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ACTO PRIMERO ABRE DE NEGRO: INT.
HABITACIÓN SUPERIOR DE LA POSADA - NOCHE Vemos una
acogedora habitación con una mullida cama en una esquina. Junto a la cama hay
una pequeña mesa y una silla y, en la pared opuesta, una hilera de clavos de
los que penden una espada y su vaina, un chakram, unas prendas de cuero y una
bolsa de viaje. En el suelo, bajo los clavos, yacen dos sais cruzados junto a
una buena armadura. Un alegre fuego
crepita en la chimenea para crear, aparentemente, un ambiente más que
templado mientras, por la ventana abierta, entra una suave brisa que hace ondear
las cortinas. Los restos de la cena se hallan en dos platos sobre la
chimenea. Junto a los platos hay un odre con vino. Al lado del fuego se
encuentra una gran bañera redonda de madera. Xena está en la
bañera, con la cabeza echada hacia atrás y los brazos apoyados en el borde.
Tiene los ojos cerrados y sostiene en una mano una copa de vino casi vacía.
El vapor la rodea completamente y la superficie del agua está cubierta de
burbujas de jabón. En la mesita,
Gabrielle rasca sobre un trozo de pergamino con una pluma en una mano, y una
copa de vino medio vacía en la otra. XENA (perezosamente) ¿Nos queda alguna otra tartita de cerezas?
Gabrielle se
detiene y deja la pluma, se gira en la silla e inclina la copa sobre sus
labios para terminarse el vino. Fija su mirada en la parte trasera de la
cabeza de Xena indulgentemente. GABRIELLE A lo mejor. Se pone en pie y
se acerca al fuego para traer un plato en el que lleva una sola tarta junto
con el odre de vino. Entonces se acerca a la bañera y se sienta en el borde,
junto a Xena. GABRIELLE (continúa, sonriendo coquetona) Ésta es la última. ¿Cuánto vale para ti? Xena sonríe
cariñosamente mientras sus dedos juguetean sobre la pierna desnuda de
Gabrielle, distrayéndola; entonces roba la tarta, le da un mordisco y se ríe
entre dientes, mientras Gabrielle rellena su copa de vino. La nariz de
Gabrielle se arruga al sonreír. GABRIELLE (continúa) Muy sigilosa. Xena agita la
tarta frente a su cara. GABRIELLE Gracias. La pregunta es: ¿cuánto vale para TÍ? Xena sostiene la
tarta sobre el agua, fuera del alcance de Gabrielle, retándola a que intente
recuperarla. Gabrielle suelta el odre y se inclina hacia delante para
alcanzarla. Xena le propina un firme codazo y ella cae al agua con un
aullido. Gabrielle sale a la superficie, de rodillas en el agua y mira hacia
abajo a su ahora empapado camisón. GABRIELLE (exasperada) ¡Xena! Este era mi último camisón limpio! Los azules ojos
de Xena centellean con malicia. XENA Supongo que tendrás que dormir desnuda entonces, ¿no? Qué pena. Gabrielle agita
su dedo a Xena con simulado enfado. GABRIELLE Tú.
Xena exhibe una
sexy y amplia sonrisa y la atrae hacia si para compartir vino y tarta; vemos
aparecer el trozo en una mano antes de que lo lance a través de la habitación
para aterrizar en una esquina con un húmedo “thwack”. Se besan lentamente y
entonces, Gabrielle se abandona a los brazos de Xena con un suspiro de
felicidad, mientras sostiene la copa de vino. GABRIELLE (continúa) De todas formas necesitaba un baño. Xena toma la
copa y la coloca en un plato sobre un pequeño estante junto a la bañera. Toma
una esponja y centra su atención en las orejas de Gabrielle. XENA Sí, lo necesitas. GABRIELLE ¡Hey! Gabrielle mira
enfurecida sobre su hombro pero, embriagada por el vino y la comida, cede.
