Guía Episodios

Introducción

Acto 1

Acto 2

Acto 3

Acto 4



ACTO PRIMERO

 

ABRE DE NEGRO:

 

INT. HABITACIÓN SUPERIOR DE LA POSADA - NOCHE

 

Vemos una acogedora habitación con una mullida cama en una esquina. Junto a la cama hay una pequeña mesa y una silla y, en la pared opuesta, una hilera de clavos de los que penden una espada y su vaina, un chakram, unas prendas de cuero y una bolsa de viaje. En el suelo, bajo los clavos, yacen dos sais cruzados junto a una buena armadura.

 

Un alegre fuego crepita en la chimenea para crear, aparentemente, un ambiente más que templado mientras, por la ventana abierta, entra una suave brisa que hace ondear las cortinas. Los restos de la cena se hallan en dos platos sobre la chimenea. Junto a los platos hay un odre con vino. Al lado del fuego se encuentra una gran bañera redonda de madera.

 

Xena está en la bañera, con la cabeza echada hacia atrás y los brazos apoyados en el borde. Tiene los ojos cerrados y sostiene en una mano una copa de vino casi vacía. El vapor la rodea completamente y la superficie del agua está cubierta de burbujas de jabón.

 

En la mesita, Gabrielle rasca sobre un trozo de pergamino con una pluma en una mano, y una copa de vino medio vacía en la otra.

 

XENA

(perezosamente)

¿Nos queda alguna otra

tartita de cerezas?

 

 

Gabrielle se detiene y deja la pluma, se gira en la silla e inclina la copa sobre sus labios para terminarse el vino. Fija su mirada en la parte trasera de la cabeza de Xena indulgentemente.

 

GABRIELLE

A lo mejor.

 

Se pone en pie y se acerca al fuego para traer un plato en el que lleva una sola tarta junto con el odre de vino. Entonces se acerca a la bañera y se sienta en el borde, junto a Xena.

 

GABRIELLE

(continúa, sonriendo coquetona)

Ésta es la última.

¿Cuánto vale para ti?

 

Xena sonríe cariñosamente mientras sus dedos juguetean sobre la pierna desnuda de Gabrielle, distrayéndola; entonces roba la tarta, le da un mordisco y se ríe entre dientes, mientras Gabrielle rellena su copa de vino.

 

La nariz de Gabrielle se arruga al sonreír.

 

GABRIELLE

(continúa)

Muy sigilosa.

 

Xena agita la tarta frente a su cara.

 

GABRIELLE

Gracias. La pregunta es:

¿cuánto vale para TÍ?

 

Xena sostiene la tarta sobre el agua, fuera del alcance de Gabrielle, retándola a que intente recuperarla. Gabrielle suelta el odre y se inclina hacia delante para alcanzarla. Xena le propina un firme codazo y ella cae al agua con un aullido. Gabrielle sale a la superficie, de rodillas en el agua y mira hacia abajo a su ahora empapado camisón.

 

GABRIELLE

(exasperada)

¡Xena! Este era mi

último camisón limpio!

 

Los azules ojos de Xena centellean con malicia.

 

XENA

Supongo que tendrás que dormir

desnuda entonces, ¿no? Qué pena.

 

Gabrielle agita su dedo a Xena con simulado enfado.

 

GABRIELLE

Tú.

 

 

Xena exhibe una sexy y amplia sonrisa y la atrae hacia si para compartir vino y tarta; vemos aparecer el trozo en una mano antes de que lo lance a través de la habitación para aterrizar en una esquina con un húmedo “thwack”. Se besan lentamente y entonces, Gabrielle se abandona a los brazos de Xena con un suspiro de felicidad, mientras sostiene la copa de vino.

 

GABRIELLE

(continúa)

De todas formas necesitaba un baño.

 

Xena toma la copa y la coloca en un plato sobre un pequeño estante junto a la bañera. Toma una esponja y centra su atención en las orejas de Gabrielle.

 

XENA

Sí, lo necesitas.

 

GABRIELLE

¡Hey!

 

Gabrielle mira enfurecida sobre su hombro pero, embriagada por el vino y la comida, cede. Cierra los ojos y se relaja de nuevo mientras Xena la lava.

 

GABRIELLE

Esto es agradable. Hay tanta paz aquí. Buena comida,

buen vino, cálido fuego, una pareja maravillosa...

