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ACTO CUARTO

 

ABRE DE NEGRO:

 

INT. VESTIDOR DE LIRA – POR LA MAÑANA 

 

Lira parece mirar dubitativamente su cuerpo, ahora cubierto por un atractivo, aunque ligeramente gastado, vestido. 

 

LIRA

No estoy segura, Afar.

 

AFRODITA

Yo sí. Estás absolutamente

deliciosa con ese vestido.

Cuando los muchachos te vean,

van a tener que recoger

sus ojos del suelo. 

 

Lira trata de contener la risa ante la imagen. Después se serena.

 

LIRA

Aún no estoy segura.

 

Afrodita pone una mano sobre su hombro.

 

AFRODITA

Caramelito, ¿cómo podrán 

apreciar tu belleza si la ocultas

todo el tiempo?  Aquellos trapos

negros que llevabas podrían

espantar a cualquiera. Confía en mí,

estás fabulosa.  No podría

mentirte.  Lo prometo.

 

Después de un momento, Lira asiente.

 

LIRA

Bien. Estoy lista.

 

AFRODITA

¡Estupendo! Ahora recuerda,

ojos vivos, la barbilla alta, hombros atrás,

pecho fuera. Eres una hermosa,

 y atrevida mujer.  Deja que todos

los demás vean el cambio, ¿de acuerdo?

 

 

LIRA

De acuerdo.

 

Sonriendo, Afrodita abre la puerta del vestidor y saca a Lira de la habitación.

 

CORTE A:

 

INT. TABERNA – POR LA MAÑANA

 

Xena y Gabrielle, que han pasado la mayor parte de las horas crepusculares fortificando el perímetro y preparando a los futuros combatientes, están a punto de salir otra vez cuando la puerta se abre y Afrodita mete a Lira en el cuarto. Los ojos de Gabrielle se agrandan por la sorpresa y la consideración. Incluso Xena mira impresionada. 

 

Confiando en la promesa de Afrodita, los hombres del cuarto lanzan miradas de admiración y elogio a la joven mujer, haciendo crecer su sonrisa y su confianza. 

 

Al ver a Xena y Gabriela, Afrodita se encamina hacia ellas.

 

GABRIELLE

¡Afrodita! ¡Está maravillosa!

 

AFRODITA

(orgullosamente)

Cierto, ¿verdad?

 

GABRIELLE

¿Qué hiciste?

 

AFRODITA

(improvisadamente)

Oh, un poco de esto, un poco de aquello.

Ya sabes, conversaciones de mujeres.

 

Mira a Xena.

 

AFRODITA

(continúa)

Tal vez tú no lo entenderías.

 

Xena sonríe y Gabrielle se ríe. Todas miran como Lira hace sus quehaceres con la confianza y la postura que solía tener antes del ataque en el que perdió a su hermano.

 

GABRIELLE

No puedo creerlo. No parece

ser la misma mujer de antes.

 

 

Afrodita sonríe y lanza a Gabrielle una mirada profunda.

 

AFRODITA

A veces sólo necesitas

a una amiga para encontrar

tu camino, ¿verdad?

 

Gabrielle sonríe, luego se pone seria cuando Falin abre la puerta y entra con un grupo de amigos. Las tres observan cómo los hombres primero miran a Lira con asombro y, luego, uno a uno, se sientan en la mesa de siempre, sin hacer ningún comentario. 

 

Lira toma aquel rechazo tan humillante muy bien, y continúa haciendo sus quehaceres con orgullo y confianza.

 

Afrodita, por otro lado, está devastada.

 

AFRODITA

¡No lo entiendo! ¿Qué pasó?

 

XENA

El idota tiene la cabeza dura como una piedra.

 

 

Meneando la cabeza, Xena sale de la taberna. Gabrielle pone su brazo brevemente alrededor de la cintura de Afrodita y le da un pequeño abrazo para consolarla.

 

AFRODITA

¡Qué perdedor!  Un cambio

de imagen cortesía de la Diosa

del Amor, y él la ignora.

 

GABRIELLE

Tal vez, pero mira.

 

Siguiendo la dirección que le indica Gabrielle, Afrodita observa a Lira seguir con sus quehaceres, intercambiando cosas amigablemente, riéndose y actuando con mucha confianza con los clientes. Dándose cuenta de que Afrodita la está contemplando, Lira la mira, toma un poco de su pelo y lo pone detrás de su oreja, y sonríe, en sus ojos se puede ver una felicidad que no se había visto en ella en años.

 

GABRIELLE

(continúa)

Lo hiciste bien Afrodita.

