Guía Episodios

Introducción

Acto 1

Acto 2

Acto 3

Acto 4



ACTO TERCERO

 

ABRE DE NEGRO:

 

EXT. JARDÍN AMURALLADO - DÍA

 

Vemos un gran jardín amurallado. El suelo es de textura arenosa y llano, y la pared tiene una altura aproximada de diez pies, hecha de grandes piedras de color gris. Al rededor, hay parejas de soldados con distintas armas: espadas, bastones, jabalinas y hachas.

 

En mitad del patio, a un lado de la pared, hay una plataforma de observación con peldaños a cada lado y una campana colgando de un poste. En lo alto de la plataforma se encuentran varios soldados con vestimentas más adornadas que los soldados del suelo.  Parecen ser los líderes.

 

Al final del patio hay una gran puerta de madera. Ésta se abre y entra Xena, seguida de Lancelot. Lancelot no parece feliz, y Xena tiene una expresión impasible en su rostro mientras sus ojos escudriñan a su alrededor, observando la escena frente a ella.

 

XENA

Excelente organización.

 

LANCELOT

(orgullosamente)

Al rey Uther y a Arturo se les

ocurrió está práctica formación.

 

Xena se detiene junto a la pared y se apoya contra ésta con una postura despreocupada. Lancelot también se detiene, pero lejos de la pared y en una pose más rígida, fuera del alcance de Xena. Por la forma en que se miran y sus expresiones faciales, se deduce que esta pareja no se lleva muy bien.

 

XENA

Díme.

¿Cómo es el entrenamiento aquí?

 

 

LANCELOT

Los hombres empiezan en grupos de ocho,

distribuidos en cuatro parejas. Los ganadores

de esas series se emparejan dos a dos,

y los ganadores de esa ronda, se enfrentan

para determinar al ganador de ese grupo.

 

XENA

Déjame adivinar, de ahí luego forman grupos de

ocho con todos los ganadores, y comienzan de nuevo.

Continúan hasta que quede un solo ganador.

El ganador obtiene algún privilegio especial.

 

LANCELOT

(sorprendido)

Bueno, sí, en realidad así es.

¿Como lo has...?

 

XENA

He capitaneado ejércitos antes.

Yo misma use este mismo sistema.

 

LANCELOT

(irritado)

¿Y que recibieron tus ganadores?

 

XENA

(rotundamente)

El seguir con vida.

 

Los ojos de Lancelot se abren completamente, y Xena sonríe con malicia.

 

XENA

(continúa)

Caíste. En realidad, ellos podían sentarse

a mi lado izquierdo durante la cena, y obtenían

el primer lugar en la fila para comer.

 

Su expresión se torna afligida por un momento.

 

XENA

(continúa, suavemente)

Algunos de los perdedores

no lograron sobrevivir.

 

La pena desaparece de su rostro y se aleja decidida de la pared. Se mueve hacia el centro del campo, trepando a la plataforma. Lancelot la sigue, trotando rápidamente tras ella para mantener el paso.  Xena da una palmada a uno de los hombres en la espalda, que se vuelve con cara contrariada hasta que ve quién es. Luego él pide bruscamente atención, sosteniendo un megáfono a su lado.

 

SOLDADO

A su servicio, mi Reina.

 

XENA

No soy tu Reina.

Pero necesito eso.

 

 

Ella toma el megáfono y se dirige hacia el borde de la plataforma, tocando la campana para llamar la atención de los hombres.

 

Xena grita por el megáfono.

 

XENA

(continúa)

Muy bien. ¡Escúchenme! Agrúpense en

regimientos en frente de la plataforma.

 

Ella espera, asintiendo en aprobación mientras los hombres se forman en ordenadas filas por rangos frente a ella.

 

XENA

(continúa)

Muy bien. Como todos deben saber bien,

yo tome posesión de ésta...

 

Ella sostiene a Excálibur.

 

XENA

(continúa)

... anoche. Antes de aceptar dirigir este

ejército, necesito ver de que estáis hechos.

Quiero que terminéis vuestras rondas

hasta que queden los ocho ganadores.

Luego envíen a los ocho ganadores por aquí.

Yo me enfrentaré a todos ellos. Uno por uno.

 

Los hombres murmuran entre ellos, y la palabra "Excálibur" se escucha con fuerza entre los murmullos. Muchos de los hombres parecen asustados, y observan a Xena con gran turbación.