No puedo pedir más. Gracias.

 

El rostro de Xena se torna complacido por esas palabras.

 

XENA

¿Por qué?

 

GABRIELLE

Por sugerir que pasásemos una noche

fuera del camino. Lo necesitaba. Creo que podría

pasarme un mes durmiendo en una cálida cama.

 

XENA

(pensativamente)

¿Es eso lo que quieres realmente?

 

Gabrielle se aleja, hundiéndose bajo el agua y aclarando su pelo antes de salir a la superficie y dirigirse a los brazos de Xena, frente a ella. Sigue el rastro de la clavícula de Xena con un dedo mientras habla.

 

GABRIELLE

No. Al menos no un mes entero. Pero unos pocos

días podría ser estupendo. Creo que sólo estoy cansada.

Estos últimos meses con Casey y su

gente... Fue fantástico ayudarles a regresar

y enfrentarse a los ataques de Boadicea.

 

XENA

Hicimos algo bueno

allí, mi bardo.

 

Gabrielle sonríe.

 

GABRIELLE

Cierto.  Están reconstruyendo su aldea,

y ¿quién podía imaginar que Peti se convertiría en un

profesor tan bueno? Aquellos niños ahora

tienen un futuro prometedor,

y eso sienta realmente bien.

 

XENA

¿Pero?

 

La sonrisa de Gabrielle se convierte en un suspiro.

 

GABRIELLE

Pero estoy exhausta, y es bueno ser

mimada ahora. Eso es todo.

Unos pocos días más con la comida de la

posada, y unas pocas noches más

contigo en esa confortable cama,

y estaré como nueva.

 

XENA

¿Suficientemente bien como para

enfrentarte al camino de nuevo?

 

La sonrisa de Gabrielle regresa y cae de nuevo en brazos de Xena.

 

GABRIELLE

Absolutamente.

 

Xena parece poco convencida y pensativa. Se encoge de hombros con resignación y reanuda el baño de Gabrielle. La brisa del exterior se levanta un poco, Xena se da la vuelta y frunce el ceño a medida que ésta se convierte en un remolino que gira por la habitación y levanta todo a su paso.

 

XENA

(incorporándose)

¿Qué...?

 

 

Gabrielle se pone de pie detrás de ella.

 

GABRIELLE

¿Xena? ¿Qué ocurre?

 

El remolino aumenta y una figura comienza a tomar forma, convirtiéndose en un alto anciano con larga barba y pelo blanco que viste una negra túnica y una capa. Sobre su cabeza lleva un extraño sombrero con punta, y en una de sus manos porta una larga vara. El viento se detiene y él da unos pasos hacia delante.

 

Xena agarra una toalla y se la pasa a Gabrielle, que inmediatamente se envuelve en ella. Entonces Xena se gira y mira con furia al anciano, con las manos en las caderas.

 

XENA

¿Quién eres?

 

El hombre da un paso al frente, consciente de su desnudez.

 

HOMBRE

Mi nombre es Merlín. Y he oído a tu…

mmm... amiga, pronunciar tu nombre.

Eres Xena de Amphipolis, ¿correcto?

 

XENA

(con desconfianza)

Entre otras cosas, sí.

¿Qué quieres?

 

MERLIN

Debes venir conmigo.

 

 

Gabrielle se asoma a un lado de Xena. Xena cruza los brazos sobre el pecho.

 

GABRIELLE

¿Por qué?

 

XENA

No sigo ciegamente a

nadie a ningún sitio.

 

Echa un vistazo detrás de sí a Gabrielle.

 

XENA

(continúa)

A casi nadie. Así que... ¿por qué

no nos dices qué ocurre, y así

decidimos si vamos contigo o no?

 

MERLÍN

Ya veo.  Allá donde vais,

¿lo hacéis juntas?

 

XENA

Así es.

 

MERLÍN

Desgraciadamente, te necesito en otro sitio

antes de que te lo pueda explicar.

 

Él levanta los brazos por encima de la cabeza y el viento se eleva de nuevo.  Xena frunce el ceño y salta hacia la corriente, hace un giro perfecto y cae junto a su armadura; toma su espada de la funda y la sujeta amenazadoramente mientras el agua se acumula a sus pies.

 

XENA

Hazlo parar. Ahora.