 

Alegre, Afrodita cruza los brazos sobre el pecho y continúa mirando.

 

CORTE A:

 

EXT. PUEBLO - JUSTO ANTES DEL MEDIODÍA

 

El sol cae directamente sobre el pueblo, y la gente permanece en silencio y esperando. Espadachines y guerreros que utilizan el cayado para pelear se esconden detrás de montones de paja, mientras los arqueros están escondidos detrás de carretas, todos esperando la señal de Xena. Xena y Gabrielle se han separado. Xena está a la izquierda de la puerta y Gabrielle a la derecha. Mirando por encima de la barricada, Xena puede ver como se levanta el polvo por las pisadas de caballos muy poderosos.

 

Xena levanta un brazo. Gabrielle hace lo mismo.

 

XENA

(amablemente)

Quietos...quietos...

 

Los caballos ya se pueden escuchar, y mientras los guerreros comienzan a ver, Xena se da cuenta de que el grupo se acerca más a cincuenta que a veinte. Ella mira a Gabrielle, quien asiente.

 

XENA

(continúa)

Quietos... quedaos quietos...

 

Los guerreros se esparcen, y comienzan a pasar por la puerta de la cuidad.

 

XENA

(continúa)

¡¡¡AHORA!!!

 

 

Por ambos lados de la puerta de la ciudad, salen de sus escondites arqueros que comienzan a lanzar flechas. Se escuchan gritos de hombres y de caballos. Xena lanza su chakram, el cual vuela por el aire hiriendo a cinco hombres antes de regresar a su mano.

 

GABRIELLE

¡¡¡AHORA!!!

 

El segundo grupo de arqueros se levanta y comienzan a lanzar flechas también. Más hombres y caballos caen. El resto del grupo, casi cuarenta hombres, sigue hacia adelante. Los caballos gritan mientras sus frágiles patas entran en contacto con lanzas puntiagudas. Asustados y doloridos, tiran a sus jinetes, formando un tapón en la puerta.

 

XENA

Espadachines, ¡adelante!

 

Cuando el primer atacante logra entrar, los espadachines lo atacan y lo vencen rápidamente. Más hombres logran entrar por la puerta de la ciudad, sus destrezas son superiores y pronto logran que la batalla esté a su favor.

 

GABRIELLE

Gente con cayados, ¡adelante!

 

Con su propio cayado, Gabrielle también entra en la batalla, derrotando hombres con facilidad. Viendo su ejemplo, las otras mujeres atacan con confianza, golpeando a los hombres que entran por la puerta de la ciudad.

 

CORTE A:

 

EXT.  CAMPO DE BATALLA – DÍA - PDV DE XENA

 

La espalda contra una carreta en el suelo, Xena ataca a seis hombres en un semicírculo a su alrededor. Se defiende fácilmente de sus maniobras torpes, luego, deliberadamente, deja espacio libre para que el hombre de frente la mate. Cuando él cae en la trampa, le quita su espada e introduce la de ella en su estómago. Los otros se le tiran encima, tirándola al suelo. Ella se los quita de encima, golpeándolos en el estómago y en las piernas.

 

CORTE A:

 

EXT.  CAMPO DE BATALLA – DÍA - PDV DE GABRIELLE

 

En el caos de la batalla, Gabrielle usa su cayado con estilo, moviéndolo tan rápido que logra hacer que uno de los enemigos se maree, lo que le permite golpearlo en la mandíbula. Cae como una losa y se queda en el suelo. Usando su cayado, golpea a un segundo hombre en las piernas, observa cómo éste le cae encima a otro, derrotando a los dos por el momento.

 

Dando la vuelta, busca a otro enemigo, y se dirige donde dos mujeres están tratando de pelear con cinco hombres.

 

CORTE A:

 

INT. HOSPITAL - DÍA

 

Traen a los primeros heridos con moratones, cortaduras y sangrando. Una anciana curandera está dando instrucciones sobre cómo acomodar a los pacientes. Lira comienza a trabajar al instante. Afrodita, con los ojos muy abiertos de asombro, se queda a un lado observando.

 

LIRA

¿Afar?

 

Afrodita continúa mirando a un hombre que grita en agonía, su pierna está rota en varios lugares y hay sangre brotando de un agujero en su costado.

 

LIRA

¡Afar! ¡Reacciona!

¡Necesitamos ayuda!

 

AFRODITA

Yo....

 

LIRA

¡Apresúrate!

 

Parpadeando, Afrodita sacude levemente su cabeza y mordiéndose el labio, camina hacia el frente con paso vacilante.

 

AFRODITA

¿Q-qué puedo hacer?