Cierra los ojos y se relaja de nuevo mientras Xena la lava. GABRIELLE Esto es agradable. Hay tanta paz aquí. Buena comida, buen vino, cálido fuego, una pareja maravillosa... No puedo pedir más. Gracias. El rostro de
Xena se torna complacido por esas palabras. XENA ¿Por qué? GABRIELLE Por sugerir que pasásemos una noche fuera del camino. Lo necesitaba. Creo que
podría pasarme un mes durmiendo en una cálida cama. XENA (pensativamente) ¿Es eso lo que quieres realmente? Gabrielle se
aleja, hundiéndose bajo el agua y aclarando su pelo antes de salir a la
superficie y dirigirse a los brazos de Xena, frente a ella. Sigue el
rastro de la clavícula de Xena con un dedo mientras habla. GABRIELLE No. Al menos no un mes entero. Pero unos
pocos días podría ser estupendo. Creo que sólo estoy
cansada. Estos últimos meses con Casey y su gente... Fue fantástico ayudarles a regresar y enfrentarse a los ataques de Boadicea. XENA Hicimos algo bueno allí, mi bardo. Gabrielle
sonríe. GABRIELLE Cierto. Están reconstruyendo su aldea, y ¿quién podía imaginar que Peti se convertiría en
un profesor tan bueno? Aquellos niños ahora tienen un futuro prometedor, y eso sienta realmente bien. XENA ¿Pero? La sonrisa de
Gabrielle se convierte en un suspiro. GABRIELLE Pero estoy exhausta, y es bueno ser mimada ahora. Eso es todo. Unos pocos días más con la comida de la posada, y unas pocas noches más contigo en esa confortable cama, y estaré como nueva. XENA ¿Suficientemente bien como para enfrentarte al camino de nuevo? La sonrisa de Gabrielle
regresa y cae de nuevo en brazos de Xena. GABRIELLE Absolutamente. Xena parece poco
convencida y pensativa. Se encoge de hombros con resignación y reanuda
el baño de Gabrielle. La brisa del exterior se levanta un poco, Xena se
da la vuelta y frunce el ceño a medida que ésta se convierte en un remolino
que gira por la habitación y levanta todo a su paso. XENA (incorporándose) ¿Qué...?
Gabrielle se
pone de pie detrás de ella. GABRIELLE ¿Xena? ¿Qué ocurre? El remolino
aumenta y una figura comienza a tomar forma, convirtiéndose en un alto
anciano con larga barba y pelo blanco que viste una negra túnica y una
capa. Sobre su cabeza lleva un extraño sombrero con punta, y en una de
sus manos porta una larga vara. El viento se detiene y él da unos pasos
hacia delante. Xena agarra una
toalla y se la pasa a Gabrielle, que inmediatamente se envuelve en
ella. Entonces Xena se gira y mira con furia al anciano, con las manos
en las caderas. XENA ¿Quién eres? El hombre da un
paso al frente, consciente de su desnudez. HOMBRE Mi nombre es Merlín. Y he oído a tu… mmm... amiga, pronunciar tu nombre. Eres Xena de Amphipolis, ¿correcto? XENA (con desconfianza) Entre otras cosas, sí. ¿Qué quieres? MERLIN Debes venir conmigo.
Gabrielle se
asoma a un lado de Xena. Xena cruza los brazos sobre el pecho. GABRIELLE ¿Por qué? XENA No sigo ciegamente a nadie a ningún sitio. Echa un vistazo
detrás de sí a Gabrielle. XENA (continúa) A casi nadie. Así que... ¿por qué no nos dices qué ocurre, y así decidimos si vamos contigo o no? MERLÍN Ya veo. Allá donde vais, ¿lo hacéis juntas? XENA Así es. MERLÍN Desgraciadamente, te necesito en otro sitio antes de que te lo pueda explicar. Él levanta los
brazos por encima de la cabeza y el viento se eleva de nuevo. Xena
frunce el ceño y salta hacia la corriente, hace un giro perfecto y cae junto
a su armadura; toma su espada de la funda y la sujeta amenazadoramente
mientras el agua se acumula a sus pies. XENA Hazlo parar. Ahora.
