Guía Episodios

Introducción

Acto 1

Acto 2

Acto 3

Acto 4



ACTO CUARTO

 

FUNDE A:

 

EXT. PUERTO DE POMPEYA - NOCHE

 

Xena explora el puerto, frunciendo el ceño. Algunos botes permanecen en el muelle, y la mayoría de estos están volcados o inservibles. Tomando una antorcha de uno de los hombres del grupo, ella camina por el muelle, tratando de ver en la oscuridad, agitando el agua por debajo.

 

Finalmente, ella ve un la mitad de un barco enterrado en lava sólida. Su mástil principal esta astillado, sus velas están solo rasgadas, harapos ondeando. Su pintura maltratada y descascarada. Pero aun permanecía solidamente sobre el agua con sus remos, cinco a cada lado, en buenas condiciones.

 

Con una severa sonrisa, ella asiente la cabeza y se regresa a la orilla. A lo que se baja de la plataforma del muelle, la tierra vuelve a temblar, casi haciéndola caer de rodillas. La antorcha parpadea, pero permanece resplandeciendo a lo que ella se voltea rápidamente hacia el Vesubio.

 

Afortunadamente, el terreno en forma de cono parecía intacto. Por el momento.

 

El sonido de pasos corriendo la alerta de la presencia de Gabrielle, y ella sonríe a lo que Gabrielle se aproxima a la luz de la antorcha y la abraza.

 

GABRIELLE

Vi que casi te caes.

¿Te encuentras bien?

 

 

GABRIELLE

Estamos todos bien.

 

Ella voltea en dirección al volcán con una mirada de preocupación...

 

GABRIELLE

(continua)

¿Esto va a suceder otra vez?

 

XENA

Sí... pero no aún.

Aún tenemos un poco de tiempo.

 

GABRIELLE

¿Tuvimos suerte?

 

XENA

Encontré un barco. Uno pequeño.

Puede que aguante un par

de docenas, quizá un poco mas.

 

 

GABRIELLE

Oh, gracias a los Dioses.

 

Su expresión se vuelve pensativa.

 

GABRIELLE

(continúa)

Xena, por lo menos conté a cincuenta
personas en la playa. Que…

 

XENA

Haremos lo que podamos.

Vamos.

 

CORTE A:

 

EXT. PLAYA POMPEYA - NOCHE

 

Xena se mueve con facilidad entre la pequeña multitud. Se detiene ante un grupo de personas el de Marcellas Flavias y el par de ancianos.

 

XENA

¿Están bien?

 

MARCELLAS FLAVIAS

Estamos bien. ¿Tuvo

resultados tu búsqueda?

 

Cabeceando Xena voltea hacia la multitud.

 

XENA

 (su voz un poco fuerte)

He encontrado un bote. Quiero que las

mujeres y niños se dirijan al muelle.

Si queda lugar, pueden hacer un

sorteo entre los que quedan.

 

Un hombre grande brinca a sus pies.

 

HOMBRE

¡Olvídalo! ¡Supervivencia del más fuerte!

¡Vamos chicos! ¡Al bote!

 

El silbido del acero se oye cuando Xena saca su espada, plantándose firmemente en el camino de los hombres.

 

XENA

¡Quédense donde están o los

destripare a todos sin miramientos.

Gabrielle! Acompaña a las mujeres

y a los niños al barco.

 

Alzando sus sais, Gabrielle empieza hacer lo que Xena dice, hablando suavemente a las mujeres mientras estas avanzan hacia el muelle.

 

HOMBRE

¡Somos treinta de nosotros

contra una! ¡Adelante!

 

XENA

Yo les sugiero que los demás

decidan entre ustedes quienes

vienen y quien se queda.

 

 

Guardando su espada, da un paso adelante y fácilmente levanta al anciano y se da vuelta y se dirige hacia el muelle.

 

CORTE A:

 

EXTERIOR MUELLE - NOCHE

 

Gabrielle termina rápidamente de ayudar a las mujeres y niños a subir al bote medio raquítico. Doce mujeres con niños sobre sus piernas están sentadas contra la pared de afuera, mirando a Gabrielle con anticipación.

 

Oyendo un ligero ruido tras de ella, Gabrielle voltea y sonríe mientras ve a Xena acercarse, el anciano descansando cómodamente en sus fuertes brazos. Detiene el bote estable mientras Xena aborda y carga al hombre hacia la parte trasera, donde lo reposa gentilmente junto a su esposa.

 

GABRIELLE

 (suavemente)

Tenemos lugar como

para otros diez.

 

 

XENA

Y aquí vienen ahora.