 

LIRA
Sostén el trozo de tela sobre la herida.

Presiona fuertemente.  Necesitamos detener

la hemorragia, y yo no puedo con esta mano.

 

Parpadeando, Afrodita lentamente extiende su mano, toca la tela empapada de sangre, la retira, luego vuelve a tocarla.

 

LIRA
(
dándole valor)

Bien.  Eso está bien.  Presiona

un poco más fuerte.  Eso es.

 

AFRODITA

(murmurando)

Sangre.  Repugnante.

 

LIRA

¿Disculpa?

 

AFRODITA

Nada.  Estoy bien... eso creo.

 

Lira sonríe.

 

LIRA

Lo estás haciendo bien.

 

CORTE A:

 

EXT. CAMPO DE BATALLA - DÍA 

 

Xena y Gabrielle pelean codo a codo.

 

XENA

¿Ya te estás divirtiendo?

 

Estrella la empuñadura de su espada en la cara de su atacante, reordenándole los dientes, luego aleja a otro de un golpe con un gancho a la mandíbula.

 

GABRIELLE

¡Un montón!

 

 

Golpea en el rostro a un hombre, con la base de su cayado en el estómago de otro, y un golpe con el arma sobre su hombre a la cabeza de un tercero.

 

CORTE A:

 

INT. ENFERMERÍA - DÍA

 

A Falin lo llevan dos cargadores de literas.  Está consciente, pero sangrando profusamente de un corte en su muslo.  El curandero llama por señas y Lira se aproxima rápidamente, llevando varias tiras de tela sujetas en su pecho.  Afrodita parece agotada, y observa con interés desde donde se encuentra en una cama cercana, poniendo un pañuelo fresco en la cabeza de una mujer con fiebre.

 

CURANDERA

Lavadle lo más que podáis

la sangre.  Necesito

saber cómo está la herida.

 

LIRA

Sí, Hester.

 

Abriendo sus ojos, Falin observa a la mujer que delicadamente limpia la sangre de la herida.  Sus ojos se encuentran.  Lira sonríe.  Falin deliberadamente vuelve la vista.

 

El corazón de Afrodita se encoge por el rechazo tan obvio, pero se hincha por la dignidad que despliega Lira al cuidar del hombre. 

 

Un instante después, Lira se aparte, permitiendo que la curandera trabaje. Afrodita se levanta de su posición en el suelo y camina hacia Lira, poniendo una mano en su hombro.

 

AFRODITA

(quedamente)

Eres una mujer con clase.

 

Lira se ríe en silencio para no molestar a los pacientes.

 

LIRA

Gracias.

(pausa)

Tú me ayudaste a ver cosas

en mí que creí había perdido

para siempre. No se cómo

podré darte las gracias.

 

AFRODITA

(sonriendo)

Olvídalo.  Es lo que hacen

los amigos, ¿verdad?

 

 

La sonrisa de Lira se hace más amplia.

 

LIRA

Claro, amiga.

 

Comparten un rápido abrazo.

 

AFRODITA

Ahora, si no te molesta,

comprobaré cómo están

las cosas afuera.

 

LIRA

Por favor, ten cuidado.

 

AFRODITA

Cuenta con ello.  ¡Hasta luego!

 

CORTE A:

 

EXT. CAMPO DE BATALLA - DÍA 

 

La batalla está por terminar.  Muchos de los invasores han muerto o están  incapacitados en el suelo sangriento.  Sin embargo otros han optado por huir.  Xena combate con un grupo de cinco hombres a su manera, peleando con espada, pies y puños.

 

Gabrielle, por el otro lado, no lo está haciendo tan bien.  Agachada sobre una mujer caída, con una mano trata de detener la hemorragia que proviene del abdomen mientras que con la otra pelea con dos guerreros sosteniendo un sai.

 

Afligida, Afrodita busca una manera de ayudar a su amiga.  Viendo una piedra que tiene a mano, la toma y la lanza contra el soldado.  Por ser Afrodita, el tiro no es muy fuerte, y el soldado se da cuenta lo suficiente para lanzarle una mirada en que promete que ella será la siguiente, antes de continuar con su ataque a Gabrielle.

 

En el momento en que a Gabrielle le arrancan el último sai, Afrodita se desespera.  Mirando a su alrededor para cerciorarse de que no la observan, hace la única cosa que se le ocurre.  Moviendo discretamente los dedos de sus manos, arroja centellas rosadas y plateadas hacia los dos guerreros.

 

Soltando sus espadas, se levantan, se observan entre ellos, y se comienzan a besar apasionadamente mientras que Gabrielle sin habla los observa.