 

 

Ella trata de acercarse y Merlín simplemente se queda mirándola; alza los brazos más alto  y el viento aumenta en velocidad formando un pequeño tornado, que mantiene a Xena a raya, impidiéndole acercarse a él. Ella sigue adelante protegiendo con una mano sus ojos de las esquirlas volantes y, con gran esfuerzo, avanza por el remolino hacia el centro, donde está Merlín y el viento no sopla.

 

XENA

(continúa)

No sé quien eres… que... eres,

o de donde vienes, pero acabas de

interrumpir la primera noche tranquila

que hemos tenido en mas de una luna.

Haz... que... pare. ¡Inmediatamente!

 

MERLÍN

(calmadamente)

Me temo que no puedo hasta que accedas a

 venir conmigo pacíficamente.  Siento haberos

molestado, pero he venido de muy lejos

y hay muy poco tiempo.  Hay cosas que

necesito enseñaros que son más fáciles de

ver que de describir.  Entonces... ¿vendréis o no?

 

En respuesta, Xena asume una postura de ataque, espada en alto; su mano suelta se abre y cierra con anticipación.  Se lanza contra Merlín que recibe el golpe con su bastón.  Pequeños relámpagos estallan al hacer contacto con la espada, y Xena es lanzada hacia atrás por el remolino de aire.  Con mucho esfuerzo vuelve a brincar al centro, Xena toma la ofensiva mientras Merlín fácilmente desvía las estocadas de la espada. Gabrielle permanece fuera del remolino, simplemente observando.

 

GABRIELLE

(gritando)

¡Xena!

 

Gabrielle corre hacia la pared, toma su sais y vuelve a la orilla del remolino. Brinca de un pie a otro, como si estuviera tratando de decidir si debería intervenir o no.

 

XENA

(gritando)

¡Gabrielle, no intervengas!

 

Mientras continúa atacando a Merlín, Gabrielle mira las descargas de electricidad cada vez que la espada de Xena hace contacto con el bastón de Merlín. Xena ataca con denodada valentía, y Merlín empieza retroceder para evitar ser herido.

 

MERLÍN

Intenté hacer esto de manera fácil;

ahora lo haremos de la manera segura.

 

El vértice repentinamente se abre y Gabrielle es succionada dentro  del remolino.  Ella gira por el cuarto, sosteniendo la toalla con una mano y los sais con la otra.

 

GABRIELLE

¡XENA!

 

Merlín sonríe con suficiencia hacia Xena.

 

MERLÍN

Ayudarás a tu amiga

ahora, ¿no es así?

 

Xena le gruñe y le da la espalda, lanzándose de cabeza contra los vientos, pescando a Gabrielle, la sostiene contra ella apretadamente. Ni se inmuta por los destrozos que ha hecho el remolino. 


XENA

¡Gabrielle! ¡Sostente!

 

Todo se vuelve borroso.

 

CORTE A:

 

INT. CASTILLO - NOCHE

 

Es el mismo castillo de antes. El tornado, sin dejar de girar, se dirige hacia la antesala, y deposita a Xena y Gabrielle sobre sus posaderas cerca de la chimenea. Las dos brincan sobre sus pies y miran hacia abajo. Su ropa mágicamente viajó con ellas, y se encuentran completamente vestidas, sus armas en su lugar. Se miran una a la otra antes de que Xena saque su espada y Gabrielle sus sais.

 

Merlín esta parado a un lado, junto con otros hombres, todos vestidos con armaduras. Entre ellos está Arturo. Mira curiosamente a las dos recién llegadas.

 

GABRIELLE

Xena, ¿donde estamos?

 

 

Xena mira a su alrededor.

 

XENA

Buena pregunta.  Definitivamente no

es nuestra acogedora posada en Grecia. Tú…

 

Da unos pasos hacia delante, apuntando su espada hacia Merlín.

 

XENA

 (continúa)

Ahora que nos has traído... aquí.

¿Nos quieres decir por qué demonios lo hiciste?

 

 

 

MERLÍN

 (cabeceando cortésmente)

Claro. Las necesitaba aquí primero.

Perdóname, mi Dama.

 

Las cejas de ambas, Xena y Gabrielle, se disparan hacia arriba, e intercambian  miradas.  Gabrielle sonríe y  masculla por lo bajo.

 

GABRIELLE

¿Dama?

 

Xena le da un codazo en las costillas, pero baja la espada. Se pone de frente, plantando sus pies a la anchura de los hombros, con actitud imponente e impaciente.