 

LANCELOT
(agitadamente, a Xena)

Escúchame. Muchos de los hombres han oído hablar

de Excálibur durante años, a pesar que solo unos cuantos

la han visto. Su leyenda es grande. Tú los tienes

aterrorizados. Si estas intentando probar algo,

pelea conmigo. Además de Arturo, yo soy quien más

victorias tiene en estos entrenamientos, sin mencionar

los juegos en los que participamos una vez al año.

 

Xena se da la vuelta y lo enfrenta, echándole una mirada de arriba a abajo. Finalmente, ella se para en su sitio y lo mira fijamente muy de cerca.

 

XENA

No estoy tratando de probar nada. Si voy a

dirigir a estos hombres, necesito ver

por mí misma su fuerza y debilidades.

 

Ella retrocede hacia una de las esquinas de la plataforma, hondeando la espada un par de veces.

 

XENA

(continúa)

Sin embargo, antes de pelear con

ellos, acepto tu reto.

 

 

Ella mira a su alrededor hacia los campeones en la plataforma.

 

XENA

(continúa)

Despejen este espacio.

¡Ahora!

 

Los campeones bajan por los escalones, tomando posiciones en frente de sus respectivos regimientos. Todos los hombres miran hacia la plataforma con grandes expectativas, donde Xena y Lancelot se observan.

 

LANCELOT

(sarcásticamente)

Empecemos, mi Dama.

 

Saca su espada y Xena y él empiezan a moverse en círculos. Xena, en su acostumbrado estilo de pelea, con una sonrisa en el rostro y un brillo especial en los ojos, mantiene un brazo en dirección a Lancelot, mientras que con la otra mano sostiene a Excálibur, lista para atacar.

 

XENA

(socarrona)

¿Vas a pelear o a bailar?

 

El rostro de Lancelot se oscurece de ira y lanza la primera estocada en dirección del pecho de Xena, que con facilidad detiene el golpe, casi desarmándolo.

 

XENA

(continúa)

¿Tú eres el mejor?

Tenemos problemas entonces.

 

El enojo de Lancelot es mayor, su rostro se torna en una mascara de profunda concentración. Se enzarza con ella en una serie de rápidas estocadas, las cuales siguen siendo fácilmente paradas por Xena. Finalmente, Lancelot deja de probarla y la lucha empieza, mientras las espadas se entrechocan una y otra vez. Xena parece al principio casi aburrida, permitiendo a Lancelot acorralarla contra la plataforma. Después de unas cuantas estocadas más, ella de repente salta dando una espectacular vuelta de campana y, aterrizando detrás de él, le toca ligeramente en el hombro con la punta de Excálibur. Él se vuelve presto.

 

XENA

(continúa)

El juego término Lancelot.

 

 

Esta vez es ella quien ataca, obligándolo a girar cada vez más forzadamente para intentar defenderse. Él no parece saber qué golpe vendrá a continuación, ya que a veces da mandobles sobre su cabeza, otras desde los lados, y otras hacia sus rodillas o tobillos, haciéndolo brincar para evitar ser herido. Su espada se mueve de manera tan precisa que es casi invisible, y lo único que atina a hacer es tratar de detener las estocadas.

 

LANCELOT

(respirando pesadamente)

Tú no eres una dama.

 

XENA

¿Qué fue lo primero que te dio la idea?

 

Ella gira golpeándole en el abdomen con el empuñadura de la espada; entonces vuelve a girar, esta vez hacia atrás pateándole ligeramente. Con Excálibur ejecuta un remolino contra la espada de él hasta desarmarlo. La espada sale volando sobre la plataforma y ella lo acorrala en una esquina del enrejado, forzándolo a retroceder mientras le coloca a Excálibur contra la garganta.

 

XENA

(continúa, burlona)

Por lo que veo

mi trabajo aquí está hecho.

 

Se aleja dándole la espalda y coloca a Excálibur en su cinturón, mirándola con nuevos ojos. Lancelot se pone en pie frotándose el cuello, aunque en realidad ella ni lo rozó. La mira fijamente mientras endereza su armadura.

 

LANCELOT

(desafiante)

Todos saben que Excálibur

está encantada. Apuesto que

 sin ella no podrías ganar fácilmente.

 

Xena se queda inmóvil y lentamente se vuelve, encarándolo con una expresión helada en el rostro. Saca a Excálibur de su cinturón, la tira a un lado con descuido y saca su propia espada.

XENA

Acepto la apuesta.