 

Después de un momento, observa sobre su hombro, con una mirada incrédula, a Afrodita, que se la devuelve con una tímida sonrisa.

 

AFRODITA

No importa si uso

mi hechizo de amor

sobre los malos, ¿verdad?

 

Gabrielle sólo puede reírse mientras se levanta de un salto y fácilmente levanta a la mujer.  Afrodita corre hacia ella y ayuda a Gabrielle a estabilizar a la mujer cuya herida parece peor de lo que es.

 

GABRIELLE

Eres increíble. 

Salvaste nuestras vidas.

Lo sabes, ¿verdad?

 

AFRODITA

Sí, sí, Soy una

completa heroína. Ahora,

llevémosla dentro.

 

Antes de que puedan moverse, una fuerte aclamación se acerca mientras Xena persigue al último de los asaltantes de la ciudad... excepto por los dos que todavía se besan.

 

GABRIELLE

(suavemente)

Hum… ¿no sería mejor

separarlos ya?

 

AFRODITA

¡Claro!

 

Otro meneo de sus dedos y los hombres inmediatamente se separan, se miran fijamente el uno al otro, y con cuidado se distancian. Entonces, recordando que se supone que están en una batalla, se doblan para recuperar sus espadas. Al que Afrodita golpeó con la roca, la observa y gruñe, pataleando hacia adelante.

 

Hasta Xena pasea en frente de él, blandiendo su propia espada y una risa bastante fría para dejarlo congelado.

 

Firme, se acerca el resto de la ciudad.

 

Los hombres tragan y dejan caer sus espadas otra vez.

 

XENA

Chicos inteligentes.

(pausa)

Si queréis ”respirar”,

haréis algo por mí.

 

 

Ambos hombres asienten.

 

XENA

(continúa)

Quiero que volváis

con vuestro maestro 

como buenos cachorros, y 

entreguéis un mensaje por mí.

¿Soy clara hasta ahora?

 

Ambos hombres asienten otra vez.

 

XENA

(continúa)

Bueno. Decidle que Xena le envía

sus saludos, y que si quiere

ver algo más que titos de aceituna

como tributo, traerá su burro aquí

antes de que el sol se ponga esta noche.

De otra manera, vendré para hacerle  

algo, y no será agradable.

¿Entendido?

 

Otro asentimiento.

 

XENA

Entonces marchaos de aquí antes

de que cambie de parecer.

 

Sólo se ve el polvo mientras los hombres corren fuera de la ciudad y vuelven al campo tan rápido como les permiten sus piernas.

 

CORTE A:

 

INT. ENFERMERÍA - TARDE

 

La enfermería está tranquila, y casi vacía. La mayor parte de los heridos se han ido a casa para recuperarse en sus propias camas. Sólo los más seriamente heridos permanecen detrás. Están limpios, cómodos, y obviamente bien cuidados.

 

GABRIELLE

Has hecho un fantástico

trabajo aquí, Lira.

 

Lira sonríe.

 

LIRA

Gracias, pero yo no habría

sido capaz de hacer nada sino 

fuera por la curandera y Afar.

 

CURANDERA

(asintiendo)

Ha sido un don del cielo.

 

Xena y Gabrielle comparten miradas por el juego de palabras involuntario.

 

 

CURANDERA

(continúa)

Ella limpió a fondo las heridas, 

me ayudó con mi costura,

incluso consolaba a los hombres

que ni siquiera gritaban cuando

los atendía. Podríamos 

haber perdido muchas más vidas

sin ella aquí, y eso es un hecho.

 

Sonriendo abiertamente, Gabrielle mira a Afrodita.

 

GABRIELLE

Por tanto, ¿qué se siente al ser

el héroe del día?

 

En vez de la contestación, Afrodita simplemente ríe con un orgullo tranquilo que es una enorme salida de su vanidad habitual. Gabrielle no puede por menos que reír por detrás, orgullosa de su amiga y de lo que ha crecido. Incluso cubierta en sangre y suciedad, con su pelo cayendo en sudorosos rizos, nunca se ha visto más hermosa.

 

El momento de paz se rompe por la apertura de la puerta.

 

SAMOS

¡Xena! ¡Viene!

¡Katos viene!

 

XENA

Bien. Vosotros permaneced

aquí.  Gabrielle, vamos.

 

CORTE A:

 

EXT. PATIO - TARDE

 

Con el ejército parado detrás de él, Katos se acerca a la puerta con un hombre enorme que monta a caballo a su lado. Katos es calvo, gordo, y vestido con una variedad alarmante de sedas vistosas, ninguna de las cuales hace juego.

