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ACTO SEGUNDO

 

ABRE DE NEGRO:

 

EXT. PATIO DEL TEMPLO - DIA

 

Mientras se aleja caminando del templo, Xena mira a Gabrielle.

 

XENA

Cuéntame de nuevo porqué de

repente tenemos a la diosa

del amor de ayudante.

 

GABRIELLE

Xena, estoy preocupada por

ella. Quiero decir, ¿no te parece

que está un poco... rara?

 

 

XENA

Gabrielle, estamos hablando

de Afrodita. Su comportamiento

siempre es un poco raro.

 

GABRIELLE

No, no, esto es peor de lo normal.

Quiero decir, dado lo que sucedió con

Ares y todo lo demás, seria de esperar

que estuviese triste.  O enfadada.  O

algo así.  No esta... esta...

maniaca ‘soy la diosa

del amor y nada me afecta’

actitud que está siguiendo.

 

XENA

(encogiéndose de hombros)

Los dioses reaccionan de forma diferente

a los humanos. Y Afrodita es de

lo más diferente que se puede encontrar.

 

GABRIELLE

Simplemente tengo la sensación de que hay

mucho más debajo de la superficie.

(bajo)

Xena, estoy preocupada por

ella, y quiero ayudar.

 

XENA

(dubitativa)

Sencillamente no estoy segura de que ponerla

en compañía de las dos personas que

destruyeron su familia sea lo que

le convenga en este momento, Gabrielle.

 

GABRIELLE

¿Confías en alguien más

para asegurar su bienestar?

 

XENA

(bajo, abatida)

No.

 

GABRIELLE

Por favor, ¿podemos intentarlo?

 

Tras una breve pausa, Xena asiente.

 

XENA

De acuerdo.  Creo que le estas pidiendo

demasiado, pero de acuerdo.

 

 

GABRIELLE

Lo sé, pero creo que ella merece la pena.

 

CORTE A:

 

EXT. SENDERO - DIA

 

Xena encabeza el grupo llevando a Argo de las riendas.  Gabrielle la sigue ligeramente detrás.  Afrodita queda rezagada en cola, se detiene, se mira la mano y patalea.

 

GABRIELLE

Afrodita, ¿qué sucede?

 

AFRODITA

¡¡ Oooo, me rompí otra uña !!

Te digo, Gab, esta

cosa de andar es para los pájaros.

 

GABRIELLE

Los pájaros vuelan.

 

AFRODITA

Ya sabes lo que quiero decir.

¿Cuanto queda?

 

GABRIELLE

Aún queda un rato.

Limítate a mantente cerca de mí.

Lo estas haciendo bien.

 

CORTE A:

 

EXT. SENDERO - MÁS TARDE

 

Xena sigue en cabeza.  Gabrielle va rezagándose con evidente frustración.  Afrodita se ha detenido de nuevo. 

 

GABRIELLE

¿Si?

 

AFRODITA

¿Sabes lo que cuesta

conseguir un buen

callista por aquí?

 

 

CORTE A:

 

EXT. SENDERO - AÚN MÁS TARDE

 

Xena está dando de beber a Argo en un pequeño arroyo.  Gabrielle está sentada apoyada en una roca, sus ojos mirando al cielo.  Parece al borde del coma.

 

AFRODITA

….Y esto!  ¿A esto le llamas

pelo?  ¡Y mi vestido favorito!

¡Míralo!  ¡Está arruinado!

 

CORTE A:

 

EXT. SENDERO - TODAVIA MÁS TARDE

 

Afrodita continua rezagándose cada vez más.  De hecho, tiene aún mucho peor aspecto del que tenia cuando la hallaron al comienzo del día.  Su pelo cuelga alrededor de la cara en sudorosos mechones.  Su vestido está sucio y rasgado.  Va cojeando, con el tacón de un delicado zapato irreparablemente roto. En resumen, va hecha un desastre.

 

GABRIELLE

Xena....

 

Xena se para y da la vuelta. Mira a Gabrielle y después más allá hacia Afrodita.

 

XENA

Muy bien. Me rindo, desaparezco, lo que quieras

hacer, simplemente hazlo.  Ya te veremos

allí cuando lleguemos.

 

Afrodita sonríe, totalmente reanimada.

 

AFRODITA

¡Gracias, chicas! 

¡¡Sois las mejores!!

 

En una nube de destellos rosas, Afrodita desaparece.

 

GABRIELLE

(bajo)

Lo siento.