 

Catorce hombres llegan al muelle, todos mirándose medio tímidos. El más joven, de nombre Gaius, se adelanta con una pequeña piedra en la mano.

 

GAIUS

Nosotros…tomamos tu sugerencia,

Princesa Guerrera, e hicimos

un sorteo. ¿Todavía hay espacio?

 

XENA

Podemos llevar a diez de ustedes.

 

Asintiendo, Gaius empieza la corta procesión al bote.

 

XENA

 (continua)

Ustedes Ocho, tomen los remos. Dejen

espacio para Gabrielle y para mi.

 

XENA

 (continua)

Sigan buscando más allá. Puede

que haya alguno que otro bote chico

que no vimos por el pánico.

 

Los hombres asienten y se dispersan.

 

XENA

 (continua)

Buena suerte.

 

Momentos después, Xena y Gabrielle están en sus puestos, cada una con un remo.

 

XENA

 (continua)

Está bien. Larguémonos de

aquí rápidamente.

 

CORTE A:

 

EXTERIOR MAR - NOCHE

 

Les ha tomado tiempo, pero finalmente los remeros han podido encontrar un ritmo y el bote se mueve rápidamente tras las oscuras aguas mientras los remeros luchan contra el viento tras sus espaldas.

 

GAIUS

¿A donde vamos?

 

XENA

Micenas.

 

REMADOR VARON

¡Eso esta demasiado lejos!  ¡Yo

digo que deberíamos dirigirnos a

Herculano! Tengo familia allí.

 

XENA

¡No! El viento se mueve en esa

dirección. Herculano

no es mejor que Pompeya!

 

REMADOR MASCULINO #2

¡ Entonces a Neapolis,

o Stabiae!

 

XENA

(refunfuñando)

Vamos, en dirección a

Micenas. ¡Sigan remando!

 

 

CORTE A:

 

EXT. MAR - DIA

 

Los remadores están cubiertos de sudor y jadean fuertemente mientras  luchan por pasar  a través del mar revuelto. De repente, se escucha el sonido de una gran explosión, Xena mira hacia arriba  con ojos desorbitados. Como si todo sucediera lentamente, se puede ver como todo  lo ancho del cono del volcán se derrumba dentro de sí,  con  un gran desplazamiento de ceniza, humo y fuego. Como un carruaje desbocado,  las cenizas calientes,  y los gases son empujados hacia abajo y comienzan  a fluir hacia afuera con una velocidad y fuerza  no antes vista.

 

GABRIELLE

¡¡¡XENA!!!

 

 

XENA

¡Lo veo! ¡¡Remen!!

¡¡Remen!! ¡¡Remen!!

 

Al principio la barcaza se mueve lentamente, pero comienza a ganar velocidad cuando los remadores con ojos desorbitados, reman  desesperadamente y con fuerza ante el pánico que les da  al ver como la dañina nube, se encamina hacia ellos.

 

Luego de un buen rato,  Xena nota con alivio  que la nube  de cenizas calientes esta perdiendo velocidad.  Su corazón late  fuerte y ligero dentro de su pecho al ver  algo  inmenso,  negro  y brillante  sobre la disipante nube.

 

XENA

(continua)

¡Maldita sea!

 

GAIUS

¡¡¡OLA!! ¡¡¡Una inmensa ola!!!

 

XENA

(gritando)

Hey…¡ Remos en alto!!

¡¡¡Todos, Sujétense!!!

 

 

GABRIELLE

¿¡¿Xena, que hacemos?!?

 

XENA

¡No podemos recibir el impacto por este lugar!

¡Seremos aplastados! ¡¡Los remos  a los

lados,  comiencen a remar inmediatamente!!

 

Xena se levanta, sus músculos  se ponen tensos ante la presión del agua contra sus remos. La gruesa madera vibra dolorosamente, cruje y  amenaza con romperse  en  sus manos.

 

XENA

(Continua)
¡¡Sujétense!!

 

La barcaza golpea  la inmensa ola en un suave y oblicuo ángulo,   lo que le hace subir a medio camino de la amenazante ola.  Mas al embestir la ola,  la barcaza da un violento giro,   haciendo que  monte la ola por lo que  desarrolla una velocidad vertiginosa. El remo de Xena se rompe, ocasionando que salga despedida hacia el frente por la fuerza que se produce, su cabeza se golpea violentamente contra el borde del bote  y casi sale volando del.

 

GABRIELLE

¡¡¡¡XENA!!!!

 

Algo inestable, Xena logra levantase,  sujetándose fuertemente del borde del bote, mientras que con su otra mano se limpia la sangre que emana de su frente.