 

XENA

Bien. Escúpelo todo.

 

Merlín señala al anciano del grupo, que avance.

 

MERLÍN

¿Es ella?

 

El anciano mira a Xena críticamente.

  

ANCIANO

Sí, es ella. Jamás se me

olvidarían esos ojos.  Y tú...

 

 Apunta un dedo nudoso hacia Gabrielle. Xena mira el dedo ofensor, y mira hacia su chakram, con  expresión contemplativa.

 

ANCIANO

(continúa)

Tú. Tú estabas con ella.  El cabello

está más corto, pero el rostro es el mismo.

 

 Sus ojos se estrechan sospechosamente.

 

ANCIANO

(continúa)

¿Cómo habéis evitado envejecer?

¿Sois hechiceras como Merlín?

 

GABRIELLE

 (risita)

No. Es una larga historia.

 

Su sonrisa desaparece.

 

GABRIELLE

 (continúa)

Pero nuestra historia puede esperar.

Como dice Xena... escúpelo.

 

MERLÍN

Tomemos todos asiento.

 

El señala hacia la gran mesa redonda, y todos se sientan.  Xena y Gabrielle estudian al grupo que consta de varios jóvenes armados, el anciano y Merlín.

 

XENA

 (impacientemente)

Ahora que todos estamos aquí para esta pequeña

reunión, ¿me queréis decir dónde nos hemos

conocido antes y por qué demonios estamos aquí?

 

ANCIANO

Nos conocimos aquí, claro está.

Yo era un paladín más joven entonces,

pero jamás se me olvida una cara.

 

XENA

¿Y “aquí” dónde es?

 

MERLÍN

Camelot.

 

XENA

¿Camelot? Jamás lo he oído.

Inténtalo de nuevo. ¿Dónde... estamos?

 

MERLIN

Camelot es el castillo de los Pendragon.

Los Pendragon dominan Britania.

 

GABRIELLE

(infelizmente)

Britania. Xena.

 

 

Sus ojos se ensanchan y se acerca más; sus dedos se mueven nerviosos con deseos de tomar su sais.  Xena le toca el brazo.

 

XENA

Está bien.

 

Hace frente a los hombres, con expresión de furia contenida.

 

XENA

 (continúa)

Más les vale que tengan una buena razón

para habernos traído aquí. Empiecen a

hablar, o salimos hacia el puerto

más cercano y tomamos un barco a casa.

 

ARTURO

En serio, es muy sencillo. Permíteme

presentarme.  Yo soy Arturo Pendragon,

Hijo de Uther Pendragon. Mi padre

murió ayer durante la batalla, y

yo soy el heredero del trono.

 

XENA

 (impasible)

¿Y?

 

 

Gabrielle le da un codazo suave y Xena, a regañadientes, suaviza su expresión.

 

GABRIELLE

Sentimos tu perdida, pero...

¿qué tiene que ver eso con nosotras?

 

Arturo se pone en pie y empieza a caminar alrededor de la mesa.

 

ARTURO

Hace muchos años estuvieron aquí, en este castillo.

Xena sacó a Excálibur de su piedra.  Éramos

constantemente atacados por los sajones. 

Ellos se están reagrupando. Mi padre mató a su

Rey antes de morir, pero solo es cuestión

de tiempo que vuelvan atacar; y esta vez estarán

buscando venganza. En su ultimo suspiro,

mi padre me dijo que tenía que recuperar a Excálibur,

pero cuando traté de sacarla de la piedra

no pude, y vi tu rostro en la hoja de la espada.

 

XENA

¿Qué es Excálibur?

 

MERLÍN

La espada de la Dama del Lago.

 

Xena y Gabrielle intercambian miradas. Xena se pone de pie y se inclina, poniendo sus manos sobre la orilla de la mesa.

 

XENA

¿Quién es esta Dama, y dónde

está exactamente Excálibur?

 

Arturo señala hacia la espada en la alcoba.

 

ARTURO

Pues allí, claro.

Puedes ver…

 

Xena se levanta abruptamente de la mesa, dirigiéndose decidida hacia donde está la espada, haciendo caso omiso a lo que dice. Camina en derredor de la piedra, estudiándola con los ojos entrecerrados.

 

RETROSPECTIVA A:

 

 “La Esperanza de Gabrielle[1]” y Xena arrancando la misma espada de la piedra.