 

Gabrielle pone una mano insegura sobre el brazo de Xena.  Con este contacto, la ira de Xena se desvanece completamente y sonríe débilmente.

 

XENA

No pasa nadaDe todos modos,

soy yo la que la obligó a caminar. Al

menos disfrutaremos de un poco de paz

y tranquilidad durante un rato.

 

GABRIELLE

Vigila.  Ya sabes lo que sucede

cuando pronuncias esas palabras.

 

 

XENA

En estos momentos, una pelea con una

docena de apestosos bandidos seria

considerada paz y tranquilidad.

 

Después de un momento, Gabrielle ríe, y la pareja avanza cogida del brazo.

 

CORTE A:

 

EXT. AFUERAS DE LA CIUDAD - ATARDECER

 

Xena y Gabrielle al fin alcanzan a Afrodita, justo cuando el sol empieza a ponerse detrás de las colinas. Los rayos resaltan a la diosa en toda su dorada belleza.  Xena y Gabrielle divisan una sospechosa humedad brillando en sus mejillas. Se miran la una a la otra en silenciosa comunicación.  Gabrielle asiente y Xena se aparta a un lado, conduciendo a Argo hacia un pequeño arroyo que recorre las afueras de la ciudad.

 

Gabrielle se acerca a Afrodita y apoya una mano  sobre la soleada roca que sirve de asiento a la diosa.

 

GABRIELLE

Hey.

 

Afrodita le lanza una abierta sonrisa.

 

AFRODITA

Hola, Gab. ¿Como es

que tardasteis tanto?

 

GABRIELLE

(siguiéndole la corriente)

Volviéndonos más lentas

con la edad, supongo.

 

AFRODITA

Ya.  Me sorprende que

no te hiciera correr más

que a su caballo para llegar aquí.

 

Gabrielle no se ríe.

 

GABRIELLE

(seriamente)

Afrodita.

 

AFRODITA

¿Si?

 

GABRIELLE

Er... Yo....

 

AFRODITA

Suéltalo, Gab. Nos estamos

perdiendo una puesta

de sol absolutamente sorprendente.

 

Pasado un minuto, Gabrielle suspira y sacude la cabeza.

 

GABRIELLE

No es nada.

 

Ambas se vuelven a contemplar como el sol, poniéndose detrás de las montañas, pinta el cielo en un estallido de rosas, púrpuras, dorados e intensos rojos.

 

AFRODITA

(suavemente)

Verás, cuando éramos jóvenes...

no es que fuésemos "jóvenes" alguna vez,

ya sabes... Ar y yo solíamos pelear

por montar con Apolo

durante la puesta de sol.

 

GABRIELLE

(sorprendida)

¿Tú? ¿¿Peleabas con Ares??

 

 

Afrodita ríe.

 

AFRODITA

Increíble, ¿Eh?

 

GABRIELLE

Yo...  me fío de tu palabra.

 

AFRODITA

Te contaré un secreto, sin embargo.

(pausa)

Él sabía cuánto me gustaban

los hermosos colores, y

solía dejarme ganar. Muchas veces.

 

Afrodita levanta las rodillas y enlaza sus brazos alrededor de ellas.

 

AFRODITA

(continuando)

Creo que esa es una de las cosas

que echaré más de menos.

No lo mostraba muy a menudo, pero

había un punto afectuoso en él. Tenias

que llegar realmente hondo para encontrarlo,

pero cuando lo hacías... En realidad

no era tan mal hermano.

 

 

Sin palabras de réplica, Gabrielle tan solo permanece al lado de Afrodita mientras el sol acaba de ponerse detrás de las colinas.

 

CORTE A:

 

INT. TABERNA- ATARDECER

 

Al igual que el resto de la ciudad, la taberna ha sufrido los estragos de la guerra. Aunque mantenida lo más limpia posible, soporta sus propias heridas de batalla que, nada, salvo el derribo y la reconstrucción, borrará.

 

Xena, Gabrielle y Afrodita se sientan a una rugosa mesa de madera.  Xena y Gabrielle se ponen la una enfrente de la otra. Afrodita se sienta a la derecha de Gabrielle.  Pasado un momento, una camarera se acerca a su mesa. También ella refleja las marcas de la guerra.  Su mano izquierda acaba en un irregular muñón  y una fea cicatriz recorre su rostro, desde su sien izquierda  hasta la comisura izquierda de su boca,  torciendo sus labios hacia arriba en una perpetua sonrisa burlona. No obstante, sus ojos son amables y su voz agradablemente tímida y suave.