 

XENA

Estoy bien Solamen....

 

GAIUS

¡¡¡BAAAARCOOOOOOO!!!

 

Gabrielle mira hacia arriba, justo a tiempo de ver un barco, que salía de la oscuridad  irrumpiendo como un gigante directamente hacia ellos. Ellos se dirigían hacia él, completamente  fuera de control.

 

Xena empuja a Gabrielle a un lado, al  arrancarle los remos de sus manos.  Usando toda su fuerza,  rema desesperadamente,  tratando de ganar el control de la barcaza para alejarla de su inevitable destino.

 

XENA

¡¡¡Sujétense!!!

 

GABRIELLE

(Falta de aire)

Xena....

 

Todo se torna negro.

 

CORTE A:

 

EXT. COSTA DE  MICENAS - DIA

 

El sol se asoma débilmente a través  de las espesas  nubes de ceniza  y humo,  que flotan sobre el mar de Micenas. Las gaviotas vuelan en círculos, chillando   sobre sus cabezas, mientras las olas resbalan suavemente sobre la arena.

 

Gabrielle yace boca abajo, abre lentamente uno de sus ojos tratando de quitarse la arena. El dolor la golpea como si fuera la cima de una ola y emitiendo un gemido; gira sobre su espalda, respingando  cuando la luz del sol le lastima los ojos.

 

Los recuerdos llegan a su mente con  fuerza repentina y  con  un gemido sofocado, se incorpora poniendo un brazo sobre su adolorido y golpeado abdomen.

 

GABRIELLE

¡Xena!

 

Parpadeando repetidamente, Gabrielle barre la playa de arriba abajo, que esta cubierta por muchos cuerpos.

 

GABRIELLE

(continua)

¡¡Xena!!

 

Poniéndose de pie de un salto y tropezándose un poco sobre piernas temblorosas, empieza a caminar y luego a correr por  la playa.  Mirando un mechón de cabello suelto y oscuro, se detiene  y cae sobre sus rodillas.

 

Marcellas Flavias parpadea y da la vuelta para mirar a los ojos de Gabrielle con bastante preocupación.

 

MARCELLAS FLAVIAS

¿Estoy… Estoy muerta?

 

GABRIELLE

No. Estas bien.

¿Has visto a Xena?

No puedo encontrarla.

 

Las cejas de la vieja mujer se fruncen.

 

MARCELLAS FLAVIAS

No, desde que… Recuerdo al agua golpeándome.

No dolió, pero tampoco puede nadar.

Sentí como me hundía, y luego…

luego… alguien tiró de mí por el cabello…

¡Era Xena! Ella me arrastró hasta la orilla

y entonces cuando volví en si estaba fuera.

 

Mira hacia el cielo y  luego arruga su frente.

 

MARCELLAS FLAVIAS

(continúa)

¿No puede seguir buscando sobrevivientes,

o si?

 

GABRIELLE

No lo sé. Tengo que

encontrarla. Tengo que…

 

En ese mismo instante una ola entra a raudales rompiendo sobre la playa.  Detrás de eso, Gabrielle puede distinguir a Xena, medio tambaleándose al llevar un pesado cuerpo en sus brazos. La ve pálida, mojada y sangrando, debido a una docena de heridas en su piel.

 

GABRIELLE

(continua)

¡¡XENA!!

 

 

Brincando entre las olas, ella chapotea sobre el oleaje.

 

GABRIELLE

(continua)

Xena, yo…

 

Xena pasa junto a ella sin hablarle y coloca con mucho cuidado un cuerpo sobre la orilla. Es un anciano invalido y es obvio que esta muerto.

 

Sin hacer una pausa, Xena vuelve sus pasos dentro del oleaje, pasando nuevamente donde Gabrielle sin hablarle. Se inclina, se incorpora y regresa cargando otro cuerpo sin vida en sus brazos. Gabrielle se da cuenta que es la esposa del anciano.

 

Como si fuera una marioneta cuyas cuerdas han sido finalmente cortadas, Xena se derrumba sobre sus rodillas y pone el cuerpo de la anciana al lado del cuerpo  su marido. Gabrielle se acerca y también se arrodilla, poniendo una mano sobre el hombro de Xena.

 

GABRIELLE

(continua)

¿Xena?

 

XENA

(con voz ronca)

No pude salvarlos. Yo… El no pudo

nadar y ella… ella no lo abandonaría.

Traté de ir...  jalarla, trate de llegar a él,

pero… Había un joven niño y cuando…

cuando mire hacia atrás, ella se

había ido.