 

En la puerta, se mueve pesadamente de su caballo seguido de su segundo, que parece ser de alto casi siete pies y ancho como un tronco de árbol. El señor de la guerra se acerca a la puerta, riendo.

 

KATOS

Bien, bien, bien. Si es

la gran Xena. Parece

que  mis lacayos no mentían.

(pausa)

Estuvo mal matarlos.

 

Él se ríe otra vez, sosteniendo su protuberante barriga que se menea como la gelatina debajo de la fina piel que la cubre.

 

XENA

¿Tengo el dudoso honor 

de dirigirme a Katos el Crudo?

 

 

KATOS

Cruel. Es “Cruel”, Xena.

 

Xena se encoge de hombros.

 

XENA

No hay diferencia.

 

Katos ríe.

 

KATOS

Eres una mujer descarada, ¿verdad?

Tendré una gran diversión golpeándote

antes de cortarte en pequeños pedazos

 y darte de comida a mis perros.

 

XENA

Estoy segura de que lo harías. Tendrás

que golpearme en la batalla primero.

 

KATOS

¿Golpearte? ¿En batalla? Al parecer

tienes nociones muy anticuadas

de como hacemos las cosas, Xena.

No, yo no voy a luchar contigo.

Tú no vas a luchar conmigo. Tu

segundo, independientemente del diablo

desafortunado que pueda ser, luchará con...

 

Agita un brazo extravagante hacia el gigante.

 

KATOS

(continúa)

... el mío.

 

XENA

¿Es así?

 

KATOS

¡Oh sí!  Sí, sin lugar a dudas.

(pausa)

Así que, ¿dónde está ese hombre,

tan desafortunado, como para llamarse

a sí mismo tu segundo?

 

Antes de que Xena pueda decir algo, Gabrielle se le adelanta.

 

GABRIELLE

Ésa soy yo.

 

 

KATOS

¿¡Tú?!

 

El señor de la guerra se ríe tan fuertemente que su cara comienza a ponerse púrpura, mientras sus venas sobresalen como alambres en su calva. 

 

Gabrielle con una mirada cortés reflejada en su cara, espera pacientemente a que ese momento pase.

 

KATOS

(continúa)

Oh, lo siento, lo siento.

¡Nunca me dijeron que eras 

una charlatana, Xena!

 

XENA

No lo soy.

 

KATOS

Pero...  ¿¡Ella!?

 

XENA

Ella.

 

KATOS

Seguramente estás... 

No estás bromeando.

 

Gabrielle sonríe ligeramente.

 

GABRIELLE

No, no lo está. Ahora

podremos seguir con esto.

 

Después de un momento, Katos se encoge de hombros.

 

KATOS

Cuando yo gane, será tu funeral.

Poseeré todo el pueblo y a ti,

Xena, también.

 

XENA

Y cuando Gabrielle gane...

 

Katos se ríe despreciativamente.

 

XENA

(continúa)

En el futuro, no solamente dejarás

este pueblo en paz, sino que

lo protegerás, mientras tengas

un ejército, de cualquier ataque

de otro señor de la guerra

que desee saquearlo.

 

 

Katos la mira con ojos de asombro.

 

XENA

(continúa, bruscamente)

Claro, a menos que pienses

que tu hombre no es lo 

suficientemente bueno.

 

Katos mira a su hombre y luego a Xena.  Agita descuidadamente su mano llena de joyas.

 

KATOS

Bien, bien.

 

XENA

¿Entonces, tenemos un trato?

 

KATOS

Bien, terminemos esto ya.

Que tengo unos golpes

y pillajes que planificar.

 

Xena inclina la cabeza hacia Gabrielle, quien con una rápida y confiada mueca burlona, le devuelve la inclinación de cabeza.

 

El hombre saca su espada, pero antes que la pudiera sacar de su funda, Gabrielle está ya armada con sus dos sais.  Él lanza hacia ella con gran ímpetu su enorme arma.  Aprovechando su  poca estatura, se agacha, permitiendo que la espada pase por encima de ella, lo que le permite dar unos pasos al frente para golpearlo en el estómago con los mangos de los sais. 

 

 

No parece sentirlo, cambia  el agarre de su espada para tratar de darle una estocada a Gabrielle, quien la bloquea con sus sais al agarrar la espada entre sus armas y desviarla.  Él ataca otra vez, ella lo bloquea tres veces más, mientras va a la defensiva,  utilizando la ventaja de su fuerza, para empujarla hacia atrás una y otra vez.