 

 

XENA

Sí, recuerdo esta espada.

Un excelente trabajo de forja.

 

Xena se vuelve hacia la habitación. 

 

GABRIELLE

(sonriendo)

Si hay algo de lo que Xena

sabe es de sus armas.

 

XENA

Pero sólo la toqué una vez.

No fue nada especial, en serio.

 

Ella agarra la espada y, sin problema alguno, la saca de la piedra; la hoja de la espada brilla a la luz de las antorchas.

 

XENA

(continúa, con respeto)

Tan estupenda como la recordaba,

pero no entiendo lo que esta

espada tiene que ver con...

 

 

Ella escucha una conmoción a sus espaldas y se da la vuelta. Todos los hombres en la habitación, excepto Merlín, se han levantado de sus sillas y se han arrodillado, inclinando sus cabezas ante ella. Gabrielle mira a su alrededor, sorprendida.

 

XENA

(continúa)

... migo.

 

Ella se detiene, mira a cada uno de los hombres y pone los ojos en blanco.

 

XENA

(continúa)

Vamos. ¿Alguno de ustedes quiere

ponerse de pie y contarnos el

resto de la historia?

 

Ella se dirige a la mesa, jugando con la espada mientras camina. Finalmente, Arturo se levanta, seguido por otros dos hombres. Ellos inclinan sus cabezas.

 

ARTURO

Soy tu humilde servidor. Estos son

mis compatriotas más cercanos, Sir Lancelot

y Sir Galahad. Estamos a tu servicio

 por el bien de Camelot.

 

Xena suspira con impaciencia y empuja a Arturo hacia su silla por el cuello de la túnica. Ella mira a su alrededor y sus ojos se detienen en Gabrielle, que encoge los hombros.

 

Merlín está de pie a un lado, observándolo todo en silencio con expresión de satisfacción. Él se ríe para sí mismo.

  

MERLÍN

Ésta está llena de fuego.

 

XENA

(lentamente)

Muy bien.

 

Mira seriamente a Galahad y a Lancelot, y se dirige hacia los que están sentados en la mesa. Ellos se sientan rápidamente en sus sillas.

 

XENA

(continúa)

Todos de regreso a sus sillas.

(gritando)

¡AHORA!

 

Xena espera a que todos estén sentados.

 

XENA

(continúa, molesta)

Una vez más.

Dime por qué estamos aquí.

 

 

MERLÍN

Hace muchos años fue predicho por la Dama

del Lago, Viviana, que quien sacase

a Excálibur de la piedra, la poseería

 y guiaría a nuestra gente en una batalla contra

nuestros enemigos. Pensábamos que este joven, Arturo,

siendo el heredero al trono, sería quien

usaría a Excálibur. Tú, sin embargo...

 

Él apunta a Xena con el dedo, que hace un gesto de disgusto con sus labios.

 

MERLÍN

(continúa)

Aparentemente conseguiste a Excálibur primero.

 

ARTURO

(interrumpiendo)

Según la Dama, tu eres la única

que puede usar Excálibur y guiarnos

a la victoria contra los sajones. Es obvio

que eres una guerrera. Ahora eres nuestra nueva reina.

 

Xena vuelve a la mesa y se pone de pie al lado de Arturo. Su postura y su expresión sugieren extremada molestia por las circunstancias. Gabrielle se pone a su lado, mostrando preocupación en su rostro. Ella pone su mano en el brazo de Xena.

 

XENA

Ahora escúchenme y escúchenme bien. No me

importa el problema que tengan con los sajones

 y créanme, no soy vuestra reina.

Gabrielle y yo nos vamos de aquí

 a primera hora en la mañana, nos vamos a casa.

Mira. Tómala. Yo no la quiero.

 

Xena le da Excálibur a Arturo que trata de tomarla, pero cuando su mano toma la empuñadura, grita de dolor, y chispas salen de donde la toca. Él la suelta y ésta cae sobre la mesa. Arturo comienza a agitar su mano para tratar de aliviar el dolor.

 

ARTURO

Parece que la Dama

no está convencida.

 

XENA

(molesta)

Muy bien entonces.

 

Xena pone a Excálibur en su correa con un movimiento rápido.

 

XENA

(continúa)

Llévenme a ver a esta Dama.

 

 

FUNDE A NEGRO.

 

FIN DEL PRIMER ACTO

ACTO DOS