Ella trata
de acercarse y Merlín simplemente se queda mirándola; alza los brazos más
alto y el viento aumenta en velocidad formando un pequeño tornado, que
mantiene a Xena a raya, impidiéndole acercarse a él. Ella sigue adelante
protegiendo con una mano sus ojos de las esquirlas volantes y, con gran
esfuerzo, avanza por el remolino hacia el centro, donde está Merlín y el
viento no sopla. XENA (continúa) No sé quien eres… que... eres, o de donde vienes, pero acabas de interrumpir la primera noche tranquila que hemos tenido en mas de una luna. Haz... que... pare. ¡Inmediatamente! MERLÍN (calmadamente) Me temo que no puedo hasta que accedas a venir conmigo pacíficamente. Siento
haberos molestado, pero he venido de muy lejos y hay muy poco tiempo. Hay cosas que necesito enseñaros que son más fáciles de ver que de describir. Entonces... ¿vendréis
o no? En respuesta,
Xena asume una postura de ataque, espada en alto; su mano suelta se abre y
cierra con anticipación. Se lanza contra Merlín que recibe el golpe con
su bastón. Pequeños relámpagos estallan al hacer contacto con la
espada, y Xena es lanzada hacia atrás por el remolino de aire. Con
mucho esfuerzo vuelve a brincar al centro, Xena toma la ofensiva mientras
Merlín fácilmente desvía las estocadas de la espada. Gabrielle permanece
fuera del remolino, simplemente observando. GABRIELLE (gritando) ¡Xena! Gabrielle corre hacia la
pared, toma su sais y vuelve a la orilla del remolino. Brinca de un pie a
otro, como si estuviera tratando de decidir si debería intervenir o no. XENA (gritando) ¡Gabrielle, no intervengas! Mientras continúa atacando a Merlín, Gabrielle mira las descargas de
electricidad cada vez que la espada de Xena hace contacto con el bastón de
Merlín. Xena ataca con denodada valentía, y Merlín empieza retroceder para
evitar ser herido. MERLÍN Intenté hacer esto de manera fácil; ahora lo haremos de la manera segura. El vértice
repentinamente se abre y Gabrielle es succionada dentro del
remolino. Ella gira por el cuarto, sosteniendo la toalla con una mano y
los sais con la otra. GABRIELLE ¡XENA! Merlín sonríe
con suficiencia hacia Xena. MERLÍN Ayudarás a tu amiga ahora, ¿no es así? Xena le gruñe y
le da la espalda, lanzándose de cabeza contra los vientos, pescando a
Gabrielle, la sostiene contra ella apretadamente. Ni se inmuta por los
destrozos que ha hecho el remolino.
¡Gabrielle! ¡Sostente! Todo se
vuelve borroso. CORTE A: INT.
CASTILLO - NOCHE Es el mismo
castillo de antes. El tornado, sin dejar de girar, se dirige hacia la
antesala, y deposita a Xena y Gabrielle sobre sus posaderas cerca de la
chimenea. Las dos brincan sobre sus pies y miran hacia abajo. Su ropa
mágicamente viajó con ellas, y se encuentran completamente vestidas, sus
armas en su lugar. Se miran una a la otra antes de que Xena saque su espada y
Gabrielle sus sais. Merlín esta
parado a un lado, junto con otros hombres, todos vestidos con armaduras.
Entre ellos está Arturo. Mira curiosamente a las dos recién llegadas. GABRIELLE Xena, ¿donde estamos?
Xena mira a su
alrededor. XENA Buena pregunta. Definitivamente no es nuestra acogedora posada en Grecia. Tú… Da unos pasos
hacia delante, apuntando su espada hacia Merlín. XENA (continúa) Ahora que nos has traído... aquí. ¿Nos quieres decir por qué demonios lo hiciste?
