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ACTO DOS ABRE DE NEGRO: EXT. PUERTAS DEL PUEBLO- CONTINÚA Gabrielle sujeta a Xena por el brazo. GABRIELLE Yo te llevaré.
XENA No hay tiempo para eso, agarra mi espada. Los hombres se acercan, así que Gabrielle se da cuenta de que Xena tiene
razón, por lo que sujeta la espada. Se da
la vuelta para enfrentarse a los asaltantes con la espada entre sus manos. Xena agarra el palo de Gabrielle y, con dificultad, se levanta, apoyándose
sobre el improvisado cayado, mientras saca su chakram. XENA (continúa) Eh… GABRIELLE Sí, lo sé. Gabrielle se mueve más cerca de
Xena, afirmando sus pies en la tierra
mientras la primera oleada de asaltantes sube por el cúmulo de madera y se
encamina hacia ellas. Un caballo sin jinete pasa embistiendo y atrapando al primer hombre,
mientras patea a un segundo hombre. Sorprendentemente, no es Argo. Los asaltantes se empujan unos a otros, manteniéndose en el medio e impidiendo que los demás pasen, cuando uno de ellos tropieza cayendo al frente de los asaltantes.
VOZ ¡Ea! Xena se gira al oír un ruido detrás de ella. Ve a un jovencito agitando su mano. NIÑO ¡Rápido! Podéis esconderos con nosotros. Xena le da un tirón a la parte trasera del corpiño de
Gabrielle, señalándole
después de girarse Gabrielle. XENA Vámonos mientras podamos. Xena tira el chakram por el aire, apagando así dos antorchas cercanas que dejan el lugar sumido en la oscuridad. Gabrielle pasa su mano por la cintura de Xena, mientras ésta se recuesta sobre ella para poder escapar.
CORTE A:
INT. BODEGA DE LA POSADA -
POCO DESPUÉS La bodega está oscura y llena de niños asustados. La única forma de
entrar es por una compuerta doble situada sobre sus cabezas, que se encuentra torpemente
cerrada desde dentro por un improvisado pestillo. Los ojos de los niños se agrandan cuando ven cómo la pesada compuerta
se levanta, dejando paso a dos figuras oscuras que comienzan a bajar por las
escaleras. Un niño pequeño corre delante de ellas, bajando rápidamente la escalera..
NIÑO ¡Las encontré! ¡Mirad! ¡Están aquí! Xena se recuesta contra la pared de tierra, mientras Gabrielle cierra
la compuerta detrás de ellas. Es obvio
que siente dolor. Gabrielle termina y
le ofrece ayuda a Xena para que pueda bajar del todo la escalera. Los niños se agrupan al pie de la escalera, esperándolas GABRIELLE (suavemente) Bien, dejadnos pasar. Xena, ¿tú puedes...? XENA Sigue caminando, estoy bien.
NIÑO ¡Estabas aporreando a todos esos tipos! ¡Yo te vi! ¡Te
vi! Xena resbala un poco en el último escalón al presionar sobre la pierna
partida. Palidece del dolor, pero
frente a los niños su expresión permanece inmutable. XENA Sí, me viste. Gabrielle ayuda a Xena a llegar hasta unos sacos de lana, cubiertos de
polvo, donde puede acomodarse Xena sin lastimar su pierna. GABRIELLE Túmbate, quizá yo pueda... oh,
Xena. Los niños las rodean, sucios y asustados, pero felices por esta
distracción. NIÑO ¡Guau!
Aún con la poca luz que proporcionan las antorchas, la herida parece
terrible. Gabrielle se sienta un momento
sin saber por dónde comenzar. NIÑO (continúa) ¿Duele mucho?
Xena mira al niño, encogiendo sus hombros. XENA No, realmente no. . Uno de los otros chicos, una niña más mayor, se acerca. NIÑA Mi mamá nos envió a todos aquí. Dijo que no saliéramos, pero Ziggy nunca escucha. Gabrielle ha desatado la bota de
Xena, y
quitado la armadura de su rodilla. Ahora, perpleja, mira por encima de Xena. XENA ¿Eres Ziggy? Xena apunta hacia el muchacho. Éste sonríe abiertamente XENA (continúa) Estupendo. ¿Tenéis algo de agua aquí abajo?
NIÑA ¡Vaya! ¿Quieres un poco? ¿Tienes sed?
ZIGGY ¡Eh, estúpida! ¡Si ella tiene sed, conseguiremos cerveza! ¡Nadie bebe agua a no ser que sea a la fuerza!
NIÑA (preocupada) ¿Debo llamar a mi madre?
Xena y Gabrielle intercambian miradas.
GABRIELLE No, mejor quédate aquí, como ella dijo. Pero nosotras podríamos necesitar ese agua.
