.
POMPEYA - ATARDECER
La escena es una absoluta carnicería. Docenas de hombres, mujeres,
niños, e incluso animales se han convertido en momias de ceniza petrificada,
atrapados en el viento caliente, y
toxico sin esperanza de escapar. Ellos yacen donde han caído, cuerpos
perfectamente conservados en sus sarcófagos derretidos. Ella se dirige a uno de los cuerpos y apoya una mano en él. La ceniza
fundida esta aún muy caliente al tacto y ella rápidamente retira la mano. El
cuerpo es de un pequeño niño, que yace de costado, con el brazo doblado bajo
su cabeza como si durmiera pacíficamente. Lo mira durante un prolongado
tiempo, entonces se pone de pie. XENA
(suspirando) Lo siento. Se voltea, y mira a su izquierda, en dirección del volcán que aún
vomita, y ella se queda quieta. Piedras pómez caen alrededor de ella en un torrente brioso, pero no lo nota. Gabrielle sale a unírsele y queda quieta también. GABRIELLE
(apenada) Oh, Loos… Como un pilar, el cuerpo de Loos en su sepultura de cenizas permanece
de pie frente al instrumento de su muerte, sus manos están elevadas y asidas
en un gesto de eterna piedad. GABRIELLE
(continúa) ¿Por qué?
XENA
Arrogancia. Vanidad. Derecho propio. Gabrielle la mira durante un largo tiempo. Parte de ella esta
indignada, pero una gran parte de ella sabe que Xena esta diciendo la verdad.
Deja escapar un suave suspiro. GABRIELLE
Creo que me es más cómodo creer que la presión de su prueba lo llevo al límite. XENA
Debió ser parte
de eso. GABRIELLE
Bien. Así es como lo voy a
recordar. mejor que… Asintiendo, Xena agarra la mano de Gabrielle, y
juntas le dan a Loos un saludo silencioso. Entonces... XENA
Andando.
Necesitamos movernos con
rapidez. CORTE A: EXT. COSTA DE POMPEYA - TARDE
A lo largo de la playa de la costa hay muchos
cuerpos, pero sorprendentemente, muchas docenas de personas siguen vivas y
arremolinadas juntas como niños asustados. Un gran barco está atracado en la
bahía casi vacía, y mientras Xena mira, un buen mozo en sus cuarentas baja
del tablón atendido por varios hombres más jóvenes vestidos en las insignias
de la Marina Romana. Ligeramente sonriente, Xena deja al hombre en la
arena cubierta de ceniza, a unos pasos del grupo. Gabrielle está a su lado, y
se acercan al hombre y a su séquito. XENA
Plinio. Plinio mira hacia arriba al oír la voz, y devuelve
la sonrisa, amplia y tibia. PLINIO EL VIEJO
¡Xena! ¡Qué
maravilloso verte de nuevo!
¡No sabía que estuvieras en
Pompeya! XENA
Fue una decisión
repentina. PLINIO EL VIEJO
Bueno, es una
ciudad adorable, simplemente
adorable. Estoy seguro que disfrutarás tu
estadía acá. Gabrielle mira al hombre ligeramente interrogante,
preguntándose si de alguna manera él no ve la gigantesca monstruosidad de
lava y humo directamente en frente de él. XENA
Comandante, necesitamos su
ayuda. El viejo hace un gesto de saludo con la mano. PLINIO EL VIEJO
Sí, sí, lo se. Mi
sobrino lo vislumbró
primero y yo me dirigí a
rescatar a los sobrevivientes a
toda prisa. XENA
Bien. Entonces
yo… PLINIO EL VIEJO
Llevaremos a cabo
la misión en la
mañana. Xena y Gabrielle se quedan mirándolo, con los ojos
bien abiertos.
XENA
No tenemos tanto tiempo. Seguro
que sabes... PLINIO EL VIEJO
(bruscamente) Relájate, Xena.
Tenemos mucho tiempo. He visto
cosas como estas antes,
sabes. XENA
(convincente) Yo también. Y
ahora Tenemos que
irnos. Ahora. PLINIO EL VIEJO
Imposible. Tengo
miedo. Los vientos están
haciendo estragos con el agua. Cruzar
no es seguro en este momento.
Yo a duras penas llegué hasta acá entero. No, mañana estará
bien. XENA
Comandante, los
vientos no están haciendo estragos
con el agua. Lo que usted sintió fue una
sobrecarga. Mire la punta del volcán. Está
mucho más corta que antes. El cono
colapsó contra sí mismo, mandando la
ceniza caliente volando a la ciudad. Cientos
están muertos. Los he visto, Cubiertos de
ceniza y muertos donde yacían. (pausa, muy
intensamente) Plinio, va a
ocurrir de nuevo. PLINIO EL VIEJO
Tonterías. Todos
saben que una vez Que la punta
colapse, el peligro ha pasado. Esta…
roca que cae causará algunas
heridas, si, pero la gente estará a
salvo hasta mañana. Plinio le sonríe a Xena. PLINIO EL VIEJO
Voy a pasar la
noche con unos amigos míos.
Estoy segura que tú y tus compañeros
serán bienvenidos. Nos dirigiremos a
Micenas con la luz de un
nuevo día. GABRIELLE
Señor, usted no
entiende...
PLINIO EL VIEJO
Oh, entiendo perfectamente,
querida. (a Xena) ¿Vienes? Xena frunce el borde de sus labios murmurando. XENA
No. Ve tú. Yo
probare suerte con el
mar. PLINIO El VIEJO
Como desees. Con una imperiosa sacudida de mano, él reúne al
resto de sus seguidores y se dirige directo a la ciudad. Pronto, ellos se
pierden de vista ocultándose en la oscuridad de las cenizas y la extraña
noche. Gabrielle lo mira. GABRIELLE
¡Está loco! ¿Él
va a morir, cierto? XENA
Cuenta con eso.
Vamos. Veamos si encontramos
algo que valga la pena y
larguémonos de aquí.
FUNDE A NEGRO. |
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FIN
DE TERCER ACTO |
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