MERLÍN (cabeceando cortésmente) Claro. Las necesitaba aquí primero. Perdóname, mi Dama. Las cejas de
ambas, Xena y Gabrielle, se disparan hacia arriba, e intercambian
miradas. Gabrielle sonríe y masculla por lo bajo. GABRIELLE ¿Dama? Xena le da un codazo en
las costillas, pero baja la espada. Se pone de frente, plantando sus pies a
la anchura de los hombros, con actitud imponente e impaciente. XENA Bien. Escúpelo todo. Merlín señala al
anciano del grupo, que avance. MERLÍN ¿Es ella? El anciano mira
a Xena críticamente. ANCIANO Sí, es ella. Jamás se me olvidarían esos ojos. Y tú... Apunta un dedo nudoso hacia Gabrielle. Xena
mira el dedo ofensor, y mira hacia su chakram, con expresión
contemplativa. ANCIANO (continúa) Tú. Tú estabas con ella. El cabello está más corto, pero el rostro es el mismo. Sus ojos se estrechan
sospechosamente. ANCIANO (continúa) ¿Cómo habéis evitado envejecer? ¿Sois hechiceras como Merlín? GABRIELLE (risita) No. Es una larga historia. Su sonrisa
desaparece. GABRIELLE (continúa) Pero nuestra historia puede esperar. Como dice Xena... escúpelo. MERLÍN Tomemos todos asiento. El señala
hacia la gran mesa redonda, y todos se sientan. Xena y Gabrielle
estudian al grupo que consta de varios jóvenes armados, el anciano y Merlín. XENA (impacientemente) Ahora que todos estamos aquí para esta pequeña reunión, ¿me queréis decir dónde nos hemos conocido antes y por qué demonios estamos aquí? ANCIANO Nos conocimos aquí, claro está. Yo era un paladín más joven entonces, pero jamás se me olvida una cara. XENA ¿Y “aquí” dónde es? MERLÍN Camelot. XENA ¿Camelot? Jamás lo he oído. Inténtalo de nuevo. ¿Dónde... estamos? MERLIN Camelot es el castillo de los Pendragon. Los Pendragon dominan Britania. GABRIELLE (infelizmente) Britania. Xena.
Sus ojos se
ensanchan y se acerca más; sus dedos se mueven nerviosos con deseos de tomar
su sais. Xena le toca el brazo. XENA Está bien. Hace frente
a los hombres, con expresión de furia contenida. XENA (continúa) Más les vale que tengan una buena razón para habernos traído aquí. Empiecen a hablar, o salimos hacia el puerto más cercano y tomamos un barco a casa. ARTURO En serio, es muy sencillo. Permíteme presentarme. Yo soy Arturo Pendragon, Hijo de Uther Pendragon. Mi padre murió ayer durante la batalla, y yo soy el heredero del trono. XENA (impasible) ¿Y?
Gabrielle le
da un codazo suave y Xena, a regañadientes, suaviza su expresión. GABRIELLE Sentimos tu perdida, pero... ¿qué tiene que ver eso con nosotras? Arturo se
pone en pie y empieza a caminar alrededor de la mesa. ARTURO Hace muchos años estuvieron aquí, en este
castillo. Xena sacó a Excálibur de su piedra. Éramos constantemente atacados por los sajones. Ellos se están reagrupando. Mi padre mató a su Rey antes de morir, pero solo es cuestión de tiempo que vuelvan atacar; y esta vez estarán buscando venganza. En su ultimo suspiro, mi padre me dijo que tenía que recuperar a
Excálibur, pero cuando traté de sacarla de la piedra no pude, y vi tu rostro en la hoja de la espada. XENA ¿Qué es Excálibur? MERLÍN La espada de la Dama del Lago. Xena y
Gabrielle intercambian miradas. Xena se pone de pie y se inclina, poniendo
sus manos sobre la orilla de la mesa. XENA ¿Quién es esta Dama, y dónde está exactamente Excálibur? Arturo
señala hacia la espada en la alcoba. ARTURO Pues allí, claro. Puedes ver… Xena se
levanta abruptamente de la mesa, dirigiéndose decidida hacia donde está la
espada, haciendo caso omiso a lo que dice. Camina en derredor de la piedra,
estudiándola con los ojos entrecerrados. RETROSPECTIVA A: “La
Esperanza de Gabrielle[1]”
y Xena arrancando la misma espada de la piedra.