 

Afrodita mira fijamente, boquiabierta, mientras Xena le da a la joven la comanda.  Gabrielle la pellizca en el muslo, provocando que Afrodita tuerza su mirada hacia la bardo.  Después de que se vaya la mujer, Gabrielle mira a Afrodita.

 

GABRIELLE

No es educado el

mirar fijamente, ya sabes.

 

AFRODITA

¡No pude evitarlo, Gab!

¡Su pobre cara!

¡Su pobre mano!

 

XENA

(tajantemente)

La guerra le hace eso a los inocentes.

 

 

La cara de Afrodita se desencaja.  Ella y Xena intercambian una mirada larga y venenosa.  Los ojos de Xena se mueven hacia Gabrielle.  Intercambian una mirada aún más agria.

 

De pronto Xena vuelve su atención a la cerveza que está bebiendo.

 

La joven vuelve con sus encargos y posa unos cuencos de humeante estofado delante de Xena y Gabrielle.  Afrodita la mira fijamente de nuevo.  La muchacha pretende no apercibirse y se escabulle.

 

GABRIELLE

(susurrando)

Afrodita....

 

AFRODITA

Lo siento.

 

Ella sonríe.

 

AFRODITA

(continuando)

Oooh. ¿Te has fijado en eso?

 

Gabrielle se vuelve.

 

GABRIELLE

¿En qué?

 

 

AFRODITA

Ella. Ahí haciendo ojitos

a "Granjero Alfredo".

Aww. ¿No es tierno?

 

Con la cuchara a medio camino de su boca, Gabrielle mira hacia el  “Granjero Alfredo” en cuestión.  De altura y complexión media, no parece ser más que un hombre corriente sentado a la mesa con sus amigos. 

 

Como si sintiese los ojos en su espalda, él se vuelve para mirar hacia, o mejor dicho, a través de la joven camarera.

 

GABRIELLE

(con tristeza)

Ni siquiera sabe

que está viva.

 

Afrodita sonríe.

 

AFRODITA

Eso lo puedo arreglar en un instante. Esto

reclama una poca acción de amoooor,

y esa es mi especialidad.

 

Gabrielle le sujeta la mano cuando intenta levantarla.  Afrodita la fulmina con la mirada.

 

AFRODITA

(continuando)

¿Por qué el agarrón, Gabby?

 

GABRIELLE

No puedes ponerle un hechizo

para que se enamore de ella.

 

AFRODITA

¿Como que no?  ¡A eso es a lo

que me dedico!  Ho-la.

 

Gabrielle suspira.

 

GABRIELLE

Afrodita, eso no es justo para

ninguno de ellos.  No deberías

forzar a la gente a enamorarse.

 

AFRODITA

Vamos, Gab, una vez los alcance

con un pequeño rayo de amor

nunca sabrán cómo es que estaban

separados.  ¡Es perfecto!.  Ahora,

déjame hacer mi trabajo y tu mejor

vete a golpear a algunos apestosos

guerreros o algo así, ¿vale?

 

GABRIELLE

Afrodita, Creo que de algún

 modo les gustaría tener algo

que decir en el asunto, ¿no?

 

AFRODITA

Qué, como tú y....

 

Afrodita inclina su cabeza en dirección a Xena.

 

Xena continua comiendo , ignorando la conversación.

 

GABRIELLE

Si.

 

AFRODITA

Lo siento, Gab, pero vosotras sois

un caso especial, ¿sabes?

Algunas personas necesitan mi ayuda.

 

GABRIELLE

No dije que no pudieses

ayudarlos.  Solo te estoy pidiendo

que no los fuerces.

(pausa)

¿Por qué no vas para allá y

hablas con ella? Averigua quien

es, lo que le gusta, cosas así.

 

 

Afrodita mira dudosa.

 

GABRIELLE

(continuando)

Parece como si necesitase

una amiga. Estoy segura de que

le iría bien tu sabiduría.

 

AFRODITA

(sonriendo)

¿Sabiduría?, ¡ya!

 

GABRIELLE

Si.

 

AFRODITA

De acuerdo. ¿Por qué no?

Siempre puedo usar mi magia

después de hablar con ella.

 

GABRIELLE

Afrodita....

 

Afrodita se pone en pié. Agita sus dedos hacia Gabrielle.

 

AFRODITA

¡En marcha!

 

Xena le lanza a Gabrielle una breve sonrisa antes de regresar a su comida.  Gabrielle sonríe y comienza a comer con gusto.