 

 

Ella camina hacia la espada de él, tirada en el suelo, y con un leve toque de su pie a la empuñadura, la espada sale disparada; Xena la toma y la lanza contra Lancelot tan rápido que él apenas tiene tiempo de atraparla, haciendo malabarismos antes de sostenerla con firmeza en su mano. El parece bastante sorprendido por un momento, antes de recuperarse y plantarse frente a ella, mientras nosotros...

 

CORTE A:

 

INT. ENTRADA PRINCIPAL CASTILLO - DÍA

 

Gabrielle entra en la cámara seguida de Arturo y un par de sus hombres. Ellos se pierden por ahí conversando. Gabrielle camina alrededor de la habitación, estudiando algunos tapices de la pared. Arturo está a su lado.

 

GABRIELLE

Son realmente espléndidos

 

ARTURO

Gracias. Han pertenecido a

mi familia por generaciones

 

Él mira a su alrededor.

 

ARTURO

 Seguimos esperando a Galahad y algunos

de los otros. ¿Puedo ofrecerte algo, Dama Gabrielle?

¿Agua o vino quizá?

 

GABRIELLE

 Puedes llamarme sólo Gabrielle.

Y no, gracias. Xena y yo acabamos

de desayunar. Mis mejores

elogios para tu cocinero.

 

ARTURO

(asiente complacido)

Gracias, me asegurare

de hacérselo saber. Él...

 

Arturo hace una pausa y mira en la dirección por donde aparece Galahad. Las piezas de la armadura que viste, están pulidas como espejos. Su cabello es largo y rubio brillante, y su camisa es de un blanco prístino, perfectamente fajada a sus pantaloncillos. Podría decirse que prácticamente resplandece.

 

ARTURO
(continúa)

¡Ah, Galahad! Discúlpame por

un momento, Da... Gabrielle.

 

GABRIELLE

Claro.

 

 

Mientras Arturo saluda a Galahad no lejos de ella, Gabrielle se mueve hacia la mesa, donde yace un cáliz iluminado por una antorcha. La mesa está cubierta por un terciopelo rojo, y el cáliz es lo único sobre la misma. La copa esta tallada en madera oscura, con unos ribetes en su borde.

 

GABRIELLE

(continúa)

Mmmmm. Me pregunto porqué esto

está dispuesto en un lugar tan especial.

 

Levanta el cáliz dejando escapar un suave gemido cuando éste se convierte en oro en su mano. Con expresión cauta, se asoma al interior. Al principio solo se ve una especie de neblina oscura, pero gradualmente se esclarece mostrando escenas tan hermosas que quitan el aliento, reflejadas en el ahora interior dorado del cáliz.

 

Al otro lado de la habitación, Galahad y Arturo conversan y gesticulan. Cuando Galahad ve a Gabrielle, deja de hablar repentinamente, haciendo a un lado a Arturo.

 

GALAHAD

El Grial. ¡No!

 

Él corre a través de la habitación, agitando sus brazos bruscamente.

 

GALAHAD

(continúa, desesperado)

Mi Dama, debe soltar

eso. Es sagrado.

 

Gabrielle se da la vuelta para verlo, con expresión llena de serenidad. Ella mueve la cabeza, mientras aún tiene el vaso en sus manos.

 

GABRIELLE

¿Perdón? Lo siento,

¿dijiste algo?

 

Galahad continúa haciendo gestos, su cara se está poniendo de color rojo.

 

GALAHAD

El grial. Suéltala

ahora, por favor.

 

GABRIELLE

¿Grial?

 

Ella mira la copa en sus manos.

 

GABRIELLE

(continúa)

¿Te refieres a esto?

 

La agita con indiferencia, y Galahad asiente firmemente, extendiendo sus manos como si tuviese que atraparla en caso de que a ella se le cayese.

 

GABRIELLE

(continúa)

Es una de las cosas más hermosas

que he visto. Cuando miré dentro de él...

 

 

Ella mueve la cabeza, sin encontrar las palabras.

 

GABRIELLE

(continúa)

En casa, me llaman bardo, pero no

hay palabras para describir lo que acabo de ver.

Fue una cosa de tanta belleza que me llenó

los ojos de lágrimas. Discúlpame si no

debía tocarlo. Es mágico.

Debe ser de Merlín. Aquí...

 

Ella lo coloca con delicadeza el lugar donde estaba antes. Cuando Gabrielle le da la espalda, se convierte en madera nuevamente. Galahad no tiene palabras. Sus ojos están abiertos como platos, y parece como si estuviera a punto de explotar.