XENA Sí, recuerdo esta espada. Un excelente trabajo de forja. Xena se
vuelve hacia la habitación. GABRIELLE (sonriendo) Si hay algo de lo
que Xena sabe es de sus
armas. XENA Pero sólo la
toqué una vez. No fue nada
especial, en serio. Ella agarra la espada y, sin problema alguno, la
saca de la piedra; la hoja de la espada brilla a la luz de las antorchas. XENA (continúa, con
respeto) Tan estupenda
como la recordaba, pero no entiendo
lo que esta espada tiene que
ver con...
Ella escucha una conmoción a sus espaldas y se da la vuelta. Todos los
hombres en la habitación, excepto Merlín, se han levantado de sus sillas y se
han arrodillado, inclinando sus cabezas ante ella. Gabrielle mira a su
alrededor, sorprendida. XENA (continúa) ... migo. Ella se detiene, mira a cada uno de los hombres y
pone los ojos en blanco. XENA (continúa) Vamos. ¿Alguno de
ustedes quiere ponerse de pie y
contarnos el resto de la
historia? Ella se dirige a la mesa, jugando con la espada
mientras camina. Finalmente, Arturo se levanta, seguido por otros dos
hombres. Ellos inclinan sus cabezas. ARTURO Soy tu humilde
servidor. Estos son mis compatriotas
más cercanos, Sir Lancelot y Sir Galahad.
Estamos a tu servicio por el bien
de Camelot. Xena suspira con impaciencia y empuja a Arturo
hacia su silla por el cuello de la túnica. Ella mira a su alrededor y sus
ojos se detienen en Gabrielle, que encoge los hombros. Merlín está de pie a un lado, observándolo todo en
silencio con expresión de satisfacción. Él se ríe para sí mismo. MERLÍN Ésta está llena
de fuego. XENA (lentamente) Muy bien. Mira seriamente a Galahad y a Lancelot, y se dirige
hacia los que están sentados en la mesa. Ellos se sientan rápidamente en sus
sillas. XENA (continúa) Todos de regreso
a sus sillas. (gritando) ¡AHORA! Xena espera a que todos estén sentados. XENA (continúa,
molesta) Una vez más. Dime por qué
estamos aquí.
MERLÍN Hace muchos años
fue predicho por la Dama del Lago,
Viviana, que quien sacase a Excálibur de la
piedra, la poseería y guiaría a
nuestra gente en una batalla contra nuestros
enemigos. Pensábamos que este joven, Arturo, siendo el
heredero al trono, sería quien usaría a
Excálibur. Tú, sin embargo... Él apunta a Xena con el dedo, que hace un gesto de
disgusto con sus labios. MERLÍN (continúa) Aparentemente
conseguiste a Excálibur primero. ARTURO (interrumpiendo) Según la Dama, tu
eres la única que puede usar
Excálibur y guiarnos a la victoria
contra los sajones. Es obvio que eres una
guerrera. Ahora eres nuestra nueva reina. Xena vuelve a la mesa y se pone de pie al lado de
Arturo. Su postura y su expresión sugieren extremada molestia por las
circunstancias. Gabrielle se pone a su lado, mostrando preocupación en su
rostro. Ella pone su mano en el brazo de Xena. XENA Ahora escúchenme
y escúchenme bien. No me importa el
problema que tengan con los sajones y créanme,
no soy vuestra reina. Gabrielle y yo
nos vamos de aquí a primera
hora en la mañana, nos vamos a casa. Mira. Tómala. Yo
no la quiero. Xena le da Excálibur a Arturo que trata de tomarla,
pero cuando su mano toma la empuñadura, grita de dolor, y chispas salen de
donde la toca. Él la suelta y ésta cae sobre la mesa. Arturo comienza a
agitar su mano para tratar de aliviar el dolor. ARTURO Parece que la
Dama no está
convencida. XENA (molesta) Muy bien
entonces. Xena pone a Excálibur en su correa con un
movimiento rápido. XENA (continúa) Llévenme a ver a
esta Dama.
FUNDE A
NEGRO. |
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FIN
DEL PRIMER ACTO |
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