 

Echando hacia atrás su espada trata de aporrearla en la cabeza. Logra evadirlo pero recibe el impacto en su hombro, por lo que cae al suelo.  Con un salto hacia atrás,  se levanta dando unos golpes impresionantes con sus manos y unas cuantas patadas que lo obligan a retroceder unos pasos hacia atrás, cuando su espalda se golpea con un vagón volcado, comienza a atacarla, embistiendo la espada con gran maestría.

 

Gabrielle levanta sus sais ejecutando un perfecto bloqueo, sujetando su espada suavemente. Con un gruñido, él saca violentamente su espada trayéndose también las armas de Gabrielle. Con algo parecido a una sonrisa, va con intenciones de matarla. 

 

Sin pestañear, Gabrielle da un fuerte golpe contra el suelo y un cayado descartado cae en su mano, justo a tiempo para poder bloquear el ataque, haciendo que él sienta el impacto y que se tambalee un poco.  Gabrielle aprovecha esa ventaja y moviéndose rápidamente le golpea en sus brazos, pecho y estómago.  Le dobla la pierna con un golpe sobre la rodilla, lo único que le impide caer al suelo es agarrarse de ella con un fuerte abrazo.

 

 

Boqueando, ella lo empuja hacia fuera, él aprovecha el momento y agrupando toda su energía se prepara para dar el último golpe y exterminarla.

 

Antes de que el golpe la decapite, Gabrielle se deja caer al suelo haciendo un perfecto espagar, dándole con la punta del palo por entre las piernas.

 

Con un grito casi femenino, él se deja caer sobre sus rodillas mientras con sus manos se sujeta su ingle,  Gabrielle con un rápido salto se levanta, presionando su palo sobre el pecho del contrario y obligándolo a dejar caer su espalda sobre el suelo, manteniéndolo así.

 

KATOS

¡Mátalo! ¡Mátalo!

 

Gabrielle lo mira.

 

GABRIELLE

Yo no mato a nadie, a no ser que

haya una razón para ello .

 

 

KATOS

¡Bien!  Entonces yo...

 

Sus palabras, como su espada, son detenidas por una espada más larga que lo desarma  y luego se coloca, nítidamente, sobre su barbilla.

 

XENA

¿Yo? Yo no necesito una razón.

(pausa)

¿Nos entendemos

ahora?

 

 

 

Tragando, Katos asiente cautelosamente.

 

XENA

Bien. Gabrielle ganó.

¿Vas a mantener lo que

te corresponde del pacto?

 

Aunque parecía que lo iba a negar, la espada afilada le obligaba a cambiar de opinión.  Tragando convulsivamente, asiente con un movimiento de su cabeza.

 

XENA

(continúa)

Más vale que sea así.

Porque si descubro que no

lo cumpliste...

 

Empuja la punta de la espada sólo lo suficiente para que salga un chorrito de sangre.

 

XENA

(continúa)

...regresaré. Y estaré

muy enojada.

 

KATOS

No... No lo haré. ¡Lo Juro!

 

Después de un largo espacio de tiempo, Xena retira su espada y Katos busca desesperado el aire frotándose el cuello.

 

XENA

Ahora largo de aquí antes de que

cambie de parecer y te corte

sencillamente en rodajas.

 

Con presteza, el señor de la guerra se gira, listo para montar su caballo y marchar, no sin antes dar una patada a su antiguo segundo.

 

KATOS

No vuelvas a mirarme 

a la cara, o serás

hombre muerto.

 

Luego, saltando al lomo de su caballo, cabalga lejos. Le sigue el resto de su ejército.

 

Las ovaciones de los ciudadanos son casi ensordecedoras y con una pequeña sonrisa, Gabrielle se incorpora y ayuda a levantarse al hombre que acaba de derrotar.

 

HOMBRE

(mirando hacia abajo)

Soy tu prisionero.

 

GABRIELLE

Yo... no creo que

sea así.

 

HOMBRE

(conmocionado)

Pero... pero... ¡Yo te habría

matado si hubiera podido!

 

GABRIELLE

¿Quieres

 matarme ahora?

 

 

Dejando caer su cayado, extiende sus brazos de par en par.

 

GABRIELLE

Puedes hacerlo, si quieres.

 

El hombre sacude su cabeza.

 

HOMBRE

No. No puedo. Pero...

yo soy tu enemigo.

 

GABRIELLE

¿Cómo te llamas?

 

HOMBRE

Mikos.

 

GABRIELLE

Hola, Mikos.  

Yo soy Gabrielle.

 

Se dan la mano.

 

GABRIELLE

Ya no somos enemigos nunca más.

 

Mikos la mira atónito. Gabrielle se ríe y le acaricia la espalda.

 

GABRIELLE

(continúa)

No te preocupes.