 

Un momento después, alza la mirada.  Varios ancianos, situados al fondo de la taberna, están mirando fijamente a Xena y hablando entre ellos.  Gabrielle sabe bien que, pese a darles la espalde, Xena sabe que ella es el centro de su atención, así que no dice nada.

 

XENA

(suavemente)

Cinco.  Cuatro.  Tres.

Dos.  Uno.

 

 

A la voz de  “uno”, el hombre más viejo se pone en pié, gorra en mano.  Xena gira la cabeza lo suficiente como para contemplarlo por encima del hombro.

 

XENA

(continuando)

Sí, mi nombre es Xena, sí,

os ayudaré con vuestro problema,

no, no voy a hacerlo ahora mismo.

Regresa a tu asiento y acaba tu

comida.  Te veré cuando

haya acabado la mía.

 

Xena vuelve a su comida, dejando al hombre plantado y mirándola boquiabierto.

 

Gabrielle le lanza una alegre sonrisa.

 

GABRIELLE

(al hombre)

Tiene muchas habilidades.

 

Xena se limita a sacudir la cabeza.

 

CORTE A:

 

INT. TABERNA – ANOCHECER - PUNTO DE VISTA DE AFRODITA

 

La joven camarera acaba de sentarse a una mesa cerca de la barra y está tomando la cena de forma apresurada.  Afrodita se desliza a su lado.

 

AFRODITA

Hey.

 

CAMARERA

(tímidamente)

Hola.

 

AFRODITA

Yo... um... quería decir

que lamento haberte mirado así antes.

Fue totalmente inapropiado por mi parte.

 

CAMARERA

No importa. Ya estoy

acostumbrada a estas alturas.

 

AFRODITA

Ya, pero aún así fue

un comportamiento grosero

el que tuve.  Lo siento.

 

CAMARERA

(suavemente)

Gracias.

 

Afrodita sonríe.

 

AFRODITA

Así pues, ¿como te llamas?

 

CAMARERA

Lira.

 

AFRODITA

Es un nombre animado.

 

 

Lira rompe a reír con suavidad, lo que provoca que Afrodita sonría.

 

LIRA

Gracias.  ¿Cual es el tuyo?

 

AFRODITA

¡Aaaaa…far!

 

LIRA

(dubitativa)

¿Aaaafar?

 

AFRODITA

Está bastante bien, ¿eh?

¡es egipcio!

 

LIRA

No pareces egipcia.

 

AFRODITA

(alegremente)

Por parte de madre.

 

LIRA

Oh.

 

AFRODITA

Así que... ¿como te pasó?

 

Mientras, alcanza a tocar con gentileza la cicatriz en la cara Lira.  La joven se aparta de un respingo, ocultando cara y mano.

 

AFRODITA

¡Oh, cuanto lo siento, cariño!

No pretendía  molestarte.

 

LIRA

Es... está bien.  Sé que tú

no preguntabas con mala intención.

 

AFRODITA

Te lo prometo.

 

Lira alza la mirada. Sus ojos remotos, la mente distante.

 

LIRA

Tan solo fue un señor de la guerra.

Ni siquiera supimos su nombre.

Todo lo que puedo recordar es que

él y sus hombres marchaban

bajo el estandarte de Ares.

 

AFRODITA

¡¿Ares?!

 

 

LIRA

Sí. Él y sus hombres vinieron

como demonios del Tártaro,

degollando, quemando, matando.

(pausa)

Mi... mi hermano, Tomus, solo tenia

diez  y ni siquiera podía sujetar una

espada, pero estaba decidido a

proteger nuestra hacienda. Vinieron

a por él. Todos esos hombretones

blandiendo sus espadas contra un niño

de diez años.  Yo... yo intenté

pararlos.  Ellos me hicieron esto.

(pausa)

Y mataron a mi hermano.

 

AFRODITA

(con pesar)

Lo lamento tanto.

 

Él era todo lo que tenía.  La única familia

que me quedaba. Lo era todo para

mí  y ellos acabaron con él

como cordero en el matadero.

 

Afrodita  alcanza a tocar el hombro de Lira, y cuando la joven se derrumba sobre ella, envuelve con sus brazos el cuerpo tembloroso en un fuerte abrazo.

 

AFRODITA

(susurrando)

Sé lo que es perder a

tu familia. Lo sé y siento

muchísimo que te pasara a ti.

 

Mientras Lira sigue llorando, Afrodita la abraza y la mece con gentileza, lágrimas brillando en sus propios ojos.

 

CIERRA DE NEGRO.

 

FIN DEL SEGUNDO ACTO

 

ACTO TRES