 

Gabrielle se acerca a Xena y tiernamente le acaricia el pelo mojado quitándolo de su rostro y descansando luego su barbilla sobre el hombro de Xena.

 

GABRIELLE

(dulcemente)

Hiciste todo lo que pudiste.

Nadie podrías haber hecho más.

 

XENA

Podría haberlo hecho. Podría

haber intentado con mayor

fuerza. Yo…

 

 

GABRIELLE

No. No, escúchame.

Sé lo que hiciste, así como lo sabe

Marcellas Flavias, así como lo saben

el resto de la gente.

 

Ella agita una mano diciéndoles a los hombres, mujeres y niños para que todos se acerquen alrededor de ellos.

 

GABRIELLE

(continúa)

Tú lo salvaste a ellos, Xena. Tu

me salvaste. Nosotros estaríamos

muertos sino fuera por ti.

Comprendes.

 

XENA

No sé. Yo…

 

Gabrielle dirige su mirada hacia la pareja de ancianos. Aún en la muerte, sus expresiones son tranquilas.

 

GABRIELLE

Míralos. Ellos murieron, sí,

pero han muerto juntos. Es lo que

ellos querían. Es lo

que yo quiero.

  

Deslizando suavemente la mano sobre la cara de Xena, la vuelve hacia sí, y sonríe.

 

GABRIELLE

(continúa)

Has hecho más de lo que

Nadie hubiese imaginado,

y te amo.

 

 

Abriendo sus brazos, toma a Xena entre ellos, lleva su altiva cabeza hacia su hombro, y la sostiene la orgullosa cabeza  con fuerza.

 

 

GABRIELLE

(continúa, susurrando)

Te amo.

 

Tras ellas, las olas rompen, mientras humo y cenizas continúan saliendo del Vesubio.

 

FUNDIDO A NEGRO.

 

FIN DEL ACTO CUARTO

 

 

APÉNDICE

 

ABRE DE NEGRO:

 

EXT. MYCENIUM - AL ATARDECER

 

La ceniza del Vesubio tiñe el cielo, provocando en la puesta de sol una profusión de extraordinarios y hermosos colores. Parece un adecuado legado para la ciudad y la gente de Pompeya. El volcán finalmente enmudece volviendo a ser, de nuevo, la plácida montaña que todos amaban y nadie temía.

 

Xena y Gabrielle se sientan en lo alto de un acantilado, frente al mar y Pompeya. La ciudad está vacía de vida. Una tumba para los muertos que yacen en sus calles y casas, cubiertos por la ceniza y callados para siempre.

 

También en el acantilado, pero a alguna distancia, el sobrino de Plinio, Plinio el Joven, observa la escena, con su pluma incansable, escribiendo un epitafio para su tío.

 

GABRIELLE

¿Crees que alguna vez

volverá alguien a Pompeya?

 

XENA

Lo dudo. Dicen que la ciudad

está maldita, y con un monstruo

como ese amenazándola,

yo no los culpo.

 

GABRIELLE

Quizá.

 

 

Un agradable silencio cae sobre ellas.

 

GABRIELLE

(continúa)

¿Xena?

 

XENA

¿Mm?

 

GABRIELLE

¿Crees que es posible que algún día,

dentro de mucho tiempo,

venga alguien por aquí

y se pregunte qué pasó?

 

Xena lo piensa durante un momento.

 

XENA

Puede. Pero si vuelven

no creo que tengan

nada que preguntarse.

 

 

GABRIELLE

¿Por qué dices eso?

 

Xena se encoge de hombros.

 

XENA

Porque con bardos como tú

y Plinio, que convierten la

historia en palabras, creo que

sabrán lo que ocurrió a

Pompeya y su gente.

 

Sonriendo, Gabrielle da a Xena un abrazo y se vuelve para observar la puesta de sol sobre Pompeya.

 

GABRIELLE

(suavemente)

Es hermoso.

 

Pero Xena no tiene ojos para la ciudad ni el cielo, sino sólo para el perfil azotado por el viento de Gabrielle.

 

XENA

Muy hermoso.

 

 

FUNDE A NEGRO.
 

DESCARGO

Ni Lot ni ninguna referencia bíblica, han sufrido daños durante la realización

de esta película. No, realmente no lo hicieron. Pompeya, Sodoma y Gomorra,

ya fueron bastante destrozadas antes de que llegáramos nosotros.

 

El escritor quisiera agradecer a la maravillosa DJWP su brillante historia

"Siete días en Pompeya", que fue la inspiración para este trabajo.