Ya te acostumbrarás.

 

CORTE A:

 

EXT. PATIO - TARDE – PDV DE AFRODITA

 

Al oír las aclamaciones, Lira y Afrodita, quien se ha limpiado y vestido con ropa nueva, salen de la enfermería para presenciar la celebración.

 

AFRODITA

Lo hicimos, ¿¡eh!?

Super guay.

 

Cuando nota que no recibe respuesta, se gira para mirar a Lira. La joven está inmovilizada sobre la tierra, como si hubiera arraigado allí, mirando fijamente hacia adelante. Siguiendo la línea de la mirada fija de la joven, Afrodita encuentra un alto, un buen trozo de hombre al que Gabrielle auxilia. Una sonrisa de entendimiento cruza su cara.

 

AFRODITA

¿Lira? La tierra llamando a Lira.

 

Lira parpadea.

 

LIRA

Disculpa, ¿qué?

 

AFRODITA

¿No crees que deberías

acercarte allí y ayudarle?

 

LIRA

¿Qué?

 

AFRODITA

Ya sabes: herido,

desangrado. ¿Algo de ayuda?

 

LIRA

Oh. Oh. ¡Ayuda!

 

Lira agarra un trapo limpio de la mano de Afrodita, se dirige por el borde, entre una muchedumbre de ovaciones hacia Mikos, quien congela el momento fijando sus ojos sobre ella.

 

LIRA

Estás herido. Déjame

curar tus heridas.

 

MIKOS

(susurrando)

Eres la más hermosa de 

las mujeres que haya visto jamás.

 

Guarda sus pensamientos para sí mismo. 

 

MIKOS

(continúa)

Ah. Lo siento. Ha sido

atrevido por mí parte decirlo.

 

Lira ríe tímidamente.

 

LIRA

Está bien. No tiene importancia.

¿Puedo atender tus heridas?

 

MIKOS

Oh no, mi señora. Puedo

curarme yo mismo.

 

 

LIRA

Por favor. Me

gustaría ayudar...

 

Levantando su mano herida, ella comienza a dejarla caer, pero antes de que ocurra, Mikos toma su muñeca y la atrae hacia sus labios, depositando un dulce  beso sobre la piel dañada.

 

MIKOS

Será un honor,

mi señora.

 

Agarrados del brazo caminan hacia la enfermería, abriendo paso a una radiante Afrodita.

 

La muchedumbre entonces se acerca para cargar a Gabrielle sobre sus hombros, y se dirige a la taberna para iniciar una merecida celebración.

 

FUNDIDO A NEGRO.

 

FIN DEL CUARTO ACTO

 

APÉNDICE

 

ABRE DE NEGRO:

 

EXT. AFUERAS DE LA CIUDAD - PUESTA DE SOL

 

Es el día siguiente a la batalla victoriosa, y la fiesta está todavía en pleno apogeo. En las afueras de ciudad, Afrodita de pie, en un rincón tranquilo, observa la puesta del sol en el cielo. En una ironía que ella misma reconoce, en realidad disfruta de la paz, la tranquilidad y la soledad del momento.

 

Un paso suave y Xena aparece a su lado. Intercambian una mirada tranquila, luego ambas giran sus cabezas hacia el cielo, mirando como el sol pierde sus últimos trazos de color.

 

Afrodita se gira hacia Xena, examinando su perfil.

 

AFRODITA

A veces mirarte

me hace daño, ¿sabes?

 

Xena se vuelve hacia ella, levantando una ceja.

 

AFRODITA

(continúa)

Hay tanto de él en ti.

Su fuego, su temperamento,

incluso su aspecto. Echo eso de menos.

(pausa)

Le echo de menos.

 

XENA

(lúgubremente)

Una parte de mí también lo echa de menos.

 

 

Afrodita asiente.

 

AFRODITA

Lo sé.

 

Se hace el silencio de nuevo entre ellas. Afrodita parece reunir valor.

 

AFRODITA

(continúa)

¿Sabes?, estaba realmente furiosa

contigo, Xena. Sobre todo furiosa.

Quiero decir, lo tenías todo:

Tu alma gemela, tu hija,

todo.  Y me arrebataste

lo único que tenía. Simplemente...

te lo llevaste, y lo lanzaste lejos

como si no significara nada para ti. 

 

XENA

Afrodita, yo....

 

AFRODITA

(interrumpiendo a Xena)

No lo entendía, ¿sabes? No entendía

cómo pudiste hacer algo así.

No me gustó, no tenía

ningún sentido para mí.

(pausa)

Pero ahora, creo que lo entiendo. De algún modo.