 

GABRIELLE

(continúa)

Me disculpo. Vamos.

Únete a nosotros en la mesa. Comenzaremos

nuestra reunión muy pronto.

 

Ella le sonríe inocentemente y le acaricia el brazo antes de dirigirse hacia la mesa. Galahad extiende lentamente su temblorosa mano hasta tomar la copa. Él espera ansioso, pero no pasa nada. Luego mira cuidadosamente el interior de la copa, pero lo único que ve es el interior de una copa vieja y muy usada. La pone de nuevo en su sitio y se cubre el rostro con sus manos por un momento.

 

GALAHAD
(susurrando)

No. Era mío.

 

Está a punto de llorar, cuando Arturo se dirige a él.

 

ARTURO

Galahad, te ves pálido.

 

Tanto la voz como las manos de Galahad están temblando.

 

GALAHAD

El grial... Ella lo tocó. Tuvo visiones.

Me he estado preparando durante meses

desde que fue recobrado. He ayunado y

orado, esperando la señal de que era mi momento

para tocarlo, para mirar dentro de él y ver sus

grandes misterios. Ahora todo está... perdido.

 

ARTURO

(riendo)

Vamos, Galahad. Tú no puedes

creer en esos mitos antiguos.

Quizá ella sólo exageraba. Es sólo una

vieja copa de madera. Tal vez ahora puedas

seguir adelante, y concentrarte en la batalla.

Nos preparamos para reunirnos.

Ven cuando estés listo.

 

Arturo le da una palmada en el hombro y se dirige hacia la mesa.

 

GALAHAD

(llorando en voz baja)

Pero... Pero se convirtió en oro.

 

En la mesa, Arturo y varios hombres se están sentando. Gabrielle ve una silla, bastante adornada, y cubierta de un satén brillante. Arturo se sienta en la silla de al lado.

 

GABRIELLE

(a ella misma)

Me imagino que ésta es para el jefe,

y ya que Xena no está aquí...

 

Ella se sienta en la silla y alza la vista mientras todos los que están en la mesa se quedan boquiabiertos por la impresión.

 

GABRIELLE

(continúa, confundida)

¿Qué pasa?

 

 

Uno de los soldados al otro lado de la mesa susurra al oído al que está a su lado, fuera del alcance de Gabrielle.

 

PRIMER SOLDADO

Se ha sentado en la Silla

Perilous, y aún vive.

 

SEGUNDO SOLDADO

Pensaba que Galahad tenía

el corazón más puro de Camelot. Parece que

alguien acaba de tomar su lugar.

 

PRIMER SOLDADO

(sonriendo)

Verdaderamente sí.

 

Se recuesta en la silla, cruzando sus brazos sobre su pecho.

 

PRIMER SOLDADO

(continúa)

Ya estaba cansado de su actitud de

“Señor Soy Tan Bueno”. Me alegro por la Dama.

 

Éste inclina la cabeza en honor a Gabrielle quien, como no escuchó lo que dijo, simplemente sonríe e inclina la cabeza también. Luego Gabrielle mira a Arturo.

 

GABRIELLE

¿Me perdí algo?

 

Arturo echa una mirada a Galahad.

 

ARTURO

Ah.  No. Todo

está bien, Gabrielle.

 

Galahad levanta su mirada en ese momento, gritando con indignación.

 

GALAHAD

¡Mi silla!

 

Corre hacia la mesa, deteniéndose justo frente a Gabrielle.

 

GABRIELLE

Lo siento. ¿Es esta

 tu silla?  Me puedo mover.

 

Comienza a levantarse, pero Arturo la detiene.

 

ARTURO

No. De verdad. Galahad

puede escoger otra silla.

 

GABRIELLE

No hay problema. Solamente....

 

Galahad se acerca cuidadosamente para tocar un adorno en el brazo de la silla y salta hacia atrás mientras sacude su mano, como si hubiese recibido una descarga eléctrica.

 

GALAHAD

¡Ahhhhhhh!

 

Trata de tocarlo otra vez, con los mismos resultados. Da un paso atrás y mira a Gabrielle con horror y entonces, gritando como un enloquecido, sale huyendo de la habitación.

 

GALAHAD

(Continúa)

¡¡¡¡Noooooooo!!!!

 

GABRIELLE

(Murmurando)

Diantre. Es solo una silla.