Los niños se precipitan sobre una artesa
colocada contra la pared del sótano, y agarran los cubos con alboroto y
desorden, producto de la impaciencia juvenil. Xena y Gabrielle tan sólo se miran mutuamente en silencio por un instante.
GABRIELLE (continúa) Se supone que no pueden herirte. ¿No era una especie de norma?
Xena sonríe casi imperceptiblemente. Luego su risa se desdibuja.
XENA Vas a tener que colocar esto.
GABRIELLE (serenamente) Lo sé.
Mira hacia atrás.
GABRIELLE (continúa) Estos niños. Están asustados, y aquellos asesinos allí....
Xena pone su mano sobre la rodilla de
Gabrielle. Los niños vuelven, portando un cubo grande de agua, que chapotea
entre ellos.
XENA Empecemos por el principio. Lava esto bien, luego estira mi pierna.
El estruendo de un choque hace que todos ellos se sobresalten y alcen la vista. Se oyen unos gritos de enfado, pero no se puede distinguir las palabras.
XENA (continúa) (con gravedad) Mejor deprisa.
Gabrielle agarra el cubo, y suspira.
GABRIELLE Sabes que esto va a dolerme a mí tanto como a ti.
XENA (suavemente) Continúa. Simplemente hazlo.
Gabrielle inclina el cubo y comienza a actuar. Mientras, fuera de vista de los niños, Xena aprieta sus manos alrededor de un pedazo de leña, tan fuerte que cruje.
FUNDIDO A: INT. BODEGA - MOMENTOS DESPUÉS Xena
se encuentra tendida sobre unos sacos. Su espada yace en su mano, medio oculta
en la paja del suelo. Gabrielle
envuelve una venda alrededor de la rodilla de Xena, que se mantiene recta entre
varios palos. Los niños están sentados alrededor mirando con los ojos bien
abiertos. ZIGGY ¡Guau! Mi papá grita cuando él se extrae una astilla. ¡Eres impresionante!
Xena le mira. Levanta su mano derecha y la examina. Hay varias astillas clavadas en la palma, del leño que ella apretaba. Con una sacudida de cabeza, deja caer la mano.
GABRIELLE Bueno. Es lo mejor que he podido hacer.
Xena inspecciona el resultado. Su pierna está encajonada en un vendaje apretado desde media pierna a media pantorrilla.
XENA Un buen trabajo.
NIÑA Esos piratas tan sólo son unos cobardes. Si mi papá estuviera aquí, chicos, ¡habrían huído!
ZIGGY ¡Sí! ¡El mío también!
Los otros niños asienten a coro. Gabrielle se gira para hablarles.
GABRIELLE ¿Dónde están vuestros padres? No vi ningún hombre... cuando estábamos fuera.
ZIGGY Todos bajaron el río hacia la casa del príncipe. ¡Nos traerán todos los juguetes de vuelta!
Gabrielle parece confusa.
GABRIELLE ¿Todos ellos? ¿Significa eso que todos vuestros padres se marcharon?
Los niños asienten. Fuera, los ruidos se han desvanecido, pero el sonido de cascos todavía se percibe.
XENA ¿Cuándo se marcharon? Vi algunos hombres por aquí cuando llegamos.
NIÑA Esta noche. Cuando oscureció. Se llevaron todos los carros, también.
XENA (a Gabrielle, en voz baja) Deben de haber llevado la cosecha al mercado. Tú puedes alcanzarlos.
GABRIELLE (susurrando) ¿Alcanzarlos?
XENA (insistiendo) Si te marchas ahora, puedes llegar a ellos a la salida del sol y traerlos de regreso. No se sabe cuánto tiempo van a estar ahí esos bastardos, Gabrielle.
Gabrielle no está conforme, pero comprende que Xena tiene razón.
GABRIELLE No quiero abandonarte aquí.
Xena mira a los niños, luego mira a Gabrielle. Levanta ambas cejas.
XENA Quisiera ir contigo.
Se toca la pierna.
XENA (continúa) Pero no puedo. Adelante. Cuanto antes vayas, antes regresarás.
ZIGGY ¿Vas por mi papá? ¿Puedo ir contigo?
Gabrielle toma la mano de Xena y la aprieta. Mira a Ziggy.
GABRIELLE Bueno, me
encantaría tener compañía, pero... me sentiría mucho
mejor si un amable y fornido chico como tú, se
quedara aquí para cuidar a mi amiga mientras estoy fuera.
Xena lanza una mirada a Gabrielle que
podría solidificar la leche incluso dentro de la cabra. Ziggy tiene un
aspecto absolutamente radiante. ZIGGY ¡Eso puedo hacerlo! GABRIELLE (amablemente) Gracias. Realmente
aprecio que lo hagas. Gabrielle
se gira hacia Xena. XENA Oohhh... Vas a pagar por eso.