 

Xena levanta una ceja de nuevo. Afrodita se ríe.

 

AFRODITA

(continúa)

Ar solía hacer eso también.

 

XENA

Mm.

 

AFRODITA

En fin, lo que estoy intentando

decir es que quizá he aprendido

algo. Quizá he aprendido que nosotros,

 los dioses, podemos estar demasiado pendientes

 de nosotros mismos la mayoría del tiempo.

 

Xena le echa una mirada.

 

AFRODITA

(continúa)

Si, no creíste que fuera tan estúpida, ¿verdad?

¡Pero realmente no lo sabía!

Es, bueno, es lo que yo hago, ¿sabes?

 

XENA

Una de las frases favoritas de Ares.

 

Afrodita ríe.

 

AFRODITA

Sí, bueno, por algo somos hermanos.

Pero nunca me di cuenta de que lo que hago

puede hacer daño a otras personas. Nunca pensé

realmente en eso. Sólo estaba haciendo

mis cosas, porque eso es lo que yo soy.

 

XENA

(pensativa)

Creo que Ares también se dio cuenta de eso, una vez.

 

AFRODITA

Sí, ¿no fue guay la forma

en que rescató a Gabs y a tu hija?

Hizo algo genial, ¿verdad?

 

XENA

Si, lo hizo.

 

 

La sonrisa de Afrodita lentamente va desvaneciéndose.

 

AFRODITA

Pero cuando tú le devolviste

su divinidad, él olvidó la mayor

 parte de lo que había aprendido.

(pausa)

Pero yo no lo olvidaré. Quiero decir

¿qué hubiera pasado si hubiera arruinado

el tema con Gab y hubiera disparado a ese perdedor

de Falin con mi polvo de amor? Lira quizá

nunca hubiera sido capaz de estar con

su verdadero amor.  Nunca olvidaré

algo así. Nunca.

 

Se hace el silencio de nuevo, hasta que Xena comienza a hablar.

 

XENA

Afrodita, quiero que sepas que

si hubiera habido otra forma de hacer las cosas,

Gabrielle y yo lo hubiéramos hecho.

 

Afrodita sonríe y empuja a Xena con su hombro.

 

AFRODITA
Lo sé, Xena. Quizá no lo sabía

entonces, pero lo sé ahora. Quizá me lleve un

poco más de tiempo acostumbrarme a ello,

y todo eso, pero... sé que lo haré.

Soy la Diosa del Amor, después de todo.

 

Gabrielle entra en el claro y sonríe a ambas.

 

AFRODITA

(continúa)

Hola, caramelito. ¿Cómo van 

las cosas en la fiesta?

 

GABRIELLE

Ruidosas. ¿Qué tal por aquí?

 

Afrodita sonríe a Xena, y ésta le devuelve a su vez una rotunda sonrisa.

 

AFRODITA
Oh, creo que tenemos todo

bajo control por aquí,

¿verdad, nena guerrera?

 

XENA

Cieeerto.

 

AFRODITA

Entonces, ¿qué tal chicas?

¿Listas para moverse?

 

GABRIELLE

Creo que sí. ¿Y tú?

 

 

AFRODITA

Creo que me quedaré por aquí un rato. 

Lira va a necesitar, seguramente,

unos cuantos consejos de su maestra.

Además, estoy empezando a tomarle

el gusto a esto de estar con los mortales.

 

GABRIELLE

¿Les dirás quién

eres realmente?

 

AFRODITA

Mm, probablemente. Pero

todavía no. Es guay ser 

tratada como una más del grupo.

Es casi como tener una familia de nuevo.

 

GABRIELLE

Tú siempre tendrás una familia

con nosotras, si tú quieres, Afrodita.

Y lo digo en serio.

 

Acercándose, Afrodita envuelve a Gabrielle en un cálido abrazo.

 

AFRODITA

Sé que lo dices en serio, caramelito.

Os quiero a las dos.

Lo sabes, ¿verdad?

 

GABRIELLE

Nosotras también te queremos, Afrodita.

 

 

Un momento después, se separan.

 

AFRODITA

Entonces, os veré de nuevo,

chicas, ¿eh?

 

XENA

Cuenta con ello.

 

AFRODITA

¡Genial!

 

Después de despedirse finalmente, Xena y Gabrielle se vuelven y toman el camino que sale de la ciudad. Afrodita las mira alejarse con una expresión triste antes de volver a la ciudad y a las aventuras que allí le esperan.

 

 

FUNDIDO A NEGRO.

 

DISCLAIMER

Ninguna "pretty women" fue dañada durante

la producción de esta película.