 

 

Sacude la cabeza mientras lo observa marcharse, y entonces vuelve hacia la mesa como si no hubiese sucedido nada insólito.

 

GABRIELLE

(Continúa)

Deseaba conocerte, Arturo; y a

tus altamente cualificados hombres. En este momento

Xena está con tu ejército y yo hablo en su nombre.

Antes de que Xena viniera aquí, cuando

pensabas que ibas a gobernar Camelot,

¿cuál era tu sueño para tu pueblo?

 

Arturo da la impresión de haber sido sorprendido y descansa la barbilla sobre su mano durante un momento, perdido en sus propios pensamientos. Finalmente, la mira directamente a los ojos.

 

ARTURO

¿Merlín te ha hablado de la división

en nuestra tierra ocasionada por los bandos

religiosos y sus peleas internas?

 

GABRIELLE

Si, lo hizo.

 

ARTURO

Desearía unir  a los seguidores de las nuevas

y viejas costumbres, enseñándoles a vivir

juntos en armonía… respetándose entre si.

Deseo que superen sus antiguas diferencias,

y se concentren en trabajar unidos

por el bien de nuestro país.

 

GABRIELLE

(sonriendo)

 Sigue. ¿Qué sucederá con los sajones?

Si tú los derrotaras en una batalla,

¿qué les pasaría a ellos?

 

ARTURO

No tengo ningún deseo de destruir sus tierras. 

 Al soldado común lo enviaría a su casa, con

 su familia. Si hubiese alguno que deseara

 pertenecer a nuestro ejercito se lo permitiría, pero

en periodo de prueba. En cuanto a sus líderes

y los que hayan cometido crímenes contra nosotros,

velaría por que tuvieran unas audiencias justas.

 

Gabrielle mueve su cabeza en señal de aprobación.

 

GABRIELLE

Bien. Ahora… Si Xena dirige a tus hombres en una

 batalla y la gana, desea conocer un plan de

 cómo afrontar los resultados después

 de la batalla. Qué deseas hacer con los

 prisioneros y los heridos y cómo

pondrás en práctica lo que acabas de decir.

Unamos nuestras mentes y organicemos ese plan.

 

Ellos se acercan, murmurando a la vez, y nosotros...

 

CORTE A:

 

EXT. PATIO AMURALLADO - DÍA

 

Xena y  Lancelot  dan vueltas en círculo sobre la plataforma uno frente a otro. Xena  sujeta su propia espada, y aparenta estar totalmente cómoda y tranquila.

 

XENA

(sonriendo burlonamente)

¿Deseabas una pelea justa?

Ya tienes una.

 

 

LANCELOT

Deja de hablar Xena,

terminemos con esto.

 

Xena  se queda en completo silencio, mirándolo como una pantera observa a su presa.  Con un súbito gruñido lanza una estocada, tomando así la ofensiva, y obligándole a entrar en batalla. Sus espadas entran en contacto una y otra vez y así, lo va llevando hasta las escaleras que están a un lado de la plataforma. Lentamente lo obliga a bajar de espalda las escaleras, mientras ella prosigue peleando.

 

Cuando alcanza el final de las escaleras ella salta en el aire, pasa sobre el y aterriza justo a su espalda. Él se da la vuelta mientras ella le ataca nuevamente. Sus espadas se mueven tan rápido que los ataques se ven borroso en la plataforma, donde todos pueden observar la batalla. Lancelot esta sudando, mientras que Xena esta calmada y tranquila, obviamente en su elemento, disfrutando de la batalla.

 

Él comienza a fallar y sus ataques con la espada se vuelven descuidados. Ella ve una oportunidad; la aprovecha, y con su espada, quita la suya al contrario. Ésta sale volando y cae a varios pies de distancia. Xena salta, e impulsándose  con ambos pies desde unos pilares de la plataforma, hace otra voltereta y patea en el pecho a Lancelot, que cae de espaldas en el suelo.

 

Ella aterriza cerca de él y coloca un pie sobre su pecho. Sus ojos lo miran salvajes mientras levanta la espada con las dos manos, le da una vuelta y la clava en el suelo a un pelo de distancia de su cabeza.

 

XENA

(sonriendo con maldad)

¿Satisfecho?

 

LANCELOT

(tímidamente)

Sí, mi Reina.

 

Xena parece considerar sus palabras, luego se encoge y le ofrece una mano para levantarlo. Cautelosamente, él la toma, poniéndose de pie y sacudiéndose. Los soldados rasos rompen en aplausos ensordecedores para su supuesto nuevo líder.