GABRIELLE (sonriendo) Promesas, promesas. Gabrielle se levanta y se sacude el polvo
de las rodillas. Se siente poco
dispuesta a irse, pero coloca sus sais y va a recuperar la vara que Xena se
había quedado. XENA ¿Quieres llevar
esto en su lugar? Xena indica su espada, dando unos
golpecitos ligeros en la vara. XENA (continúa) Quizá la necesite. Gabrielle vacila, después sacude su cabeza.
GABRIELLE Ya encontraré otra
cuando pase las puertas. Sé buena, ¿de
acuerdo? XENA ¿Yo, buena? Nunca. Adelante.
Gabrielle se vuelve para irse, después se
detiene y regresa al lado de Xena, arrodillándose junto a ella y poniendo su
cuerpo entre los curiosos ojos del chico y su compañera. Xena mantiene su estoica actitud durante un
momento más, después, cuando se da cuenta de lo que Gabrielle ha hecho, se
relaja, dejando que su cabeza descanse en el hombro de Gabrielle mientras
brevemente permite que el dolor se refleje en su rostro.
Lo justo mientras Gabrielle toma la mejilla
de Xena en su mano y le da un beso en la frente. Después se separan, y mientras Gabrielle se
levanta, Xena tira de sí misma hacia arriba y coloca su espada cruzada sobre
sus muslos. GABRIELLE Chicos, quedaos
aquí, y yo volveré tan pronto como
pueda con vuestra gente, ¿de acuerdo?
No salgáis ahí fuera. NIÑOS De acuerdo. Con una última mirada hacia atrás,
Gabrielle sube con cuidado las escaleras y descorre el pestillo, empujando con
cautela la compuerta hasta abrirla ligeramente para poder echar una mirada al
exterior. Después de un momento, ya satisfecha, la abre totalmente,
deslizándose fuera y cerrando la puerta tras ella. Los niños están en silencio, con los ojos
fijos en la puerta, después lentamente giran sus cabezas para concentrarse en
Xena. Xena les devuelve la mirada. Todos los niños se arriman unos a otros en
torno a Xena en un apretado círculo. Los ojos de Xena se abren ligeramente alarmados.
XENA ¿Queréis algo? Todos miran a
Ziggy, su cabecilla. ZIGGY ¿Eres un soldado
romano? CORTE A: EXT.
PUERTAS DE LA ALDEA - NOCHE – AL MISMO TIEMPO Gabrielle se desliza a lo largo del muro del
pueblo, permaneciendo en la sombra tanto como es posible. Aún hay atacantes
merodeando por allí, aunque la mayoría de los aldeanos parecen haberse
escabullido, o están muertos o heridos. La taberna es una fuente de sonoro
bullicio y por los cánticos parece evidente que los atacantes han encontrado
las reservas de cerveza. GABRIELLE Espero que
encuentren de todo. Eso haría mi trabajo más fácil.
Gabrielle ve varios bandidos cruzando las
puertas, después permanecen cerca del límite del camino que los lleva a la
taberna. Aprovecha la oportunidad para dejar las sombras, deslizándose a través
de las puertas antes de que alguien pueda verla. Gabrielle se detiene en el exterior de las
puertas escuchando, después comienza a andar satisfecha de no haber sido vista.
CORTE A: EXT.
PUERTAS DE LA ALDEA – POCO TIEMPO DESPUÉS El líder de los atacantes y su segundo están hablando.
SEGUNDO Jefe, fue demasiado fácil.
JEFE Pan comido, ya te
lo dije. Ahora vamos a cerrar esas
puertas y ver si queda alguien lo suficientemente sobrio para vigilarlas.
SEGUNDO ¿Crees que alguno volverá aquí esta noche?
El jefe mira alrededor. JEFE Nunca puede
saberse. Esa mujer quizá aparezca de
nuevo. SEGUNDO (riendo) ¡De ninguna manera!
Probablemente ahora mismo esté muerta. Arrastrándose
después de que le pegáramos una paliza. El jefe parece dudar, pero se encoge de
hombros.
JEFE Quizá. ¡Pero vamos
a cerrar esas puertas! El segundo y algunos otros corren hacia las
puertas, y las cierran. Van a por las barras para atrancarlas, levantándolas
mientras silban alegres, y colocándolas en su lugar. El jefe observa, satisfecho.
JEFE (continúa) Eso es. ¡Este sitio es nuestro ahora! Si alguien lo quiere, ¡va a tener que morir por ello! Todos los hombres ríen. CORTE A: EXT.
CAMINO DEL BOSQUE - NOCHE Gabrielle se aleja del pueblo a la carrera. La luna lentamente se eleva entre los árboles, iluminando su camino y alargando su sombra por delante de su figura en el camino.
FUNDIDO A NEGRO. FIN DEL ACTO SEGUNDO
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