 

XENA

Recuérdame elogiarte

ante Arturo por tu lealtad.

 

 

LANCELOT

(sorprendido)

¿Eh?

 

XENA

(en voz baja)

Sé a quién eres leal.

 

Ella mira detenidamente hacia la puerta por la que Gabrielle entra.

 

XENA

(continúa)

Tu devoción por Arturo es admirable.

Pero créeme, Lancelot, estamos en

el mismo lado. No tengo ningún

deseo de ocupar el lugar de Arturo.

 

Lancelot se inclina ligeramente.

 

LANCELOT

Trataré de recordarlo de ahora en adelante.

Mm, ¿podrías enseñarme cómo haces ese

movimiento hacia atrás al girar con tu espada?

 

XENA

Seguro. Más tarde.

 

Ella se aleja y camina hacia donde esta Gabrielle. Gabrielle la mira, luego a Lancelot, y sacude la cabeza.

 

GABRIELLE

Veo que le has enseñado

quién es la jefa. 

 

XENA

Acabo de empezar.

¿Qué has averiguado de Arturo?

 

Gabrielle extiende la mano y limpia alguna suciedad de la cara de Xena.

 

GABRIELLE

Xena, el corazón de Arturo está donde debe.

Él se preocupa por su gente.

 

XENA

¿Y sus consejeros?

 

GABRIELLE

También.

 

Se queda pensativa y vemos la figura escondida de Galahad corriendo una vez más a la habitación.

 

GABRIELLE

(continúa)

Algunos de ellos son un poco raros, pero

son buenos hombres. Propusieron planes

sensatos para abordar las repercusiones

de la batalla. Xena, Arturo tiene capacidad

para construir una gran nación en paz. Puedo sentirlo.

 

XENA

Lo que he visto de su ejército, es más de lo mismo.

Buenos hombres… Buenos guerreros, leales

y listos para seguir a su líder en la batalla.

 

 Ellas intercambian una larga mirada y Gabrielle toca su brazo.

 

GABRIELLE

¿Vas a ser tú ese líder?

 

 

XENA

(asintiendo ligeramente)

Sí. Cuanto antes terminemos esto,

antes nos iremos a casa.

 

Gabrielle acaricia el brazo de Xena con su pulgar.

 

GABRIELLE

¿En cuanto a morir en la batalla?

 

XENA

Ya llegaremos a eso. Primero, prometí

a estos hombres algún entrenamiento más.

 

GABRIELLE

(exasperadamente)

Xena, tienes que hablar con Merlín.

Has estado aquí toda la mañana.

 

Ella se detiene cuando Xena le sonríe de una manera encantadora.

 

GABRIELLE

(con resignación)

Está bien, pero tenemos que hablar con Merlín.

Decirle a él lo hemos decidido.

 

Merlín aparece en medio de un destello de luz y da unos pasos hacia delante, al mismo tiempo que los soldados murmuran con entusiasmo ante su aparición.

 

MERLÍN

No es necesario. Lo oí todo.

Xena…

 

Él se acerca hacia donde está ella, caminando con su séquito.

 

MERLÍN

(continúa)

Debes cancelar el entrenamiento y concentrarte

en prepararlos para la batalla. Los sajones están

reagrupándose, incluso mientras hablamos.

 

Gabrielle entrelaza su mano alrededor del brazo de Xena y se queda de pie a su lado con expresión de preocupación. Xena la mira fijamente a los ojos y luego levanta su mano para acariciar con la yema de sus dedos el rostro de Gabrielle.

 

XENA

(muy bajito)

Sólo una batalla, Gabrielle,

y nos iremos a casa.

 

GABRIELLE

¿Me lo prometes?

 

XENA

Te lo prometo.

 

GABRIELLE

Estaré a tu

lado, lo sabes.

 

XENA

No querría que fuese

de otra manera.

 

Ellas caminan hacia la puerta en silencio, seguidas por Merlín. Xena la abre y mira hacia fuera...

 

CORTE A:

 

EXT. PAISAJE MARINO – DE DÍA

 

Justo al otro lado de la puerta hay un acantilado, y abajo está la playa. Xena observa las olas romper en la playa; luego mira fijamente hacia el mar.

 

XENA

(tranquilamente a ella misma)

Siempre hay una batalla más.

 

 

FUNDIDO A NEGRO.

 

FIN DEL TERCER ACTO

ACTO CUATRO